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Resulta
obvio reconocer la extensa e intensa influencia que las ideas de Platón han ejercido sobre el pensamiento
occidental. Pero su influencia no sólo se limita a abarcar los estadios
del pensamiento puramente filosófico de nuestra cultura en nuestros días,
sino que transgrede a otros ámbitos más cotidianos como pueden ser la
literatura o el cine.
Y es precisamente en estos dos ámbitos que acabamos de mencionar
donde parece que en estos últimos tiempos se están retomando y recreando
con más fuerza las teorías y los mitos del pensador griego; ya que,
si
analizamos la producción cinematográfica de estos últimos años, vemos
cómo en algunos de los más relevantes éxitos de la gran pantalla
aparecen con frecuencia reminiscencias del
platonismo.
Un claro ejemplo de ello lo encontramos en uno de los metrajes más
taquilleros en los últimos dos años:
Matrix (Andy y Larry Washowsky. 1999); ya que, tras
examinar esta cinta, vemos como no sólo el argumento, sino también el
guión, la escenografía y el montaje están preñados de reminiscencias
platónicas.
La referencia más importante que podríamos decir que está
patente a lo largo de todo el argumento es la que refleja el “Mito de la
Caverna” de Platón. A través de este mito Platón hace referencia a la
sociedad como colectivo, al hombre como individuo, y a la interrelación
que se da entre estos dos. El “Mito de la Caverna” nos habla de cómo
un reducido grupo de individuos controla al resto de la sociedad, la cual
se encuentra recluída en un mundo remoto, sombrío y cegado (reflejado a
través del símil de la caverna), donde las personas viven en perpetua
esclavitud, pero sin ser conscientes de ello, ya que viven una falsa
realidad impuesta por sus dominadores sin que ellos puedan llegar a
percatarse de su situación.
Esto mismo es lo que sucede en Matrix,
donde los dominadores (esta vez las máquinas que se han rebelado contra
el hombre) mantienen a los seres humanos retenidos y esclavizados en una
especie de colonia o enjambre, donde mantienen con vida a estos haciéndoles
creer que cada uno de ellos decide y disfruta su propia existencia; pero
esta existencia no deja de ser una falsa realidad, un entorno virtual que
sus controladores han creado (denominado “matrix”) para mantener a sus
cuerpos con vida, y poder así aprovecharse de su bioelectricidad y energía
calorífica que generan, la cual es fundamental para el funcionamiento de
las maquinas que dominan
el nuevo mundo.
Podemos ver cómo el guión de la película refleja
las directrices del “Mito de la Caverna” cuando Morpheo, en su primer
encuentro con Neo, le dice: Matrix [...] es el mundo que ha sido puesto
ante tus ojos para ocultarte la verdad [...], eres un esclavo, Neo, igual
que los demás naciste en cautiverio, naciste en una prisión que no
puedes ni saborear, ni oler, ni tocar, una prisión para tu mente. Más
adelante, en un nuevo diálogo con Neo, este mismo personaje afirmará:
“Matrix es un mundo imaginario generado por ordenador, construído para
mantenernos bajo control y convertir al ser humano en esto (le enseña una
pequeña batería).
Platón afirma que lo que el hombre debe hacer es abandonar la
profundidad de esta cueva donde se halla inmerso y salir al exterior para
ver la luz (símil que representa el conocimiento, la sabiduría y la
verdad), y de este modo conocer la realidad. Esto mismo es lo que Morpheo
(Laurence Fishburne) propone a Neo (Keanu Reeves) antes de arrancar su cuerpo del lugar en el que hasta
entonces se había encontrado: “Lo único que te ofrezco es la verdad,
nada más”. Y esto mismo es lo que hicieron
él y los demás rebeldes como Trinity, Interruptor o Ratón,
cuando abandonaron la fría y lóbrega “caverna”, donde se hallaban
recluídos y eran explotados por las máquinas, para surgir al exterior y
conocer la verdad del mundo real. Estos planteamientos del filósofo
aparecen en la película magistralmente retratados en la escena en que Neo
abandona la colonia, en la que se encontraba enclaustrado desde su propio
origen, y tras viajar a través de húmedos túneles hasta la salida de la
misma, cuando por fin llega al umbral, logra ver por primera vez la luz,
la cual surge ante él como una puerta a la esperanza y a la libertad.
“Bienvenido al mundo real”: será la frase que pronuncie Morpheo para
recibirle.
Otra de las reminiscencias platónicas que podemos observar al
contemplar Matrix es la que se refiere a la división entre cuerpo
y alma. El pensador griego hablaba de una división del ser humano en dos
realidades básicas: el cuerpo, el cual se halla encuadrado en unas
coordenadas espaciotemporales concretas; y el alma, o lo que es lo mismo,
la razón, la cual tiene la capacidad de poder abandonar al cuerpo para
adentrarse en dimensiones no físicas. Si observamos la película no
podemos dejar de apreciar que constantemente se está haciendo referencia
a esta dualidad de la que habla Platón. En primer lugar tenemos el
ejemplo de la especie humana en general, cuyo cuerpo, ubicado en pequeñas
celdas, está
siendo explotado energéticamente; mientras que su mente se encuentra
viviendo una realidad virtual. Y en segundo lugar tenemos el patrón de
los rebeldes que, situados físicamente en su nave aerodeslizadora,
constantemente hacen incursiones mentales tanto en el programa informático
“matrix”, como en otros programas que han sido creados por ellos para
su entrenamiento. Sin embargo esta división entre cuerpo y alma no es
total, ya que Platón concibe al ser humano como una unidad; por ello,
cuando Neo pregunta a Morpheo: “Si te matan en “matrix” ¿mueres aquí?”;
este responderá: “El cuerpo no puede vivir sin la mente”.
En definitiva, vemos como hoy en día, pese a la modernidad que nos
envuelve y a la revolución que supone el descubrimiento de nuevas
tecnologías, es imposible que tratemos de desgajarnos de lo que son los
fundamentos del pensamiento occidental; ya que estos suponen la base de
nuestro conocimiento y de nuestro modo de pensar, del mismo modo que
influyen en nuestra capacidad creadora. Por tanto es necesario que
continuemos aferrándonos a todos esos principios filosóficos si queremos
comprender, no sólo la literatura y el arte que nos ha precedido, sino la
que está por venir.
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