|
4Conferencia
pronunciada en el Segundo Seminario Internacional Sobre Pragmatismo,
Conocimiento y Acción (Universidad Autónoma del Estado de Morelos,
Cuernavaca, México, 15-17 de mayo de 2002)
4Web
autor |
BIOÉTICA. IMAGINACIÓN MORAL Y PRAGMATISMO
Moris Polanco.
Universidad Francisco Marroquín (Guatemala) |
|
Como profesor de ética, con alguna
frecuencia recibo invitaciones a participar en
diferentes seminarios profesionales. Mi más reciente
experiencia ha sido en un seminario de bioética,
al que asisten médicos de diferentes especialidades,
algunos de ellos personas de gran renombre en mi país.
Yo había mantenido conversaciones informales con uno
de los médicos integrantes del seminario, pero nunca
había asistido a sus reuniones. Finalmente, este
médico me invitó a participar en una sesión, que
estaría dedicada al tema “identidad personal y
clonación”. Casualmente, hacía poco había leído A
conversation
on Personal
Identity
and
Immortality, de John
Perry[1]
—un perfecto ejemplo, por cierto, del estilo analítico
de tratar estas cuestiones—, y tal vez por ello
esperaba que la discusión del seminario girara en
torno a precisiones conceptuales. Pero descubrí que
los médicos estaban más interesados en imaginar un
mundo donde la clonación fuera ampliamente aceptada, y
en las consecuencias que se derivarían de esa
situación, que en clarificar el concepto de la
identidad personal. Esto trajo a mi memoria un
artículo de Hilary Putnam sobre la clonación humana,
que había leído un par de años atrás[2],
y revivió mi interés en seguir explorando el tema de la
relación entre la imaginación moral y el pragmatismo.
|
 |
-
-
El libro clásico
sobre el tema de la imaginación moral es, por
supuesto, el de Mark
Johnson,
Moral
Imagination[3].
Curiosamente, en el índice analítico de ese libro no
aparece la entrada “pragmatismo”, a pesar de que hay
múltiples referencias a John Dewey y de que el autor
llega a reconocer que su concepción de la moral es, en
muchos aspectos, deweyana[4].
-
Más adelante sostendré que, aunque los pragmatistas
podemos aprender mucho sobre “las implicaciones de las
ciencias cognitivas para la ética”, no debemos
dejarnos deslumbrar. Mi punto será que cometeríamos el
mismo error que Johnson critica al afiliarnos sin
restricción a una teoría moral centrada en la
imaginación.
-
-
Esto por una parte. Por la otra, quiero hacer notar la
necesidad de trabajar más en este campo, pues,
curiosamente, son escasísimos los artículos que se han
publicado en revistas de filosofía sobre la relación
entre la imaginación moral y el pragmatismo. Lo que
más sorprende es que dónde más se ha escrito sobre
este tema es en revistas de medicina y de enfermería.
Más adelante hablaré sobre algunos de ellos.
-
Finalmente, presentaré una visión pragmatista de la
imaginación moral, basada sobre todo en las ideas de
Hilary Putnam.
-
-
La crítica de Mark
Johnson a la ética tradicional
-
-
En su libro Moral
Imagination, Johnson hace una crítica
profunda de prácticamente todas las teorías éticas
occidentales. La característica común de todas estas
teorías —de la ética tradicional, podríamos decir— es
que presentan la moral como algo que consiste
fundamentalmente en “seguir reglas”.
-
-
En
la cultura Occidental, hemos heredado la visión errada
de que la moral no es más que un sistema universal de
leyes o reglas que proceden de la esencia de la razón[5].
-
-
Johnson cree que
es moralmente irresponsable pensar y actuar como si
poseyéramos una razón universal y desencarnada que
genera reglas absolutas, procedimientos para la toma
de decisiones, y leyes o categorías universales por
medio de las cuales podemos distinguir el bien del mal
en cualquier situación en que nos encontremos.
(...) Centrarse exclusivamente en leyes morales y
principios racionales es una amenaza para el bienestar
humano, porque nos vuelve ciegos para el cultivo de la
imaginación moral que se necesita para ser moralmente
sensible y responsable hacia otras personas[6].
-
-
Mi crítica a la posición de Johnson es que falla en
ver las teorías éticas tradicionales (de Aristóteles a
Kant, de Epicuro a Hume o Mill) como simples imágenes
morales. Desde luego, cada teoría ética busca
presentarse como la mejor, la más exacta, la que mejor
explica el fenómeno moral, etc. Pero igual riesgo
puede correr una teoría que intente basarlo todo en la
imaginación moral. Johnson está cerca de resbalar
aquí, cuando dice que lo que debemos buscar construir
es “una ciencia cognitiva de la comprensión moral” [‘cognitive
science
of moral
understanding’]. ¿No
suena esto a una nueva tiranía
cientifista? ¿No está detrás la pretensión —tan
fustigada por los pragmatistas— de “la teoría correcta
de X”?
-
-
Más sensato se muestra Johnson cuando dice, al final
de la introducción, que [poner] atención a los
aspectos imaginativos de nuestra comprensión nos dará
un nuevo conjunto de preguntas para investigar que ni
siquiera podían ser imaginadas bajo la influencia de
nuestros anteriores supuestos[7].
Como pragmatista, me habría gustado que Johnson
mencionara dentro de esas nuevas preguntas la que
interroga por el origen de la necesidad humana de
tener reglas morales. Con Hilary Putnam, estoy de
acuerdo en que cualquier intento de disolver nuestras
nociones fundamentales (nociones como verdad,
objetividad y ley moral) corre el riesgo de
convertirse en irresponsabilidad filosófica si no toma
en cuenta el papel que tales nociones desempeñan en el
pensamiento y en la vida humana.
-
-
Si algo he aprendido de los pragmatistas y de
Wittgenstein es a ser muy cauteloso con las
afirmaciones absolutas. Tal vez por eso no me siento
cómodo cuando leo que Johnson afirma como un hecho
probado por las ciencias cognitivas que nuestro
razonamiento moral es imaginativo[8].
¿Y si en lugar del “es” ponemos un “puede ser visto
como”? No me opongo —es más, me encanta la idea— a que
ensayemos a ver el razonamiento moral como una
actividad eminentemente imaginativa; sólo me parece
que debemos tener el cuidado de no tirar por la borda
más cosas de las necesarias.
-
Johnson cree que es necesario cambiar nuestra
comprensión del razonamiento moral, basándose en que
estamos tratando de vivir de acuerdo con una
concepción que es inconsistente con la forma en que
los seres humanos captamos el sentido de las cosas[9].
Lo que yo sostengo —sin que esto signifique que me
oponga a la imaginación moral— es que, para un
pragmatista, más importante que afirmar una nueva
teoría moral es explorar el siguiente problema: ¿qué
es lo que tenemos en nuestra estructura cognitiva que
nos lleva a construir teorías —como la de la Ley
Moral— que, supuestamente, constriñen nuestra
actuación?
-
-
Al proponer este problema, tengo en mente las
observaciones de Nietzsche en Más allá del bien y
del mal sobre la moral como tiranía. Según
Nietzsche, la sujeción por largo tiempo a reglas —en
todos los campos, no sólo en la moral— fue el medio
para que en el espíritu europeo se despertase su
fuerza, su curiosidad osada, su fina agilidad[10].
Con otras palabras: existe algo en nuestra estructura
moral y cognitiva que hace viable y fecunda la imagen
de las reglas, y antes de pretender sustituirla por
otra que se base sólo en la imaginación debemos
sopesar las consecuencias.
-
-
Los médicos pragmatistas
-
-
Paso ahora a comentar los trabajos sobre pragmatismo y
ciencias de la salud que se han publicado
recientemente en algunas revistas de medicina y
enfermería.
-
En un artículo
titulado Imagination in
Practice, P. A.
Scott[11],
de la Universidad de Stirling
(Escocia), dice lo siguiente: más que ofrecer una
dieta de ética aristotélica en el currículo de
pregrado, quizás
deberíamos seguir la sugerencia de [Iris]
Murdoch y ayudar al
pacticante a desarrollar
visión e imaginación moral, y propone como medio
para estimular y nutrir la imaginación moral la
literatura. Esta posición es cercana a la que ha
mantenido por años Hilary Putnam, al menos desde que
publicó Meaning
and
the Moral Sciences,
en 1978. Al final volveré sobre este tema.
-
En su artículo Freestanding
Pragmatism in
Law
and Bioethics[12],
de hace apenas un año, J. D. Arras habla de un
proyecto más amplio en el que está involucrado,
dedicado a estudiar la relevancia del pragmatismo para
la bioética. Por “freestanding
pragmatism”, Arras
entiende un acercamiento pragmatista al
razonamiento práctico que no se casa ni con el canon
clásico ni con el neopragmatismo
rortyano. Según Arras, la versión libre del
pragmatismo que se practica en el razonamiento legal
—caracterizado por el
contextualismo, el instrumentalismo, el
eclecticismo y la independencia de las grandes
teorías— es sorprendentemente similar al así llamado
“enfoque pragmatista” en bioética. Arras concluye
diciendo que si esto es lo que se entiende por
pragmatismo, entonces, en cierta forma, “hoy en día
todos somos pragmatistas”.
-
Por su parte,
Finns,
Bacchetta y
Miller[13]
presentan un método para resolver los problemas éticos
que se presentan en la práctica clínica inspirado en
la filosofía de John Dewey. Llaman a este método
“pragmatismo clínico”, y explican que se centra en el
proceso de evaluación y de formación de consenso.
-
Otros autores[14],
en fin, se basan en las obras de
Mark Johnson o de Iris
Murdoch para proponer una nueva forma de ver
los problemas éticos. Esa nueva forma prestaría
especial atención a la manera en que el lenguaje, las
metáforas y la imaginación influyen en nuestras
creencias.
-
Un campo
especialmente prometedor a este respecto es el del uso
de la narrativa para enseñar ética a estudiantes de
ciencias de la salud y de leyes.
Weisberg y
Duffin[15],
por ejemplo, relatan cómo hicieron uso de las imágenes
de médicos, enfermeras y abogados que se encuentran en
la literatura clásica y reciente para impartir un
curso de ética interdisciplinar.
Las historias de vida, y no los conceptos o la teoría,
fueron el principal medio utilizados por los autores
para organizar la experiencia y encontrarle un sentido
a esa experiencia.
-
-
Una visión pragmatista de la
imaginación moral
-
-
Mi propio acercamiento al tema de la imaginación
moral es deudor, como ya dije, de las ideas de Hilary
Putnam. Son ideas provisionales, que espero
contrastar, enriquecer o cambiar a medida que me
adentre más en la ya abundante literatura sobre el tema.
-
La primera idea la expuse al principio: que está bien
contar con la teoría de la imaginación moral, siempre
y cuando no la absoluticemos.
Puede ser una más de esas imágenes de la situación
humana en el mundo importantes, discutibles y llenas
de significado de que habla Putnam en Razón,
verdad e historia.
-
Comentando sobre esta idea de las imágenes morales,
Ruth Ana Putnam dice que
-
es
preciso reconocer que personas con imágenes morales
diferentes pueden llevar vidas morales igualmente
buenas. No quiero decir, como es obvio, que todas las
imágenes morales sean igualmente buenas, hay imágenes
morales abominables, sino que hay imágenes morales
alternativas con las que la gente ha llevado vidas
buenas y que podemos aprender de sus imágenes como
ellos pueden aprender de las nuestras[16].
-
Soy consciente de que no es lo mismo la teoría de
la imaginación moral de Johnson que el concepto de
imágenes morales de Putnam. Mi punto es que una visión
pragmatista de la imaginación moral supone verla como
el pragmatismo ve toda teoría: como una imagen moral
de nuestra situación en el mundo. ¿Y qué es una
imagen moral? Una imagen moral es una descripción
de cómo se relacionan nuestros ideales y nuestras
virtudes, y qué tienen que ver con la posición en la
que nos encontramos[17].
Por ejemplo, todos tenemos una imagen moral de la
familia, y esa imagen moral influye no sólo en lo que
pensamos acerca de la familia, sino en la vida social
en general.
-
La manera en que Putnam aborda el problema de la
clonación humana en el artículo que mencioné al
principio viene ahora al caso. Según Putnam, la
discusión sobre la clonación humana ganaría en
claridad si en lugar de centrarse en principios
metafísicos o en derechos se centrara en cómo nos
vemos en un mundo que admita la clonación.
Putnam propone una imagen moral de la familia que
refleje nuestros valores pluralistas y tolerantes, no
nuestras tendencias narcisistas y xenófobas, y esto
significa que deberíamos agradecer, no deplorar, el
hecho de que nuestros niños no son nosotros y no son
diseñados por nosotros, sino que son radicalmente
Otros[18].
Es decir, rechazamos la clonación no porque sea una
violación a leyes naturales o porque viole el derecho
de los hijos a ser diferentes, sino porque no todo lo
que se puede hacer conviene hacerlo: simplemente, nos
parece que estamos mejor sin la clonación humana que
con ella.
-
La segunda idea que quiero proponer es ésta: un
pragmatista normalmente verá los problemas éticos no a
la luz de reglas morales, sino a través de proyectos
de vida, a la luz de la vida que nos imaginamos
viviendo en el futuro. “To
see
the actual in light
of
the possible” —"ver
lo presente en función de lo posible"—, es la forma en
que Thomas Alexander define la imaginación pragmática.
Vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser,
decía Ortega[19].
Para un pragmatista, el presente se vive en función
del futuro, de un futuro imaginado. Incluso cuando
tratamos de evaluar nuestras acciones pasadas lo
hacemos tratando de imaginarlas en el marco de nuestro
proyecto de vida. Si son incompatibles con lo que
queremos ser —con lo que queremos llegar a ser—,
rectificamos y hacemos el propósito de cambiar. Pero
si en un momento dado, por la razón que sea, nuestro
proyecto de vida cambia, vemos el pasado con una nueva
luz.
-
Una tercera y última idea: como la imaginación
moral es esencialmente narrativa, habrá que tener muy
en cuenta la recomendación de hacer uso de la
literatura y el cine en los cursos de ética,
particularmente en los cursos de ética práctica o
profesional. Hilary Putnam ilustra esta conexión
entre narrativa, imaginación y razonamiento práctico
por medio de un ejemplo: “un hombre está escalando una
montaña. A medio camino se detiene, porque no está
seguro de hacia dónde debe seguir. Él se imagina a sí
mismo continuando por un camino. En su imaginación,
llega hasta cierto punto, y luego se encuentra con una
dificultad que no sabe cómo resolver. Luego se imagina
siguiendo otra ruta.
-
-
Esta
vez es capaz de imaginarse llegando hasta la cima sin
dificultad, así que toma el segundo camino”[20].
La enseñanza que Putnam saca de este ejemplo (que
toma de un libro no publicado de
Grice y Baker),
es que ésta
puede ser una forma perfectamente racional de
solucionar un problema práctico, que, sin embargo, no
necesita ser reducida a un esquema lineal
proposición por proposición. El montañista
está funcionando, por decirlo así, como un computador
analógico más que como computador digital cuando
resuelve el problema de ‘desenrollar’ su imaginación,
tan vivamente como puede, en la forma ‘cómo habría
ocurrido si...’”[21].
-
-
-
CONCLUSIÓN
-
-
En conclusión, he tratado de mostrar a ustedes cómo
el pragmatismo se está aplicando en áreas como la
medicina, la enfermería y la bioética, y que esas
aplicaciones coinciden, en muchos puntos, con la
teoría de la imaginación moral de
Mark Johnson. Pero también he señalado que una
visión pragmatista de la imaginación moral tiene que
ir más allá de la propuesta de Johnson, y hacer
que la imaginación moral se vea a sí misma como una
imagen moral de la situación humana en el mundo.
NOTAS
[1]
J. Perry, A Dialogue on Personal Identity and
Immortality (Indiannapolis:
Hackett, 1978).
[2]
H. Putnam, “Cloning People”, en Justin Burley (ed.),
The Genetic Revolution and Human Rights (Oxford:
Oxford University Press, 1999).
[3]
M. Johnson, Moral Imagination. Implications of
Cognitive Sciences for Ethics (Chicago: University
of Chicago Press, 1993).
[11]
P. A. Scott, “Imagination in Practice”, Journal of
Medical Ethics 23.1
(1997): 45-50.
[12]
J. D. Arras, “Freestanding Pragmatism in Law and
Bioethics”, Theoretical Medicine & Bioethics 22
(2, 2001): 69-85.
[13]
J. J. Finns, M. D. Bacchetta,
F. G. Miller, “Clinical Pragmatism: a method of moral
problem solving”, Kennedy Institute of Medical Ethics
Journal 7.2
(1997): 129-45.
[14]
Por
ejemplo, E. J. Pask,
“Developing moral imagination and the influence of
belief”, Nursing Ethics: an International Journal for
Health Care Professionals 4.3
(1997): 202-10; B. J. Crigger,
“Where do moral decisions come from?”, Hasting Center
Report 26.1
(1996): 33-38; J. Liaschenko,
“What if...? Language, health care, and moral
imagination”, Home Care Provider 3.3
(1998):
128-130.
[15]
M. Weisberg, J. Duffin,
“Evoking the moral imagination: using stories to teach
ethics and professionalism to nursing, medical, and law
students”, Journal of Medical Humanities 16.4
(1995): 247-263.
[16]
Ruth Anna Putnam, “Imágenes
morales e imaginación moral”,
Dianoia 38 (1992): 188.
[17]
H. Putnam, “Cloning People”, p. 4.
[18]
H. Putnam, “Cloning People”, p. 12.
[19]
J. Ortega y Gasset, "¿Qué es
filosofía?", en Obras completas (Madrid:
Ediciones de la Revista de Occidente, 1969),
vol. 7, p. 419.
[20]
H. Putnam, “Literature, Science, and Reflection”, en
Meaning and the Moral Sciences (Boston:
Routledge and
Keagan Paul, 1978).
[21]
H. Putnam, “Literature, Science, and Reflection”.
|
|
|