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1.-
Los principios constitucionales.
Al iniciarse la etapa revolucionaria en los territorios del norte de
América se inauguró un nuevo período de constituciones escritas, a la que se
incorporaría luego la Francesa de 1791.
Hasta el momento de sobrevenir la revolución las 13 colonias inglesas estaban
organizadas por Cartas otorgadas por los Reyes de Inglaterra en las cuales se
fijaban los principios fundamentales de su gobierno y organización
administrativa. Las mismas disponían la subordinación de toda ley que en su
consecuencia se dictara, perfilando el principio de supremacía constitucional.

Inglaterra se encontraba ante un feroz crecimiento de su deuda nacional e
intentó incrementar la recaudación de tributos en las Colonias de América. Estas
hicieron frente a la medida con su declaración de guerra de 1765: "No
taxation without representation". En aquella oportunidad, la guerra se
transformó en la herramienta para hacer valer el derecho a la libertad.
En el lapso de 1774 a 1776 los Congresos locales se decidieron en
favor de decretar la Confederación de las Colonias Unidas de América del Norte y
presentaron su Declaración de Independencia (1776).
Esta Declaración enfatizó “la igualdad originaria de los hombres,
sus derechos inalienables a la vida y a la libertad”.
La
invitación cursada a las colonias de darse sus propias constituciones bajo estos
principios encontró pronta respuesta en los estados de Virginia, Pennsylvania,
Maryland, North Carolina, que dictaron las suyas, y al que se sumaron otros
estados, como el de Massachusetts, que ya dispuso en su Constitución de 1780 la
separación de los poderes como mecanismo de contrapesos.
Las doctrinas políticas francesas e inglesas influyeron
decisivamente en este movimiento constitucionalista basado en la tesis de la
tutela política de los derechos naturales y en el principio de que el origen de
la autoridad surge de un pacífico pacto social.
Las principales figuras en este movimiento fueron Thomas Paine
(1737-1809) y Thomas Jefferson (1743-1826). El primero de ellos, sostenedor de
la igualdad social y económica, tuvo participación decisiva en la oposición
popular a la fórmula del régimen monárquico dinástico, y en la concepción de una
constitución en forma escrita.
Por su parte, Thomas Jefferson -inicialmente delegado de Virginia, y luego
designado Presidente de la República en 1801- sobresalió como principal
expositor del Sistema Federal que sería implementado por vez primera en América
en la Constitución de Philadelphia de 1787.
A la Constitución de 1787, que dispuso el "Plan de
Gobierno" dando estructura al Estado -hoy denominado por los constitucionalistas
como Parte Orgánica-, se le agregó en 1789 una segunda parte, denominada
"Declaración de Derechos" (Bill of Rights) - o Parte Dogmática - en la que,
mediante las primeras 10 enmiendas, se enumeraron los derechos subjetivos
públicos de los ciudadanos. En estos términos, la Constitución Norteamericana
ha sido considerada la primera manifestación moderna del derecho constitucional
escrito.
Integraron el comité de elaboración del borrador de la Declaración: J.Adams,
B.Franklin y Jefferson.
A
este último le cupo la redacción con su fina prosa:
"We hold these truths
to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by
their creator with certain unalienable rights, that among these are life,
liberty and the pursuit of happiness".
La Constitución Americana de 1787 ejerció profunda
influencia en el movimiento revolucionario francés (1789-1791) que se expresó en
la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano del 26 de agosto de
1789, y posteriormente, sedujo a toda Europa y América.
En Francia, las ideas políticas de la revolución norteamericana
mucho repercutieron en la mente de Tocqueville (1805-1859) quien publicó De la
Democracia en América con la finalidad de presentarla a los intelectuales
franceses como objeto de estudio, ya que en esos días se debatía cómo organizar
la nueva República, cuestión que América ya había resuelto con resultados
positivos. Tocqueville sostenía que las formas que convenían a los países podían
ser distintas, pero que aún así existían principios igualmente aplicables para
cualquier Nación (1).
La
importantísima gravitación constitucional que tomó la “Declaración de Derechos
del Hombre y del Ciudadano” y la separación de poderes hizo que, a partir de su
formulación, sólo los documentos que regulasen explícitamente tales asuntos
fueran considerados, a partir de ese momento -siglo XIX- documentos
constitucionales propiamente dichos.
Después de la guerra del 14 la estructura constitucional pasó a acoger cláusulas
de orden social -ya ensayada en la constituyente francesa de 1879 aunque sin el
éxito esperado- pasando a ser entonces precursora la Constitución mexicana
promulgada en 1917, de avanzado corte social para su época, en la que se eliminó
de modo osado la concepción individualista de la propiedad.
2.-
El aporte de Hariou, Duguit y Kelsen.
Los
juristas Hariou y Duguit, ya a comienzos del siglo XX habían resuelto defender
tal concepción orientada a lo social. Pero fue por sobre todo la Constitución de
Weimar de 1919 que abrió el camino para los textos constitucionales modernos en
ese sentido, con una introducción de capítulos especiales sobre el orden
económico y social.
Otra corriente se perfiló a comienzos de este siglo, bajo la
denominación de “positivismo lógico”. Su precursor ha sido Hans Kelsen, con
antecedentes en Kant, ya que ambos imaginaron que se podía representar la
constitución como un sistema cerrado y lógico basado en principios suprahistóricos.
Kelsen dedicó sus esfuerzos para el estudio del origen lógico de la
constitución. En su teoría, el origen se encuentra en una norma fundamental
desprovista de poder, válida lógicamente, no jurídicamente. Esta norma
fundamental, como hipótesis jurídica, establece la autoridad constituyente.
El aporte de Kelsen al mundo jurídico consistió, asimismo, en la
elaboración de la teoría del orden jerárquico, en cuya cúspide la constitución
figura como norma suprema y a la que la legislación ordinaria debe ajustarse por
constituír su fundamento formal de validez.
Para Hans Kelsen, la Constitución de un país es la norma más elevada
del orden legal nacional, cuya función consiste en regular a los órganos de
gobierno y el procedimiento de producción de la legislación positiva.
Y a ello agrega que no podría haber contradicciones lógicas entre el
derecho internacional y el derecho nacional, puesto que la norma inferior puede
ser anulada por la superior, en tanto el principio de efectividad -una de las
reglas fundamentales del derecho internacional- significa que los ordenes
jurídicos nacionales constituyen una delegación del derecho internacional, el
que aporta razón de validez al derecho nacional.
3.-
El espíritu de las Naciones Unidas.
En este último sentido, recordemos que al crearse la Organización de
Naciones Unidas (1945) sus miembros eran tan sólo 51, mientras que casi sesenta
años más tarde son más de 193 los Estados reunidos en torno de la misma, todos
ellos sometidos a la Carta de las Naciones Unidas.
Uno de sus órganos, la Corte Internacional de Justicia, ha señalado
que "...privar indebidamente de su libertad a seres humanos o someterlos a
restricciones físicas en duras condiciones es en sí mismo manifiestamente
incompatible con los principios de la Carta de las Naciones Unidas, así como con
los principios fundamentales enunciados en la Declaración Universal de Derechos
del Hombre" (2).
La Carta de las Naciones Unidas se
firmó el 26 de junio de 1945 en San Francisco, al terminar la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Organización Internacional, y entró en vigor el 24 de
octubre del mismo año (el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia es
parte integrante de la Carta).
En dicha Carta se declara que los pueblos de las Naciones Unidas
están resueltos a “preservar a las generaciones venideras del flagelo de
la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad
sufrimientos indecibles, a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del
hombre, en 1a dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de
derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear
condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las
obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho
internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro
de un concepto más amplio de la libertad...”
Ya en punto a las cuestiones de beligerancia, la Carta de las
Naciones Unidas establece en su Artículo 1 que es su propósito mantener
la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin, tomar medidas colectivas
eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de
agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, de
conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el
ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de
conducir a quebrantamientos de la paz.
Su art.2, inc.4 es categórico al establecer que:
“Los
Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de
recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o
la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma
incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”.
A
pesar de ello, y no obstante la finalización de la "guerra fría" que acto
seguido bipolarizó el mundo en dos superpotencias, este ha sido y continúa
siendo un mundo con guerras coloniales, imperiales, inter-imperialistas, étnicas
y religiosas.
Guerras que dejaron de ser un medio para constituirse en el esencial
perfil de naciones que pretenden su hegemonía, como instrumento de conquista, de
fortalecimiento de sus economías.
Los poderosos del mundo han utilizado el conflicto como una
herramienta para la búsqueda ilimitada de ganancias, de la explotación
desenfrenada de los recursos naturales, de la superexplotación de los
trabajadores, del uso de la tecnología para acumular más riquezas y no para la
conquista del bienestar de la humanidad (3).
Es decir, no se ha cumplido en el mundo con las declaraciones de
derechos y garantías de los ciudadanos, no advino la paz, ni la resolución
armoniosa de los conflictos, sino que por el contrario, estamos en presencia de
un recrudecimiento mundial de las aventuras bélicas que ya asolaron al planeta
en tantas oportunidades nefastas.
Una de las explicaciones más diáfanas para asignar responsabilidades
la podemos encontrar en la circunstancia que en las Naciones Unidas son cinco
los países (uno de ellos, Estados Unidos) que tienen derecho de veto en el
Consejo de Seguridad.
Es así que la paz depende de estas potencias, que al mismo tiempo
son los principales fabricantes de armas del mundo y generadores de la mayoría
de los conflictos bélicos existentes. Por otro lado, también son cinco los
países que toman las decisiones en el Fondo Monetario Internacional; y siete en
el Banco Mundial.
No podemos olvidar la interminable sucesión de guerras en las que
cabalgaron los vaqueros del norte. Qué decir de Hisorshima y Nagasaki? El horror
nos enmudece.
Tampoco podemos olvidar las guerras del Golfo, de Yugoslavia y de
Afganistán, oportunidades en las que se alegó la imperdonable excusa del atroz
bombardeo de poblaciones civiles atento el prioritario objetivo de destruir
adversarios de notoria capacidad inferior.
Sin embargo, estas poblaciones de modo alguno pueden ser excluidas
del alcance de los principios expresados por Jefferson para la persona humana
(que también se encuentran plasmados en la Carta de las Naciones Unidas y en los
tratados internacionales): seres creados por Dios, con derechos inalienables,
tales como la vida y libertad,
4.-
El caso de Niels Henrik David Bohn.
Tomemos como ejemplo paradójico de nuestra cultura el caso de Niels
Henrik David Bohr. Sabemos que cultura occidental de modo declarado pretende
alcanzar los mayores logros de racional evolución y prosperidad social para
todos sus integrantes. Pero al mismo tiempo fabrica excelsas maquinarias de
eficaz destrucción masiva, para en definitiva, destruir lo que predica.
Que Bohr haya descripto en 1913 la estructura del átomo de
hidrógeno, formulara la mecánica cuántica junto a Heisenberg y Pauli, y haya
diseñado una teoría referida al proceso de fisión del uranio, para que en
definitiva mueran millones de personas, es algo patético.
Ilya Prigogine, al estudiar el sentido de la realidad en su libro
“Tan sólo una ilusión?”, aborda la anéctoda del paseo que Bohr hace con el joven
Heisemberg -creador del “principio de incertidumbre”- por el castillo de
Kronberg, Dinamarca. En tal ocasión Bohr expresa: “¿No
es extraño cómo cambia este castillo al rememorar que Hamlet vivió en él?
Creemos, como científicos, que un castillo es una construcción simple de
piedras, y admiramos la manera en que las dispuso el arquitecto. La piedra, el
techo verde con su pátina, las tallas de madera de la iglesia, constituyen todo
el Castillo”.
Y
continúa: “Nada de esto debería cambiar por el hecho de
que Hamlet haya vivido aquí y sin embargo, cambia completamente. De pronto las
paredes y las murallas hablan un lenguaje diferente. El patio se convierte en
todo un mundo, un oscuro rincón nos recuerda la oscuridad del alma humana, oímos
el ser o no ser" de Hamlet. En definitiva, de Hamlet sólo sabemos que su nombre
figura en una crónica del siglo XIII... pero nadie ignora los interrogantes que
Shakespeare le atribuye, los arcanos de la naturaleza humana que con él nos
abre, y para ello tenía que situarle en un lugar bajo el sol, aquí en Kronberg”
(4).
Y nosotros podemos preguntarnos: Cuántos Hamlet murieron en
Hiroshima y Nagasaki? Ahora tampoco sabemos nada de ellos. Qué paredes y qué
murallas podrían narrar algo de sus vidas, sus dramas, sus pasiones y
felicidades? Qué lenguaje utilizarían cuando nada es lo que quedó de ellos? Ser
o no ser? Esa es la cuestión? En definitiva, la guerra se nos manifiesta como
una persistente amenaza de masacre de millones de inocentes. Oscuridad del alma
humana a la que no llegan los sabios en sus tratados.
5.-
El Forum Social Mundial.
Pero otro mundo es posible. Hemos estado en el III Forum Social
Mundial celebrado en Porto Alegre en el mes de enero de 2003, y no podemos dejar
de coincidir con el Presidente Lula en cuanto la guerra debe ser conducida
contra el hambre y no contra naciones.
En todo caso, guerra a la guerra. A la luz de la normativa de la
Carta de las Naciones Unidas y de los tratados internacionales, la idea de
desatar una "guerra preventiva" como la que pretende hoy los EE.UU. no puede
tener ninguna justificación ética ni jurídica. Tal como lo señaló Albert
Einstein, no se puede prevenir y preparar una guerra al mismo tiempo. Es
francamente contradictorio.
De acuerdo a la pluma de Voltaire, quien se asumiera como cruzado en
contra de la injusticia, la intolerancia, la crueldad y la guerra, “está
prohibido matar, y por ello todos los asesinos son castigados, a menos que que
se mate en gran número bajo el sonido de las trompetas” (5). Nos
recuerda la lógica de Stalin: "la muerte de una
persona es una tragedia, pero un millón de muertos es una estadística".
¿Qué es un criminal de guerra? Gandhi sostuvo en 1945 que la guerra
misma es un crimen contra Dios y contra la humanidad; y por ello, tanto los que
sancionan, implementan y conducen guerras son criminales de guerra:
“...War criminals are not confined to the Axis Powers alone.
Roosevelt and Churchill are no less war criminals than Hitler and Mussolini.
England, America and Russia have all of them got their hands dyed more or less
red - not merely Germany and Japan...”
(6).
6.- El 11 de septiembre y después.
El terrorismo no comenzó con los ataques a los Estados Unidos. Todos
sabemos que los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron brutales actos de
terror. Atentados condenables desde todo punto de vista, que deben ser
repudiados como toda instauración del horror, porque el terrorismo es una
verdadera amenaza internacional.
Pero también sabemos que la coalición belicista de Bush no importa
realzar el valor de los principios constitucionales mencionados, ni pretende
encarnar una respuesta global genuina al terrorismo, sino la continuación del
montaje de un proceso de internacionalización de los objetivos de la política
exterior de unos pocos países hegemónicos.
La comunidad internacional no puede permitir que el terror opere
como modo de relación entre países, en sustitución del hoy precario -aunque
fundamental- derecho internacional que contempla atónito los perjuicios causados
a millones de víctimas de un sistema global injusto que empobrece, excluye y
mata por hambre, por enfermedades, por represión, por bombardeos, por
asesinatos.
Advirtamos de una buena vez por todas que la inequidad económica no
es tema ajeno a la seguridad internacional. La justicia y la equidad son las
estrategias más sostenibles contra la violencia y el fundamentalismo.
Bien se ha señalado que los Estados Unidos han invertido mucho
esfuerzo y dinero para que Bin Laden enfrentara en 1991 la invasión rusa a
Afganistán. Sin embargo, no existen constancias de que haya aportado recursos
para promover el desarrollo de una nación tan pobre.
En la actualidad -febrero de 2003- la
nación del norte ya ha desplegado una primera fuerza de 110.000 soldados en la
región del Golfo Pérsico, de ellos 51.000 en Kuwait, mientras que Gran Bretaña
ha aportado gentilmente más de 35.000 soldados para dichas operaciones.
Un cálculo económico básico lleva a considerar que el conflicto con
Irak podría costar para Estados Unidos alrededor de 120 billones de dólares -con
un desenlace rápido- y 1.595 billones de dólares -si por el contrario, resulta
prolongada.
Estos siniestros acontecimientos se suceden en un momento en que los
Estados Unidos han reducido sus gastos para combatir el hambre en el mundo a 1.7
miles de millones de dólares, justo lo que gasta en dos días para actividades
militares (7).
Asimismo compárense aquellos 120 billones destinados a la guerra de
Irak con la cifra de 10 billones anuales que se necesitan en Africa para
prevenir la catástrofe del Aids, de la malaria y otras enfermedades que en los
próximos años matará varias decenas de millones de personas (en la actualidad el
Aids amenaza la vida de 25 millones de africanos).
No debemos engañarnos de modo alguno. Debemos sincerarnos: producir
y comercializar armas también es terrorismo.
De modo idéntico, son terroristas los que oprimen pueblos enteros
con inmensas deudas públicas que no pueden ser canceladas en razón de la pobreza
del deudor. Es de mero sentido común que el crecimiento de la miseria y la
exclusión social en el mundo genera conflictos que podrían haber sido anulados
con una pacífica muestra de generosidad por quienes viven en la
abundancia.
Al
mismo tiempo de señalar la responsabilidad de los países ricos, debemos
considerar también la que corresponde a las sociedades transnacionales, las que
concentran una masa de capital sin precedentes en la historia humana, tan
poderosa al punto que el volumen de sus negocios es a veces equivalente, y en
ocasiones superior, al Producto Bruto Interno (PIB) de muchos países.
La alianza de los más ricos del mundo debería ser para ayudar a los
necesitados y no para bombardear pueblos miserables, como ocurriera
recientemente en Afganistán.
Coincidimos con Frei Beto,en cuanto si las naciones ricas quieren
vencer al terrorismo, solo hay una solución. Y ésta consiste en vencer las
causas que producen terroristas, lo que significa invertir sus recursos para que
una vida digna y feliz -aquélla a la que se refería Jefferson-, sea un derecho
de todos y no un privilegio de una minoría, en un mundo en el que los pobres son
4 billones, en una población total de 6 billones de habitantes
(8).
También son terroristas quienes producen enormes daños ecológicos
desatando una verdadera guerra química contra el aire y el clima de este mundo
(9)
Estas son variables que precisan ser
analizadas, discutidas y debatidas para definir un mundo alternativo.
Pero la simplista y tendenciosa
postura del presidente de los Estados Unidos pretende convencer a sus ciudadanos
y al mundo que "quien no está con nosotros, está contra nosotros", cortando la
humanidad en dos, correspondiendo a ellos el lugar de los "buenos", los soldados
de Dios.
El renombrado teólogo Eugen Drewermann ha advertido respecto a las
convicciones de Bush:
"Quien lee el Nuevo Testamento y cree que tiene el
deber de hacer una guerra preventiva; quien toma legitimación del Sermón de la
Montaña para asesinar cientos de miles de seres humanos no ha entendido al
cristianismo o se aleja de él con la bota de las siete leguas. No se puede
andar sobre cadáveres cuando se quiere seguir el camino de Cristo"
(10).
No queremos compartir el triste reconocimiento de Jorge Santayana
cuando afirmó que “Únicamente los muertos han visto el fin de la guerra"
(11).
También tiene razón el israelita Amos Ozen al indicar que el extremismo islámico
debe ser contrarrestado, precisamente, por el islamismo moderado. Pero intentar
arrasar con los dos -uno de ellos, el remedio- es demencial, porque de hecho
significa alimentar el fanatismo y propiciar el desequilibrio global
(12).
Bien se ha interrogado: “¿Puede el dolor de un pueblo por sus
víctimas, por el orgullo herido, bloquear a tal punto su capacidad racional?”
... “Lo más penoso resulta ver como la mayoría de los gobiernos europeos aceptan
mansamente implicarse en aventuras que no responden a los verdaderos intereses
de sus pueblos, y que pueden tener dramáticas consecuencias para la humanidad”
(13).
Al mismo tiempo, y a despecho de los principios sentados por
Jefferson, a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001 la represión
contra todo modo de activismo distinto al gubernamental en el propio país del
norte se ha profundizado. Se ha incrementado la vigilancia, en la infiltración y
en la violencia policial.
Todas ellas, actitudes correspondientes a un gobierno que pretende
encontrar operadores clandestinos en todas partes, reduciendo al mínimo las
libertades civiles conquistadas por sus ciudadanos.
Se han retaceado las libertades
civiles a partir de la Ley Patriótica mediante leyes draconianas que suspenden
la Declaración de Derechos, el habeas corpus y demás instrumentos legales
dirigidos a los derechos fundamentales de los individuos. Como se puede ver,
ellos mismos son los primeros en perjudicarse al pretender vivir en estado de
guerra.
No es en vano y por acaso que Gore Vidal en su obra “Perpetual War
for Perpetual Peace” (2002) se pregunte por qué razón lógica hace 50 años que
Estados Unidos está ante una guerra inminente (14).
Robert Fisk, al aludir a un “CUARTO REICH”, advierte que la
mayoría de los ciudadanos estadounidenses no tienen la menor idea que el nombre
de la ley “Patriot” no es de modo alguno una referencia al patriotismo, sino las
siglas en inglés de "la unificación y el fortalecimiento de Estados Unidos por
medio de Proveer Herramientas Adecuadas Requeridas para Interceptar y Obstruir
al Terrorismo (Provinding Appropriate Tools Required to Intercept and
Obstruct Terrorism)".
Este programa, sumado al “Total Awareness”, importan un costo de 200
millones de dólares, e incluyen facilidades para que el gobierno monitoree las
actividades por correo electrónico e Internet creando bases de datos con
informes sobre los movimientos de los ciudadanos, no solo del mismo país, sino
también de Europa.
De acuerdo a Fisk, existen constancias de negociaciones para que
otros países y empresas comerciales cedan archivos sobre sus ciudadanos con tal
fin.
Agrega que en Estados Unidos se avanza en la detección de
musulmanes, y que tan solo el 17 de noviembre de 2002 miles de iraníes,
iraquíes, sirios, libios, afganos, bahreníes, eritreos, libaneses, marroquíes,
omaníes, qataríes, somalíes, tunecinos, yemenitas y súbditos de los Emiratos
debieron concurrir a las oficinas federales para que se les tomaran huellas
digitales. En algunos casos los hombres tenían visas vencidas de estudiante o de
trabajo; en otros casos, no pudieron proporcionar la documentación adecuada para
su estatus migratorio. Tan sólo en Los Angeles, la policía informó que se habían
acabado las esposas de plástico cuando se encontraban a la mitad de la labor de
arrear a cientos de hombres a la cárcel. De los mil arrestados sin juicio y sin
cargos después del 11 de septiembre, muchos son nacidos en Estados Unidos
(15).
Por nuestra parte, nosotros deberíamos encarar un nuevo tipo de
bipolarización del mundo: quienes están a favor de la guerra y quienes no,
porque estamos convencidos de los principios de nuestra Carta de las Naciones
Unidas en punto a preservar a las generaciones actuales y venideras del flagelo
de la guerra, reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la
dignidad y valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y
mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las
cuales puedan mantenerse la justicia y a promover el progreso social y a elevar
el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.
La mayoría de los pueblos del mundo se oponen a la guerra contra
Irak, porque el ataque no tiene ninguna justificación legítima a la luz de la
Carta de la ONU. El sábado 15 de febrero de 2003 quedó ampliamente registrado en
los medios masivos de comunicación que los ciudadanos del mundo salieron
masivamente a las calles de sus ciudades para decir NO a la guerra de Bush.
Todos ellos están convencidos que un mundo sin guerras es posible.
Pero para tal realización deben eliminarse las industrias de armamentos y sus
extraordinarios valores monetarios en rendimientos deben destinarse a la
atención de las necesidades básicas de la mayoría de la humanidad, hoy marginada
del acceso a lo que el mundo tiene condiciones de producir.
En la Carta Abierta dirigida por los premios Nobel al Presidente de
los Estados Unidos, Rigoberta Menchú, Adolfo Pérez Esquivel, junto con Joseph
Rotblat, Cora Weiss y Colin Archer, entre otros, se deja en claro que ir a la
guerra en estas circunstancias es un paso atrás, una falla de la democracia, del
desarrollo y del entendimiento. En definitiva, una derrota de nuestra humanidad.
7.-
Volviendo a nosotros.
William Sloane Coffin, conocido pacifista que ha luchado en contra
de la segregación racial y el envolvimiento en Vietnam y desarme nuclear,
sostiene que 5 billones de judios, cristianos y musulmanes del planeta podrían
concordar en la máxima "amo, ergo sum".
Esto quiere decir que el amor es el tópico a tratar por la
humanidad, y que es mejor no vivir que no amar (16).
Tal
como lo señala Coffin, la libertad es la condición necesaria y previa para el
amor, y la realidad esencial de la existencia humana es de naturaleza ética.
Para que el mundo sobreviva, debemos entender que Dios nos creó para integrar
una humanidad global, y -coincidiendo con Thomas Mann- reiteremos una vez más
que la guerra solo es el cobarde escape a los problemas de la paz.
Volviendo a Jefferson, y su máxima "We hold these truths to be
self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their
creator with certain unalienable rights, that among these are life, liberty and
the pursuit of happiness", pareciera ser que el gobierno de los Estados
Unidos hoy olvida que en las naciones en las que se pretende guerrear existen
ciudadanos que están alcanzados por los mismos principios expuestos por uno de
los padres de la patria, y en las que el derecho a la vida, libertad y
persecusión de la felicidad son también inalienables.
8.-
Conclusión.
A partir de este olvido, ahora nosotros estamos obligados a
recordarles estos sagrados principios, insistiendo en que la paz universal es
posible y necesaria para poder vivir en armonía, en condiciones de justicia y de
igualdad, para que la humanidad se apropie de su destino y construya un mundo en
el cual quepan todos los mundos.
Todas las naciones y todos sus ciudadanos deben esforzarse más que
nunca para que exista un organismo internacional con poder y legitimidad para
intermediar los conflictos con justicia y equidad, que represente la voluntad
mayoritaria de la humanidad de forma democrática. Para ello, la ONU debe ser
democratizada, poniéndosele fin al poder de veto de potencias imperiales que
arrogan el derecho de ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad,
desconociendo descaradamente los principios fundamentales de los ciudadanos del
mundo.
NOTAS
(1)
Martín Lozada, Ezequiel Lozada, "El Derecho Público de Río Negro", Editorial
Estrada, Argentina, 1994.
(2)
“U.S. contra Iran”, I.C.J., 1980.
(3)
“Manifiesto por un Mundo sin Guerras” pronunciado en Porto Alegre, Rio Grande do
Sul -Brasil- el 3 de febrero de 2002, oportunidad en que se celebró el II Foro
Social Mundial, con participación del CLACSO - Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales, la CUT - Central Única de Trabajadores-, Adolfo Pérez
Esquivel y Rigoberta Menchú Tum.
(4)
Ilya Prigogine, “Tan
sólo una ilusión?”, “Una exploración del caos al orden”, Ed.
Tusquets, Metatemas 3, 1997, p.13.
(5) Voltaire, François Marie Arouet, 1694-1778, “Dictionnaire Philosophique”,
ed.1776.
(6)
Mohandas K. Gandhi, entrevistado por Ralph Coniston, en “Colliers Weekly”, abril
de (7) Osvaldo Bayer en “Grano de Arena”, INFORMATIVO 179 - MADRE PAZ,
informativo@attac.org, del lunes, 24 de febrero de 2003.
(8)
FREI BETO, “Proposta de paz”,
www.forumsocialmundial.org.br/dinamic/bib_FreiBeto.asp
(9)
Eduardo Galeano, “Los Valores Sin Precio”, por Eduardo Galeano, Memoria
FSM 2003, 12/02/2003.
(10)
Osvaldo Bayer en “Grano de Arena”, INFORMATIVO 179 - MADRE PAZ, informativo@attac.org,
del lunes, 24 de febrero de 2003.
(11)
Jorge Santayana, "Soliloquies in England", Scribners, 1924, p. 102, Soliloquy
#25, Tipperary.
(12)
Amos Ozen, artículo de Le Monde, "Point de vue - Contre cette guerre", del 21
de febrero de 2003.
(13)
Eduardo Galeano, SERPAL, “JAQUE AL IMPERIO, El teatro del Bien y el Mal”,
www.forumsocialmundial.org.br/dinamic/es/galeano.asp
(14)
Entrevista con Kenneth Hubbard, “Soñando la guerra, El secreto del guerrero”,
en Clarín.com, 24-2-03.
(15)
Robert Fisk en “EL CUARTO REICH”, 12 de febrero del 2003, La Jornada,
corresponsal de “The Independent “, Traducción: Gabriela Fonseca.
(16) William Sloane Coffin, "A Statement of Faith", “State of Mind: America
2002”; idem “The Heart Is A Little to the Left” y “A Passion for the Possible”;
http://lcmedia.com/SoM/statement.htm
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