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ABSTRACT
Perhaps
the most difficult problem when someone translates is giving
the exact meaning from the original writing into the new one,
although it takes the possibility to change words or to add
others. However, it doesn’t happen with the Feyerabend’s
expression “anything
goes” because of the actual meaning of it emerges from
reader comprehension mainly instead of that sentence by
itself. Common understanding supposes a subjective point of
view in order to produce news definitions and approaches in
a scientific investigation but that isn’t the goal of
”anything goes”. In this paper I consider its
actual meaning and its structure where the Feyerabend’s
aim develops.
SUMARIO
Quizás
el problema más difícil cuando alguien traduce es dar el
sentido exacto del escrito original en el nuevo, aunque tome
la posibilidad de cambiar palabras o agregar otras. Sin
embargo, eso no sucede con la expresión de Feyerabend
“todo vale”, porque su real significado emerge
principalmente desde la comprensión del lector y no desde
la expresión en sí misma. El
entendimiento común supone un punto de vista subjetivo para
producir definiciones y aproximaciones en una investigación
científica pero ése no es el propósito de “todo
vale”. En este artículo considero su real significado y
su estructura donde el propósito de Feyerabend se
desarrolla.
Hay artes cuyas
posibilidades de combinación nos entregan también lo
espantoso, conjetura Borges en Discusión
(1). Y cita algunas de esas combinaciones, como la
quimera griega o el ti yiang
chino, para considerar luego otro enriquecimiento de
“ese vano museo taratológico”:
el doblaje hollywoodense, “maligno
artificio” que “propone
monstruos que combinan
las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza
Lorenzo”, y exclama su asombro, porque “la
voz de Hepburn o de Garbo no es contingente; es, para el
mundo, uno de los
atributos que las definen”. Así, en sentido estricto,
no es posible el doblaje de una voz, de toda voz.
No son posibles ciertos
sonidos cuya misión es reemplazar a otros, podríamos
inferir a manera de corolario de las consideraciones
borgeanas. ¿Podrán existir palabras, proposiciones, que
dicen lo que otras palabras y proposiciones dicen?. A
diferencia de la voz en el ejemplo borgeano, algo hay
posible de traducir de un idioma a otro pues la humanidad
toda no sería entonces lo que hoy es: no sabríamos de las
victorias de Aquiles ni de su derrota ante el quelonio,
nunca nadie se hubiera enterado que en las antiguas
celebraciones religiosas chinas se desplegaban las potencias
del azufre, ni de las bondades que en la España mora trajo
el alcohol alcanforado, y las piedras egipcias por más que
hablen nos resultarían mudas. Así, la estructura de
cualquier lengua es, mínimamente, una singular visión del
mundo que describe y valora. No sólo se cuenta sino que
juzga lo que se cuenta. Esa zeigest es válida y valiosa y absoluta en esa estructura, y la
tarea de traducir es poco menos que tantálica: no se
cambian unas palabras por otras sino que se comunica una
determinada percepción del mundo, de los humanos y su
destino, de cada mundo donde el mundo se despliega, tanto más
lleno de matices cuanto más se incorpora el habla a la
lengua. Que traducir es escribir otra vez es un viejo
concepto siempre nuevo. A veces, la tarea puede resultar
sencilla, como en Hemingway, donde más que traducir las
oraciones hay que prestar atención al voltaje de la
escritura. Otras, es camino demoledor (llevar Finnegan´s
Wake de James Joyce de su original al español, por
ejemplo).
Algo
de esto sucede cuando se observa la moneda corriente en que
se ha traducido la expresión “anything goes” de Paul Feyerabend, tan caro a su posición en el
filosofar sobre las ciencias. Se dice entonces que “todo vale”, sugiriendo o directamente afirmando así que toda
afirmación es válida de por sí. Tan rotunda declamación
es, por de pronto, sospechosa de naturaleza. Si todo vale,
desde un comienzo podríamos imaginar a Feyerabend firmando
una solicitada donde se informa a los lectores del New York
Times, entre otros, que
la Tierra es, en realidad, un paralepípedo. Analicemos
cuidadosamente.
Anything
no nos presenta mayores inconvenientes: pronombre que nos
indica toda cosa o cualquier cosa.
Con
el verbo go la
amplitud de la expresión se profundiza. Tiene más de
veinte acepciones, siendo las más comunes partir, moverse,
avanzar, funcionar, operar, armonizar, estar de acuerdo con,
desarrollar, pertenecer a, adaptarse para, continuar,
persistir, resistir, permanecer, persistir.
Pero,
anything goes es
también territorio del slang,
siendo expresión de voluntad (volition).
Categoría ésta que abarca los ítems de resolución,
irresolución, elección, chance u oportunidad, control,
influencia, conformidad, conducta, utilidad, actividad y su
contrario, interferencia, facilidad, habilidad, éxito.
Cualquier tomo menor de colloquial
speech contiene estas indicaciones. Y siempre se
puntualiza que anything goes es una expresión de volition en el sentido de choice.
¿Y qué es choice?:
acto de decidir, el giro de seleccionar, elección libre de
algo, que resulta de: a) representación mental de dos o más
fines; b) estimación de valores; c) decisión entre
acciones recíprocamente excluyentes; d) voluntad ejecutiva.
Después
de todas estas advertencias y prolegómenos llegamos
finalmente a: “no
sostener barreras,
el cielo es el límite”. Con frecuencia se agrega “no
strings attached”, o sea : “sin
condiciones sobre cómo ayudar a ser usado”.
Es indudable que Paul
Feyerabend no nos está diciendo que todo vale sino más
bien que todo es posible, todo puede ser considerado, nada
debe ser rechazado por sí o, en el último de los casos
y con marcada prudencia (preferiblemente con verbos en
condicional), podríamos decir que todo vale por su
contenido hipotético, para ser atendido como tal, puesto
que no podemos olvidar que Feyerabend utiliza anything
goes en oposición a las epistemes ahistóricas y sus
variantes, es decir, desde las contrarreglas. No se trata de
una expresión de juicios finales de valor (carta blanca a
cualquier desatino) sino de puntos de partida. Lo que está
en juego es su posición contra el llamado “monismo
metodológico”, lo que significa que el científico debe
tomar en cuenta todo recurso metodológico que le sea
necesario, enfoques que no sólo instrumenten las reglas
fijas y universales –comunes a toda ciencia- (internalismo
científico) sino también los hechos históricos, sociales
y aun subjetivos de cualquier investigación (externalismo
científico).
El carácter estático y
absolutista que muchos otorgan al todo vale no pertenece de ninguna manera al pensar y obrar de
Feyerabend, sino que se necesita de una traducción que,
como vemos, acentúe el sentido de movimiento, de puerto
donde zarpamos, de límites por establecer, un horizonte que
nos llama a la vez que nos sitúa.
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