Actualmente se han recogido más de 22.000 nombres de lenguas
y dialectos como parte de la tarea de identificación y clasificación
lingüísticas.
El origen del lenguaje se puede localizar a partir de
los estudios de antropología física y forma parte del desarrollo
evolutivo de nuestra especie. Ya dentro de la antropología cultural y
con ayuda de la filología se pueden rastrear las evoluciones lingüísticas,
la desaparición de unas lenguas (debido a condicionamientos histórico-polícos)
o el surgimiento de nuevas formas de comunicación.
Algunos homínidos
tenían un tracto vocal similar al del hombre 200.000 años ac, pero
probablemente no disponían de un sistema nervioso lo bastante
desarrollado para controlarlo.
Existe un acuerdo general
que sitúa el
desarrollo del habla en un lapso que se extiende desde 100.000 a
20.000 años ac
Dicho período se reduce al transcurrido desde
50.000 a 30.000 años ac, al final del Periodo Paleolítico
Superior, si se aceptan los datos sobre el hombre del Neanderthal.
Ciertas facultades intelectuales constituyen un requisito para el
habla. El lenguaje humano
parece haber surgido no hace mucho tiempo, quizá tan sólo hace
30.000 años. Pero, aún así, todavía hay un bache de 20.000 años
antes de la aparición de la primera prueba inequívoca de lenguaje
escrito. No cabe duda de que la oralidad precede siempre a la
escritura.
DEL
PROTOINDOEUROPEO AL GRIEGO.
El idioma Protoindoeuropeo parece provenir de la cultura
Kurgan, que se remonta hasta el 5.000
ac (Kurgan I), situada al sur
de Rusia, entre el río Dnieper, el Caucaso y los Urales. De acuerdo
con la arqueóloga lituano-estadounidense Marija
Gimbutas en Indo-European
and Indo-Europeans, 1970: ésta cultura comenzaría a extenderse
por el oeste hacia el 4000-3500 ac (Kurgan II), y empezarían a
ocupar una vasta área desde el este de Europa Central hasta el norte
de Irán hacia el 3500-3000 ac (Kurgan III). Por consiguiente, los
primeros idiomas Indoeuropeos serían el Anatolio, el Indo-Iranio y
el Proto-Griego.
Los datos arqueológicos muestran la existencia de una
población seminómada que habitaba la región de estepa en el sur de
Rusia en torno a 4.000 años ac y que comenzó a extenderse por el
área del Danubio en Europa y más léjos aproximadamente a partir del
año 3.500 ac Se conoce a sus miembros como <kurganos>, debido
a sus prácticas de enterramiento (religión); -Kurgan, en ruso,
significa <túmulo>-. La cultura kurgana parece haber llegado a
la región adriática antes del 2.000 ac, dato que se ajusta bien a
la escala temporal necesaria para dar lugar a cambios lingüísticos
muy numerosos. No se conoce quienes eran los antecesores de los kurganos, aunque existen varias similitudes entre el <protoindoeuropeo>
y la familia de lenguas urálica, que se hablaban más al este, y
puede que haya existido una lengua madre común varios miles de años
atrás.
William
Jones (1746-1794). Orientalista y
jurista británico cuyo discurso presidencial a la Sociedad Asiática
de Bengala en 1786 contenía la siguiente observación, que
generalmente se cita como la
primera formulación clara de la existencia del indoeuropeo: “La
lengua sánscrita, cualquiera que sea su antiguedad, tienen una
estructura maravillosa. Es más perfecta que el griego, más copiosa
que el latín y de un refinamiento más exquisito que ninguna de las
dos y, sin embargo, guarda con ellas una afinidad mayor de la que podría
haberse producido por accidente, tanto en las raices de los verbos
como en las formas de la gramática, tan fuerte de hecho, que ningún
filólogo podría examinarlas sin creer que han surgido de una fuente
común que quizá ya no exista”. En cuanto a los kurganos, es
posible extraer algunas conclusiones sobre los orígenes geográficos
y el estilo de vida de este pueblo comparando el vocabulario similar
de las lenguas indoeuropeas existentes. De las analogías entre el sánscrito
indio y las lenguas europeas se llegó, durante el s.XIX, a la
reconstrucción del indoeuropeo, su antepasado común.
El Griego es una rama del indoeuropeo que consta de una única
lengua, representada en muchos dialectos y con testimonios que datan
aproximadamente del s.XIV ac
Las pruebas más antiguas de su existencia se encuentran en las
inscripciones descubiertas en Cnosos y otros lugares de Creta
realizadas principalmente en tablas de arcilla en una escritura silábica conocida como Lineal B que sólo se identificó como griego en 1952. Se denomina a
este periodo griego micénico,
para distinguirlo del posterior, el clásico,
que data del siglo VIII ac,
época en la que comenzaron a escribirse textos en el alfabeto griego, en especial, los poemas épicos <Ilíada>
y <Odisea>, junto a otros que no se han conservado. El gran periodo
de teatro, la historia, la filosofía y la poesía clásicos finalizó
en el s.IV ac. Una variedad posterior del griego, conocida como Koiné (o <común>), se habló en todo el Mediterraneo
oriental durante casi mil años aproximadamente desde el s.IV ac El
griego, en su forma escrita, es la lengua del Nuevo
Testamento. Las variedades modernas, que se hablan en Grecia,
Chipre, Turquía y otras localidades derivan de esta koiné.
El alfabeto
más antiguo que se conoce es el semítico septentrional, que se
desarrolló en Palestina y Siria alrededor del 1700 ac
Estaba formado por 22
letras consonantes. Los alfabetos hebreo, árabe y fenicio se basaron
en éste sistema. Luego, alrededor del año 1000 ac el mismo
alfabeto fenicio sirvió de modelo a los griegos, que añadieron
letras para las vocales. El
griego se convirtió a su vez en modelo para el etrusco (aprox.800
ac) del que derivan las letras del antiguo alfabeto romano, y por último,
todos los alfabetos occidentales.
El Griego, a pesar de su desarrollo en numerosos
dialectos, era una lengua indoeuropea hablada en Grecia desde
probablemente el 3º milenio ac 2000 años ac la cultura minoica
desarrolló un sistema de escritura jeroglífica, que es sustituido
hacia el s.XV ac por un tipo de escritura cursiva conocido como
Lineal A, “en algún momento dentro del s.XV se adaptó al griego la
técnica de la escritura, presumiblemente por obra de los escribas
palaciegos de Cnosos” (Kirk, PH, p.26). Los micenios
que ocuparon Creta en el s.XIV ac, introdujeron la escritura Lineal
B, una escritura silabica que deriva de la Lineal A y que fue
utilizada hasta la desaparición de ésta cultura hacia el 1200 ac
Hacia el 1100 ac surge la escritura griega arcaica, época hasta la
que se suele remontar la adopción del alfabeto fenicio por los
griegos. (A su vez, los fenicios habían adoptado con anterioridad el
alfabeto cananeo). A mediados del s.IV ac el alfabeto jónico
desplazó a todos los demás alfabetos locales y se convirtió en el
alfabeto griego general, que es el que ha dado orígen a todos los
europeos.
LA RELIGIÓN
INDOEUROPEA: LOS ORIGENES DE LA MITOLOGÍA CLÁSICA.
Sobre las arcaicas civilizaciones mediterráneas poco se
sabe, excepto que debíeron de ser florecientes antes de la llegada de
los primeros invasores indoeuropeos. Se ha especulado mucho sobre la
prioridad de una religiosidad matriarcal previa a la patriarcal,
cuestión que enlaza con las ideas acerca de la matrilinealidad y el
matriarcado. Como defensores de dicha hipótesis destacan Robert
Graves y Marija Gimbutas,
que enlazarían con las ideas de Bachofen
acerca del matriarcado originario. Según Graves en Creta, antes de
las invasiones del norte, como en otros muchos lugares, se rendiría
un culto a la diosa o diosas, que sería barrido por la creencia en
deidades masculinas. No hay apenas datos arqueológicos y mucho menos
fuentes escritas que testimonien acerca de estas ideas, pero sea cual
fuese la religiosidad de las civilizaciones mediterráneas parece
claro que se les superpusieron las de los conquistadores. En Grecia la
religión micénica proviene de dos fuentes directas, la mitología de
raíz indoeuropea y la mitología preindoeuropea.
Los cretenses
adoraban a divinidades terrestres y agrícolas, mientras que los invasores
indoeuropeos de Micenas, conocidos con el nombre de aqueos,
veneraban a divinidades celestes y pastoriles. Los primeros tenían un
panteón fundamentalmente compuesto por diosas de la fertilidad; los
micénicos habían traído a Grecia sobre todo dioses de la soberanía.
De la síntesis de ambos surgió
la religión micénica, que tomó también de Creta el culto de
los héroes y la configuración del mundo infernal.
Yendonos a la Mitología Comparada podemos observar que
el enfrentamiento entre culturas agrícolas y emigrantes nómadas
ganaderos no es única en el territorio griego, sino que se ha
repetido numerosas veces en la historia. Ya en el Génesis
bíblico (Génesis.,
4.1-16), bajo el relato de Caín y Abel, yace la misma duplicidad
entre las ofrendas del primogénito Caín (fruta y verduras) y las del
hermano menor Abel (carne y grasa) a Yahvé; el dios cananeo elegirá
las de Abel, ejemplo de la sustitución de un culto agrícola por un
culto nómada y pastoril. La lucha entre Caín y Abel remite al
enfrentamiento entre los partidarios del culto agrario y el de los
partidarios del culto ganadero, dentro de un mismo pueblo, la facción
cainita debió luchar con encono, muerte de Abel, pero el triunfo sería
de los ganaderos.
A finales del s.XIII y durante el s.XII
ac invadieron
de nuevo y asolaron los territorios de influencia micénica unas
hordas de indoeuropeos, los dorios, con cuyo establecimiento se configura la definitiva
población de Grecia. La síntesis que compone el sistema mitológico
griego estaba muy desarrollada en la época en que se forman las
composiciones Homéricas y Hesíodeas
(s.IX-VII ac), que se erigirán como las principales fuentes de la
mitología clásica.
INDOEUROPEOS CONTRA SEMITAS: UNA MISTIFICACIÓN
IDEOLÓGICA. IMPROPIEDAD DE LA VOZ ANTISEMITISMO.
La palabra semitatiene una connotación teológica, geográfica y lingüística.
La
primera acepción proviene de la Biblia, donde aparece el nombre de
Sem, hijo de Noé, que según el mito, junto a sus hermanos Cam y
Jafet, poblarían después del diluvio toda la tierra (Génesis
9.18-20), y que habrían de hablar todos una misma lengua (Gen. 11.1)
hasta el posterior episodio de la Torre de Babel. De Sem descendería,
según el relato, Abraham (Gen.11.26).
De los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, se pretende hacer
derivar a la humanidad entera, puesto que según el relato serían los
únicos supervivientes del diluvio universal, quienes hablarían la
misma lengua hasta el episodio de Babel y entre quienes se contarían
todos los pueblos de una misma área geográfica, que luego se vendrían
a denominar exclusivamente como semitas,
atribuyendo arbitrariamente a Jafet y Cam la existencia de otros
pueblos de los que en principio no se tenía conocimiento. De tal
manera, los esclavistas ingleses del siglo XIX pretendieron
interpretar el episodio de la maldición de Cam (Gen.9.25-27), adjudicándole
la correspondencia con los pueblos del Africa negra para así
justificar bíblicamente sus practicas esclavistas y racistas. Y los
nombres de los descendientes de los tres hijos de Noé, en numerosas
ocasiones, son topónimos de las regiones de la misma área geográfica,
que responden a lo que se conoce como Oriente Próximo.
No hay que olvidar que el Génesis,el primer libro
que nos aparece en la Biblia, debido a su temática primaria,
dedicada a relatar la creación del universo y los orígenes o
fundamentos de la humanidad, en dos versiones superpuestas, es un
escrito a la vez mítico, poético y religioso, que contiene elementos
culturales de Mesopotamia, Canaán (luego Palestina) y Egipto. Las
culturas babilónica, judía y egipcia, no dejaron de influenciarse mútuamente
dada su proximidad geográfica y sus contactos, tanto pacíficos como
belicosos, a lo largo de sus dilatadas historias, (no ha de olvidarse
que babilonio es Abraham, egipcio es José y cananeo es Jacob).
Tanto para la lingüística como para la teoría de la
evolución, las ciencias han derivado hacia explicaciones de
desarrollo multiregional, tanto lingüístico como biológico, que
destruye el reduccionismo arcaico de las exposiciones míticas e
incluso científico-decimonónicas que pretenden hacer proceder al ser
humano y a todas sus capacidades de una única evolución lineal
determinista, a causa de la cual, cada pueblo se creería míticamente
el origen de todos los seres humanos (El Mito del Poema de Gilgamesh
haría a los primeros hombres babilonios; el Bíblico cananeos; y el
Mito de Prometeo de Hesíodo, griegos).
A partir de la vaga acepción bíblica se designará
luego con la voz semitas a
un conjunto de pueblos de Oriente Próximo
(acadios, asírio-babilonios,
amorritas, arameos, fenicios, árabes, hebreos y etíopes), pueblos de
una misma y amplia región geográfica, que más adelante, en el siglo
XIX, se descubriría que hablan o han hablado en la antigüedad,
alguna de las lenguas semíticas.
Es, por tanto, a partir de una designación teológica
que se deriva la clasificación de una agrupación geográfica, con
afinidades por préstamos del lenguaje hablado, que el escritor del Génesis habría, quizá, de percibir. Una agrupación de pueblos
cercanos, la cual, con la emergencia de la lingüística en el siglo
XIX, se vendrían a clasificar de acuerdo con el grupo lingüístico
del que procederían sus lenguas, designándolas como lenguas
semíticas. Lenguas cuyas remotas raíces gramaticales se
localizaban geográficamente en el Asia occidental y en el norte de
Africa (árabe, hebreo, arameo, amarico), aunque sus hablantes se
encontrasen ya diseminados por todo el planeta.
El que los pueblos
semítas, aquellos que hablan lenguas
semíticas, tengan las mismas caracteristicas raciales, no es sino
un mito que se desarrolló por extrapolación de nociones lingüísticas
y geográficas al terreno de la biología, al darwinismo que,
tergiversado, alimentó el racismo moderno y contemporáneo.
Afortunadamente, el concepto de raza ha desaparecido por completo de la biología seria y las
tergiversaciones nazis de la lingüística indoeuropea y de la biología
lamarckista no han dejado de ponerse al descubierto, mostrándose su
carácter infundamentado, extracientífico e ideológico.
Los grupos lingüísticos célticos, románicos, germánicos,
eslavos, bálticos, helénicos y el albanés, son todos ellos
indoeuropeos,
sin por ello poder decirse que los numerosos pueblos que
hablan las lenguas provinientes de esos grupos tengan nada más en común
que la lejanísima procedencia de sus respectivas lenguas. Algo tan sólo
perceptible por un experto filólogo indoeuropeo y que en nada
facilita que esos pueblos lleguen a un entendimiento y una relación
mayor entre sí que con cualesquiera otros. Esto demuestra que la
apelación a las raíces lingüísticas comunes no es sino un absurdo
preludiado por las nociones políticas del romanticismo alemán, pero
un absurdo muy peligroso cuando políticos demagógicos lo utilizan
para embarcar a sus pueblos en la guerra y la destrucción de los
otros. Biológicamente, los seres humanos nos parecemos en un 99% a
los chimpancés, y en mayor porcentaje entre nosotros, de manera que
las diferencias, no son en absoluto naturales sino exclusivamente
culturales. Pero las afinidades
culturales no tienen coherencia alguna y así, las afinidades
religiosas (el monoteísmo por ejemplo, común a judíos, cristianos,
islámicos o antiguos hindúes), no tienen relación ni correlación
alguna con otras afinidades o diferencias culturales, como puedan ser
las de la lejanísima procedencia, común o distinta, de sus lenguas;
ya que ninguna religión se circunscribe, no ya a una sola rama de los
grandes grupos lingüísticos, sino ni tan siquiera a una sola lengua
moderna.
Todo lo antecedente, viene a confirmar, la improcedencia
de emplear la palabra antisemitismo
para calificar a las persecuciones que han sufrido a lo largo de la
historia los hombres que han practicado la religión judía, y
asimismo la inadecuación de la calificación como indoeuropeos, ya a
partir de la rama aria que se extendió por Oriente hace miles de años
o de cualquier otra, de ningún pueblo actual de la tierra. Las
denominaciones de procedencia lingüística arcaica, comunes a muchas
lenguas habladas por muchos pueblos actualmente, no deben confundirse
con la designación de los pueblos y naciones en relación a la lengua
que hablan. Es distinto hablar una lengua determinada que el que la
lengua que se hable proceda de una lengua determinada, además, no
puede ni debe identificarse a un pueblo por la lengua que habla (español
= pueblo español) porque entonces los hispanohablantes de latinoamérica
resultarían pueblo español. Los lamentables hechos históricos que
conocemos con el impropio nombre de antisemitismo, se deberían
denominar actos de antijudaísmo y situar entre los episodios de intolerancia religiosa
que asolan la historia de la humanidad.
FORMACIÓN
DE LA POESÍA HOMÉRICA.
La composición de los poemas homéricos se extiende a lo
largo de un milenio, desde el último lapso de la Edad de Bronce
comenzado hacia 1.600 ac hasta el final de la llamada Edad Media
griega hacia el 600 ac
Pero las fuentes de ese período son escasas,
aparte de los poemas homéricos, contamos con los fragmentos de
escritura lineal B y con algunas referencias egipcias e hititas,
procediendo una mayor documentación ya del s.VII ac
Se utiliza el término heládico para las culturas de la Edad de Bronce en Grecia
(2.800-1100), el término minoico
refiere a las culturas de la Edad de Bronce en Creta y la palabra cicládico
se refiere a las del Egeo central.
Aproximadamente: a) cultura heládica temprana (2800-2000
ac); b) heládico medio (2000-1850 ac); c) heládico reciente
(1600-1100 ac)
Desde Europa central estuvo penetrando en Grecia, ya
desde el heládico temprano, una tribu indoeuropea. Las innovaciones
de ésta se impusieron con las invasiones del heládico medio:
introducción del caballo, fortificación de las ciudades, cerámica
<miniana>, un tipo especial de edificios y una nueva lengua: el
griego.
LA CUESTIÓN HOMÉRICA: ANALÍTICOS Y UNITARIOS.
La sistematización arqueológica y la mejor comprensión
del canto oral en la actualidad han transformado los estudios homéricos.
La
tradición atribuía la Ilíada
y la Odisea a un mismo
autor, Homero, disputándose algunas ciudades de la Grecia clásica su
lugar de nacimiento, Quíos (donde vivieron los homéridas, familia de
rapsodos profesionales que decían descender de Homero) o Esmirna.
Es
de señalar que también Museo y Orfeo fueron tenidos por personajes
reales y tuvieron seguidores, los órficos, y textos que se le atribuían
(los llamados Hímnos homéricos,
por ejemplo, que son textos órficos), pero practicamente nadie serio
defiende la existencia de Orfeo (o de Museo), personaje mitológico
que con su canto conmovía a las piedras y a las plantas. Un grave
error de la compilación de fragmentos de Diels-Kranz consiste en
situar como primer autor a Orfeo, en lugar de denominar fragmentos
órficos a la recopilación, pero si ese error lo cometen
especialistas modernos, dando así la falsa impresión de la
existencia de un autor o personalidad creativo-inventiva detrás de
los escritos que se presentan, mucho más lo cometían los antiguos,
aunque no del todo los más avispados: “Aristóteles habla,
ciertamente, de algunos poemas órficos de asunto teogónico; pero no
eran obra de Orfeo, como Aristóteles se cuida de explicar, sino del
poeta Onomácrito... Esto puede recordarnos la forma en que se
atribuyeron falsamente a los apóstoles algunos de los primeros
escritos cristianos” (Jaeger, TPFG, cap.IV, p.64-65). Aristóteles
sabía que había poemas que circulaban como siendo de Orfeo y que
eran de Onomácrito (son obra suya los que conocemos como Oraculos
de Museo), pero no ponía en duda la existencia histórica de
Orfeo o la de Homero, a quienes atribuía los dogmas o ideas que
aparecían en los textos que se les reputaban. Sirva esto de
ejemplificación de la problemática que envuelve a la cuestión
homérica.
La
posición unitaria defiende la unidad de autoría de los dos
grandes poemas homéricos al declarar que son demasiado perfectos y
están tan calculadamente construidos que no pueden ser un refrito. La
defensa del autor genial y original cobró auge desde el Romanticismo
y debe recordarse que el propio Friedrich Nietzsche, al ser nombrado
catedrático de filología clásica de la Universidad de Basilea,
intentaría desde su Lección Inaugural sobre la Cuestión homérica
(1874), defender la personalidad de Homero (al fin y al cabo identificada como el espíritu
de Grecia), frente a los trabajos analíticos.
“La noción de un Homero monolítico, un supremo poeta
genial cuyo trabajo era sacrílego analizar, indudablemente correspondía
a determinadas tendencias de la época” (HCA-Dodds p.9).
El idealismo antimaterialista lucharía a lo largo del siglo XIX
contra las tendencias analíticas, también en el terreno más ideológicamente
problemático del criticismo sobre el Nuevo Testamento, y la reacción
sería una supersticiosa reverencia y defensa de la tradición, herida
por la investigación. Pero nos equivocaríamos si dividieramos a los
dos bandos entroncando a los analíticos con los progresistas y
racionalistas modernos de tradición anglosajona y francesa,
materialista y empirista, y a los unitarios con los reaccionarios y
conservadores del Antiguo Régimen de tradición germánica, romántica
e idealista; las posiciones ideológicas y filosóficas implicadas en
la cuestión homérica son más complejas que la citada dicotomía,
que es incorrecta pues supone una falsa simplificación. Por poner un
ejemplo de la mayor complejidad del problema tenemos al marxismo, que
surgido en la filosofía alemana a partir de la lectura de Hegel,
entroncaría con las tendencias analíticas en sus análisis de las
Escrituras, mientras que el empirismo derivado de Hume o de Hobbes no
llegaría a aplicar el análisis a las Escrituras, manteniéndose fiel
a la tradición antigua y canónica.
Desde
que, precedido por los estudios del Abad d’Aubignac (s.XVII),
F.A.Wolf publicó sus Prolegomena
ad Homerum (1795) demostrando la imposibilidad de que las obras
atribuidas a Homero fuesen realizaciones de un mismo autor,
la posición
analítica, que sostiene la inexistencia de Homero y la tesis de
que los poemas no son sino compilaciones de escritos de diversa época
y procedencia, no ha dejado de avanzar. Su posición planteaba los
siguientes puntos: a) inexistencia de Homero; b) los dos poemas no son
obra del mismo autor ni pertenecen a la misma época y c) los poemas
no son obras de un autor personal y único, sino un conglomerado de
cantos originariamente independientes que, a través de sucesivas
refundiciones o compilaciones, dieron lugar a poemas más extensos.
Existe un intento de mediación salomónica entre los
analíticos y los unitarios que sería la posición
neoanalítica. Se cuentan entre los defensores de dicha tesis Page,
Merkelbach, W.Schadewaldt o J.Kakridis, quienes sostienen la tesis de
la existencia de un Homero compilador, gran poeta que, utilizando
materiales diversos y sus propias adiciones daría unidad a la obra.
T.S.Kirk se presenta como unitario moderado o neoanalítico al decir
que los poemas de Homero, la Ilíada
y la Odisea, son la creación de “dos grandes cantores del siglo VIII ac” (Kirk, PH, p.17), pero advirtiendo que “la poesía homérica
es la culminación de una larga tradición” (Ibid.). Coincide con
Schadewaldt en postular dos poetas a la base de los poemas, pero este
último no los sitúa en la misma época sino que defiende la
existencia de un Homero Cantor heredero de la tradición oral y de un
Homero escritor posterior que adaptaría los cantos a un texto
redactado. Como indica Dodds “que los dos poemas homéricos tienen
en su forma actual un ciudadoso propósito y una básica unidad
estructural es hoy reconocido tanto por los analistas como por los
unitarios” (HCA-Dodds, p.3), por lo que dentro de la posición neoanalítica entrarían también
estudiosos como Wilamowitz, Gottfried Hermann, Lachmann, Walter Leaf,
Van der Mühll, C.M.Bowra, Miss Lorimer, Wade-Gery, Gilbert Murray,
Martin Nilsson o Paul Mazon. El
problema de la solución salomónica es que procura sintetizar a los
unitarios y a los analíticos en una posición analítico-unitaria o
neoanalítica que se basa en dos puntos de unanimidad muy generales y
que dependiendo del modo en que los resuelven los investigadores
citados reproducen, eso sí, con mayor sutileza, la dicotomía decimonónica
entre unitarios y analíticos. Entre los neoanalíticos se pueden
considerar algunos de ellos dentro de la posición analítica y otros
dentro de la posición unitaria, de manera que, aunque se hayan
acercado en un minimum, la
controversia no ha podido ser zanjada. Entre los analíticos se
pueden considerar, además de a los decimonónicos o clásicos como
F.A.Wolf, Eduard Meyer, Sir Richard Jebb, Kirchhoff o Wilamowitz; a
Van der Mühll, Gilbert
Murray, Martin Nilsson o E.R.Dodds; mientras que entre los unitarios
se pueden considerar, además de a los decimonónicos o clásicos como
K.Reinhardt, R.Wood; a Andrew Lang, Carl Rothe, J.A.Scott, Drerup,
Sheppard, T.W.Allen, Woodhouse, J.T.Kakridis,
W.Schadewaldt, H.Pestalozzi, E.Howald, C.M.Bowra, Miss Lorimer
o Wade-Gery; encontrándose otros investigadores en una posición que
dificulta el incluirles en una tendencia u otra al admitir
determinadas tesis de cada línea de interpretación, como sería el
caso de G.S.Kirk.
Otro problema de la solución neoanalítica es que sería
necesario postular la existencia de entre dos y cuatro
Homeros-compiladores (si es que no más), dos para la Ilíada y dos
para la Odisea en caso de que no fuesen obra de los mismos
compiladores,
el primero un Homero ciego cantor poético iletrado y
genial, el segundo un Homero escriba genial que reuniese materiales
orales y puestos por escrito por otros, dándoles una redacción
unitaria que serviría de pieza nuclear. Hay cierta unanimidad
respecto a la teoría nuclear pero desacuerdo en la posición de
Homero respecto al momento de gestación de lo unitario (estrato
primitivo oral, medio o reciente escritos).
Por eso hoy la cuestión homérica no reside tanto en la
unidad artística y orgánica del conjunto de los poemas, admitida por
todos, como en explicar en qué consiste esa unidad, qué cantidad de
los poemas se puede considerar que formaba parte del núcleo unitario
original (Canto épico sobre la Cólera
de Aquiles para la Ilíada
y Relato del retorno a Ítacade
Ulises para la Odisea) y
cuantas son adiciones posteriores; en definitiva, cómo se llegaron a
gestar los poemas y qué resulta de la separación entre lo unitario y
lo diverso. Hay grandes desacuerdos en cuanto al problema de cómo se
desarrolló la estratificación del poema y sin embargo hay acuerdo
respecto a que se están manejando poemas con diversos estratos en su
composición pero con cierta unidad básica de estilo y estructura en
la forma en que los conservamos.
Hoy en día muchas de las diferencias entre los analíticos
y los unitarios son meramente terminológicas “lo que los analistas
llaman núcleos o prototipos, los unitarios denominan fuentes; lo que
los analíticos llaman expansiones, los unitarios denominan
interpolaciones” (HCA-Dodds p.12).
LA OBRA POÉTICA DE HESÍODO: LA ASTUCIA REEMPLAZA A LA
FUERZA. EL MITO DE PROMETEO
Y EL CICLO DE JACOB.
La
astucia en los dos relatos
del Mito de Prometeo en la Teogonía(vv.537-570) y en los Trabajos
y los Días (vv.43-106) de Hesíodo tiene un correlato en la
mitología hebrea en el Ciclo de
Jacob, pues en el Génesis
se nos narra cómo el menor de los hijos de Isaac, Jacob, con ayuda de
la esposa de éste, Rebeca, astuta como Eva yPandora: 1º) cambia la primogenitura al mayor por un plato de
lentejas (Gén 25.27-34) y 2º) cubriéndose las manos de piel de
cordero para parecerle velludo, como su hermano, a su padre ciego que
lo palpa, se hace acreedor de la bendición paterna suplantando por
segunda vez al primogénito (Gén 27.1-29). La condición de vencer
con argucias le viene a Jacob,
que tomará el nombre de Israel
(Gén 32.28; 33.20 y 35.10) y a su madre Rebeca, de la herencia
familiar, como demuestra el engaño que el propio engañador sufre por
parte de Labán, hermano de su madre, al cambiarle de hija para el
casamiento tras hacerle trabajar durante siete años sustituyéndo a
Raquel por Lía, lo que le costaría otros siete años de esclavitud (Gén
29.15-30) para adquirir a la preferida como esposa.
La
astucia de cubrirse con piel
de cordero ayudó también a Odiseo, el
de las muchas astucias (polymates)
y a sus hombres, a escapar de las garras del Cíclope, cegado por una
gran estaca y que palpaba los lomos de sus ovejas conforme salían de
su cueva, sin percatarse de que había hombres adheridos a sus
vientres (Odisea, IX, vv.405-465). El éxito en las empresas que
aborda, logra Odiseo, haciendo uso de esa capacidad que comparte aquí
con la diosa Atenea (Odisea XIII, vv.287-300) pero distinta del ingenio
que comparte con Zeus en la Ilíada
(II, vv.166-171; III, vv.199-202) y que le llevará a idear la treta
del Caballo de madera
(Odisea IV, vv.271-285; XI, vv.523-525; VIII, vv.485-495) para lograr
vencer Troya y más cercana al engaño
que le acabaría relacionando con el vergonzante Sísifo (Ilíada VI, 150-154)[1].
El
engaño prometeico en la Teogonía
(vv.535-565) se expone como explicación etiológica de las prácticas
sacrificiales relacionadas con el consumo de la carne del animal y la
quema de la grasa, huesos y vísceras como ofrendas a los dioses:
“Prometeo presentó un enorme buey que había dividido con aímo
resuelto pensando en engañar la inteligencia de Zeus. Puso, de un
lado, en la piel, la carne y ricas vísceras con la grasa, ocultándolas
en el vientre del buey. De otro, recogiendo los blancos huesos del
buey con falaz astucia, los disimuló cubriéndolos de brillante
grasa” (vv.536-542). Hay en ello también una concomitancia con el Ciclo
de Jacob, el cual, después de luchar con la divinidad (Gén
32.24; cfr.Oseas 12.3-4), ver su rostro en la oscuridad y quedar con
vida (Gén 32.30; cfr.Gén 16.13; Isaías 6.5), quedaría herido en el
muslo, lo que vendría a dar explicación de una práctica gastronómico-religiosa:
“e iba cojeando del muslo. Por eso los israelitas no comen hasta el
presente el nervio ciático que está en la articulación del muslo”
(Gén 32.32). Los relatos en su parte de etiología del sacrificio y
gastronomía son semejantes más no análogos, pues en el primero
mencionado interviene la astucia, respecto a la cual rivalizan dos
dioses, mientras que en el segundo la astucia y el engaño se ha
reservado a las relaciones entre los hombres y resulta inconcebible en
las relaciones entre los dioses o entre los hombres y la divinidad. El
profeta lucha con la divinidad no como en la Teogonía
luchan los dioses entre sí, sino que tendríamos que remontarnos a la
Ilíada para encontrar el
enfrentamiento entre hombres y dioses, en el campo de batalla, como
cuando Diómedes hiere a Afrodita e incluso a Áres, el mismísimo
dios de la guerra (cfr.Canto V); pero Jacob no lucha tampoco de esa manera, sino que el su agonía resulta no sólo física sino también mental, frente al ágon
de la épica homérica; resulta un lucha a la vez guerrera y
existencial, la primera se libra con los otros hombres y la segunda,
con el Dios, se libra en la conciencia, entre las brumas del sueño y
de la noche. Resulta destacable también como distinción fundamental
que para Jacob la victoria frente a Dios supone la sumisión del
vencedor al vencido, supone que se ha ganado la bendición haciéndose
acreedor de ella, lo que le legitimará para desterrar a los demás
dioses en su nombre: “retirad los dioses extranjeros” (Gén 35.2;
cfr. Ibid. versículo 4); por el contrario, en el politeísmo homérico,
el héroe que vence a un dios menor, nunca a Zeús, no por ello se
somete a él ni comienza a rendirle culto, sino que en un acto de hybris
se equipara por un instante a sus parientes, los dioses, llegando a
ser su igual. No llega Jacob a una elevación semejante a la del
hombre endiosado sino que lucha por no someterse y venciendo se
somete. Semejante violencia respecto a la lógica nunca llegaría a
ser aceptada por el mundo griego y ese será más adelante uno de los
caballos de batalla entre los filósofos y los profetas (poetas).
LOS ESCRITOS DE PLATÓN
Para el estudio de la Grecia clásica, a los hallazgos
arqueológicos hay que añadir las fuentes indirectas, como las
literarias en todos sus géneros, y las plásticas, tanto en las artes
mayores como en las menores.
Consideramos la escritura como una fuente
indirecta, ya que constituye en sí misma una primera mediación, la
del autor o compilador, y además, ha llegado hasta nosotros con más
o menos deformaciones, que resultan difíciles de determinar.
No obstante, en el caso del estudio de la obra de Platón,
llamamos fuente primaria, al texto griego tal y como lo hemos recibido
y fijado a partir de los códices manuscritos que han llegado hasta
nosotros, del que suele utilizarse el texto establecido por J.Burnet
(1900)
y reeditado con ligeras correcciones hasta la actualidad, que
sigue la paginación de la edición de Henricus Stephanus (1578) y del
que, siendo indudablemente el de más valor, se han intentado, no
obstante, algunas mejorías, ya que no se registran en su edición las
lecciones de algunos manuscritos, estando la tradición indirecta
escasamente reflejada.
Los códices del texto griego platónico se remontan a la
edición realizada en la época de la Roma imperial, con el orden por
tetralogías,
según el modelo de la tragedia, que se le atribuye a Trásilo,
astrólogo de la corte de Tiberio. Los más conocidos son el
Clarkianus (o Bodleianus) del 896, designado con la letra B, que
contiene las seis primeras tetralogías; el Parisinus de 1807, letra
A, con las dos últimas tetralogías; el Venetus, letra T; el
Vindobonensis 21, del s.XIV, letra Y; y el Vindobonensis 54, de
alrededor del s.XII, siglado por la letra W.
Es al empezar el helenismo (s.III
ac) cuando las obras
se empiezan a cuidar en su edición. De ahí que medie un siglo entre
la muerte de Platón y la primera edición más o menos rigurosa de su
obra.
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NOTAS
[1]
En la Ilíada los dioses
engañan pero la victoria por argucia no era bien considerada
respecto a la areté
guerrera. Por eso es una diosa, la celosa Hera, quien engaña a
Afrodita y a Zeus (cfr.XIV, v.153ss).