... Arte, actividad que requiere un aprendizaje y puede limitarse a una
simple habilidad técnica o ampliarse hasta el punto de englobar la
expresión de una visión particular del mundo. El término arte
deriva del latín ars, que significa habilidad y hace referencia a la
realización de acciones que requieren una especialización, como por
ejemplo el arte de la jardinería o el arte de jugar al ajedrez.
Sin
embargo, en un sentido más amplio, el concepto hace referencia tanto
a la habilidad técnica como al talento creativo en un contexto
musical, literario, visual o de puesta en escena.
El arte procura a la
persona o personas que lo practican y a quienes lo observan una
experiencia que puede ser de orden estético, emocional, intelectual o
bien combinar todas esas cualidades.
En
el criterio de mímesis o imitación, Platón entiende al poeta
como un imitador de la realidad, pero en tanto recreen la realidad
mejor o peor son mejores y mejores poetas o recreadores. Platón aboga
por el lado racional, porque afirma que sólo algunos poetas pueden
quedarse en el Estado, y en ese sentido son útiles para la Polis.
El capítulo I de la Poética, Aristóteles se dedica a la
esencia de la poesía (que el autor entendía como cualquier creación
artística), a sus orígenes y a las diferentes artes poéticas que
tienen como principal característica y punto de coincidencia la
“imitación” de la realidad sensible. Aristóteles distinguía el
medio, el objeto y la “forma” de imitar. De esta manera se
diferencia de Platón quien, en el libro tercero de La República,
distinguía en la imitación nada más que el objeto (el discurso, logos)
y la manera (el estilo, lexis). Aristóteles, que creía que
imitar es algo natural del hombre y que todos los hombres sienten
placer en la imitación, contemplaba por tanto dos causas: la
existencia del artista y la del público.
Tal vez el arte debería tener una relación de utilidad ante el
mundo (esto si es que es tan importante la palabra). El hombre
es un ser que, aunque tiene una condición natural, no está
determinado por ella, es sólo “condición”. En esta
circunstancia, el hombre crea, crea su mundo, un mundo artificial pero
no separado de la naturaleza. Este mundo crece y se desarrolla sobre
la naturaleza, pero no es necesariamente natural en el sentido que son
elegidas las maneras de crear y ver ese mundo. La naturaleza no
determina al hombre el cual puede ir hasta contra ella, contra sus
instintos más básicos, contra su entorno, contra su vida. Es por el
aprendizaje que el hombre encuentra la manera de vivir mejor, no por
instinto o determinación natural. Sus necesidades no se reducen a las
básicas (alimento, cobijo, etc.), la satisfacción de éstas
permite que se desarrolle lo propiamente humano: la cultura, la
filosofía, la ciencia, el arte, etc. Es decir, el hombre es un animal
pero no tiene animalidad determinante; tiene un grado de libertad que
impide que sea determinado antes que nazca (lo que sí ocurre con los
demás animales) en base a una naturaleza humana concreta y
delimitada. En el hombre ésta es su “condición”, esto lo vuelve
creador de su mundo, un mundo humano, depende de él para ser lo que
es y aquí radica el punto central de este estudio: si el mundo (como
sistema) es producto del hombre esto lo vuelve responsable del mundo
que ha creado, del mundo en el que vive actualmente, y esto incluye a
los nuevos seres humanos que aún no nacen. Desde que tienen capacidad
para elegir, sus elecciones definen al mundo y también esto define al
hombre mismo. El hombre es lo que es en el mundo y el mundo es lo
que el hombre hace de él.
En esta visión de las cosas, las acciones del hombre no pueden
provenir ni apuntar a otro lugar que al mundo en concreto y si hay un
mundo abstracto será en base al mundo concreto. El hombre es
responsable ya sea por su acción o por su inacción (aunque nos
mantuviéramos mudos y quietos como una piedra, nuestra pasividad sería
una acción).
Se
podría decir tal vez que la insatisfacción hacia la naturaleza
impulsa al hombre a crear artificialidad. El hombre crea al mundo (el
mundo humano, cultural) y lo transforma continuamente, es responsable
de sus cambios, para bien o para mal. Ante las diversas condiciones
sociales y económicas a través de la historia y sus consecuencias,
el hombre sigue creando, y al crear transforma y trasciende al mismo
mundo.
En
este contexto, el arte tiene el papel de transformar al mundo pero más
bien a través del hombre. El artista llega a la humanidad por su
obra, la obra de arte, ésta busca trascender en los demás y
conllevar a la acción sobre el mundo nuevamente, ya que de él, el
artista formó la obra. La trascendencia no tiene que ver con metafísica,
sino con inestabilizar la actitud del espectador de la obra,
impidiendo que sea el mismo de antes y confirmándose esta
trascendencia en su acción en el mundo concreto. En este caso la obra
es realmente trascendente, ya que es útil, (útil al Estado) y es útil
porque es entendida tanto en emoción como en razón, confirmando la
complementación de ambas cualidades (el ser racional no significa ser
insensible y viceversa). La obra recuerda al hombre su responsabilidad
haciéndole ver que es parte del mundo y que el mundo es obra de él,
implica su compromiso con la realidad. Además, ¿cómo se podría
apreciar lo que no se conoce ni se entiende?
Frecuentemente
se suele hablar usar la palabra arte en muchas formas. En este
sentido, dicho fenómeno ha llegado a convertirse en una especie de
respuesta múltiple para determinados casos, pero todos (o casi) con
el mismo fin: la justificación automática ante cualquier intento de
cuestionamiento de la actividad desempeñada. Para esto son
usuales los campos de la poesía en primer lugar, la literatura en su
forma más "sublime", la pintura, la música, etc. La
actividad elegida para la justificación automática varía de acuerdo
al grado de accesibilidad de cada una de estas actividades “artísticas”;
en este sentido, la poesía sale ganando con amplio margen sobre las
demás, puesto que los requisitos materiales para poder aparentar que
se está metido en el asunto son mínimos, a diferencia de la pintura
y la música, donde el instrumento o las pinturas representan un
fuerte obstáculo. Esto funciona así ya que el fin no es la obra ni
el campo expresivo donde se desarrolla la actividad humana, sino el
interés social en (repetimos) la justificación automática, a la
cual se puede aspirar en cualquiera de las actividades mencionadas. Lo
que determina que, por ejemplo, en la poesía abunde esta
intencionalidad son las condiciones materiales y el grado de abstracción
e irracionalidad que forman parte de la fama de esta actividad, siendo
más fácil huir al cuestionamiento racional en la poesía que en la
literatura novelesca o en prosa, y más fácil que en la pintura por
su accesibilidad material (solamente referido a esta clase de intención).
Como
dijimos, el medio es lo de menos. Si otras fueran las condiciones,
otras serían las actividades elegidas para el fin descrito líneas
arriba. Todo esto, creemos, es síntoma de otra cosa: el evadir la
responsabilidad que uno tiene sobre el mundo encierra toda una visión
de él. El desligar lo bello de lo bueno y hablar del arte por sí
mismo, separadamente del mundo -el mundo real- el eliminar cualquier
regla afirmando que todo es lúdico (lo cual es contradictorio ya que
lo lúdico tiene reglas), todo esto responde, creemos, a la aspiración
de no comprometerse con lo que sucede a nuestro alrededor; una
aspiración que lejos de relacionarse con bases metafísicas y hasta
espirituales, encierra realmente la admiración a una vida de
quietismo y desapego a los demás en lo concerniente al trabajar y
colaborar a crear un mundo mejor y, al mismo tiempo, una gran sed de
admiración social, sublimada por la atmósfera de lo “artístico”,
lo cual, actualmente y en esta sociedad, es lo carente de sentido y
orden, campo en el que “todo vale”, desapego y evasión de la
realidad y refugio perfecto para los que, impulsados por lo que Sartre
llamaría “mala fe”, prefieren ser calificados como escritores,
poetas, músicos, etc. a ser llamados por apelativos que fácticamente
tendrían, dada la situación, el mismo significado, sólo que no están
sublimados, como por ejemplo: parásitos.
No se queda, como lo hacen los “artistas” de nuestra sociedad, en
la pura contemplación, el puro éxtasis, el puro adorno. El arte,
como es visto actualmente, el arte por sí mismo, permite la evasión
del hombre en relación al mundo porque le plantea otro, un mundo
donde todo es posible, totalmente “libre”, “indeterminado”,
inaccesible a la razón y por lo tanto cualquier cosa es válida, todo
puede ser arte, todo puede ser sublime y bello, todo es subjetivo, y
en este mundo "tan bello", lo mejor es que no se tiene
que hacer nada. Ya no hay compromiso social ni actitudes políticas
ni nada parecido, se puede ser apolítico, y, para colmo, se reciben
halagos por esto, ya que se es un artista. Esta conceptualización del
arte apoya un quietismo y una serie de actitudes que colaboran con los
sistemas totalitarios. Colaboran con el intento de negar el
cuestionamiento racional del papel del hombre en su circunstancia. Se
podría objetar que este concepto de la libertad de elección podría
hasta justificar la evasión , ya que si uno es libre puede optar por
el autoengaño y la irresponsabilidad. La libertad representa, en este
sentido , no como valor, la imposibilidad de escapar a la
responsabilidad sobre el mundo y sus sucesos. A partir del proyecto
que yo me fijo adquieren sentido los sucesos que ocurren, incluso los
desagradables. Si el hombre está sólo y él es el único que elige
entonces es responsable de su mundo. Está condenado a elegir
constantemente. Más bien el pensar: "soy libre y hago lo
que me da la gana" es precisamente la evasión de sus condición,
la cual implica necesariamente acción y responsabilidad ya que
estamos solos.
Un
ejemplo de todo esto es lo que frecuentemente ocurre en la Poesía. La
relativización del significado de la palabra arte y el postulado
sutil de no estar relacionado con algo exterior, que es en sí mismo y
sin reglas, inalcanzable a la razón, genera situaciones (esto es una
hipótesis) que alcanzan grados muy altos de incomunicación y caos.
Existe en la poesía gran variedad de formas de usar el lenguaje. Hay
formas tan confusas y ambiguas que no llegan a comprenderse, y si el
autor ha querido decir algo, alguna idea, ésta se pierde en lo
confuso de su planteamiento, quedando todo a la libre interpretación
del lector u oyente. Si algunos poetas piensan que esto debe ser así
entonces su presencia es prescindible por completo. Se podrían
escribir cosas al azar y posiblemente habría el mismo efecto. Sí,
tal vez. Pero hay otra alternativa: que la gente en verdad no esté
entendiendo ni sintiendo nada. Se ha llegado al punto de creer,
tal vez subconscientemente, que todo lo que en las actividades artísticas
es complicado, confuso, inentendible, ilógico, es sinónimo de
“profundo”, “sublime”, en otras palabras, “artístico”.
Ante el miedo de parecer ignorante o no sensible la gente dice cosas
como: “sí, me gusta, no lo puedo explicar pero me gusta, lo
siento” (esto sobretodo en los mismos poetas). Nos aventuraremos a
hacer esta conjetura: autores y observadores fingiendo uno ante el
otro, sin entender ni sentir nada unos sobre otros, colaborando con
una inmensa farsa producto de la ausencia de criterio de demarcación
entre los conceptos, entre teorías de verdad y falsedad, pisoteando
la no contradicción. ¿No sería esto gracioso? Creemos que no, pero
es posible que sea verdad.
En
realidad, el fin de esta pequeña reflexión no es el arte en sí ni
su definición, ni establecer un criterio universal para decir que es
arte y qué no. El tema es la responsabilidad, la evasión y la
condición humana de libertad y soledad en sus elecciones y las
maneras que tienen lo hombre para autoengañarse y evadir su
responsabilidad, y el arte es una de esas formas como
también lo son: la religión, las ideologías, etc.
Tal vez el verdadero problema está en lo que afirmó Rudol Carnap en
su artículo “la superación de la metafísica mediante el análisis
lógico del lenguaje”. Lo más probable es que en algún momento
cada palabra poseyó un significado. En el curso de la evaluación
histórica una palabra frecuentemente cambia su significado o
también puede perder su significado sin llegar a adquirir uno nuevo.
Así, según Carnap, surge un pseudoconcepto. Tal vez a lo largo de la
historia la palabra arte ha perdido significado, pero lo que se
mantiene es la sublimación que acompaña a la palabra. en este
sentido funciona como justificación automática o como artimaña para
poner fin al debate racional.
Para
terminar, vamos a suponer que estamos equivocados y toda nuestra
argumentación ha sido insuficiente (probablemente lo sea) y en verdad
el arte es en sí mismo, desligado de la acción y transformación
sobre el mundo, sin reglas, irracional e inaccesible a la razón, no
representa a la realidad, no hay responsabilidad, etc. Vamos a suponer
que estas son las características del arte, o si se quiere, que no
tenga características, que sea indefinible, ya desde siempre en forma
esencial, o como paradigma actual, al cual el hacer una crítica como
esta significaría un acto anacrónico. Si ésta es la realidad de lo
que hablamos, si esto es arte, entonces es válido desde nuestra
perspectiva estar en contra del arte. No importa la palabra, se
tiene que ir más allá de su sublimación social y en base a sus
efectos ser valorada o rechazada. La responsabilidad del hombre sobre
su mundo es la misma en todas las épocas, por eso es su mundo, un
mundo humano. Si el concepto de arte, en contraposición, varía para
en este caso apoyar al quietismo y a la irresponsabilidad, si eso es
arte, si eso es ser artista, entonces el arte debe ser rechazado.