La belleza
reside, no en la proporción de los elementos constituyentes, sino en la
proporcionalidad de las partes, como entre un dedo y otro dedo, y entre
todos los dedos y el metacarpo, entre el carpo y el antebrazo y entre el
antebrazo y el brazo, en realidad entre todas las partes entre sí, como
esta escrito el Canon de Policleto. Para enseñarnos en un tratado toda la
proporción del cuerpo. Policleto apoyó su teoría en una obra, haciendo
la estatua de un hombre de acuerdo con los principios de su tratado y
llamó a la estatua, como el tratado. Canon. Galeno.
De temperamentis. (Siglo II dc)
DATOS AUTOR
Perfil/Área trabajo
Artista / Profesora en la Escuela de Arte
Nº 2 (Madrid).
Desde que el hombre es hombre, alzado en
apostura erguida y descargado de sus espesas pelambres, el
primate, a quien numeramos ciento noventa y tres, y al que un
Desmond Morris denomina "Mono desnudo", parece
ufanarse de su desnudez.
Antiguamente, las ideas sobre la belleza se
formulaban en términos absolutos: Lo que es bello es
bueno, y lo que es bueno pronto será bello, decía Safo. La belleza es verdad, y la verdad belleza, según
Keats. En el mundo moderno todo es relativo, incluso la belleza.
La belleza está únicamente "en el ojo del
observador", es algo construido por la cultura o forjado
por las preferencias idiosincráticas.
Sin embargo, existe una realidad esencial en
la belleza enterrada en los montajes culturales y los mitos.
Todas las culturas son culturas de la belleza y en todas partes
ésta ha supuesto una fuerza poderosa que despierta emociones,
llama la atención y dirige los actos.
En la actualidad, existe una profunda
insatisfacción cultural con la obsesión por la belleza, pero
el negocio que la rodea no da muestras de disminuir. Una búsqueda
tan ardiente, tan apasionada, tan plagada de riesgos, tan
insaciable, refleja el funcionamiento de un instinto básico.
Decirle a la gente que no obtenga placer con la belleza es como
decirle que deje de disfrutar de la comida del sexo, de la
novedad o del amor.
Toda persona tiene necesidades que no puede
satisfacer de una vez. Ciertas emociones muy poderosas
encarrilan nuestros actos y disipan temporalmente nuestras
dudas. El creador de la inteligencia artificial, Marvin Minski,
cree que la experiencia de la belleza es una de las formas que
tiene la naturaleza para desenchufar temporalmente el almacén
mental de las "pruebas negativas" (el conocimiento de
lo que no hay que hacer). Dice que la visión de la belleza es
una señal que se envía a la mente "para que deje de
evaluar, seleccionar y criticar". La belleza es una de las
pocas experiencias de la vida que nos permite decir
"no" a las censuras de la mente. La belleza
reconforta, embriaga y, como ha escrito el crítico de arte
Peter Schejeldahl, "lleva la impronta de la verdad".
Con el cerebro crítico desactivado temporalmente, no
reflexionamos sobre la belleza ni pensamos en otra cosa cuando
nos encontramos ante ella.
La reacción ante la belleza es un truco del
cerebro, no una profunda reflexión. La mente humana ha
evolucionado mediante la selección natural para resolver
problemas cruciales para la supervivencia y la reproducción. A
pesar de los caprichos de la moda, en todas las culturas se
piensa que los ojos grandes, la nariz pequeña, los mofletes y
las extremidades diminutas de los bebés, son preciosos. A todos
los hombres y mujeres les atraen el cabello lustroso, la piel
clara y lisa, la cintura ceñida de una mujer y los pectorales
esculpidos de un hombre. La belleza es una de las formas de
perpetuación de la vida y el amor por la belleza esta
profundamente enraizado en la biología humana.
Nuestro amor por la belleza tiene algo, como
dice el crítico cultural Kennedy Fraser, de desesperado,
heroico, humano. Es un placer que merece la pena alabar y
poner en su lugar. Recordemos que la belleza es uno de los
botones del placer que podemos apretar, pero no el único, y que
quienes buscan pareja sitúan la bondad por delante de la
belleza.
Amamos nuestra imagen y la reflejamos en el
arte. Aceptada la perfección y la belleza de la forma humana,
los artistas se apoderan de ella para describirla y explicarla.
Existe la creencia de que el cuerpo humano
desnudo es en sí mismo un objeto en el que la vista se detiene
con agrado y que nos complace ver representado.
Si bien el cuerpo no es mas que el punto de
partida de una obra de arte, se trata sin embargo de un pretexto
de gran importancia. Desde las más remotas manifestaciones artísticas
que se conocen, vemos reflejarse representaciones de desnudos.
El cuerpo es rico en asociaciones y cuando se convierte en arte,
esas asociaciones no se pierden por completo. En él estamos
nosotros mismos, y nos suscita recuerdos de todas las cosas que
deseamos hacer con nosotros mismos; y ante todo, deseamos
perpetuarnos.
La perfección griega.
A la pregunta ¿Qué
es un desnudo? Kenneth Clark afirma: Es una forma de arte
inventada por los griegos en el siglo V, del mismo modo que la
ópera es una forma de arte inventada en Italia en el siglo
XVII. El desnudo no es un tema de Arte, sino una forma de
Arte.
El cuerpo no es uno de esos temas que se
puedan convertir en arte por transcripción directa.
Frecuentemente, al mirar el mundo natural y animal, nos
identificamos con lo que vemos, y mediante esta unión creamos
una obra de arte. Este es el proceso denominado en estética
empatía, el desnudo no conmueve nuestra empatía, sino que nos
produce desilusión y desaliento. No deseamos imitar; deseamos
perfeccionar.
Algunos pensadores, han tratado también de
demostrar la perfección de la forma humana por medio de las
ciencias matemáticas. Nos encontramos en la Grecia socrática y
platónica. Los griegos introdujeron el desnudo en el arte y la
perfección del cuerpo como un ideal humano, este idea viajó a
través de casi toda la historia, este tratamiento del simple
desnudo hasta llegar a niveles de exquisitez ha sido un tema
contundente desde entonces.
Estaban convencidos de que el dios Apolo era
como un hombre perfectamente bello. Era bello porque su cuerpo
se ajustaba a determinadas leyes de la proporción, por lo que
participaba de la divina belleza de las matemáticas.
Los primeros desnudos del arte griego,
tradicionalmente conocidos como Apolos, no son bellos. Son rígidos,
con una especie de rigidez ritual; las transiciones entre sus
miembros son bruscas y torpes, y tienen una extraña lisura,
como si el escultor solo pudiese pensar en un plano cada vez.
Son notablemente menos naturales y flexibles que las figuras
egipcias en las que se inspiran en gran medida, las cuales habían
alcanzado una limitada perfección.
El arte griego es fundamentalmente ideal.
Parte del concepto de forma perfectas, y solo gradualmente se
siente capaz de modificar dicha forma en pro de la imitación.
Así pues, Apolo es claro e ideal antes que bello: Hacia el año
480, aparece ante nosotros el cuerpo humano perfecto, la figura
de mármol de la Acrópolis conocida como el Efebo de Critos. En
él sentimos por primera vez el placer apasionado por el cuerpo
humano, pues la delicada avidez con que el ojo del escultor ha
seguido cada músculo o ha observado la tirantez y el
relajamiento de la piel cuando pasa por encima de un hueso no
podría haber logrado su objetivo sin una intensa sensualidad.
Todos tenemos una idea de lo que fue el atletismo griego. En los
juegos griegos imperaban dos poderosas emociones: la dedicación
religiosa y el amor. Ambos sentimientos daban al culto de la
perfección físicas, una solemnidad y un entusiasmo que no se
han vuelto a experimentar desde entonces. No es extraño que no
se haya vuelto a mirar con un sentido tan agudo de sus
cualidades de proporción, simetría, elasticidad y aplomo; y si
tenemos en cuenta que este examen apasionado del individuo iba
unido a la necesidad intelectual de la forma geométrica,
podremos apreciar qué rara coincidencia elevó el desnudo
masculino a la perfección.
Es la perfección y la sensibilidad griega la
que nos lleva a pensar en esas manifestaciones eróticas, que
aparecen con las primeras imágenes del desnudo, y que el hombre
imagina. ¿Podemos considerar como manifestación erótica el
desnudo en el Arte? Según dice el profesor Alexander, "Si
el desnudo es tratado de forma que despierte en el espectador
ideas o deseos acordes con el tema material, estamos ante un
arte falso y una moral mala". Resulta evidente que ningún
desnudo, ni siquiera el más abstracto, debe dejar de despertar
en el espectador algún vestigio de sentimiento erótico, y si
no lo hace, es que estamos ante un arte malo y una moral falsa.
El deseo de abrazar y unirse a otro cuerpo humano es una parte
tan fundamental de nuestra naturaleza, que nuestra noción de lo
que conocemos como " forma pura" está inevitablemente
influidas por él; y una de las dificultades del desnudo como
tema de arte consiste en que estos instintos no pueden quedar
ocultos, sino que se les hace emerger a un primer plano, donde
amenazan trastornar la unidad de respuesta de la que una obra de
arte extrae su vida independiente.
Aparte de las necesidades biológicas, hay
otras vertientes de la experiencia humana de las que el cuerpo
desnudo proporciona un vívido recuerdo: armonía, energía, éxtasis,
humildad; y cuando vemos los hermosos resultados de tales
encarnaciones, parece como si el desnudo, como medio de expresión
poseyese un valor universal y eterno.
El desnudo fotográfico, y el desnudo pictórico.
En 1935, al estudiar las nuevas tecnologías
de reproducción, Walter Benjamin observó que
el ojo es más
rápido captando que la mano dibujando. En esta frase
concisa quedo establecida una de las desventajas fundamentales
de las artes icónicas quirográficas, frente al automatismo
fotoquímico del invento de Niepce y de Daguerre, cuando este
hubo superado su estadio inicial y su exigencia de prolongadas
exposiciones. Por este motivo, añadido al fetichismo del
parecido entre imagen fotográfica y modelo, además de la mayor
economía de la nueva técnica, explicaron la pronta implantación
de la fotografía. Es bien sabido que a partir de entones la
fotografía, como sistema productor y reproductor de imágenes,
reemplazo rápidamente al dibujante, al pintor retratista y al
grabador.
A falta de criterios estéticos en que
sustentar su nueva practica, los fotógrafos primitivos
adoptaron como pautas estéticas para su medio de expresión las
procedentes de la pintura académica, que les eran perfectamente
familiares. De este modo sus concepciones estéticas asociadas
al encuadre, a la composición, a la iluminación y a la pose se
consolidaron en la fotografía, dando origen a una tendencia que
se denominaría pictorialismo. Las estrechas interrelaciones y
los préstamos mutuos que se efectuaron entre fotografía primitiva y pintura han sido bien estudiados, especialmente por
Aaron Scharf y por Otto Stelzer. La pintura, con su gloriosa y
noble tradición multisecular, se ofreció como un modelo estético
seguro para los nuevos fotógrafos.
Mario Praz ha considerado que la aparición
histórica de la fotografía fue responsable de los nuevos
esquemas de composición pictórica que se difundieron a partir
de mediados del siglo: la preferencia por los fragmentos en
lugar de las grandes composiciones, el interés por las vistas
fugaces de la vida humilde de los campesinos, de la gente anónima
y de los paisajes carentes de detalles particularmente
atractivos, todo captado como en una instantánea.
Es difícil
no concordar con la observación de Praz acerca de la presión
de la fotografía sobre la pintura, pero desde finales del siglo
XIX, con la creciente popularidad de las cámaras portátiles,
mucha gente sin ninguna instrucción pictórica ni conocimientos
de las normas tradicionales de composición generaron tal caudal
de imágenes heterodoxas (desde el punto de vista del encuadre,
la composición, la simetría, el equilibrio de las formas,
etc.), que su presión social acabo por aparecer infiltrada en
las "herejías" estéticas de la pintura del siglo XX,
acomodada así a los nuevos modelos sociales de ver, que de una
manera involuntaria legitimaron las desviaciones heréticas de
la pintura moderna. En efecto, después de décadas de tradición
cultural aristocratizante menospreciando a la fotografía, juzgándola
más como tecnología de reproducción que como
verdadero arte, y subordinándola a la pintura, desde los años
setenta la pintura llamada "hiperrealista" se ha
puesto a imitar servilmente el naturalismo fotográfico con una
inversión de esfuerzo artesano muy superior al requerido por el
fotógrafo para obtener similares resultados. Esta sumisión -
aunque con frecuencia irónica- de la pintura a la técnica
fotográfica ha constituido un tardío ajuste de cuentas académico.
Pero a pesar de los esfuerzos de la pintura hiperrealista, la fotográfica se diferencia de las artes plásticas
quirográficas por su mayor determinismo óptico, al estar genéticamente
condicionada por las formas de la realidad física visible, sin
poder fantasear ( salvo utilizando trucajes) en la medida en que
puede hacerlo el dibujante o el pintor. Como escribe Barthes,
" la pintura puede fingir la realidad sin haberla
visto" O como observa Susan Sotag "el pintor
construye, el fotógrafo descubre". De estas diferencias se
derivan ciertas consecuencias esenciales. La fotografía, a
diferencia del dibujo, es incapaz de producir esquemas
abstractos o estilizados de las cosas, porque es
prioritariamente un instrumento de reproducción óptica. De
este modo, los defensores de la productividad intelectual del
dibujo esquemático y simbólico pueden argüir con razón que
la fotografía, debido a su servidumbre figurativa hacia la
realidad concreta hizo retroceder aparentemente la expresión icónica
a estadios intelectuales anteriores a la expresión abstracta
genérica o categorial. Es decir, debido al mimetismo de su
imagen, la fotografía nacía como negación del ideograma.
A estos argumentos que convierten al
mimetismo nativo de la fotografía en un defecto, en comparación
con la libertad creativa de las artes quirográficas, se les
puede dar la vuelta, invocando el privilegiado carácter de
certificación química que posee la fotografía y no poseen los
quirogramas. En que en muchos países este prohibido tomar
fotografías durante los juicios ante los tribunales, mientras
tal prohibición no alcanza a los dibujantes de prensa, es
elocuente acerca del salto cualitativo que, como medio de
reproducción icónica, separa el dibujo de la foto.
Análogamente, el desnudo fotográfico
encontró severos obstáculos legales y sociales para ser
aceptado, cuando el desnudo pintado y esculpido acarreaban
siglos de legitimación cultural y estética. Las razones de su
censura no eran otras que su "ofensivo" realismo. El
desnudo fotográfico de la misma época, y a pesar de no haber
conquistado todavía la reproducción cromática que incrementa
su carácter autentificador, resultaba todavía mas
ofensivamente realista, entre otras razones porque certificaba
sin genero de dudas que una mujer se había despojado de sus
ropas ante la cámara y su fotógrafo. La paradoja moral se
produjo cuando estas prohibiciones y anatemas, al investir a la
representación del desnudo de pecaminosidad o de indignidad, le
empujaron hacia su circulación en circuitos clandestinos,
favoreciendo con ello el desarrollo y cultivo de la pornografía
como negocio, pornografía que precisamente se intentaba
reprimir.
El fotógrafo de desnudo se dedica
probablemente a una búsqueda de la perfección, una vez
encontrado el modelo que les agrada, son libres de iluminarlo y
hacerlo posar de acuerdo con sus nociones de belleza;
finalmente, pueden atenuar o acentuar su obra mediante el
retoque. Pero a pesar de todo su gusto y habilidad, el resultado
casi nunca es satisfactorio para los ojos habituados a las
armoniosas simplificaciones de la Antigüedad. En seguida nos
molestan las arrugas, las bolsas y otras pequeñas
imperfecciones que se han eliminado en el esquema clásico.
Debido a nuestra larga costumbre, no lo miramos como un
organismo vivo, sino como un dibujo. En casi cada uno de sus
detalles, el cuerpo no es esa forma que el arte nos ha hecho
creer que debería ser. Podemos mirar con placer fotografías de
árboles y de animales, cuyo canon de perfección es menos
estricto. Consciente o inconscientemente, los fotógrafos
reconocen que en una fotografía de desnudo, el objetivo real no
es reproducir el cuerpo desnudo, sino imitar la concepción de
algunos artistas sobre lo que debe ser el cuerpo desnudo.
Rejlander, contemporáneo de Courbet realizó
una de las más bellas fotografías de desnudo sin saberlo. Lo
consiguió parcialmente porque su arquetipo inconsciente era
realista. Cuanto más se acerca el modelo al ideal, más
desafortunados son los fotógrafos que intentan imitarlo.