Ya desde la primera página de la introducción
a su obra principal, Wahrheit und Methode (1960), Gadamer
anuncia su "resistencia (...) contra la pretensión de universalidad
de la metodología científica"(G1 1) (1),
y de hecho, el proyecto gadameriano de una
"hermenéutica universal" partiendo de la
"recuperación de la verdad del arte", del
"derecho a verdad del arte", tiene lo que podríamos
llamar un enemigo permanente, a saber, el "concepto"
y, lógicamente, la predicación en el sentido estricto de
predicación basada en conceptos (2). El
término gadameriano antitético al "concepto" es,
básicamente, "sentido" (Sinn), aunque Gadamer
también utiliza otros términos como "idea" y,
principalmente, "significado" (Bedeutung). La
pretensión gadameriana es, siguiendo a Heidegger, la existencia
de una verdad no conceptual y no predicativa, la
cual, en el contexto que aquí nos interesa, estaría dada por
la "comprensión" del "sentido" o
"significado" de la "obra de arte".
Tal "sentido" correspondería a la "obra de arte" y tendría, como
Gadamer lo dice o insinúa repetidamente, cierta similitud con la
"idea estética" kantiana, aún cuando ésta, declaradamente, no
tiene absolutamente nada que ver con "conocimiento" o "verdad",
mientras que el "sentido" gadameriano es, según pretende Gadamer,
"conocimiento" y "verdad".
DATOS AUTOR
Perfil/Área trabajo
Coordinador
Maestría en Arte y Estética de la Universidad de Puebla.
En tanto que Kant
nos dice sobriamente que la "idea estética" es una
"representación de la imaginación" la cual nos
"suscita muchos pensamientos" (U 192, s.), Gadamer no
rehuye el patetismo de decir que la obra "se dirige a
nosotros" y "exige una respuesta" - de hecho, que
"demanda aprobación" (G8 388) -. El objetivo de este
trabajo es el examen básico del concepto gadameriano de
"sentido", para lo cual tendremos que recurrir a las
bases heideggerianas de esta concepción. El resultado será
poner de manifiesto una curiosa aplicación gadameriana de la
teoría heideggeriana del "sentido" la cual nivela
verbalidad y visibilidad, con lo que el concepto de "verdad
del arte" en su versión gadameriana viene resultar una
construcción cuestionable, tanto por su carácter grupal como
por su carácter no predicativo y, más aun, por su
inefabilidad.
1. El "sentido" de grupo contra el
"concepto" universal
Ya desde las partidas iniciales de Wahrheit und
Methode Gadamer reclama conjuntamente para la
"experiencia de la filosofía", la "experiencia
del arte" y la "experiencia histórica", de
hecho, para la "comprensión" "hermenéutica"
en tanto tal (G1 2), una "generalidad" la cual
"(...) ciertamente no es la generalidad del concepto"
(G1 23). En especial, en Die Aktualität des Schönen
(1974), Gadamer negará que el "sentido que nos habla desde
el arte pueda ser recogido en el concepto" (G8 124). Y ahí
mismo dirá que algo "común" al arte y al culto es
"(...) que ahí se comprende algo como algo, aunque no es
nada conceptual (...)" (G8 115). Así pues, desde el
principio es muy importante percatarse de que el programa
hermenéutico gadameriano se basa técnicamente en el
rechazo de lo que podríamos llamar sentido o significado
conceptual.
El rechazo del "concepto" tiene dos funciones estratégicas.
Por un lado, la de postular un sentido no conceptual y,
por otro, complementariamente, la de postular que existe una verdad
no conceptual y no predicativa. Ciertamente, ambas cosas,
en su modelo más básico, no las introdujo Gadamer, ni tampoco
su maestro Heidegger, sino el maestro de éste último, Husserl.
Pero antes de cualquier referencia a la versión husserliana de
esta problemática conviene resaltar la consecuencia básica del
movimiento estratégico heideggero gadameriano de eliminar el
"concepto" sustituyéndolo por el "sentido".
El "concepto" y la predicación implican conocimiento
y verdad, en su caso, universales, mientras
que el "sentido" tiene un carácter si bien no
meramente "privado" (G1 41) sí meramente
"comunitario". El "sentido" de que aquí se
trata es básicamente sentido para los miembros de una
"comunidad" determinada (G1 30, 78): es su "sensus
communis" (G1 29ss., c. a.) (3). Con
ello el "conocimiento" y la "verdad" pasan a
tener un carácter no privado pero si meramente grupal,
como lo podemos comprobar en una de las primeras versiones del
"sentido" que Gadamer nos ofrece en Wahrheit und
Methode, a saber, el "gusto".
Gadamer nos dice, en efecto: "Con el concepto de gusto
se hace, pues, sin duda alguna, referencia a un modo de
conocimiento. (...) Por ello, en su esencia más propia el gusto
no tiene nada de privado sino que es un fenómeno social
de primer orden." (G1 41, c. a.) Y aquí hay que estar muy
atentos al hecho de que "social" no significa
"universal" o simplemente "humano", pues el sensus
communis le interesa a Gadamer expresamente "(...) no a
la manera de los derecho humanos, no como un atributo dado a todos
lo hombres, sino como una virtud social, una virtud del corazón
más que de la cabeza (...)" (G1 30). Esto último
está orientado contra el concepto o las razones, tal como lo
advierte Gadamer ayudándose del pietista Oetinger: "Sin demostración
alguna los padres están ya dispuestos a cuidar de sus hijos: el
amor no demuestra sino que frecuentemente arrastra el
corazón contra la razón (...)" (G1 33). Se trata
pues, más bien, de un "sentido" de grupo que,
en todo caso, no es racional o conceptual pero si emotivo.
Y este es el otro aspecto al que nos hemos venido refiriendo
pero que ahora hay que corroborar de una manera plenamente explícita,
es decir, la polémica "sentido" contra
"concepto".
Gadamer nos dice, en verdad, que en su "aceptar y
repudiar" el gusto "(...) no titubea y (...) no conoce
el buscar razones. [Nuevo párrafo] (4).
Antes bien, el gusto es algo así
como un sentido. No dispone previamente de un conocimiento
basado en razones." (G1 42). En otras palabras, con el
"gusto" tenemos una de las primeras versiones de un
"sentido" el cual, nos dice Gadamer apenas una página
más adelante, "(...) reconoce algo - y ciertamente
de una manera (...) que no admite ser llevado ni a reglas
ni a conceptos." (G1 43). Con esto último se hace
patente el resultado estratégico de la eliminación del
"concepto": "razones" y "reglas"
implican silogismos basados en conceptos, es decir,
proposiciones en sentido estricto. Por lo tanto, el constructum
gadameriano de un "sentido" que es un
"conocimiento" no "basado en razones",
equivale a postular una "conocimiento" y una
"verdad" no predicativas. Y especialmente importante
es el hecho ya apuntado de que se trata de un
"conocimiento" con carácter de grupo. Del
conocimiento conceptual universal, digamos kantiano, arribamos a
un "sentido" que es "conocimiento" o
"reconocimiento" grupal no conceptual pero sí emotivo,
el cual, de hecho "(...) nos determina a tomar partido
(...) en términos morales y religiosos (...)" (G1 91).
2. El concepto gadameriano de
"sentido"
Por supuesto, la exposición anterior exige
aclarar dos puntos. El primero es la ambigüedad, podríamos
decir fenomenológica, del término "sentido". Por un
lado se tiene el "sentido" entendido como una capacidad
de "conocimiento" o "reconocimiento" (G1
119), por otro lado se tiene, en términos fenomenológicos,
el "correlato objetivo" de esta capacidad o
"logro subjetivo", es decir, el "sentido"
efectivamente "reconocido", es decir, el
"sentido" como "correlato de la conciencia".
Esta es la dualidad fenomenológica típica de toda estructura
de la conciencia: lo visto es el correlato del ver, lo amado el
correlato del amar y, de manera análoga, el "sentido"
"reconocido" es el correlato de un "sentido"
que "conoce" o "reconoce", por ejemplo, del
"gusto": éste es un "sentido" que, según
lo ya citado, - sin "reglas ni conceptos" -
"reconoce algo" (G1 43), mientras que el
"algo" reconocido es el "sentido" reconocido
o comprendido. Así pues, el "sentido" que reconoce
y el "sentido" reconocido son correlativos. En
particular, esto significa que si el "sentido" en términos
subjetivos de la capacidad de "reconocer algo" no se
basa en "razones", no se atiene "ni a reglas ni a
conceptos", entonces, el "sentido" reconocido no
es conceptual o, como según vimos, "no puede ser recogido
en el concepto". Es decir, de acuerdo a todas la reglas de
la fenomenología husserliana de la conciencia, se trata de una
capacidad no conceptual que, correlativamente, tiene
"logros" no conceptuales - tal como ocurre con la
percepción o los sentidos en general, los cuales tienen
"logros" no conceptuales -.
Con base en lo anterior podemos aclarar el
segundo punto, que es el más importante. A saber, la concepción
gadameriana del "sentido" como "conocer" o
"reconocer". Apuntando hacia el concepto de
"gusto" según lo hemos visto arriba, Gadamer se
refiere a la "capacidad de juzgar" (5)
kantiana y nos dice que ésta "(...)
en general, no puede ser enseñada, sino solamente
ejercida de caso en caso y, en esta medida, es más una
capacidad como lo son los sentidos. Ella es algo lo cual
absolutamente no puede ser aprendido ya que ninguna demostración
a partir de conceptos puede guiar (...) [su] aplicación
(...)" (G1 36). Por supuesto, de acuerdo a su proyecto de
una "estética de contenido" que supere el formalismo
kantiano (6), Gadamer
extiende el "gusto", es decir, el "sentido"
más allá de lo puramente estético o, si se prefiere, a una
estética ampliada que abarca lo moral y lo religioso
(cf. G1 90s.). Por ello nos dice que "(...) todas las
decisiones morales exigen gusto (...)", un gusto tal que es
"tacto indemostrable" (G1 45), es decir, como
arriba, independiente de toda demostración o regla articulable
mediante conceptos, mediante proposiciones. En efecto: el
"gusto" es un "juicio" sobre "lo
singular con vistas a un todo respecto de si [esto singular]
(...) combina con él o no. Y para esto hay que tener el
»sentido« correspondiente - en todo caso, no se
puede demostrar nada -." (G1 43). Y la aquí imperante
" (...) seguridad en el aceptar (...) y el
repudiar (...) es la mayor posible." (G1 45). De
hecho, se trata de una imperiosidad que, a pesar de implicar
conocimiento, no necesita de razones, por lo que ahora resulta
útil completar lo ya citado arriba: "El fallo del gusto
posee (...) una imperiosidad peculiar. Consabidamente, en
materia de gusto no existe ninguna posibilidad de argumentar
(...). Se tiene que tener gusto y ya (...). La imperiosidad
del juicio del gusto incluye su validez. El buen
gusto siempre está seguro de su juicio, (...) es un
aceptar y repudiar que no titubea (...) y no conoce el
buscar razones." (G1 42). Es decir: "Se sigue
(...) que el gusto conoce algo - y, a decir verdad, de
una manera que (...) no admite ser compatibilizada con reglas o
conceptos." (G1 43). (7)
Este recuento de las
características del "sentido" o "gusto"
gadameriano no estaría completo sin recalcar de una manera más
explícita su carácter comunitario, de grupo. Gadamer dice:
"(...) la unidad de un ideal de gusto el cual
distingue y une a una sociedad, es diferente de lo que
constituye la figura de la formación estética [en su
carácter tradicional kantiano, es decir, meramente formal]. El
gusto se rige todavía [en este caso "social"] por un
criterio de contenido. Lo que una sociedad
reconoce, cuál gusto domina en ella, esto crea la comunidad
de la vida social. Tal sociedad elige y sabe lo que le
pertenece y lo que no. Tampoco el poseer intereses artísticos
es para ella algo arbitrario [individual, particular] ni
universal (...), sino que lo que los artistas crean y
la sociedad valora forma parte de la unidad de un
estilo de vida y de un ideal del gusto."
(G1 90). Gadamer pasa, pues, de la sobria figura kantiana de los
juicios que expresan la "afición" de grupo o
"general" (U 20), al ente consistente en "una
sociedad" la cual "sabe lo que le pertenece y
lo que no", así como a los artistas que forman una
"unidad" con su sociedad (8). Aquí
hay que recordar todavía la mencionada "seguridad"
"imperiosa" de este "gusto" en el
"aceptar" y el "repudiar". No sólo es un
"gusto" excluyente, sino imperiosamente seguro y, por
tanto, imperiosamente excluyente y, por si fuera poco, sin
razones o reglas.
Las características del "gusto"
recién descritas, son, al mismo tiempo, las características
del concepto general gadameriano de "sentido"
entendido éste como "conocer" o
"reconocer". Este "sentido" es (1)
"conocimiento", pero (2) no está basado en
"conceptos" o "reglas", y por lo tanto es
(3) "indemostrable", (4) no puede ser enseñado ni
tampoco puede ser aprendido, sino que "hay que tenerlo y
ya"; (5) posee una "seguridad"
"imperiosa" que "no titubea" y,
correspondientemente, es "la mayor posible", (6) tal
"seguridad" en sí misma, es decir, sin "buscar
razones", "incluye su validez", (7) dicho
"sentido" no es meramente formal sino que tiene un
"contenido", es decir, abarca "lo moral" y
"lo religioso", y por ello mismo es (8) "sentido
común" o "gusto" de "una sociedad", la
cual armada de tal "gusto", (9) es excluyente pues
"sabe lo que le pertenece y lo que no", y esto,
ciertamente, con "seguridad" e
"imperiosidad" en el "aceptar" y el
"repudiar", es decir, se trata de un "gusto"
imperiosamente excluyente. (9)
Las características recién enumeradas nos
dan el modelo gadameriano del "sentido" por oposición
al "concepto", y es importante ordenar dichas características
en dos grupos. El primero abarca las características de la 1 a
la 7, y es lo que podríamos llamar el grupo de las características
transcendentales o apriorísticas, por ser todas ellas
tributarias de la fenomenología transcendental husserliana con
modificaciones heideggerianas. El segundo grupo abarca las
características restantes y lo podríamos llamar el grupo de
contenido o de las características políticas, las
cuales son tributarias de Heidegger. En este trabajo nos
interesa principalmente el primer grupo, mientras el segundo
grupo sólo lo tendremos en cuenta para observaciones finales,
eso sí, de gran importancia para la correcta evaluación del
proyecto hermenéutico gadameriano.
La postulación filosófica de un
"sentido" no conceptual que, sin embargo, puede
ser formalmente considerado como "conocimiento" o, más
exactamente, como "verdad", rebasa el horizonte de la
filosofía kantiana. Consabidamente, para Kant existen, aparte
del conocimiento transcendental propio de la filosofía, el
conocimiento de la naturaleza (conocimiento teórico) y el
conocimiento moral (conocimiento práctico). En el caso de la
naturaleza el conocimiento sólo es posible mediante el concurso
del "concepto" y la "intuición"(10).
Los conceptos por su parte son puros, es
decir, "categorías del entendimiento", o bien empíricos.
A estos últimos corresponden los "atributos" (Merkmale),
de los cuales Kant dice: "(Re)conocemos [Erkennen], pues,
cosas sólo mediante atributos; y eso significa
precisamente (re)conocer [Erkennen], lo cual proviene de conocer
[Kennen]." (L IV 36, s.) Este conocer es conocer los
atributos de las cosas, y es mediante este conocer los atributos
de las cosas que las cosas mismas son (re)conocidas. Pero los
atributos son meramente empíricos. Por ejemplo, no hay ninguna
necesidad a priori de que existan caballos, pero si los hay,
entonces son (re)conocidos como tales mediante sus atributos
encontrados empíricamente. Esto constituye lo que Kant llama el
carácter "discursivo" del conocimiento propio del
"entendimiento": el reconocer mediante atributos
implica el recorrido (discursus) a través de cosas
encontradas empíricamente las cuales tienen los mismos
atributos. Como por otra parte todo conocimiento de la
naturaleza siempre se da no sólo con la participación de la
"intuición" sino también con la del
"entendimiento", este conocimiento, el conocimiento a
través de conceptos empíricos, siempre es discursivo (11).
Con esto llegamos a un aspecto central para
la problemática que nos ocupa, ya que el "sentido" en
términos gadamerianos no es discursivo, y precisamente esto
tiene una historia que remite directamente a Heidegger.
De la triada kantiana constituida por las
"formas de la intuición", los "conceptos a
priori" y los "conceptos empíricos", en las
interpretaciones que Heidegger hace de Kant, poco después de la
aparición de Sein und Zeit (1927), las cuales conducen a
su libro Kant und das Problem der Metaphysik (1929),
Heidegger funde los dos primeros términos en uno sólo. De esta
fusión resultan conceptos a priori que tienen el carácter de
"formas de la intuición" (12). Este
proceso estaba preparado ya por la naturaleza de lo que en Sein
un Zeit es la "comprehensión del ser" (Seinsverstandnis),
la cual, explícitamente tiene la estructura "formal"
de una "visión", de un "ver" (SZ 146, s.).
Lo interesante de esta simplificación o reducción de los términos
del modelo kantiano es que ahora sólo se tienen dos términos:
por un lado conceptos a priori o no discursivos, es
decir, con una estructura de intuitus y, por otro,
conceptos empíricos o con una estructura de discursus.
Esta es una problemática compleja y la mejor manera de
aclararla aquí en sus rasgos centrales es referir a su
antecedente husserliano (13). Se
trata de la distinción que Husserl hace en el §7 del libro
tercero de las Ideen. Aquí Husserl distingue entre los
"conceptos regionales" y los "conceptos genéricos".
Estos últimos se obtienen por abstracción, es decir, como
indica Kant, por medio de los "atributos" encontrados
empíricamente y, por tanto, son discursivos, mientras que los
primeros, los conceptos ontológicos regionales, son a priori y
esto significa que no son conceptos en sentido estricto sino,
cada uno, un "marco fijo para todas las posibilidades empíricas"
(H5 70) para los entes u objetos de una cierta región. Así,
por ejemplo - refiriéndonos la discusión husserliana sobre
este problema en el lugar indicado - tenemos que el concepto de
"cosa" no es un género obtenido mediante abstracción
a partir de conceptos empíricos tales como "metal",
"gas", etc. Muy por el contrario, no hay ninguna
necesidad a priori de que existan ni metales ni gases, pero si
existen metales o gases, entonces necesariamente, es decir, a
priori, cada uno tiene que ser experimentado como "cosa"
(H5 33, s., c. a.). La "cosidad" no es un concepto empírico
obtenido - abstractivamente - de la experiencia de ciertos
entes, sino que, al revés, es una condición a priori de la
experiencia: un marco o "forma de sentido" (H5 36)
para los posibles entes de una región determinada. Se trata,
pues, de un "concepto regional", pero sólo de una
manera impropia se habla aquí de "concepto" (cf. H5
34). Como se verá, la reducción de la triada kantiana
mencionada arriba a sólo los dos términos "forma de
sentido" a priori y "concepto" empírico,
se encuentra ya en la fenomenología husserliana, y Husserl se
refiere a estos dos términos como implicando una
"diferencia »transcendental«" (H5 35). Pero
ahora hay que dar todavía un paso para arribar al concepto de
"conocimiento" y de "verdad" utilizados por
Gadamer.
No sólo hay "formas de sentido" de
un carácter meramente "regional". Formas meramente
regionales son - según Husserl - "cosa", "ser
viviente", "hombre", entre otras (H5 §§ 1-7).
En particular tenemos que el "ser del ente" es
también una forma de sentido a priori, pero a diferencia de las
anteriores, no es meramente regional sino universal. Esto
quiere decir: no hay ninguna necesidad de que ningún ente dado
exista, pero si existe, es decir, si es, entonces se le
experimenta "en su ser" (SZ 7), es decir,
"comosiendo" (H5 33). El
"ser" del ente, no es pues un concepto en sentido
estricto de ser un género obtenido por abstracción. Basta
recordar algunas ideas de Sein und Zeit. Hacia el final
del importantísimo §7 acerca del método "fenomenológico"
de la obra, leemos: "El ser (...) no es ningún género
del ente y, sin embargo, atañe a todo ente." (SZ
38) Así mismo encontramos, significativamente casi al inicio de
la obra, la siguiente afirmación: "La »universalidad« de
»ser« no es la del género. (...) La »universalidad« del ser
»trasciende« toda universalidad genérica." (SZ 3
c. a.) La palabra "trasciende" apunta al carácter
apriorístico del "ser" del ente: "Ser es el
transcendente por excelencia" (SZ 38, c. a.) o, en
otras palabras, "(...) ser (...) es ya para cada ente lo »transcendental«"
(SZ 208), con lo cual Heidegger repite ahora a un nivel
"universal" - es decir, más allá de cualquier
"región" específica (cf. SZ 11, 14) - la
"diferencia transcendental" husserliana entre los
"conceptos regionales" y los "conceptos genéricos".
Con el "ser" como "lo transcendente", lo a
priori, nos acercamos al "sentido" gadameriano.
4. El ser tético y el ser sintético
Pero la cuestión más inmediata es aquí qué
es el "ser" del ente en tanto carácter o forma a
priori. Heidegger afirma que "[e]n la problemática ontológica
ser y verdad fueron reunidos desde hace mucho, si no es
que incluso identificados." (SZ 183, c. a.) El recurso
heideggeriano a "desde hace mucho" es aquí lo de
menos, ya que el antecedente inmediato es precisamente Husserl.
Nada menos que en la para Heidegger declaradamente importantísima
6. Logische Untersuchung, en el §39, dándonos su famosa
tercera definición de "verdad", Husserl nos dice que
la presencia del ente para la visión, o bien el ente
mismo, puede ser considerado "como el ser, la verdad,
lo verdadero" (III 123).(14)
Si recordamos que en
la tradición fenomenológica las proposiciones y demás
"actos de pensamiento" - como el comparar, reunir,
sumar, entre otros - son considerados una conciencia "sintética"
(III cap. 7.), mientras que la visión, y en general la percepción,
es considerada como una conciencia "(mono)tética",
como la "puesta del ser" (Seinsthesis), entonces
tenemos dos tipos de "ser" (Id 1 §§ 117 -125): el ser
sintético o - en la terminología favorita de Heidegger -,
"ser de la cópula", y el ser tético. El ser
sintético es correlato de todos los "actos de
pensamiento", mientras que el ser tético es el correlato
de todos los actos perceptivos, en particular de la visión: lo
visto, es, o dicho de otra manera, lo que veo lo tengo
consciente "como siendo" - a diferencia de, por
ejemplo, lo que meramente imagino o recuerdo -. Es de acuerdo a
esta diferencia que Husserl nos da su cuarta definición de
verdad en el §39 de la 6. Logische Unsersuchung como la
"verdad" de la proposición o "corrección"
de la misma (III 123). Tenemos pues, dos tipos de
"ser" en tanto formas básicas a priori de objetos de
la conciencia, a saber, el ser en la proposición
(ser de la cópula o ser sintético) y el ser en la visión
(ser tético). El primero corresponde - si la proposición es
verdadera - a la verdad sintética de la proposición,
el segundo corresponde a la verdad puramente tética
de la percepción o visión, "verdad" que no es otra
cosa que la presencia - el ser - de lo percibido o visto.
Esta "verdad" es lo que en el llamado "primer
Heidegger" se volvió famoso bajo el nombre de "verdad
prepredicativa" o "prelógica", mientras que en
el llamado "segundo Heidegger" se volvió famoso bajo
el nombre de "lo abierto" (die Offenheit) (15),
es decir, de lo accesible a la visión -
así sea esta tomada en términos meramente formales (cf. SZ
147). De cualquier manera Heidegger utilizó, por lo menos ya
desde Sein und Zeit, el término griego $ a k - h e i a (verdad). Es,
en efecto, la definición husserliana de la cosa u objeto mismo
como verdad, lo que le permite a Heidegger referirse al término
$ a k - h e i a
en Aristóteles y decir: "(...) »verdad« significa lo
mismo que »cosa«, »lo que se muestra a sí mismo«" (SZ
213), para preguntar a continuación: "¿Qué significa el
término »verdad« que puede ser utilizado terminológicamente
como »ente« y »ser«?" (SZ 213). La respuesta pertenece
a la fenomenología elemental. Se trata del tercer concepto
husserliano de verdad: el objeto, su presencia, se
considerada "como el ser, la verdad". Si en Aristóteles
hay un concepto de verdad prepredicativa o no, es lo de menos.
Lo importante es que se trata de una idea elemental y la vez
fundamental de la fenomenología husserliana. Con esto
tenemos el antecedente básico para el concepto gadameriano de
sentido.
Es necesario mencionar de pasada que algunas
de las ideas principales de Gadamer aparecen con mayor claridad
no en Wahrheit und Methode sino en trabajos menores
posteriores a dicha obra. Esto es válido en especial respecto
de cuestiones estéticas y, sorprendentemente, es válido
particularmente para la idea básica de Wahrheit und Methode
respecto del pretendido "derecho del arte a verdad" (Wahrheitsanspruch
der Kunst). El modelo básico que usa Gadamer para afirmar tal
"verdad" o "derecho" a ella, es una
transformación de la verdad tética de la percepción
husserliana. Para confirmar esto veamos dos citas básicas.
En Die Aktualität des Schönen (1974)
Gadamer nos dice: "Percibir [wahrnehmen] no significa que
uno reúna puras impresiones sensitivas sino que percibir [wahrnehmen]
significa, como lo dice ya la bella palabra misma, »tomar«
algo »como verdadero« [etwas »für wahr nehmen«]. Pero esto
significa que lo que se ofrece a los sentidos es visto y tomado como
algo." (G8 119). Aquí Gadamer utiliza el conocido
juego de etimologías germanas en el verbo wahrnehmen,
percibir, el cual está compuesto por el verbo nehmen,
tomar, y el prefijo wahr-, que coincide con el adjetivo wahr,
verdadero. La construcción del verbo percibir en alemán parece
tener su origen en el hecho de que lo que se ve no se duda, sino
que se considera verdadero. Sin embargo, esta etimologización
no demuestra nada - a menos que se participe del fetichismo del
lenguaje en la versión, tan extendida, propia a Heidegger y a
Gadamer -. En efecto, si no se duda de lo visto, esto filosóficamente
está muy poco claro. ¿Qué es aquello de lo que no se duda: de
una visión en sentido estricto o de una acción y su descripción?
Si se dice que no se duda de ninguna de las dos, entonces hay
que decir a cual de ellas se refiere la última oración de lo
citado, y es precisamente aquí donde empiezan los problemas.
Ya que Gadamer se refiere a "lo que se
ofrece a los sentidos", podríamos suponer que, por lo
menos en el caso de la vista, él no tiene en mente el ser
testigo de un suceso en un transcurso temporal, sino una imagen
en sentido estricto. En esta caso la idea de que lo visto es
visto "como algo" ofrece varios problemas capitales.
Independientemente de si la visión en tanto tal tiene
efectivamente una estructura proposicional, es decir, la
estructura de un silogismo práctico o abreviado, mediante el
cual lo visto es clasificado "como un X", donde X es
el nombre de una clase, independientemente de esto, decíamos,
lo más importante es qué significa la expresión "como
algo" utilizada por Gadamer. El "algo" en
"como algo" significa un concepto, según se infiere
de muchos pasajes. Por ejemplo, en el mismo trabajo, refiriéndose
a lo decorativo, Gadamer nos dice: "Aquí nada debe ser
conocido o reconocido. (...) De lo que se trata (...) es de que
aquí sólo hay un movimiento del agrado estético sin que esté
en juego un conceptuar, es decir, sin que algo sea visto o
comprendido como algo." (G1 111, c. a.). Gadamer añade
que, con todo, esto no es más que "la descripción de un
caso extremo" en el cual "(...) algo se recibe con una
satisfacción estética sin que sea referido a algo significativo
(...)" (16) (G1
111), situación la cual no corresponde a la
"significación" del arte: "En el caso del arte
siempre nos encontramos en un campo de tensión entre el aspecto
y (...) el significado que comprendemos en la obra
mediante un presentimiento, significado que podemos
reconocer en el peso que para nosotros tiene tal encuentro con
el arte." (G8 111) Lo interesante es que se trata, de un
"significado" no conceptual. Se trata en efecto, según
Gadamer, de "contenidos significativos (...) que le
ocurren a la comprensión, o como se expresa Kant, que dan
»mucho inefable que pensar«. Por supuesto, esto no quiere
decir que [los contenidos significativos] sean conceptos
preconcebidos (...). Esto querría decir que subsumiríamos lo
que está dado visualmente [anschaulich / también:
intuitivamente], como un caso del general, bajo lo general. Pero
eso no es la experiencia estética" (G8 112), sino, según
sabemos, conciencia discursiva.
Obviamente, con esta exposición Gadamer
sigue la idea kantiana según la cual la belleza en sentido
estricto es "belleza libre" (U 48, s.), es decir, sin
conceptos de ningún tipo. Pero lo que ya no es kantiano es la
idea de que los "contendidos significativos" inefables
implican "verdad". ¿De qué verdad se trata? Lo
importante es realmente la supuesta inefabilidad, porque, suponiéndola,
Gadamer va a arribar en última instancia al ser tético
discutido arriba, pero ahora como definitorio del arte.
En efecto, más adelante en el trabajo que nos ocupa, Gadamer
afirma lapidariamente: "El sentido de una obra de arte
reside (...) en que ella existe [daß es da ist]"
(G1 124). La oración subordinada daß es da ist es una
paráfrasis de otra oración de Heidegger en su conocido trabajo
Der Ursprung des Kunstwerkes (1935): "¿Qué puede ser
más común que el que el ente sea [daß Seiendes ist]? En la
obra, por lo contrario, es esto, el que ella como tal es [daß
es als solches ist], lo inusual." (Hw 52). Pero esto no es
nada más que una reformulación especial de la idea husserliana
la verdad tética, de la "tesis del ser".Esto
es muy fácil de comprobar en el trabajo de Heidegger recién
citado.
Respecto de la obra de arte Heidegger dice:
"No es el N.N. fecit lo que debe darse a conocer, sino que
el simple »factum est« es lo que tiene que ser mantenido visible
en la obra: esto, [es decir] que aquí ha ocurrido el desocultamiento
del ente (...), esto: que tal obra es más bien que no
sea." (Hw 51, c. a.). El acento está puesto sobre el ser
mismo, sobre la presencia misma de la obra. Pero toda
presencia para los ojos es en principio la tesis del ser en la
percepción. Así, Heidegger nos dice: "En general podemos
percibir en cada cosa que ella es [daß es ist]; pero esto es sólo
advertido para, inmediatamente, quedar olvidado a la
manera de lo acostumbrado." (Hw 52) Y a continuación sigue
lo ya citado: "¿Qué puede ser más acostumbrado que el
que el ente sea? En la obra, por lo contrario, es esto, el que
ella como tal es, lo inusual." (Hw 52). La idea básica es
muy sencilla y es que, ciertamente, como lo sostiene Husserl, en
la percepción de cada cosa ocurre la "tesis del ser",
pero, y esto es lo específico de la idea heideggeriana, el ser
cae en el "olvido". Por el contrario, la obra de arte
se distinguiría de las cosas comunes de todo tipo - incluidos
los instrumentos - por el hecho de que su presencia, su ser se
nos impone. Sería, pues, lo inusual de la obra de arte, lo que
suspendería el "olvido del ser", tan criticado por
Heidegger. (17)
El "»que« [daß]" (Hw 51) heideggeriano es la abreviación del hecho de "que
[daß] el ente es", es decir, del ser tético o existencial
husserliano. Pero el conocedor de la obra heideggeriana sabe que
el tan especial "»que«" heideggeriano en el caso de
la obra, no queda reducido al ser tético husserliano como mera forma
a priori de la presencia del ente. Según Heidegger, ahí
donde hay obra, es decir ahí donde sucede el "que" de
su existencia, ahí "mundea el mundo" (Hw 29,
s.) Y "mundo" es el título heideggeriano para aquella
"totalidad" que da su "sentido" a cada cosa.
Heidegger nos dice, en efecto: "En la medida en que un
mundo se abre [mundea], todas las cosas adquieren su tiempo y su
urgencia, su lejanía y su cercanía, su amplitud y su
estrechez." (Hw 30). En otras palabras, un
"mundo" es aquello "desde" donde las cosas
adquieren su lugar o, para decirlo en los términos técnicos
de Sein und Zeit, es "desde el mundo" que el
"ente intramundano" adquiere su "sentido de
ser" (SZ 83, 1, c. a.). Y una de las formas en las que
el "mundo mundea" o "se abre" es la
existencia de la obra de arte, y si hay tal "mundear"
del mundo desde la obra, entonces cada ente, cada cosa,
incluido uno mismo y los otros, adquiere su "sentido"
"propio" o "histórico" (18).Lo interesante ahora es que el
"mundo" es una "totalidad" y, por
consiguiente, el "sentido" del ente determinado
"desde el mundo", no es discursivo, porque la
"totalidad" - a diferencia de la "suma", la
"colección" - no es correlato de una conciencia
discursiva sino de una conciencia intuitiva (19).
Por ello los "sentidos", el
"sentido" en cuestión aquí, no son discursivos, es
decir, no son conceptuales. Esta idea de un sentido no
conceptual y por tanto apriorístico, es la que utiliza Gadamer.
Como podremos ver en la segunda cita básica anunciada arriba.
Se trata de un "comprender" el
mentado "que" (daß) existencial, es decir, se trata
de una "verdad" tética la cual no implica un
reconocer "algo como algo", es decir, ningún
conceptualizar, ningún entendimiento. Esto lo comprobaremos a
partir de la segunda de las citas básicas de Gadamer anunciadas
arriba. De hecho se trata de varias citas provenientes todas de
un trabajo muy reciente, con un título muy significativo en
nuestro contexto: Wort und Bild - »so wahr, so seiend«
(1992), es decir: Palabra e imagen- »tan verdadero,
tan siendo«. Este título es muy significativo porque ya en
él está indicada la identificación husserliana discutida
arriba de "ser" y "verdad", es decir, la
idea de la verdad o ser téticos. En efecto, Gadamer nos dice:
"Las obras del arte tienen un rango óntico acrecentado, y
esto se muestra en que en la obra de arte hacemos la
experiencia: aparece - y esto es lo que llamamos verdad."
(G8 384). La presencia, el ser tético, es, según vimos, la
tercera definición husserliana de verdad. Más adelante, refiriéndose
al "arte", Gadamer nos dice: "No es tanto que
preguntemos qué [was] aparece [en la obra] o qué se muestra. Más
bien decimos: »aparece«." (G8 387). Nos estamos moviendo
nuevamente en el terreno de las presencias, del
"aparecer" o "mostrarse", es decir de la
"tesis del ser": algo es. Y aquí no importa el
"qué" de la presencia, su determinación conceptual,
sino la presencia misma, es decir, como en las citas de
Heidegger recién examinadas, el acento está puesto en el ser
de algo; no en el qué (was) es, sino simplemente en el
hecho de que (daß) es. Lo importante no es el qué
conceptual (was) sino el que existencial (daß).
Esto aparece hasta la saciedad en el trabajo que ahora nos
ocupa. Así, poco más adelante leemos: "Para el receptor
[de la obra] uno no puede decir qué [was] es. »Je ne
sais quoi« dice en este caso la famosa aclaración
francesa. Está lograda y posee su corrección no
conceptualizable. Así, es absurdo, si se trata de arte,
preguntarle al creador qué [was] es lo que el quiere
decir [con su obra]. Es igualmente absurdo preguntarle al
receptor qué [was] es propiamente lo que a él le dice
la obra. (...) Cuando decimos »eso es bueno«, está
sobrepasado todo opinar y todo saber. En ambos
casos esto [el »eso es bueno«] significa que [daß] ha aparecido.
Así, la experiencia de la obra de arte no es solamente el desocultamiento
(...) sino que [la obra] es real en ella [en dicha
experiencia]." (G8 388). Nótese la analogía estructural
referida al ser tético: así como lo visto es real,
"es", en la percepción - y la percepción es lo que
Husserl llama en sentido estricto "experiencia" -, así
la obra es real, "es", "aparece", en la
"experiencia del arte". De la "experiencia"
husserliana como percepción, hemos pasado a la
"experiencia" gadameriana como "experiencia del
arte" o "encuentro con la obra de arte". En ambos
casos el momento definitorio del término estrictamente técnico
"experiencia" es la presencia de lo
experimentado, la "tesis del ser", de su
"ser" (20). Y
lo más importante es el rechazo de la conceptualización, es
decir, de la verdad proposicional en beneficio de una
indefinible, inefable verdad de estructura intuitiva, no
discursiva. Por ello Gadamer continúa en el mismo lugar con un
nuevo rechazo del "qué" conceptual para la
experiencia: "La obra de arte es una declaración [Aussage]
que no constituye ninguna proposición [Ausagesatz] pero que es
lo que más dice. Es como un mito, como una leyenda y, cierta y
precisamente, porque eso que [was] dice tan lo retiene
[oculta] como lo ofrece." (G8 388).
Se entiende el carácter de esta acentuación
de la presencia apenas cuando se insiste en la inefabilidad de
la misma. Poco más adelante, recurriendo explícitamente a la
versión heideggeriana de la "tesis del ser", Gadamer
dice: "»Aletheia « no significa únicamente
desocultamiento [accesibilidad en una presencia]. Ciertamente
hablamos de que aparece, pero el aparecer tiene
una estructura peculiar. Consiste en que una obra del arte se
presenta en la medida que igualmente se oculta (...)" (G8
390). El para muchos heideggero gadamerianos tan popular
"ocultamiento" no es más que el rechazo de la
conceptualización, de la verdad proposicional, de hecho,
clasificatoria, en beneficio de la verdad definida como presencia
inefable. Gadamer lo dice en el ya arriba referido trabajo
Die Aktualität des Schönen: "(...) en lo bello y en
el arte encuentra [a uno] una significatividad que va más allá
de todo lo conceptual. ¿Cómo se aprehende su verdad?" (G8
107). Comparado con la "tesis del ser" husserliana, lo
nuevo, tanto en Heidegger como en Gadamer es el rechazo del
sentido conceptual insistiendo en un sentido meramente
presencial. No es el tema de este trabajo aclarar como tal idea
esta desarrollada originalmente en Heidegger, especialmente en
el mencionado trabajo Der Ursprung des Kustwerkes. Baste
aquí con indicar que la diferenciación husserliana entre
conceptos a priori y conceptos empíricos adquiere ahora un
aspecto nuevo, el cual hay que resaltar explícitamente.
En el caso de la percepción Heidegger nos
explica (SZ 62) que ésta siempre se realiza combinada con una
determinación conceptual. A priori se ve, por ejemplo, algo como
cosa y empíricamente se le determina como mesa.
El "como cosa" es una forma o concepto a priori,
mientras que el "como mesa" es una determinación
conceptual en sentido estricto, meramente empírica (21).
La "cosidad" es el
"marco" o "forma de sentido" necesario, a
priori, para todo lo empírico, en este caso, el carácter de
mesa, según el modelo husserliano examinado arriba. De acuerdo
al mismo modelo, el "ser", es la forma de sentido universal,
para todo ente. Por ello la mesa es experimentada no sólo
"como cosa" sino también necesariamente "como
siendo". Lo nuevo ahora, es que respecto de la obra no
podemos aplicar ningún concepto empírico, no es posible
determinarla lógica o conceptualmente. La diferencia básica,
pues, respecto del modelo husserliano es que el ser tético no
admite ahora ninguna determinación empírica: respecto de la
obra "es absurdo preguntar" el "qué",
mientras que para la cosa percibida podía preguntarse por el
"qué" y responderse, por ejemplo, "mesa".
Conclusión. Sentido inefable y verdad de
grupo
El primer punto clave en el modelo es la
asunción gadameriana de la definición husserliana de verdad
como presencia. Si en Husserl a esta "verdad" de la
percepción podía seguir la verdad de la proposición:
"esta cosa aquí es una mesa", ahora la inefabilidad
de la obra elimina toda verdad predicativa o discursiva. Así es
como, formalmente, hay una verdad de la obra: no sólo se tiene
que en la "experiencia del arte" la obra
"es", como también lo es la mesa en la experiencia
visual de la misma, pues este "ser" es en ambos casos
"verdad", de acuerdo al modelo husserliano. Lo nuevo
es que ahora, en esta formalidad, al ser tético no puede
seguir el ser sintético, es decir al ser de la
"experiencia", la cual siempre es no discursiva y por
tanto, formalmente, una "intuición", no puede seguir
el ser discursivo o de la cópula.
El segundo punto clave es que la definición
de verdad tética en la "experiencia del arte" no es
meramente formal, es decir, reducida al mero "que"
existencial. Muy por el contrario, según mencionamos arriba, el
sentido de la existencia de la obra queda definido por el
"mundear del mundo" y, siendo el mundo una
"totalidad", es decir, teniendo en sí una estructura
intuitiva y no discursiva, el sentido "desde el mundo"
también es inefable.
Cabe señalar aquí que en el modelo del
"sentido" gadameriano falta un elemento respecto del
modelo del "sentido" heideggeriano. Para Heidegger
también el instrumento adquiere su sentido "desde el
mundo", por lo que también aquí se trata de un
"sentido" no predicativo. Ésta es la famosa distinción
heideggeriana entre el "como apofántico" y el
"como hermenéutico". El martillo, por ejemplo, con el
que se martilla "con entrega total" (SZ 354), no es
objeto de ninguna predicación, es decir, de ninguna determinación
conceptual, aún cuando en esa "entrega" se hable de
él. Heidegger da el ejemplo de la oración: "El martillo
es demasiado pesado" (SZ 157). Esta no es una
conceptualización del martillo "como pesado", sino la
mera verbalización del "sentido de su ser", en este
caso su "disponibilidad" meramente negativa (Unzuhandenheit).
Estamos frente a lo que Heidegger llama el "como hermenéutico",
en este caso el "como demasiado pesado". Por el
contrario la oración: "el martillo es pesado", en el
sentido de la determinación conceptual del martillo como
objeto con la propiedad de la pesantez, es el "como apofántico"
(22). Lainefabilidad
en tanto aconceptualidad es en Heidegger una idea que
abarca no sólo a la obra de arte sino también a los
instrumentos en tanto comprendidos "desde el
mundo".
El elemento heideggeriano que falta en el
"sentido" gadameriano como "verdad" de la
obra es la insistencia decidida en lo inusual (23).
El punto central no es, para
Heidegger, la inefabilidad, sino el carácter extraordinario
o inusual de la obra en comparación con el instrumento,
ya que el "sentido" de este último también es
inefable, si inefable significa aconceptual. La obra de arte es
una presencia no sólo aconceptual sino también extraordinaria.
Al principio hablamos de una nivelación de
verbalidad y visibilidad. Tal nivelación está dada ya en la
idea husserliana de los conceptos regionales, los cuales son
correlato cada uno de un tipo de "visión" (Wahrnehmung):
visión de cosas, visión de seres vivientes, visión de
hombres. Es decir, algo se ve "como cosa", o bien
"como ser viviente", o bien "como hombre",
pero ninguno de estos "como" es empírico, es
decir, discursivo, sino que todos son precisamente eso:
correlatos de una visión, momentos estructurales necesarios o a
priori de tipos de visión. Se trata de una visión -
empleando un término heideggeriano - "articulada" (cf.
SZ 149): veo "algo como cosa", "algo como ser
viviente", "algo como hombre". Los términos no
conceptuales "cosa", "ser viviente",
"hombre" implican una expresividad meramente
transcendental, no empírica, es decir una expresividad no
conceptual. Con ello, Husserl introdujo un habla no conceptual,
es decir un habla con una estructura de intuición, lo cual
viene a ser una revolución en la historia de la filosofía (24).
En el caso
heideggeriano la nivelación entre visibilidad y verbalidad
proviene de una generalización de la anterior idea husserliana.
Ahora, en Heidegger, hay tanto tipos de visión como visión
"desde el mundo", en el caso del instrumento, la
"circunvisión" (Umsicht), en el caso de "el
otro" la "consideración" (Rücksicht). Pero el
"mundo" es también una forma a priori, tanto como lo
era, por ejemplo, la cosidad husserliana. El "mundo"
es, como dijimos arriba, una totalidad, y las totalidades con
correlatos de una visión, en este caso de la "circunvisión"
o de la "consideración". Por ello el
"sentido" de cualquier ente, tal como queda
determinado "desde el mundo", es un sentido no
discursivo, no conceptual, y por lo tanto, tiene la estructura
opuesta a la discursiva, es decir, la intuitiva.
Por ello, la determinación del instrumento "como demasiado
pesado" no sería, según el modelo, discursiva aunque
pueda ser expresada mediante el lenguaje. Inefabilidad en
Heidegger no significa averbalidad sino sólo aconceptualidad (25).
La verbalidad no conceptual es la
nivelación de verbalidad y visibilidad común a Husserl y
Heidegger, y en el caso de Husserl la encontramos ya en la
determinación de "algo como cosa", ya que
"cosa" no es ningún concepto, sino que el término
cosa "(...) expresa meramente la forma (...)" (H5 34).
Estas expresiones de "formas" constituyen la
expresividad transcendental husserliana.
En el caso de Gadamer tendríamos una asunción
de tales modelos con la principal diferencia de su mistificación
mediante formulaciones tales como la ya citada: "La obra de
arte es una declaración [Aussage] que no constituye ninguna
proposición [Ausagesatz] pero que es lo que más dice. Es como
un mito, como una leyenda y, cierta y precisamente, porque eso
que dice tan lo retiene [oculta] como lo ofrece."
Con todo, el problema central es el concepto
de "verdad del arte". La verdad tética husserliana,
es decir, el simple percibir algo, es seguido de la
conceptualización y por tanto, de la verdad o falsedad con carácter
universal de la proposiciones respectivas. Ya la verdad tética
heideggeriana, la famosa $ a k - h e i a , no es
universal puesto que, simplemente en el caso del instrumento, el
"como hermenéutico" está ligado a la situación
("mundo", SZ 297-9), la cual sólo es común o de
grupo más no general o universal. Por último, la verdad tética
gadameriana del arte es también sólo grupal, pues es siempre,
el "sentido" o "gusto" de una sociedad el
que "decide", pero, además, tal "sentido"
no tiene la precisión de una expresión tal como la
heideggeriana "el martillo es demasiado pesado", sino
que permanece en la imprecisión de la proposición "»eso
es bueno«" o "»así es"« (G8 388). Como vimos
arriba, según Gadamer, eso es lo único que se puede decir
frente a la obra, puesto que "preguntar por el qué es
simplemente absurdo". La inefabilidad, pues, ya no es
meramente aconceptualidad, sino inefabilidad en sentido
estricto. Tal inefabilidad de la obra se encuentra ya en Kant,
pero con la diferencia esencial, de que Kant no atribuye ninguna
"verdad" al arte. Con todo, el punto más problemático
del modelo de la "verdad del arte" es la combinación
de inefabilidad y "obligatoriedad" (Verbindlichkeit,
G8 109) grupal: se trata de "contenidos
significativos" comprendidos y comunes a una
sociedad o comunidad pero inefables. Peor aún, se trata
de una "significatividad" indemostrable y emotiva
la cual "(...) nos determina a tomar partido (...) en términos
morales y religiosos (...)", según vimos arriba.
Encontramos así una peligrosa combinación de aspectos apriorísticos
o no discursivos y aspectos políticos en el concepto
gadameriano de "sentido" o "gusto" y,
concomitantemente, de "verdad". La discusión de las
implicaciones que esta concepción de la verdad o el sentido
tiene en el proyecto de "hermenéutica universal"
gadameriano queda más allá del alcance de este trabajo.
Notas
(1) Para la bibliografía y
las abreviaciones véase la lista al final de este trabajo.
(2) Cf. la afirmación
kantiana: "El entendimiento no puede hacer ningún uso de
[los] conceptos más que juzgar mediante ellos." (KV B93)
(3) La abreviatura c. a.
significa cursivas del autor del texto en cuestión. Si no
aparece la abreviatura mencionada, se trata de cursivas
nuestras.
(4) Todos los añadidos
entre corchetes son nuestros a menos que explícitamente se
indique lo contrario.
(5) Como es sabido, la
"capacidad de juzgar" kantiana en el caso relevante
para el juicio acerca de lo bello, no es para Kant ninguna otra
cosa que el "gusto".
(6) Véase nuestro artículo
Obra de arte, hermenéutica y educación. Para la crítica
de Heidegger y Gadamer.
(7) No está por demás
señalar aquí que básicamente la misma estructura es la que
define el concepto gadameriano de la "crítica de
arte". Así por ejemplo, en Die Aktualität des Schönen
(1974), nos dice Gadamer: "Qué verdad (...) nos encuentra
en lo bello? Ciertamente ninguna verdad (...) que podamos
aplicar para la generalidad del concepto o del entendimiento. A
pesar de ello, la verdad que nos encuentra el la experiencia de
lo bello demanda el derecho a no tener una validez meramente
subjetiva. (...) Expresándome como Kant, yo »exijo la aprobación
de cada uno«. Esta exigencia de la aprobación de cada uno no
significa, digamos, que yo lo pueda convencer (...). Más bien,
el sentido (...) de cada uno debe ser cultivado (...).
Esto no ocurre de modo que se den buenas razones o
demostraciones concluyentes para el gusto propio [nótese
de pasada la identidad de los términos "sentido" y
"gusto"]. La crítica de arte que emprende tal cosa
oscila entre al constatación »científica« y un sentido
para la calidad que determina el juicio y el cual no puede ser
substituido por ningún paso a la cientificidad. »Crítica«,
es decir, distinguir lo bello de lo menos bello, no es ningún
juicio posterior: ni uno de la subsunción de lo »bello« bajo
un concepto, ni tampoco uno de una evaluación comparativa de
las calidades - [crítica] es la experiencia de lo bello
mismo." (G8 109)
(8) Véase la crítica del
historiador del arte Gombrich a las explicaciones de los estilos
artísticos y su transformación basadas en colectivos,
AI 21.
(9) El carácter
imperioso del gusto no es ninguna mera forma de hablar. A él
corresponde la imperiosidad de la obra, la cual tiene dos
versiones básicas. Una de ellas la "soberanía de la
imagen" (Bildhoheit), la otra el "dictado (Diktat) del
texto" (G8 392). Gadamer dice incluso: "Se ha
obedecido al dictado" del poema (G8 392).
(10) Recuérdese el famosísimo
postulado kantiano: "Los pensamientos sin contenido están
vacíos, las intuiciones sin concepto está ciegas." (KV
B75).
(11) Cf.: "Así pues,
el conocimiento propio de todo entendimiento, por lo menos del
humano, es un conocimiento mediante conceptos, no intuitivo sino
discursivo." (KV B98). Para una discusión de la distinción
entre intuición y discurso véase nuestro libro Interpretación
y verdad, §§ 14 - 17, 19.
(12) Acerca de esta
problemática véanse sobre todo los §§ 11 y 12 del libro recién
mencionado, en los que esta fusión queda preparada mediante la
insistencia heideggeriana en la "dependencia" del
"pensamiento puro" "respecto de la intuición
pura", dependencia que sería el "momento decisivo de
la esencia" de los conceptos puros (KM 54).
(13) Para una discusión
acerca de los conceptos no discursivos en Heidegger, véase
nuestro libro Interpretación y verdad, primera parte,
capítulo 2.
(14) Para una discusión
amplia de esto, véase nuestro libro Interpretación y verdad,
§§ 24 - 35.
(15) Dejemos de lado la
pregunta de si esta traducción es la correcta. Nosotros, basándonos
en el carácter fundamentalmente fenomenológico de los modelos
de pensamiento heideggerianos, la traducción
"patencia" o, mejor aún, "accesibilidad". Véase
nuestro libro Interpretación y verdad, parte segunda,
capítulo 1; véase también nuestro artículo Poesía,
lenguaje e interpretación en Heidegger, §1.
(16) Recuérdese que
"significado" es en Gadamer un término opuesto a
"concepto".
(17) Sobre esto véanse
nuestros artículos The concept of "earth" in
Heidegger así como Obra de arte y hermenéutica y
educación.
(19) Acerca de esta
problemática véase nuestro libro Interpretación y verdad,
§§ 15 - 19.
(20) Nótese pues, de
pasada, que el término "experiencia" en Gadamer, el
cual siempre está tomado como "experiencia del arte"
(Kunsterfahrung o Erfahrung der Kunst), es un término
estrictamente técnico, con el sentido presencial definido por
la fenomenología: lo que se experimenta, es (tesis del ser).
(21) Sobre esta
problemática véase nuestro ya mencionado libro Interpretación
y verdad, §§ 6 - 9.
(22) Sobre esta
problemática véase nuestro libro Interpretación y verdad,
§§ 17 - 19.
(24) Sobre esto véase
nuestro libro Interpretación y verdad, §§ 15 - 16.
(25) Esta una idea
heideggeriana muy temprana, la cua, aparece explícitamente,
respecto de lo individual en tanto tal, a más tardar en 1919 en
las Anmerkungen zu Karl Jaspers »Psychologie der
Weltanschauungen«: "En vez de repetir una y otra vez
el muy frecuentemente dicho »individuum est ineffabile«, sería
ya la hora de preguntar que sentido tiene que tener el »fari«
(...)" (Wm 39, s.). Es decir, hay una expresividad para lo
individual en tanto, la cual, entonces, no es conceptualización,
no implica la subsunción de lo individual bajo lo general. Se
trata de un, sino es que de el problema básico del método
heideggeriano. Sobre esto véase nuestro libro Heideggers »Sein
und Zeit« oder die ontologische fundierung des politischen
Partikularismus, cap. 6, Berlin 1966.
Bibliografía y abreviaturas
Carrillo Canán, A. J. L., Heideggers »Sein
und Zeit« oder die ontologische Fundierung des politischen
Partikularismus, Berlin 1966.
Carrillo Canán, A. J. L., Poesía e
interpretación en Heidegger, en: Beuchot, M. (ed.), La voz
del texto. Polisemia e interpretación, UNAM, México 1998.
Carrillo Canán, A. J. L., Interpretación y
verdad. Acerca de la ontología general heideggeriana, Analogía
Filosófica, México 1999.
Carrillo Canán, A. J. L., The concept of
"earth" by Heidegger, de próxima aparición en:
Analecta husserliana.
Carrillo Canán, A. J. L., Obra de arte,
hermenéutica y educación. Para la crítica de Heidegger y
Gadamer, en Moreno, M., Literatura, hermenéutica y educación,
Antioquía 1999.
G1 = Gadamer, H.-G., Gesammelte
Werke, vol.
1. Tübingen 1986.
G8 = Gadamer, H.-G., Gesammelte Werke, vol.
8. Tübingen 1993.
AI = Gombrich, E. H., Art and Illusion
(1960), 9. ed., Princeton 1989.
SZ = Heidegger, M., Sein und Zeit (1927), 16. ed., Tübingen 1986.
KM = Heidegger, M., Kant und das Problem der
Metaphysik (1929), 4. ed., Frankfurt/M 1973.
Hw = Heidegger, M., Holzwege (1950), 5. ed.,
Frankfurt/M 1980.
Wm = Heidegger, M., Wegmarken, 2. ed.,
Frankfurt/M 1978.
III = Husserl, E., Logische Untersuchungen,
vol. 2, libro II. 5. ed., Tübingen 1980.
Id 1 = Husserl, E., Ideen zu einer reinen Phänomenologie
und einer phänomenologischen Philosophie, 3 ed., Tübingen
1980.
H5 = Husserl, E., Gesammelte Werke, vol. V.
Ideen zu einer reinen Phänomenologie und einer phänomenologischen
Philosophie, libro 3., den Haag 1952.
KV = Kant, I., Kritik der reinen Vernunft,
(1781). 2. ed., Hamburg 1976.
P = Kant, I., Kritik der praktischen Vernunft
(1788), Hamburg 1990.
L = Kant, I., Logik. Ein Handbuch zu Vorlesungen, Hamburg 1978.
c. a. = cursivas del autor del texto citado.