Del pintor italiano Vasari (1511-1574), procede, al parecer, esta palabra: Rinascitá: Renacimiento.
A fines del siglo XVIII aparece en la Enciclopedia Francesa
mediante Michelet(1798-1874)
el término Renaisance. La aportación de Michelet
consiste en que
utilizó el concepto en un sentido histórico.
Para Vasari, el significadoinmediato del término aludía al renovado interés por la civilización clásica griega y romana en todos sus aspectos,
considerando que su olvido había sumido a la Humanidad en mil años de
oscuridad. Esta contraposición entre Edad Media y Renacimiento arranca ya de
Petrarca, y, aunque poco elaborada en los siglos inmediatamente posteriores, resucitó en el XIX y a través de Burckhardt (1818-1897), que ejerció y ejerce aún una gran influencia sobre los historiadores.
Vasari atribuye al Renacimiento otra característica que, aunque participa de la misma reacción antimedieval parece en contradicción con el magisterio clásico:
la observación directa de la naturaleza.
Sin embargo, esta contradicción es superada por el Renacimiento italiano mediante la búsqueda de las leyes que ordenan las apariencias, de la realidad que hay detrás de ellas. El concepto renacentista del arte está estrechamente relacionado con la ideología del humanismo, y son precisamente los humanistas como Erasmo de Rótterdam los que extienden por toda Europa el fenómeno originariamente italiano.
Para Erasmo, la
reviviscencia del clasicismo es un fenómeno ante todo intelectual, que él utiliza como arma en contra de la filosofía escolástica y a favor de una reforma religiosa.
Es muy frecuente el incorporar el protestantismo al Renacimiento como uno de sus componentes o al menos una de sus causas; pero más bien debiera decirse que son dos fenómenos que tienen algunas causas en común, pero divergentes en sus resultados. Ciertamente, la crisis de la escolástica, la reacción platónica contra el materialismo
averroísta, el estudio del hombre y de la naturaleza independizado de la teología, el individualismo que debilita el respeto medieval por la autoridad, son factores que tuvieron gran influencia en ambos fenómenos; pero no hay que confundir humanismo con protestantismo.
Erasmo y Tomás de Moro fueron grandes amigos y compartieron durante mucho tiempo las mismas preocupaciones intelectuales; pero mientras Erasmo acabó en franca heterodoxia, Moro murió por mantener sus convicciones católicas.
Por otra parte, el protestantismo, tanto luterano como calvinista, no sólo se desinteresó del arte, sino que fue francamente hostil a los aspectos paganizantes del Renacimiento y echó en cara a los Papas el dinero gastado en obras de arte.
Durante los siglos XVII y XVIII el concepto de Renacimiento se difumina, pues la atención se centra principalmente en los adelantos científicos.
Sólo en el siglo XIX se articula el concepto como un conjunto ideológico-artístico diferenciado. Son el francés Michelet -como hemos dicho- y el suizo Burkhardt quienes primero lo definen en estas condiciones.
Para Michelet es un fenómeno
omnicomprensivo, del cual la imitación de la antigüedad es un aspecto secundario, mientras que el rasgo definitorio es la oposición a la Edad Media. Para él, Lutero yCalvino son tan renacentistas como Brunelleschi o Leonardo. Esta síntesis de Michelet es
forzada y tiene muchos fallos, el principal de los cuales es la implicación de que el Renacimiento realizó de súbito y sin antecedentes el descubrimiento de la naturaleza y del hombre.
Burckhardt matiza esta tesis y empieza disculpándose por utilizar, a falta de otro mejor, el término Renacimiento que parece indicar que
durante la Edad Media toda vida cultural estaba muerta.
A diferencia de Michelet, que da importancia inmerecida a la aportación francesa, Burckhardt estudia el Renacimiento como un fenómeno italiano y da gran importancia a las condiciones políticas de la Italia dividida. En aquellos Estado independientes (repúblicas, despotismo, oligarquías) faltaba todo recurso a una superior autoridad. Sólo
el hecho del poder contaba, sin apenas justificaciones teóricas. Esta situación da origen a dos fenómenos. El poder político es función de la habilidad y no de la legitimidad: El Estado como obra de arte. Y, por otro lado, la pequeñez de aquellos estados en los que es fácil adquirir un prestigio y conseguir, por este medio, la protección de los altos poderes, facilita el desarrollo del individualismo. Las obras ahora
están firmadas siempre ye l nombre del autor es un factor importantísimo en suapreciación.
Para Burckhardt, el descubrimiento del mundo y del hombre no se inicia repentinamente en el s. XVI como supone Michelet, sino que sus antecedentes se remontan hasta el s. XIV.
El fenómeno renacentista es un antecedente del mundo moderno. Los humanistas, al servicio de los príncipes y no de la Iglesia, fomentan la laicización de la cultura. Para
Burckhardt, la civilización renacentista es madre de la nuestra actual, aunque com fenómeno histórico murió a fnes del s. XVI a causa de varios factores concurrentes: las invasiones extranjeras que acabaron con el poder de los pequeños
Estados; el Concilio de Trento, que frenó las tendencias paganizantes; la invención de la imprenta, que al popularizar el saber recortó el prestigio aristocrático de los humanistas.
Aunque más objetiva que la de
Michelet, la visión de Burckhardt sigue aislando con exceso al Renacimiento de la Edad Media.
La historiografía actual, que ha empezado a estudiar más a fondo los aspectos culturales de la Edad Media desdeñados durante el s. XVIII y el XIX, tiende cada vez más a ver en el Renacimiento el resultado de una evolución iniciada mucho tiempo atrás.
El Agustinismo y el Tomismo, que armonizaron con la fe cristiana, el uno la filosofía platónica y la aristotélica el otro, habían sido las bases fundamentales del pensamiento medieval, lo cual es muestra suficiente de la pervivencia ininterrumpida de la cultura clásica. Pero después de la muerte de Santo Tomás se reavivó el averroísmo (interpretación de Aristóteles a través de los filósofos
árabes y especialmente de Averroes), que negaba la inmortalidad del alma.
Los filósofos cristianos influidos por el averroísmo, admiten la contradicción entre la razón humana y la fe.
Estas doctrinas (fideísmo) aunque condenadas por la Iglesia, tuvieron como efecto que muchos filósofos abandonaran los estudios acerca de Dios, y, en general, la metafísica, por considerarlos materia propia de la fe y dedicaron su interés a la Cosmología o estudio de la naturaleza con métodos de investigación en parte filosóficos y en parte científicos. Otros filósofos cristianos, en cambio, reaccionaron resueltamente
contra Aristóteles buscando argumentos en Platón y olvidando la síntesis tomista. Gran parte del humanismo renacentista procede de esta actitud, representada por la famosas Academia Platónica fundada por Cosme de Médicis enFlorencia. Entre los cultivadores del humanismo renacentista, algunos permanecen dentro de la ortodoxia católica, otros se apartan de ella.
Al mismo tiempo, ejercen gran influencia en los pensadores los descubrimientos astronómicos, que tampoco son una creación radical del Renacimiento (el propio Copérnico, descubridor del sistema heliocéntrico, reconoce los antecedentes medievales de sus teorías), pero cuyas repercusiones, unidas a la importancia otorgada a la Cosmología como
ciencia independiente, conducen a uno de los temas más trascendentales del Renacimiento: la disputa entre inmanentismo y trascendentalismo. Para el primero, el mundo es eterno, infinito y está justificado en sí mismo. Para el segundo, el mundo es creación de Dios y en Él tiene su fin. De esto se derivan, evidentemente, dos concepciones radicalmente opuestas sobre los objetivos de la vida humana y de las actividades del
hombre.
El reflejo de esta divergencia en el arte es fundamental. Durante la Edad Media, el arte, casi exclusivamente religioso, había sido ante todo un medio para honrar a Dios y facilitar a los hombres el camino hacia Él. En el Renacimiento, su objetivo inmediato es la consecución de la belleza. Pero también aquí caben dos interpretaciones: la belleza puede
considerarse una manifestación divina (así fueron las bellezas naturales para San Francisco), o bien como un fin en sí misma: el arte por el arte.
Durante el Renacimiento mismo, si prescindimos de la posterior evolución de muchas de estas ideas, la ruptura con la Edad Media no es ni con mucho tan radical como pensaron los historiadores del siglo pasado, cuya influencia sigue parasitando la mayor parte de los estudios históricos. Lejos de eso, un a gran parte de los grandes artistas del s. XV, y del XVI evolucionaron a lo largo de su vida desde un admiración ciega al paganismo hasta una vuelta a los valores espirituales cristianos.El arte sigue siendo predominantemente _aunque no exclusivamente- religioso, y sus aspectos paganizantes tienen un destino muy concreto y
restringido: el goce de una minoría aristocrática y refinada.
El Concilio de Trento orienta arte y vida de los pueblos que permanecían católicos hacia una reforma que excluye tanto el paganismo como el protestantismo. En el arte, el resultado del Concilio de Trento en los países católicos se llama barroco, derivación y no contradicción del Renacimiento.
La historiografía del s. XX tiende progresivamente a rectificar la visión de Burckhardt en el sentido de considerar al Renacimiento cada vez menos desgajado de la Edad Media. Para el canadiense Ferguson es un período de transición entre la Edad Media y la Moderna; pero el economista italiano Sapori y el erudito especialista americano
Lane, van más allá: según
ellos, el verdadero Renacimiento se operó a partir de fines del s. XI, y el período conocido con este nombre no es más que la culminación de la Edad Media, mientras que la orientación decisiva hacia la modernidad vino del impulso económico de los países protestantes del Noroeste de Europa, que fue imponiéndose sobre la cultura mediterránea desde finales del s. XVI.
Si bien es cierto que en elRenacimiento están en germen algunos de los rasgos de nuestra civilización, se encuentran mezclados y contrapuestos a otros muchos no menos genuinamente renacentistas y cuya evolución dio lugar al barroco. Es, pues arbitrario considerar a éste cómodo la muerte del Renacimiento y
a la civilización actual como su continuación.
En lo que se refiere a las artes plásticas, el Renacimiento es, sin duda, un fenómeno italiano (Florentino, veneciano y milanés fundamentalmente) en su origen y en su evolución, que desde Italia va difundiéndose con notorio retraso al resto del Occidente europeo. Los siglos de plenitud renacentista son en Italia el XV el XVI, y la Historia del Arte adopta
generalmente para designarlos la nomenclatura italiana: Quattrocento y
Cinquecento.
Dentro de cada uno de ellos existe la suficiente unidad y entre uno y otro las suficientes diferencias estéticas y técnicas como para que estas denominaciones tengan mayor sentido que el meramente
cronológico.
BIBLIOGRAFÍA
- Burckhardt, Jacob Cristoph. La cultura del renacimiento en Italia (1860). -
Gutiérrez, Carmela. Historia del Arte.Renacimiento (pp. 245-248). 1990. Aglo Ediciones. Madrid.