Vygotsky:
Presencia y continuidad
de su pensamiento
Por
Fernando González Rey.
Universidad de La Habana (Cuba).
La reflexión sobre la presencia del pensamiento de Vygotsky en la
psicología es actualmente una tarea de primer orden, tanto por sus
aportes en el desarrollo de una nueva representación sobre el objeto
de la psicología, como por la concurrencia cada vez mayor de
interpretaciones diferentes sobre su obra, dentro de las cuales se
destacan diversas formas de comprender la psicología, las cuales con
gran frecuencia, se pretenden legitimar a través de la
interpretación del pensamiento de Vygotsky. En nuestra opinión, en
el pensamiento de Vygotsky, como en el de muchos otros destacados
psicólogos, junto a los aportes de su teoría concreta, se expresa
una representación sobre el objeto de la psicología que trasciende
la capacidad del autor para desarrollarla de forma completa en su
teoría concreta, hecho que, en el caso de Vygotsky es mucho más
significativo por su muerte temprana.
Los análisis sobre la figura de
Vygotsky se han orientado con
mayor fuerza a las categorías y construcciones teóricas que
presentó de forma más acabada en su teoría; sin embargo, pensamos
orientar más el presente trabajo hacia las potencialidades de su
representación sobre la psicología, en la cual su teoría concreta
ocupa sólo un momento.
Hacer esta reflexión ante los cien años de
su natalicio, representa un modesto intento de homenajear a alguien de
la misma forma en que vivió; pensando y problematizando sobre los
problemas de la psicología.
Vygotsky
tuvo plena conciencia de la atomización dominante en el
pensamiento psicológico de su época e intentó superarla a lo largo
de toda su obra, haciendo énfasis en el carácter procesal complejo y
dinámico de la psique humana, el cual se expresa en sus múltiples y
trascendentes reflexiones sobre la complejidad y la diversidad de la
constitución psíquica del hombre, así como en las categorías
concretas de su construcción teórica.
Vygotsky
trata de integrar en su unidad la complejidad y diversidad
de la psique, buscando ante los diferentes problemas concretos que
presenta, aquellos fenómenos y relaciones, a través de los cuales se
puede ir desarrollando la unidad y la comprensión holística de lo
estudiado. No se trata de presentar en complejas relaciones
dialécticas a los fenómenos que habían aparecido mecánicamente
separados o unidos en la historia del pensamiento psicológico, entre
ellos el pensamiento y el lenguaje, las funciones psíquicas
superiores, el aprendizaje y el desarrollo ,y la propia comprensión
de la conciencia.
En el tratamiento de todos los problemas señalados,
Vygotsky parte
de un hombre que inserto en su cultura y en sus relaciones sociales
está de forma permanente interiorizando formas concretas de su
actividad interactiva, las que se convierten en sistemas de signos que
mediatizan y organizan el funcionamiento integral de todas sus
funciones psíquicas. El desarrollo de los sistemas de signos, entre
los cuales se destaca de forma particular, el lenguaje, sirve de base
para el desarrollo de operaciones intelectuales cada vez más
complejas, que se apoyan no sólo en los sistemas actuales de
comunicación del hombre, sino también y de manera esencial, en la
continuidad histórica del desarrollo cultural, posible sólo por los
distintos sistemas de lenguaje en que se sintetizan los logros
esenciales de la cultura a través del tiempo, lo que garantiza la
continuidad de su progresiva complejidad en una dimensión histórica.
Uno de los temas esenciales desarrollados por
Vygotsky es el de la
relación entre pensamiento y lenguaje, la representa a través de un
sujeto que simultáneamente los va desarrollando, dentro de sus
relaciones de comunicación en un espacio cultural concreto, con lo
cual se separa de la división metafísica de lo interno y lo externo
en la explicación de la relación entre lo psíquico y lo social. Aun
cuando estas dimensiones no se identifican, el desarrollo de una
implica necesariamente el desarrollo de la otra, proceso que se
representa en una interrelación dialéctica sin reaciones mecánicas
de antecedencia y consecuencia.
El vínculo orgánico entre el pensamiento y el lenguaje lo
desarrolla a través de la definición del significado como unidad del
pensamiento verbal. En su definición sobre el concepto de “unidades
de la vida psíquica”, Vygotsky pretendía encontrar aquellos
elementos esenciales que expresaran las cualidades del todo,
permitiendo la articulación necesaria de lo diverso en construcciones
teóricas holísticas y complejas. Su interés por esta categoría
muestra su clara orientación hacia una definición ontológica de la
subjetividad, aun cuando su comprensión sobre la esencialidad de las
funciones psíquicas, estuviera siempre comprometida con el
desenvolvimiento dinámico y dialéctico de éstas en el escenario
social que caracteriza la vida del sujeto.
En relación con el concepto de unidad escribió: Cuando
hablamos de unidad nos referimos a un producto del análisis que,
contrariamente al de los elementos. conserva las propiedades básicas
del total y no puede ser dividido sin perderlas. (pág. 25.1967)
Vygotsky
articula al pensamiento y lenguaje, no como partes que
interactúan, sino como procesos que en su interrelación funcional
dan lugar a una nueva expresión cualitativa de lo psíquico: el
pensamiento verbal, en cuya unidad se entrelazan de forma necesaria la
palabra y el pensamiento.
Vygotsky
no separa al pensamiento como función del sujeto que
piensa, categoría que aun cuando no la desarrolló de forma concreta
en su teoría, es parte de su representación general de la
psicología. En relación a su comprensión del pensamiento como
proceso activo de un sujeto integral que piensa, comprometido con
aspectos esenciales de su propia constitución subjetiva escribe: Consideramos
la relación entre la inteligencia y el afecto, cuya separación como
objeto de estudio es el punto más débil de la psicología
tradicional, puesto que hacen aparecer el objeto de pensamiento como
una corriente autónoma de pensamientos que se piensan a “si
mismos”, segregada de la plenitud vital de los intereses y
necesidades personales, de las intenciones e impulsos del sujeto que
piensa. (pág. 44.1967)
Este es uno de los muchos pensamientos que, dispersos en sus
diferentes trabajos, expresan la amplía y compleja representación de
Vygotsky sobre el funcionamiento psicológico del hombre, misma que no
pudo desarrollar de forma explícita y orgánica en los
“capítulos” que logró desarrollar en su teoría concreta. En la
cita anterior, Vygotsky es consciente de la relación indisoluble
entre lo cognitivo y lo afectivo, así como de su expresión en el
movimiento permanente de un sujeto intencional.
Del papel otorgado por
Vygotsky al signo, el cual desempeña una
función esencial en los aspectos que logra desarrollar más
ampliamente en su teoría psicológica concreta, no puede
sobrevalorarse su lugar en la comprensión general del autor, sobre el
funcionamiento psicológico, depositando la definición del carácter
histórico cultural de lo psíquico de forma absoluta, en la
mediatización semiótica, como se observa en algunas interpretaciones
provenientes del más recientemente denominado “enfoque
socio-cultural”, que representa una de las tendencias más actuales
de continuación de las ideas de Vygotsky, tanto en la psicología
como en la educación.
El pensamiento psicológico de
Vygotsky se expresa a través de un
conjunto de categorías procesales y complejas que van
entretejiéndose entre si a lo largo de toda su obra, conduciendo a
una representación holística sobre lo estudiado, donde unos
fenómenos se interrelacionan con otros en formas cada vez más
complejas, avanzando hacia nuevos momentos de la teoría que, en su
definición actual se conciben como espacios abiertos para el
desarrollo ulterior de la propia teoría y hacia ella se orientan las
múltiples ideas desarrolladas por Vygotsky en diferentes trabajos
concretos sobre una teoría amplia y cosmovisiva de lo psíquico, que
permita la integración de los más diversos resultados de la
investigación empírica.
Las ideas de
Vygotsky nunca se perciben como un producto acabado,
sino como momentos de un pensamiento que se va haciendo cada vez más
complejo, guiado por ideas generales que nunca llegó a desarrollar
totalmente en su teoría concreta. Estas ideas fueron continuadas por
sus discípulos, siguiendo tres líneas diferentes: una es la
representada por L. I. Bozhovich y sus colaboradores más cercanos,
orientados al desarrollo de las ideas de Vygotsky en las esferas de la
motivación y la personalidad. La segunda es la seguida por A. R.
Luria, en el desarrollo de la neuropsicología, y finalmente la
desarrollada por A. N. Leontiev y sus colaboradores, que fue la más
fuerte políticamente, llegando a convertirse prácticamente en la
psicología oficial soviética después de la superación de la
reflexología.
En teoría de la actividad liderada por A. N. Leontiev se
integraron un conjunto de prestigiosos psicólogos soviéticos como P.
Y. Galperin, D. B. Elkonin, A. V. Zaporozhets, que son tres de los
pilares más importantes de esta concepción, también merecen ser
mencionados V. V. Davidov, quien comenzó sus trabajos con D. B.
Elkonin y tuvo un rápido ascenso político, llegando a ser director
del instituto de Psicología General y Pedagógica de Moscú, V. P.
Zinchenko y N. Talizina entre muchos otros.
La continuidad de la teoría de la actividad con relación al
pensamiento de Vygotsky, se apoya en uno de los aspectos, a
nuestro juicio, más débiles de su teoría: su concepto de “internalización”,
de profunda inspiración objetivista. Sin embargo, a pesar de ello,
Vygotsky expresa: “Llamamos interiorización (...) a la
reconstrucción interna de una operación externa” (pág. 162, 1979)
y también establece la diferencia entre las funciones de lo interno y
lo externo, aun cuando no se pronuncia en sus escritos sobre la
internalización en relación al tipo de estructuras de ambos planos
de la actividad, cuya no identificación queda clara en la mayor parte
de sus escritos. A pesar de los aspectos positivos del concepto de
internalización en el desarrollo de algunos tópicos de su obra, en
su énfasis sobre su carácter universal en la formación de lo
psíquico, pudo haber estado presente la presión política que se
derivaba de la interpretación positivista y objetivista del marxismo,
dominante en aquel momento en la URSS, hecho que representaría una de
las marcas del momento histórico que le tocó vivir, al cual no se
pudo sustraer nadie por relevante que haya sido.
Sobre la internalización escribió:
Es necesario que todo aquello
que es interno en las formas superiores haya sido antes externo, es
decir, que haya sido para otros lo que ahora es para uno mismo. Toda
función psicológica superior atraviesa necesariamente una etapa
externa en su desarrollo, ya que inicialmente es una función social.
(pág. 162, 1979)
Sin duda este aspecto de la obra de
Vygotsky expresa un intento de
dar “materialidad” al desarrollo cada vez más complejo de sus
ideas con relación a la subjetividad del hombre, y es precisamente
sobre este aspecto de su obra que encuentra su continuidad, de forma
aún más radicalmente objetivista, el trabajo de A. N. Leontiev.
Alrededor del delicado tópico de la relación entre la actividad
interna, propiamente psicológica y la externa, A. N. Leontiev
escribe: Estas transiciones son posibles (se refiere a las
transiciones de la actividad externa a la interna y viceversa) porque
la actividad exterior y la interna tienen una misma estructura
común. Más adelante señala: Por consiguiente la actividad que
es interna por su forma y que deriva de la actividad práctica
externa, no difiere de esta, ni se superpone a ella, sino que supone
un nexo de principio y además bilateral con ella. (pág. 80-81,
1978). La identidad de estructura entre la actividad práctica externa
y la interna, de hecho, expresa un reduccionismo “objetivista” e
instrumental de lo psíquico, en donde aparece como “copia” de una
actividad externa y, por tanto, organizada en el mismo tipo de unidad
que caracteriza a aquélla: a la de las operaciones.
Todas las categorías psicológicas concretas desarrolladas por A.
N. Leontiev, se presentan dentro de los marcos de la actividad y
definidas en términos de ésta; así, el motivo se definió como el
objeto de la actividad, la formación de un nuevo motivo, como la
conversión del acto en actividad: el desarrollo se presento como
organizado en torno a la actividad fundamental característica de sus
diferentes períodos desapareciendo del escenario de la investigación
empírica muchas de las categorías desarrolladas por Vygotsky y,
sobre todo, la representación compleja que nos legó sobre la psique
humana.
En relación al complejo tema de la motivación humana A. N.
Leontiev escribió:La variación más importante que caracteriza
en este sentido al tránsito hacia el nivel psicológico (se está
refiriendo al tránsito de las necesidades), consiste en el
surgimiento de relaciones móviles entre las necesidades y los objetos
que las satisfacen. La cuestión radica en que el objeto que puede
satisfacer la necesidad dada, no esta fijado dentro del propio estado
de necesidad del sujeto. Hasta que una necesidad es satisfecha por
primera vez, no “conoce” su objeto, tiene que descubrirlo. Sólo
como resultado de este descubrimiento, la necesidad adquiere su
carácter objetal; y el objeto percibido (representado, pensado), su
función excitadora y rectora de la actividad, es decir, deviene en
motivo. (pág. 156, 1975) Esta da evidencia claramente la relación
simple y lineal, que establece Leontiev entre los procesos del mundo
psíquico y los objetos del mundo real, orientación que entra en
franca contradicción con el tipo de construcciones teóricas que
caracterizan la obra de Vygotsky.
La otra dirección sobre la interpretación de la obra de L. S.
Vygotsky es la encabezada por L. I. Bozhovich. La presentaremos
sucintamente en el presente trabajo, por su orientación al desarrollo
del tema de la subjetividad, continuando las deas y principios de Vygotsky
en el estudio de los procesos de la motivación y la
personalidad.
Las frecuentes referencias de
Vygotsky sobre la personalidad y el
lugar que otorgaba a ésta como organización compleja del mundo
subjetivo, están ausentes en los múltiples trabajos dedicados a su
obra dentro del enfoque sociocultural, quizá la tendencia más
difundida en Occidente hoy, sobre la interpretación de su
pensamiento. En este hecho pueden estar influyendo varios factores,
entre los que considero:
La procedencia de muchos de los principales exponentes de este
enfoque, más asociada con la psicología cognitiva y con el tema
de la semiótica, que se refuerza con la fuerte relación que se
establece entre la divulgación de Vygotsky y de Bajthin en
Occidente.
La fuente principal de entrada de la antigua psicología
soviética en Occidente, fundamentalmente representada por los
seguidores de la teoría de la actividad como V. V. Davilov, V. P.
Zinchenko y otros, cuya interpretación de Vygotsky aparece
sesgada por sus propias posiciones teóricas e intereses.
El desconocimiento de los trabajos de L. I. Bozhovich y de sus
productivos colaboradores, quienes fueron hasta la década de 1970
unos de los grupos más activos en cuanto a publicaciones e
investigaciones del Instituto de Psicología General y Pedagógica
de Moscú. Entre estos colaboradores más allegados de L. I.
Bozhovich tenemos a un conjunto de destacados psicólogos entre
quienes podemos mencionar a L. S. Slavina, M. S. Neymark y V. E.
Chudnovsky entre otros.
L. I. Bozhovich, quien hasta un determinado momento trabajó bajo
la propia dirección de A. N. Leontiev, después de la muerte de Vygotsky, se separa posteriormente de aquél, desarrollando su propia
interpretación de las ideas de Vygotsky en el estudio de la
motivación y la personalidad, orientándolos más hacia las complejas
estructuras de estos procesos dentro de la organización de la
personalidad, que al estudio de sus contenidos en la relación
estrecha de la motivación con formas concretas de actividad del
sujeto, comprendido por A. N. Leontiev más como un referente de la
acción, que como un sujeto activo productor de la propia realidad
dentro de la cual se va determinando.
En relación con la definición dada por Leontiev sobre el motivo,
que presentamos más arriba L. I. Bozhovich escribe: La definición
propuesta por Leontiev era demasiado artificial y, por lo tanto, no se
podía utilizar adecuadamente. Cuando tratábamos, de averiguar qué
necesidades concretas se “cristalizan” en un “motivo” dado, en
otras palabras, qué es lo que hay detrás de la inclinación del
niño por un objeto determinado, nos encontrábamos ante una
complejísima combinación de necesidades, deseos e intenciones del
niño, donde difícilmente era posible comprender dónde estaba la
finalidad y donde el propio motivo de la actividad. (pág. 30,
1976) Como puede apreciarse, Bozhovich, en el mismo sentido que Vygotsky, se orienta más a definir el motivo dentro de su compleja
constitución subjetiva en el sujeto concreto, portador de deseos e
inclinaciones diversas, que a su definición “objetal”, más
centrada en la relación directa y lineal de una necesidad con un
objeto concreto, fuera de la mediatización y de los continuos
procesos de reconfiguración de las necesidades que se producen en la
personalidad humana.
En una expresión clara de las ideas de
Vygotsky sobre la
integración de lo afectivo y lo cognitivo, L. I. Bozhovich escribe: ...en la ontogenia, las necesidades del individuo se modifican no
solamente por parte de su contenido y su dinamismo, sino también por
parte de su estructura. En ellas interviene la conciencia y empiezan a
actuar a través de fines conscientemente planteados, adoptando
propósitos y resoluciones. En estos casos tenemos que ver, no ya con
las necesidades, sino con sus nuevas formaciones funcionales, especie
de unidad indisoluble de la necesidad y la conciencia, del afecto y el
intelecto (pág 48, 1976). En este sentido, Bozhovich está
introduciendo un tipo de unidad compleja para el estudio de la
personalidad, que fue evolucionando a través de un conjunto de
investigaciones empíricas desarrolladas por ella y sus colaboradores,
sobre temas como el estudio de los ideales morales, de la
autovaloración, el afecto de inadecuación, la estabilidad moral de
la personalidad, y otros, a través de las cuales se fue complejizando
el propio discurso teórico inicial, el que, si bien no llegó a
convertirse en una teoría de la personalidad, de hecho dejó
planteados problemas y construcciones teóricas que, en unos casos
resultaron antecedentes valiosos en el desarrollo de posiciones
actuales en la teoría de la personalidad, como es el casó de las
investigaciones sobre el tema desarrolladas en nuestro país, y en
otros casos, los problemas colocados por estos autores, así como las
categorías y explicaciones que desarrollaron sobre el tema, se
vinculan de una forma u otra con los enfoques procesales complejos
desarrollados en el estudio de la personalidad. (Mahoney M., Guidano.V.
y otros)
La idea de concebir la personalidad como un sistema dinámico
complejo es, expresada por Vygotsky en diferentes partes de su obra,
en la misma forma dispersa en que aparecen muchas de sus ideas más
trascendentes a través del desarrollo de temas concretos sobre los
que se encontraba enfrascado en el momento de aparición de dichas
ideas, así en Fundamentos de defectología escribe: El
problema de la insuficiencia motriz es un bello ejemplo de aquella
unidad en la heterogeneidad observada en el desarrollo del niño con
defecto, la personalidad se desarrolla como un todo único, como un
todo único reacciona ante la deficiencia ante la alteración del
equilibrio originado por ella y forma un nuevo sistema de adaptación
y un nuevo equilibrio en lugar del alterado. Pero precisamente debido
a que la personalidad representa una unidad y actúa como un todo
único, ésta, en el desarrollo, hace avanzar de un modo
desproporcional unas u otras funciones diversas y relativamente
independientes unas de las otras. Estos postulados, es decir, la
variedad de las funciones relativamente independientes en el
desarrollo y la unidad de todo en el desarrollo de la personalidad,
además de no contradecirse unos a los otros, también, como demostró
Stern, se condicionan recíprocamente. (pág. 14, 1995)
Vygotsky, además de ubicar la deficiencia en el movimiento
holístico de la personalidad como un todo, en una franca toma de
posición acerca del carácter activo y dialéctico de la subjetividad
construida y, simultáneamente constituyente de las formas más
diversas de expresión de la vida psíquica, nos expresa cómo dicho
sistema evoluciona de forma holística, implicando el movimiento
diferenciado de las diferentes funciones de la vida psíquica como un
todo, sin que las funciones diferentes pierdan su especificidad dentro
de dicha expresión holística, lo cual es una bella expresión de un
pensamiento complejo, ajeno a toda forma de simplificación.
La sobrevaloración de la categoría actividad, además de implicar
un reduccionismo de lo interno con relación a lo externo, de lo
subjetivo con relación a lo objetivo, dimensiones que Leontiev une en
el espacio de la subjetividad, conduce a una simplificación de la
comunicación como proceso esencial de la constitución social y
cultural de la subjetividad. Un ejemplo de la comprensión mecánica
del proceso de comunicación bajo la influencia determinante de una
representación general de la psicología centrada en la categoría
actividad, es la que nos expresa M. I. Lizina en la siguiente
reflexión: La comunicación como cualquier actividad es objetal. El
objeto de la actividad de comunicación es otra persona, la
contrapartida de su actividad conjunta.
Como objeto concreto de la actividad de comunicación sirven
precisamente aquellas propiedades y cualidades del compañero que se
expresan durante la interacción. Reflejándose en la conciencia del
niño, ellas forman la imagen de otra persona y se convierten después
en el producto de la comunicación. (pág. 237, 1978)
Así desaparece esencialmente el carácter procesal de la
comunicación y, por tanto la especificidad de su naturaleza
interactiva, dentro de la cual los sujetos participantes intervienen
de forma activa, modificando incluso objetivos anticipados que
sirvieron de motivación para la propia interacción. La comunicación
es presentada aquí en una concepción objetal, cuyo fin esencial es
el reflejo del otro como objeto del proceso, con lo cual se elimina
totalmente el carácter constructivo y transformador de los sujetos
intervinientes, desarrollado dentro del propio proceso de
comunicación.
Este enfoque mecanicista subyacente en la definición “objetal”
de la comunicación como proceso, daño sensiblemente el desarrollo de
la psicología social, institucional y educativa, durante todo el
período en que la teoría de la actividad resultó hegemónica en el
escenario de la entonces psicología soviética. Bajo esta visión se
redujeron de forma sensible los problemas desarrollados por la
psicología pedagógica y de las edades, donde el aspecto reflejo de
la actividad psíquica se absolutizó como principio rector,
eliminando los aspectos constructivos e interactivos dentro del
proceso educativo, lo que se refleja en la orientación concreta de
esta psicología hacia la asignatura como objeto de la actividad, y la
enseñanza como proceso donde la actividad se despliega, más que
hacia el alumno como sujeto activo del proceso, y hacia el aula como
escenario interactivo donde el proceso se va desarrollando de forma
dinámica.
Una de las consecuencias de este enfoque en la psicología
educativa, fue el desarrollo del tema de la motivación en el contexto
estrecho del aprendizaje como forma de actividad sobre el objeto,
separándolo de su configuración subjetiva compleja en el sujeto que
aprende; de ahí que algunos autores expresen preocupaciones en
relación al desarrollo del aspecto motivacional dentro de las propias
investigaciones desarrolladas en el enfoque sociocultural. En este
sentido M. Hedegaard, asumiendo explícitamente el marco de referencia
de la teoría de la actividad expresa: La importancia del trabajo
con la motivación de los pupilos ha devenido central en psicología
educacional (Pintrich 1991), pero la trascendencia entre las metas
culturales y sociales y los objetivos personales en la instrucción no
son generalmente problematizadas. Como la sociedad, la comunidad, la
escuela y los objetivos del maestro para el aprendizaje se reflejan en
las metas de los pupilos y como ellos influyen la comprensión de los
estudiantes y la formación de sus propias metas para las actividades
en la clase han resultado investigados solo en un nivel formal (pág.
297, 1995).
A pesar de su interesante reflexión critica el insuficiente
desarrollo de la investigación motivacional sobre los complejos
procesos del escolar en la escuela, a los cuales ubica incluso en un
nivel macro de análisis, dentro de la sociedad, la comunidad, y la
propia escuela como institución, pasando por las propias metas del
maestro en el proceso interactivo del aula, no se da cuenta, sin
embargo, de que este estado de cosas es la consecuencia necesaria del
enfoque asumido dentro del cual el planteamiento sobre la motivación
se ha restringido a su carácter objetal, en el curso de una actividad
concreta; como ella misma refleja en su artículo al considerar la
formulación de Davidov sobre la estructura de la actividad de
enseñanza, aun cuando no desarrolló un análisis critico de la
misma, precisamente por su implicación con el desarrollo general de
la teoría de la actividad, la cual en el momento actual ve más en
sus potencialidades que en sus límites.
Posterior al desarrollo alternativo realizado por L. I. Bozhovich y
sus colaboradores sobre las ideas de Vygotsky, en relación con la
interpretación sobre su pensamiento realizado desde la teoría de la
actividad, se desarrollaron un conjunto diverso de criticas a la
sobrevaloración de esta categoría, provenientes de fuentes teóricas
diversas del pensamiento psicológico soviético, destacándose en
este proceso los trabajos de B. F. Lomov, K. A. Abuljanova y A. V.
Bruchlinsky, los que tuvieron particular influencia para la
psicología general y la psicología social. Como colofón de esta
valoración crítica sobre la teoría de la actividad desarrollada en
los años setenta, se realizó la conferencia titulada “El problema
de la actividad en la psicología soviética”, cuyo objetivo
esencial fue precisamente discutir los límites y potencialidades de
dicha teoría dentro del desarrollo de la psicología en la Unión
soviética.
En el referido seminario hubo una nutrida participación de los
más relevantes psicólogos de la Unión Soviética, donde se
enfrascaron en interesantes debates partidarios y críticos de la
teoría de la actividad. Uno de los tópicos más criticados en
relación con las consecuencias de la teoría de la actividad para la
psicología, fue la sobrevaloración de lo externo en forma de objetos
y de estímulos, en el desarrollo y la formación de lo psíquico, lo
que condujo a un énfasis de su carácter reflejo, que afecto
sensiblemente el desarrollo teórico de las funciones activas del
sujeto, así como la construcción de una teoría general sobre la
subjetividad. En este sentido, en el marco de dicha conferencia N. A.
Menchinskaya manifiesta que: En el XIII Congreso Internacional de
Psicología, Galperin expresó: Toda la psique del hombre se forma
desde fuera y toda su estructura esta sujeta a la estimulación”.
Esta tesis dirigida contra las tendencias biologicistas en el
desarrollo de lo psíquico, no fortalece, sino debilita nuestras
posiciones en la lucha contra el biologicismo, pues en ella se
expresan posiciones desmensuradamente sociologistas “las que
resultan fácilmente vulnerables a la critica”. (pág. 48-49,
1977)
La critica a la conversión de la categoría actividad en una
supracategoría de la psicología, se expresó en diferentes
direcciones de la entonces psicología soviética, así en relación
con el papel asignado a la categoría de actividad fundamental como
rectora de los procesos del desarrollo en sus distintas etapas, V. E.
Chudnovsky expresó: Sin embargo, no sólo la actividad
fundamental, sino fodo el modo de vida del preescolar, su
comunicación cotidiana con sus compañeros y adulos, su actividad en
la realización de las reglas de conducta y de los momentos decisivos
que enfrenta, conducen gradualmente hacia transformaciones radicales
de su esfera motivacional. (...) No es la actividad por si misma ni la
interacción de los tipos de actividad, sino los cambios en la esfera
motivacional del niño, que ocurren en la marcha de la actividad, los
que condicionan el paso a un nuevo nivel del desarrollo psíquico.
(pág. 49, 1971)
Con esta reflexión Chudnovsky intenta acercar la cuestión del
desarrollo a los cambios que tienen lugar en la esfera motivacional
del niño, así como complejizar el concepto de lo social,
asociándolo a las formas de relación diversas y complejas del modo
de vida, las cuales son irreductibles a una u otra actividad tomada de
forma aislada y definida como fundamental a partir del tipo de
operaciones que compromete en un momento particular del desarrollo. La
dialéctica compleja entre lo externo y lo interno como momentos de un
mismo proceso, dentro del cual uno no se agota en el otro, como había
sido concebido por Vygotsky, se sustituye por la fusión de ambos
planos, en la que se adjudica el rol fundamental a lo externo.
Las simplificaciones asociadas a reduccionismo que la teoría de la
actividad impuso en un gran número de esferas en la psicología
soviética, fue uno de los elementos que impidió la continuidad de
aquellas ideas de L. S. Vygotsky que, contenidas en su representación
teórica general sobre la psicología, no pudieron convertirse en
“capítulos” de su teoría psicológica concreta.
La teoría de la actividad pasó por el mismo proceso de
ideologización que ha caracterizado el desarrollo de las distintas
escuelas en la historia del pensamiento psicológico, con la
diferencia de que su expresión se asoció con las interpretaciones
dominantes sobre el marxismo en la dirección política de la Unión
Soviética, donde el carácter marxista de la ciencia se asociaba de
forma desmedida con la objetividad, la cual no sólo tenía
implicaciones filosóficas, sino también políticas. La
ideologización de la categoría actividad deformó su potencial
heurístico, asociándola de forma rígida con objetos y oraciones,
así como con una estructura particular, lo que implicaba
necesariamente asumir la actividad en su forma “objetal”, o sea,
en forma de actividad con objetos concretos, lo cual por definición
excluía muchas de las actividades sociales más complejas del proceso
de formación y desarrollo de la psique, que condujo a una ruptura
entre la trama social de la vida real y el desarrollo subjetivo.
Las posiciones de
Vygotsky, sin duda, privilegian la acción humana
en el proceso de formación y desarrollo de la psique, pero una
acción que no esta encerrada en ninguna de sus formas particulares de
expresión y que no constituye, tampoco, la unidad esencial sobre la
que se desarrolla su construcción conceptual sobre lo psíquico. Para
Vygotsky, como hemos expresado en las diferentes citas de sus trabajos
presentadas en este articulo, la expresión del sujeto en su mundo
cultural se expresa en el desarrollo de la subjetividad. la cual no es
un abstracción metafísica constituida por una esencia interna
inmutable, sino el propio resultado del conjunto de actividades
desarrolladas por el hombre dentro de los múltiples sistemas de
relación en los que de forma simultánea se integra en su vida
social, sólo que este resultado es un producto histórico, donde lo
social adquiere su dimensión histórica precisamente en la
configuración de la subjetividad.
La constitución de la subjetividad comprendida por
Vygotsky como
un proceso holístico y complejo, se desarrolla en un sujeto concreto,
quien, en su permanente expresión reflexiva y motivada dentro de los
sistemas de relaciones en que se expresa, es parte continua del propio
proceso de reconfiguración de su subjetividad, el cual siempre es
mediato en relación con el momento actual de su expresión. El
sujeto, en la trayectoria de su vida social e irrepetible, conserva su
identidad en la continuidad, gracias a su constitución subjetiva,
devenida en personalidad a lo largo de su ontogenia.
La personalidad como sistema complejo, integrador de las distintas
funciones y procesos psíquicos del sujeto, mediatiza sus propios
procesos interactivos y constructivos, siendo un elemento esencial en
la determinación y organización de éstos, en cuya expresión se va
modificando la propia configuración subjetiva de la personalidad. Por
lo tanto, el sujeto psicológico se expresa de forma simultanea y
contradictoria en un proceso de doble determinación: subjetiva y
social, dentro del cual se orienta, de forma activa a través de sus
decisiones y representaciones personales, las que son parte activa de
este complejo y plurideterminado proceso de desarrollo. A lo largo de
este desarrollo, lo social y lo subjetivo no actúan como dos
elementos constituido que se interrelacionan entre, sino como momentos
que permanentemente se interpretan cambiando su propia constitución
cualitativa a lo largo de este proceso, el cual se define en la unidad
contradictoria de ambos, en la expresión intencional del sujeto.
Por su persistente búsqueda sobre la unidad de lo psíquico y su
representación del carácter complejo y dinámico de su
organización, así como par la forma en que se expresa con relación
a temas no desarrollados orgánicamente dentro de su teoría, como los
de la unidad de afecto y cognición y la personalidad, es posible
suponer que el desarrollo pleno le la lógica expresada en su obra, le
hubiera conducido a una teoría compleja y general de la subjetividad
humana, cuya necesidad sentía de forma particular, como se demuestra
en la siguiente expresión: Mientras que carezcamos de un sistema
generalmente aceptado que incorpore a la psicología todos los
conocimientos de que dispone, cualquier descubrimiento importante de
la realidad nos conducirá inevitablemente a la creación de una nueva
teoría en la cual encuadrar los hechos recientemente observados.
(pág. 32, l 967)
El sistema a que se refiere, de carácter abarcador y general, al
que es posible incorporar lo nuevo en su diversidad, pensarnos que no
iba a reducirse a lo cognitivo, ni a la mediatización semiótica, ni
a la actividad, tomados por separado como marco universal de toda la
construcción psicológica, sino a una teoría que diera cuenta de lo
que, hasta el momento en que le tocó vivir, se presentó de forma
fragmentada y desarticulada a través de múltiples microteorías, que
permanentemente se excluían entre sí, situación que todavía domina
el escenario de nuestra ciencia.
El ideal de una teoría compleja que permitiera seguir en toda su
riqueza los procesos de educación y desarrollo de la persona, sin
duda constituyo una aspiración no lograda por Vygotsky en su corta
vida, aún cuando en los capítulos concretos que pudo desarrollar de
forma orgánica en su teoría, nos legó una forma diferente de hacer
ciencia, donde los conceptos desarrollados se presentaron en una
interrelación de continuidad progresiva y compleja, que continuamente
iba dando pasos a formas más abarcadoras y complejas en la propia
construcción teórica.
La representación compleja de
Vygotsky sobre la realidad psíquica
se expresa también en su concepción del talento, la cual transformó
radicalmente la representación dominante sobre éste en la
psicología, en la que descansaba todo el planteamiento metodológico
del estudio de la inteligencia a través de los test psicológicos. Su
idea articulada sobre la complejidad y unidad del funcionamiento
psíquico la expresa cuando escribe: No sólo la personalidad en
general, sino también sus diferentes aspectos, al investigarse
atentamente, pone de manifiesto la misma unidad en la variedad, la
misma estructura compleja y la misma interrelación de sus diferentes
funciones. Se puede decir, sin temor a cometer un error que el
desarrollo y la profundidad de las ideas científicas sobre la
personalidad, en la actualidad, se mueven en estas dos direcciones,
opuestas a primera vista: 1) la revelación de su unidad y 2) su
estructura compleja y diversa. En particular la nueva psicología al
avanzar en esta dirección ha destruido casi definitivamente la idea
sobre la unidad y la homogeneidad del intelecto y de la función, que
en ruso se designa de un modo totalmente correcto con el término de
talento... Al igual que la personalidad, sin dudas, el intelecto
representa un todo único, pero no una unidad estructural homogénea
simple, sino diversa y compleja. (pág. 14, 1995)
Vygotsky
conceptualiza los conceptos psicológicos complejos no
como categorías susceptibles a la estandarización, sino, como
procesos que, generales por su forma de organización, son diversos
por sus vías de desarrollo y los mecanismos concretos en que se
expresan en cada individuo. Como expresa en la referida cita, el
concepto de complejidad lo acompaña permanentemente con el de
diversidad y, sin duda, esta posición de clara repercusión
epistemológica, conduce hacia formas cada vez mas complejas de su
concepto “unidad de análisis de la vida psíquica”.
La asociación que realiza
Vygotsky, y que hemos desarrollado en
nuestros trabajos, entre pensamiento, afecto e intención, tiene un
extraordinario papel para el desarrollo de la categoría sujeto en la
psicología, así como profundas repercusiones para el desarrollo de
la institución educativa. En este sentido expresa: El pensamiento
en sí se origina a partir de las motivaciones, es decir, de nuestros
deseos y necesidades, nuestros intereses y emociones. Detrás de cada
pensamiento hay una tendencia afectivo-volitiva que implica la
respuesta al último porque del análisis del pensamiento. Una
comprensión verdadera y completa del pensamiento es posible solo
cuando comprendemos su base afectiva-volitiva. (pág. 191, l 967)
La base afectiva volitiva del pensamiento únicamente la podemos
encontrar en el sujeto, quien dirige su pensamiento no sólo a la
formación de un reflejo sobre la realidad, sino a la construcción de
la realidad en representaciones que responden a necesidades de su
personalidad y que, por tanto, no están comprometidas sólo con la
acción inmediata, “objetiva” de lo real sobre él. El sujeto no
es esencialmente un productor de respuestas, sino un creador, en cuya
producción activa esta implícita su propia adaptación.
El pensamiento como proceso del sujeto que lo conduce, está
comprometido simultáneamente con la realidad hacia la que se expresa
su esfuerzo constructivo y con las motivaciones del propio sujeto que
están en la base de su expresión intencional, por lo cual se van a
producir simultáneamente en la actividad pensante conceptos,
reflexiones y emociones, los que forman verdaderas unidades complejas
de naturaleza cognitivo-afectiva que están en la base del desarrollo
de la personalidad y de las diferentes funciones del sujeto. Así, aun
cuando Vygotsky no llegó a organizar su construcción teórica en
términos de la personalidad y el sujeto, la expresión más compleja
y acabada de su pensamiento constituye un inapreciable antecedente en
el desarrollo actual de esta dirección de pensamiento en la
psicología.
La reflexividad como característica distintiva del sujeto, a
través de la cual expresa su carácter activo en sus vínculos con la
realidad, no es una función esencialmente refleja, sino constructiva.
Los procesos constructivos y de asimilación forman una unidad
inseparable en el desarrollo de todas las formas de conocimiento
humano, las cuales no son sólo un producto intelectual, integrándose
en las complejas configuraciones de todo el desarrollo de la
personalidad. Este planteamiento que ocupa un lugar esencial en
nuestro trabajo actual sobre la teoría de la personalidad, ha
devenido en el proceso educativo, donde el compromiso intencional y
afectivo del escolar hacia el aprendizaje, se vuelve premisa esencial
para la conversión de éste en un elemento de su desarrollo.
La escuela no puede ignorar los motivos dominantes que los
escolares desarrollan por vías informales a lo largo de su vida
personal, pues las motivaciones hacia la escuela y sus diferentes
formas de actividad sólo se podrán desarrollar a través de las
motivaciones que caracterizan al escolar como sujeto del proceso
educativo, las cuales irán cambiando dentro del propio proceso, pero
sólo en el caso en que el escolar haga suyo éste y se implique en
él de manera personal. Los motivos hacia el aprendizaje no se pueden
aislar y ver como un producto de la actividad de estudio en abstracto,
pues ésta adquirirá un sentido subjetivo para el escolar, sólo
cuando éste se puede implicar de forma diferenciada, afectiva e
intelectualmente, en el curso de la misma, proceso en el que
intervienen de forma integral su personalidad y su intencionalidad.
Sólo la producción de emociones específicas que impliquen al
escolar dentro de los diferentes sistemas de actividad y comunicación
en la escuela, a través de los cuales se configurará el sentido
subjetivo de la escuela y de las diferentes actividades que se
desarrollan en ella, permitirá la aparición de motivaciones
especificas hacia la actividad escolar.
La motivación del escolar y su disposición intencional son
procesos que deben estimularse simultáneamente durante actividad de
aprendizaje, sin cuyo desarrollo el aprendizaje se convertirá en un
proceso despersonalizado con una franca orientación
pasivo-reproductiva, con pobre repercusión en el desarrollo integral
de la personalidad.
La complejidad creciente de las construcciones teórica, sobre el
desarrollo de la personalidad y sobre el sujeto psicológico, conducen
de manera necesaria a un rediseño de la institución educativa en su
conjunto, así como de las distintas funciones que se desarrollan en
ella, con el objetivo de avanzar simultáneamente en los procesos de
construcción de conocimiento y del desarrollo del escolar, única
forma posible de garantizar un aprendizaje activo que sea parte de la
propia motivación del sujeto que aprende y se inscriba en la
expresión de su intencionalidad.
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