El
problema de la identidad ha sido abordado a lo largo de la historia de la
filosofía desde varios puntos de vista. Los más destacados son el ontológico
y el lógico.
El primero es conocido como el principio ontológico de la
identidad, según el cuál toda cosa es igual a sí misma o ens est ens.
El segundo se manifiesta en el principio lógico de identidad, el cual es
considerado por algunos como el reflejo lógico del anterior, y por otros como
“ a pertenece a todo a”, o como “si p entonces p”.
Algunos autores hablan del principio psicológico de identidad, entendiendo por
ello la imposibilidad de pensar la no identidad de un ente consigo mismo.
El
primer antecedente lo encontramos en Parménides. Platón, aborda el tema en el Filebo,
desde el punto de vista ontológico.Aristóteles,
es quien hace un mayor desarrollo del problema de la identidad desde el punto de
vista ontológico, si bien no se detiene específicamente en él.
En el capítulo
VIII del libro V de la Metafísica dice que: se llaman entidad [o
sustancia] 1) a los cuerpos simples – por ejemplo, la tierra, el
fuego, el agua, y cuantos son tales – y, en general, los cuerpos y sus
compuestos, animales y divinidades, así como sus partes. Todas estas cosas
se dice que son entidadporque no
se predican de un sujeto; al contrario, las demás cosas [se predican] de
ellos.[1]
En el capítulo siguiente aclara que: Ciertas cosas se dice, pues, que son lo
mismo de esta manera [por accidente], mientras que otras se dice que los son por
sí, y esto en todos los mismos sentidos en que se dice “uno”: en
efecto, se dice que son lo mismo aquellas cosas cuya materia es una, ya específica,
ya numéricamente, y aquellas cosas cuya entidad es una, de modo que es evidente
que la mismidad consiste en cierta unidad del ser, bien de una pluralidad,
bien de algo considerado como una pluralidad: así, cuando se dice de algo
que es lo mismo que ello mismo, se considera como si fuera dos cosas.[2]
Por
un lado define entidad o sustancia como cuerpos simples, como lo que no se puede
predicar, como lo que es por sí, a lo que añade “en los mismos sentidos en
que se dice “uno””. Sustancia es la traducción latina del término hypokéimenon,
usado por Aristóteles como lo que subyace. En este sentido hypokéimenon
es por un lado sujeto, pues es quien recibelos predicados, es la base de lo que se predica, por otro es materia,
pues es lo que recibe la forma, por otro es sustancia pues es quien recibe los
accidentes. Pero en todos esto sentidos podemos hablar de objeto. En los párrafos
citados relaciona el problema de la identidad y de la sustancia, lo que implica
el problema del alma, pues “yo” en un sentido es quien recibe los
predicados, alma es sustancia y por ello recibe los accidentes. Recordemos también
que en muchos ejemplos Aristóteles se refiere a un sujeto, como Sócrates, para
que sea receptor de las categorías. Además el tema de la sustancia y de la
identidad, así relacionados, nosconducirán
también al problema de la incorruptibilidad y la atemporalidad del alma. Cuando
Descartes introduce el yo pienso como distinto de las cosas, establece la
primer distinción entre sujeto y objeto, pero sin embargo se seguirán
aplicando las categorías de la ontología del objeto a este yo sujeto. Este es,
según Kant, el error en que cae la psicología racional de Wolff. El error
consiste en que en el silogismo en que se deduce que el alma es sustancia, y es
sujeto, se toma sujeto tanto en el sentido de yo como objeto, como de yo como
autoconciencia, por lo tanto el error formal en que cae el silogismo es usar uno
de los términos en dos sentidos distintos. El problema del alma como sustancia
incorruptible dominará en la discusión de la psicología racional a lo largo
del tiempo y conducirá a un desarrollo específico de la metafísica, hasta la
revolución planteada por la reflexión kantiana, que expondremos a continuación.
Kant
En
la Crítica de la Razón Pura, en el libro II, titulado Dialéctica
Trascendental, más específicamente en el capítulo I, Kant se ocupa del
problema de la identidad, así como también lo hace en Los progresos de la
Metafísica, trabajo escrito para el concurso propuesto por la Academia Real
de Ciencias de Berlín en el año 1791 y en los Prolegómenos a toda metafísica
futura que haya de poder presentarse como ciencia.
Analiza,
en la primer obra mencionada[3],
lo que denomina Paralogismos de la Razón Pura. Estos son los enunciados con que
la Psicología Racional, área de la metafísica tradicional, se refiere al tema
del alma. Su intención es mostrar el terreno incierto por el que camina la
Metafísica respecto de este tema.
Esta postura se manifiesta ya en el título elegido para designar estos
enunciados, pues un paralogismo es un silogismo incorrecto
desde el punto de vista de su forma.
A
fin de tener presentes los enunciados de los cuatro paralogismos los
transcribimos a continuación:
Primer
paralogismo:
Sustancia
es aquello cuya representación constituye el sujeto absoluto de nuestros
juicios, aquello que no puede, por tanto, ser empleado como determinación de
otra cosa.
Yo,
en cuanto ser pensante, soy el sujeto absoluto de todos mis juicios posibles,
pero esta representación de mí mismo no puede ser usada como predicado de otra
cosa.
Consiguientemente,
yo, en cuanto ser pensante (alma) soy sustancia.[4]
Segundo
paralogismo:
Una
cosa cuya acción nunca puede ser considerada como la concurrencia de varios
agentes es simple.
Ahora
bien, el alma, o yo pensante, es una cosa de esta índole...[5]
Tercer
paralogismo:
Lo
que es conciente de la identidad numérica de si mismo en tiempos distintos es
persona
Aquello
cuya existencia sólo puede ser inferida como causa de percepciones dadas posee
una existencia meramente dudosa.
Ahora
bien, todos los fenómenos externos son de tal índole, que su existencia no es
inmediatamentepercibida, sino que
sólo pueden ser inferidos como causa de percepciones dadas.
Por
consiguiente, la existencia de todos los objetos de los sentidos externos es
dudosa tal incertidumbre es lo que llamo la idealidad de los fenómenos
externos. La doctrina de esta idealidad se llama, idealismo, frente al cual
recibe el nombre de dualismo la tesis de que es posible la certeza acerca de los
objetos de los sentidos externos.[7]
Los
argumentos de Kant, enfatizan principalmente, el error en el que se incurre si
no se discierne correctamente en qué momento hay que aplicar las leyes lógicas
y en cuál las categorías.
Para
Kant, la psicología racional falló al distinguir entre cosa y apariencia, pues
identifica apercepción con sentido interno, y presupone que el sí mismo,
experimentado la sucesión de los estados internos, debe adquirir conocimiento
de su esencia propia.[8]
Kant,
entonces, argumenta que el yo pienso no se puede conocer, pues es el yo lógico,
es apercepción, es condición de posibilidad del conocimiento, es fundamento,
no es empírico, por lo tanto puede distinguirse del yo afectado por la intuición
sensible interna, o sea por el tiempo, presuponiendo dos sujetos, un yo sujeto y
un yo objeto, un yo que piensa e intuye y un yo intuido.
La
representación yo pienso tiene que poder acompañar todas mis
representaciones. La conciencia de esta representación que Kant llama apercepción,
es el fundamento de la posibilidad de las categorías, las cuales a su vez no
representan más que la síntesis de lo múltiple de la intuición, en cuanto
ello tiene unidad en la apercepción. El pensar tomado por si sólo es únicamente
la función lógica, pura espontaneidad de la combinación de lo múltiple de
una intuición meramente posible. Con él no me represento a mi mismo ni como
soy ni como me aparezco, sino que me pienso sólo como un objeto cualquiera en
general, de cuyo modo de intuición prescindo.Si me represento en este caso como sujeto de los pensamientos o como
fundamento del pensar, estos géneros de representación no significan las
categorías de sustancia o de causa, pues estas son las funciones del pensar
aplicadas a nuestra intuición sensible, que ciertamente se requerirían si me
quisiera conocer. Pues no hay que olvidar que no conozco objeto alguno solamente
por que pienso.
En
los Prolegómenos, plantea el problema diciendo que la naturaleza
específica de nuestro entendimiento consiste en pensarlo todo discursivamente,
esto es, por conceptos, y en consecuencia, por meros predicados, para los cuales
debe faltar siempre, por tanto, el sujeto absoluto[9].
Con lo que ratifica la imposibilidad de conocimiento de este sujeto debido a la
manera en que nuestro entendimiento se conduce.
Entonces
podríamos hablar de un yo lógico y un yo psicológico. Este último se
caracteriza porser sujeto de la
percepción, conciencia empírica, por ser susceptible de múltiples
conocimientos, entre los cuales la forma de la intuición interna, el tiempo, es
aquel conocimiento que yace a priori en el fundamento de todas las percepciones
y de su enlace, cuya aprehensión es conforme al modo como el sujeto es afectado
por ellas, esto es, es conforme a la condición del tiempo, siendo determinado
el yo sensible por el intelectual, para la acogida de aquellas en la conciencia.
Para Kant cualquier observación psicológica interna efectuada por nosotros
puede servirnos de ejemplo.
El
hombre, además de conocerse a sí mismo como objeto con el sentido interno,
también es conciente de sí mismo como objeto de sus sentidos externos, es
decir, tiene un cuerpo con el cual está enlazado aquel objeto del sentido
interno que se llama el alma del hombre.
Pero
aunque se tome al alma y al cuerpo como dos sustancias específicamente
diferentes, en cuya comunidad consiste el hombre, sigue siendo imposible para
toda filosofía, especialmente para la metafísica decidir en qué y con cuanto
contribuye el alma o el cuerpoa
las representaciones del sentido interno, y aún así quizás, separada una de
estas sustancias de la otra, no perdería el alma absolutamente toda especie de
representaciones (el intuir, el sentir y el pensar)
Por
consiguiente es imposible saber si después de la muerte del hombre, cuando su
materia se dispersa, el alma, aunque su sustancia permanezca, puede continuar
viviendo o sea pensando y queriendo, dicho de otra manera si el alma es un espíritu
o no lo es (con la palabra espíritu se entiende un ser que aún sin cuerpo
puede ser conciente de sí y de sus representaciones).[10]
Entonces
después de estas aclaraciones, y volviendo a los paralogismos, podemos
resumirlos según la siguiente clasificación:
1) el alma es sustancia, 2) es
simple, 3) es numéricamente idéntica, 4) se sostiene en relación con los
posibles objetos en el espacio.[11]
Las cuatros proposiciones son indemostrables, desde el punto de vista kantiano.
Los
tres primeros paralogismos se resuelven al mostrar que el yo pienso no es
sustancia porque esta es una función de enlace y el yo pienso es condición de
posibilidad y fundamento. La simplicidad es atribuida a la sustancia así como
el ser numéricamente uno. De ambas cosas no hay fundamento en el yo psicológico
y el yo lógico no es cognoscible. El paralogismo consiste en el hecho de que se
parte del yo pienso y de la autoconciencia, es decir de la unidad sintética de
apercepción, y se la transforma en unidad ontológica sustancial. Como es obvio
la sustancia – que es una categoría – puede aplicarse a los datos de la
intuición, pero no al yo pienso que es pura actividad formal de la que dependen
las categorías; es sujeto y no objeto de la categorías.
[12]
En
cierta manera, se apoya en los argumentos de Hume para desechar las características
de sustancia del yo psicológico, ya que la multiplicidad de representaciones y
el tiempo no permiten considerarlo numéricamente uno ni simple.
Somos
conscientes de nosotros mismos en cuanto seres pensantes, pero no conocemos el
sustrato nouménico de nuestro yo. Nos conocemos solo como fenómenos pero se
nos escapa el sustrato ontológico que constituye a cada uno de nosotros
El
cuarto paralogismo se resuelve si consideramos toda la critica de la razón pura
y conocemos la posición de Kant respecto del idealismo trascendental.
El
espacio y el tiempo son, considerados subjetivamente, formas de la sensibilidad,
pero para formarse un concepto de ellos como objetos de la intuición pura
(concepto sin el cual no podríamos decir de ellos nada), se requiere a priori
el concepto de un compuesto y por ende de la composición (síntesis) de lo múltiple,
y por tanto se requiere la unidad sintética de la apercepción en el enlace de
esto múltiple; y esta unidad de la conciencia exige, según la diversidad de
las representaciones intuitivas de los objetos en el espacio y en el tiempo,
diferentes funciones para enlazarlas, funciones que se llaman categorías y que
son conceptos a priori del entendimiento, los cuales fundamentan un conocimiento
de aquel objeto que es dado a la intuición empírica; conocimiento que entonces
será experiencia.[13]
I.
Kant, Crítica de la Razón Pura, Madrid, Alfaguara, 1996, traducción
Pedro Ribas.
I.
Kant, Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de poder presentarse
como ciencia, Madrid, Istmo, 1999, edición bilingüe, traducción Mario Caimi.
I.
Kant, Los progresos de la Metafísica, Bs. As., Eudeba, 1989, traducciónMario Caimi.
N.
Kemp Smith, Commentary to Kant´s “Critique of Pure Reason”, Atlantic
Highlands, Humanities Paperback Library, 1984
R.
Torretti, Kant, Bs.As., Charcas, 1980.
G.
Reale – D. Antisieri, Historia del pensamiento filosófico y científico ,
Barcelona, Herder, 1988.
NOTAS
[1]
Aristóteles, Metafísica, Madrid, Gredos, 1994, 1017 b 10.
[3]
Recordemos brevemente lo planteado en la Crítica de la Razón Pura.
Nuestro conocimiento se divide en dos ramas: conocimiento por los sentidos y
por el intelecto. A través de los sentidos los objetos nos son dados y a
través del intelecto son pensados. Kant llama “estética” ala doctrina acerca de los sentidos y la sensibilidad. La estética
trascendental estudia las estructuras de la sensibilidad, el modo en que el
hombre recibe las sensaciones y se forma el conocimiento sensible. La
sensación es una acción que el objeto produce sobre el sujeto. La
sensibilidad es la facultad que tenemos de recibir las sensaciones. La
intuición es el conocimiento inmediato de los objetos, y por ello se
relaciona con la sensibilidad y no con el intelecto. El objeto de la intuición
sensible se llama fenómeno. En el fenómeno se distingue, una materia, que
es dada, por las sensaciones y sólo puede ser a posteriori, y una forma,
que es dada por el sujeto y es aquello por lo cual los múltiples datos
sensibles son ordenados en determinadas relaciones. Kant llama intuición
empírica, a aquel conocimiento sensible en el que están presentes las
sensaciones, e intuición pura, a la forma de la sensibilidad considerada
con exclusión de la materia. Las intuiciones puras o formas de la
sensibilidad son el espacio, que es la forma de los sentidos externos, y el
tiempo, que lo es del sentido interno.
El
intelecto, la segunda manera de conocimiento, no puede intuir nada. La
ciencia del intelecto es la lógica, que se divide en general y
trascendental. La lógica trascendental se ocupará de los conceptos puros,
que provienen a priori del intelecto, y que sin embargo se refieren a los
objetos mismos. Ésta se divide a su vez en analítica y dialéctica. La
analítica se ocupará de la función propia de los conceptos, que consiste
en unificar y en ordenar lo múltiple bajo una representación común. Lo múltiple
que hay que unificar es lo que nos da la intuición pura; el intelecto actúacon una función unificadora que Kant llama síntesis. Los diversos
modos en que el intelecto unifica y sintetiza son los conceptos puros del
intelecto o categorías. Puesto que pensar es juzgar, entonces tendrá que
haber tantas formas del pensamiento puro, como formas de juicios haya. Por
lo tanto si hay doce formas de juicios, deberá haber doce categorías.
El
fundamento del objeto está en el sujeto. El vínculo necesario que
configura la unidad del objeto de la experiencia está constituido, en
realidad, por la unidad sintética del sujeto. El orden y la regularidad de
los objetos de la naturaleza es el orden que el sujeto, al pensar, pone en
la naturaleza. Es por ello que Kant introduce la figura teórica de la
“apercepción trascendental” y la del “yo pienso”, pues las doce
categorías suponen una unidad originaria y suprema que es la unidad de la
conciencia o autoconciencia o yo pienso. El yo pienso debe permanecer idéntico
para estar en condiciones de acompañar a todas las representaciones. Kant
concibió su yo pienso como una función, una actividad.
La
analítica de los principios es la parte de la lógica trascendental que se
ocupa del esquematismo trascendental y el sistema de todos los principios
del intelecto puro. Dado que las intuiciones y los conceptos son heterogéneos
entre sí, surge el problema de la mediación entre la intuición y los
conceptos, Kant llamará a este intermediario “esquema trascendental”.
El espacio es la forma de la intuición de todos los fenómenos externos, el
tiempo lo es de los internos, pero los fenómenos externos, una vez que son
aprehendidos, se convierten en internos al sujeto, de manera que el tiempo
puede considerarse como aquella forma de intuición que conecta todas las
representaciones sensibles. En consecuencia llega a ser la única condición
general según la cual puede aplicarse a un objeto una categoría. El
esquema trascendental es una determinación a priori del tiempo. El esquema
en general, va más allá de una simple imagen, cuando me represento un
perro, tengo una simple imagen, pero si a esta le quito algunas de sus
peculiaridades y la considero como representación de un cuadrúpedo en
general, entonces tendré un esquema. Los siguientes ejemplos aclararán el
tema con respecto a los esquemas trascendentales: el esquemade la categoría de sustancia es la permanencia en el tiempo, el
esquema de la categoría de causa y efecto es la sucesión temporal de lo múltiple,
el esquema de la acción recíproca es la simultaneidad temporal; el esquema
de la categoría de realidad es la existencia en un tiempo determinado, el
esquema de la categoría de necesidad es la existencia de un objeto en todos
los tiempos. Habrá tantos esquemas trascendentales como categorías.
La
dialéctica trascendentalse
ocupará del estudio crítico de los errores en que cae la razón al
prescindir de la experiencia. La razón es la facultad de silogizar,
entonces Kant, deduce de los tres tipos de silogismos lo que da en llamar
ideas, y que por ello son tres: psicológica (alma), cosmológica (idea del
mundo como unidad metafísica), teológica (Dios).
[4]
I. Kant, Crítica de la Razón Pura, Madrid, Alfaguara, 1996, pag
332.
[8]
N. Kemp Smith, Commentary to Kant´s “Critique of Pure Reason”,
Atlantic Highlands, Humanities Paperback Library, 1984, pag 455.
[9]
I. Kant, Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de poder
presentarse como ciencia, Madrid, Istmo, 1999, edición bilingüe,
traducción Mario Caimi, pag,213.
[10]
I. Kant, Los progresos de la Metafísica, Bs. As., Eudeba, 1989,
traducciónMario Caimi, pag
70.