Que no nos dejen sin memoria
Sábado, 14 May 2005.
Los párrafos que siguen comienzan una noche de meses atrás, cuando mi hijo menor me preguntó mientras cenábamos (vaya a saberse de dónde le vino la inquietud): Papá, ¿qué tendríamos que salvar si hay un incendio, un terremoto, una inundación? Mi respuesta fue inmediata: plata, documentos de identidad, los álbumes con las fotos y los recuerdos, los cd que tienen todos los escritos y más recuerdos. Porque salvar todos los libros no tendríamos tiempo. Mi respuesta fue casi instintiva, trato de recordar si la pensé y me sigo diciendo que no, fue instantánea. La verdad es que cosas como la ropa o algún otro objeto no se me cruzaron.
Los párrafos que siguen se refieren a Fernando Báez, quien ha publicado poco tiempo atrás La Historia Universal de la Destrucción de los Libros (traducido ya a 12 idiomas), donde recapitula las grandes destrucciones realizadas a lo largo de la historia humana, como la quema de la Biblioteca de Alejandría por las tropas de Julio César, la barbarie contra los escritos mayas en 1530 por fuerzas españolas y con la anuencia de la Iglesia Católica, los hechos realizados por los nazis y sus quemas públicas, y muchas más. A lo que ahora se agrega lo que Báez cuenta al llegar a Irak después de la invasión norteamericana, formando parte de una misión de la Unesco.
Los párrafos que aquí se escriben aluden muy brevemente al horror de lo sucedido en Bagdad. En la cuna de la civilización de lo escrito, aquello que en cursos del primario o del secundario uno estudiaba como la obra de los babilonios, aquello que a uno le enseñaban diciéndole qué era una tablilla cuneiforme, cómo fueron los primeros escritos, hoy está ... quién sabe dónde porque no está. Sí, se destruyó con la caída del régimen de Saddam y la llegada de las tropas norteamericanas. Primero fueron algunos, después más, finalmente muchos. Lo que no se robó se quemó. Lo que no se robó ni se quemó quedó por ahí, en el piso. En los mercados de Bagdad muchos intelectuales y personas de la cultura árabe compran a precios irrisorios libros antiquísimos con sellos reales, y los están guardando para algún futuro museo o biblioteca que renazca. Jeques enviaron secretarios y camiones y lograron rescatar casi medio millón de libros. Otro millón al parecer se quemó o fue robado. ¿Las tabilillas? Pisoteadas, pedacitos de barro por el patio, por las calles, en los rincones. Y la lista de lo desaparecido es larga, demasiado larga.
Afirma Báez: los inventores del libro electrónico destruyeron los orígenes de la civilización de la escritura.
EEUU no alentó esta destrucción, obviamente. Tampoco hizo nada para evitarla. Personalmente me pregunto si un algún general norteamericano habrá sabido lo que había en la Biblioteca Nacional de Irak, si algún estratega de la Casa Blanca lo habrá estudiado y paladeado alguna vez.
Personalmente me pregunto qué sucedería si por obra de algún ataque esta noche se incendia la Biblioteca del Congreso de EEUU o la Biblioteca Pública de New York o la Biblioteca de la Universidad de Harvard, y lo poco que queda es saqueado. Qué sucedería si se destruye el Acta de la Independencia, o la Primera Bandera Nacional, o el Acta Declaratoria de la Libertad de los Esclavos en suelo de los Estados de la Unión.
Hay mucho más en los comentarios de Báez.
Los párrafos que siguen vuelven a meses atrás, a la pregunta de mi hijo. Me he preguntado una y otra vez por qué respondí tan instintivamente lo que respondí. ¿El dinero? Simple, hay que comer. Aunque si todo se destruye de poco va a servir ... ¿Los documentos de identidad? Para no tener problemas, aunque de alguna manera eso se soluciona (recuerdo las víctimas del Tsunami asiático). ¿Las fotos, los recuerdos y registros familiares de mil formas? Ahh, eso no se puede perder. Es lo más importante. Plantas y animales no saben que tienen yo. Uno de los hechos más trascendentes que nos diferencia de todo lo que existe es la memoria, la memoria nos instituye como lo que somos. Somos tiempo, tiempo vivido y elaborado. Pensemos simplemente en alguien con amnesia o arterioesclerosis o víctima del Mal de Alzheimer o sencillamente con vejez muy avanzada, y en el acto comprendemos por qué está pero no está, porqué ese ser de pie frente a nosotros existe pero no es él mismo. Pienso en madre que me ve llegar y ya no me reconoce, que me sonríe sabiendo su corazón que soy alguien muy importante para ella pero su cabeza no sabe quién es, y desde la semana pasada ya ni siquiera eso, ya me ve llegar y su mirada sigue perdida, entonces siento que, bueno, no sé qué siento, lo que fue y es está en mí, yo soy su memoria, su huella en este viaje por estas zonas del universo y de la vida.
Cuando uno ama cuida a quien ama, cuida lo que ama. Cuido tu memoria porque si mi faltas soy menos.
Sí, en este sentido no hay diferencia entre mi madre y la Biblioteca Nacional de Bagdad, entre mi madre y un códice maya. Sólo ha cambiado el enemigo, los que destruyen lo que la vida y la historia humana han hecho.
Escrito por: Daniel L. Salort | 15:54H. | Enlace | A Debate
Comentarios
Me gusto mucho el articulo. Considero que es parte de la politica americana intentar borrar todo lo que esta fuera de su sistema, de su verdad; borrando la historia, se logra imponer el capitalismo como la unica solucion posible. Nos olvidamos asi de que el mundo fue distinto, tuvimos opciones, y por lo tanto podemos cambiar.
Por eso la historia nunca debe dejar de enseñarse, porque a partir de ella se construye la autonomia y el sentido critico que todo ciudadano debe tener.
Escribió: Ines | # | Jueves, 2 Jun 2005. 23:47H.
Un día esuve leyendo ese libro y acabé con un regusto amargo en la boca. ¿Qué salvaría de un incendio? Difícil respuesta y, como sabemos, cualquier ejercicio de memoria supone cierta estrategia ficticia. ¡Uhmm! No se si he conseguido explicarme bien del todo.
Saludos y siga con este blog. Es muy interesante.
Escribió: Mnemosine | # | Lunes, 5 Sep 2005. 12:45H.
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