La reducción de la puvliosidad y el consiguiente proceso
de desertización convirtieron el valle del Nilo –zona antes pantanosa
pero constituida progresivamente, gracias a la variación climática en un
vasto y fértil depósito de limos- en un fuerte polo de atracción para
los grupos humanos que huían de los desiertos.
No comienza a conocerse verdaderamente el antiguo Egipto más
que a partir del 3200 ac, pero no existe solución de continuidad entre
el Neolítico y el período histórico, de tal manera la civilización de este
país es a la vez antigua y continua, sin realizar jamás ningún esfuerzo
para repudiar el pasado.
Desde que Champollion, utilizando el material
reunido por los hombres de ciencia que acompañaban a Bonaparte en 1798,
consiguió, hacia 1822, descifrar la escritura jeroglífica, nuestros
conocimientos sobre Egipto no han cesado de acrecentarse, aunque ciertas épocas
permanecen todavía menos conocidas.
Debido a la intensa concentración demográfica, los
pobladores fueron conscientes desde el primer momento de la necesidad de
una fuerte unidad política, de un poder absoluto centralizado, que
regulase la actividad de los individuos para el aprovechamiento de las
tierras. A decir verdad, la configuración del país convierte en poco
estable esta unidad y la división natural entre el Alto Egipto, y el Bajo
Egipto (delta del Nilo), y el de situar la capital bien al norte, como
Menfis, en la zona de contacto de las dos religiones naturales, abierta a
las relaciones exteriores, pero amenazada por las invasiones, bien al sur,
como Tinis o Tebas, en una lejana región, próxima a Nubia, reserva de
riqueza y hombres, al abrigo de migraciones y conquistas, pero apartada de
las corrientes del comercio. Cualquiera que fuere el partido preferido,
seguía siendo esencial asegurar unas comunicaciones cómodas si no rápidas,
por medio de la navegación fluvial, e impedir al menor signo de
debilitamiento del régimen, las secesiones locales.
La victoria
de los reyes el sur (Hieracómpois) sobre los del norte (Buto)- y de
permanecer al abrigo de los movimiento de los pueblos,Egipto pudo desarrollar una civilización original, cuyos rasgos no
se borraron ya nunca, ni en el Imperio Antiguo, ni en el medio, hasta el s.
XVII ac.
ETAPAS
CIVILIZACIÓN EGIPCIA.
Las
dinastías Tinitas
Tras un corto reinado protohistórico, marcado sin duda por
el predominio de los elementos asiáticos llegado a través del istmo de Pelusio (civilizaciones de El Obeid y de Djemdet-Nash, infra), una
revolución nacional realizó –esta vez de sur a norte- la unificación
de Egipto antes del año 3200: las excavaciones de Hieracómpolis muestran
la dominación del Rey Escorpión, después la de Narmer, portador de las
dos coronas (la blanca del Alto Egipto y la roja del Bajo Egipto),
posiblemente identificable con el rey Menes, conocido por textos muy
posteriores (s. III ac) de Manethon. Después de él, las dos primeras
dinastías tienen como capital Tinis, lugar mal identificado, y como
necrópolis Abydos: la monarquía del derecho divino data de esta remota
época, entre 3200 y 2800, y los reyes Djet y Udimu envían ya
expediciones, militares contra los beduinos del Sinaí, comerciales hacia
los puertos del mar Rojo. Pero los últimos soberanos tienen su tumba cerca
de Menfis, en Sakkara, lo que demuestra una tendencia a trasladar la
capital del sur hacia el norte.
EL IMPERIO ANTIGUO MENFITA
Las dinastías III, IV y V, entre 2700 y 2400 (época que
corresponde en Mesopotamia al período acadio, después a Gudea y a la III
dinastía de Ur, infra), marcan el apogeo del Imperio Antiguo.
Son reinados de organización y de creación, que fundan de una vez y para
siempre la monarquía centralizada, absoluta y burocrática. Los reyes más
importantes son, en la dinastía II, Dioser y su ministro Imhotep (quien m´sa
tarde fue divinizado y asimilado a Asclepio, en la época lágida), y en la
dinastía IV los constructores de las pirámides, Keops, Kefrén y Micerino
que fueron lso primeros que enviaron expediciones-razias, muy provechosas,
hacia el sur (Asuán y Nubia), hacia eleste (Sinaí), hacia el oeste (Libia).
La V dinastía, más teocrática, fue fundada por los
sacerdotes de Heliópolis, sectarios fanáticos del Sol (Ra), que suplanta
políticamente al dios Ptah de Menfis, sin eliminarlo, no obstante. El arte
alcanza desde esta época un franco vigor y una especie de clasicismo, que
no será jamás superado, pero sí copiado a menudo posteriormente.
La decadencia se anuncia rápidamente con la complicada
historia de las dinastías VI a X de 2400 a 2280 aproximadamente. El
reinado de Pepi I es aún glorioso, gracias a las campañas nubias de su
ministro Uni, del que existe una hermosa inscripción funeraria. Su hijo (y
segundo sucesor) Pepi II cometió el error de reinar 94 años (de los 6 a
los 100 años), con lo que el Estado se debilitó minado por las
incursiones de los beduinos, la creciente independencia de los nomarcas
(jefes de las circunscripciones territoriales) y una obscura revolución
social, que levanta a los pobres contra los ricos; Egipto se fragmenta y
encontramos hacia 2280, cuatro centros políticos rivales, el Delta
invadido por los asiáticos, Menfis donde subsiste la antigua dinastía,
Heracleópolis con un nomarca independiente y, más al sur, Tebas, cuyos
reyes Antef (dinastía X) dominan ya too el Alto Egipto.
EL IMPERIO MEDIO
Del exceso de calamidades surgió una nueva unidad con la
victoria final de los tebanos sobre los habitantes de Heracleópolis, tras
luchas confusas. La XI dinastía tebana, la de los Mentuhotep, extiende su
poder sobre el conjunto del país, tras la expulsión de los beduinos,
hacia 2065, e inaugura un nuevo período, cuyo apogeo se sitúa bajo la XII
dinastía, la de los Amenemhet y los Senusret (el más importante, Senusret
III, es más conocido con el nombre de Sesostris), entre 2000 y 1788, en
conjunto inmediatamente antes de la época de Hammurabi.
Importantes
innovaciones caracterizan este período: a 1000 Km. del mar, Tebas es la
capital religiosa y administrativa, al abrigo de beduinos y asiáticos,
pero las tumbas de los reyes constituyen la gloria de Ikhnet.Taui, cerca de
Dashur, en las inmediaciones del Fayum,el lago Moréis, mejorado gracias al
drenaje, irrigación y colonización., lo que constituye una de las grandes
obras del régimen. La lucha contra las usurpaciones de los nomarcas llega
a su fin, bajo Senusret III, por la supresión temporal del cargo, que
definitivamente perdió su aspecto feudal y hereditario. Se reorganiza y
centraliza la administración: la población, alimentada por el Fayum y una
política de obras grandiosas, llega oficialmente a la igualdad religiosa
(se multiplican las tumbas particulares), y a la instrucción, lo que
origina la envidiable profesión de los escribas. En fin, Egipto extiende
su influencia comercial en Siria y posiblemente en Creta, por mediación de
Fenicia, al parecer puesta bajo las órdenes de un gobernador egipcio.
Fortificaciones defienden el Delta por el este, contra los beduinos, y el
valle por el sur, contra los nubios, cuyo país está conquistado
parcialmente hasta la segunda catarata.
Esta política grandiosa y unificadora se expresa también
por la primacía de los dioses de Tebas: los dioses locales, Min de Coptos, Mentu de Hermontis, fueron suplantados por Amón de Hermópolis protegido
por la XII dinastía (el nombre de Amenemhet significa: Amón está
delante), y asimilado a Re de Heliópolis; el dios Amón-Re se convierte
entonces en el dios supremo de Egipto y otorga su protección –para mayor
provecho de sus sacerdotes, hábiles administradores y políticos- a las
empresas de los soberanos.
Pero a partir del final del s. XVIII se producen
importantes cambios, únicamente explicados por la llegada de los primeros
verdaderos invasores que Egipto conoció, los hicsos, en el mismo momento
–y como veremos no se trata de una casualidad- en que la monarquía
babilónica sucumbía ante los hititas y los casitas. Esta sincronización de
los hechos marcan el nacimiento de un mundo nuevo en cuyo seno las
monarquías ya no pueden vivir encerradas en sí mismas.
LA FUNDACIÓN DEL IMPERIO
EGIPCIO (1530 –1370 ac)
Se trata de un hecho
nuevo de la mayor importancia: hasta entonces Egipto había vivido
encerrado en sí mismo y la ocupación de Nubia había sido bastante
natural; pero la invasión de los hicsos demostró a los habitantes del
Nilo que no se encontraban a cubierto, les incitó a la revancha y les
infundió el deseo de afianza su seguridad con la conquista de glacis
protectores: descubriendo entonces la riqueza de estas regiones siriofenicias, los reyes evolucionaron hacia un imperialismo que fue de
gloria y de beneficios. Hacia 1580, la capital de los hicsos fue tomad por Amosis, quien fundó la dinastía XVIII. Sólidamente organizado por los
grandes reyes Tutmosis I Y II (1530-1504), que iniciaron la serie de
lejanas campañas y llegaron al Eufrates, Egipto poseía una poderosa
armada, nacional y mercenaria, especialmente carros de combate, montados
por arqueros, cuya carga era a menudo decisiva; desde el primer momento
mantuvo también una activa diplomacia con los reyezuelos locales y con los
Estados más alejados, y cuyos documentos, escritos en cuneiforme
babilónico –lengua universal de Oriente en aquella época- fueron
hallados en diversos lugares, especialmente en Tell-elAmarna y en Bogas-Koi,
la capital hitita.
El gran fundador del Imperio fue Tutmosis III (1484-1450 ac), que
efectuó 17 campañas, unas con fines de conquista, otras para vigilar,
administrar o reprimir revueltas; la ruta terrestre que seguía, que era
siempre la misma, estaba jalonada por sus victorias, en Megiddo, en Kadesh
junto al Orontes, en Karkemish junto al Eufrates. También le cupo el mérito
de combinar las operaciones terrestres con las de desembarcos en los
puertos fenicios, lo que le permitía atacar a Siria por la espalda;
asimismo llegó a imponer tributo a Chipre y alos cilicios. Sus principales
adversarios, pagados por los mitani, fueron los príncipes de Kadesh, que
formaron unas coaliciones de reyezuelos y de ciudades fortificadas, que
renacían sin cesar.
Asia menor estaba entonces dominada por Mitani, de difícil
definición, pues es más una civilización que un Estado estable: este
conjunto de pueblos diversos, gobernados por una aristocracia de origen
indoeuropeo, tenía su centro junto a los meandros del Eufrates, en una
región de gran valor económico, encrucijada de las rutas comerciales del
antiguo Oriente. La ausencia de fronteras naturales y de organización
fortificada y sobre todo de vecindad de los hititas al noroeste y de los
asirios al sureste no permitieron a los mitani la satisfacción de vivir
una larga historia. Aceptaron que Egipto trasladara su frontera hasta el
Orontes, por un tratado que inicia una nueva política de equilibrio y
permite a Egipto ejercer la más fuerte influencia en Asia: se instalan
guarniciones en las ciudades o en pequeños fuertes, agentes del faraón,
egipcios o adictos a él, supervisan la administración y cobran los
tributos, favoreciendo al máximo las relaciones comerciales, sobre todo en
Siria y los puertos fenicios. Egipto se abre a las influencias orientales,
el rey acepta princesas en su harén, se casa con doncellas de Mitani, cuya
influencia es particularmente evidente en tiempos de Amenofis III
(1405-1370 ac) y de Amenofis IV (1370-1352).
Egipto y el Estado Hitita (1370-1190 ac)
El Imperio egipcio conoció su apogeo desde el
reinado de Tutmosis III (1484) hasta el final de Amenofis III (1370). Su
sucesor, el célebre reformador y enemigo de Amón, Amenofis V, descuidó
lapolítica exterior en el
momento preciso en que los hititas alcanzaban su mayor potencia, bajo el
reinado de Subiluliuma (1388-1347), que extendió su poderío hasta Siria y
Fenicia y neutralizó Mitani gracias a un matrimonio político. La situación
se agrva hsta el momento en que Egipto, bajo el gobierno de los primeros
reyes de la XIX dinastía, Seti I y Ramsés II(en conjunto, desde 1318 a
1232 ac), reanuda su actividad militar, inscrita para la posteridad sobre
los muros y las columnas de Karnak y Luksor: tras la reconquista de
Palestina y de los puertos fenicios, Seti vence a los hititas en KADESH, EN
13135; Ramsés continúa la lucha, que se vuelve más dura, pues si bien
ambos países habían contratado tribus mercenarias, los hititas tienen
además una confederación de aliados, resultado de una diplomacia que
conocemos por los archivos de Bogas-Koi, y que integra a los pueblos del
oeste de Asia menor, Frigia, el Ponto y también a los cilicios, los mitani,
los reyes de Alepo, de Karkemish y a los príncipes de Naharina. En 1293 se
produce el choque decisivo también en Kadesh, en esta ruta de paso que
constituía el valle del Orontes, y Rmasés restablece allí con dificultad
una situación que se había vuelto delicada a causa de las estratagemas
del hitita Muwattali.
La guerra continuó todavía algunos años,
pero los dos partidos se debilitaban, y el rey hitita Hatusil III se sentía
amenazado por los asirios de Salmanasar I, desde 1280. La paz fue
definitivamente concretada en 1278 ac, hecho que se encuentra grabado en los
muros de los templos egipcios y consignado en las tablillas hititas (ambos
textos han llegado hasta nosotros): constituye un documento de primer orden
y el prime tratado internacional. Bajo la protección de sus dioses
respectivos, las dos partes se prometen paz y amistad, se garantizan el
respeto a la frontera común, el Orontes, y se unen por medio de un pacto
de asistencia mutua contra los eventuales ataques de una tercera potencia,
que evidentemente sería Asiria. En 1264, Ramsés contrajo matrimonio con
una hija de Hatusil, que posiblemente efectuaba una visita a Egipto. Esta
era de paz duró 50 años y marcó el mundo antiguo con la común hegemonía
de los dos grandes países.
A partir de 1250 los
hititas se debilitaron y permitieron que los asirios tomaran Babilonia;
los sucesores de Ramsés estuvieron muy ocupados defendiéndose de los pueblos
del mar quienes acabaron por conquistar, a principios del s. XII ac el
Imperio hitita e inauguraron un nuevo período de disturbios en todo el
mundo oriental.
Bibliografía:
Historia Universal LABOR. Tomo 1. Historia de la Antigüedad. Egipto.
Petit, Paul. Ed. Labor. 1989. Barcelona.