Miguel
Moreno Muñoz.
I.E.S Joaquín Artiles de Agüimes (Las Palmas de Gran Canaria).
Nació en Atenas, hacia el 427 ac
probablemente. De familia aristocrática, tanto él como sus parientes se
creían descender directamente de los dioses (de Neptuno, en este caso),
para justificar así la superioridad de su linaje, su nobleza de carácter
y el abolengo de virtud. A los 20 años conoce a Sócrates, al que
estará muy ligado durante toda su vida. Pronto se sintió inclinado
hacia la acción política (entre los Treinta Tiranos de Atenas hubo
dos parientes suyos y varios conocidos, lo que explica quizás su escaso
interés por la democracia), pero se desilusionó cuando condenaron a
muerte a Sócrates. Se dio cuenta de que la legislación y la moralidad
estaban corrompidas, y llegó a la conclusión de que sólo la
filosofía puede mostrar dónde está la justicia: No acabarán los
males hasta que llegue la raza de los filósofos auténticos y limpios al
poder, o hasta que los políticos no se pongan a filosofar en serio.
DATOS AUTOR
Perfil/Área trabajo
Doctor en Filosofía / Profesor Filosofía Educación secundaria.
Su filosofía tiene una finalidad
claramente práctica, política. Y en su Academia pretende educar a
los futuros gobernantes-filósofos. Su ilusión: crear un Estado en el que
la muerte de Sócrates -el mejor, más sabio y justo de los hombres
conocidos- resulte imposible.
Conservamos casi todos sus Diálogos,
cuyo protagonista es Sócrates. La influencia de su obra ha sido tal que A.N. Whitehead llegó a decir: «la Filosofía occidental no es sino notas
a pie de página de los diálogos de Platón». La polémica hoy está
relacionada con las palabras no escritas de Platón, pues él mismo
consideraba "muerta" la filosofía escrita y sólo tomaba en
serio lo que razonaba y pensaba en cada momento, en función del
interlocutor que tenía delante y del tema tratado.
Períodos
de su obra
1º. Diálogos socráticos de juventud
(399-389): Tras la muerte de Sócrates, Platón y algunos discípulos se
refugian en Megara, donde permanecen unos tres años. Después hace
algunos viajes a Egipto y probablemente a Italia.
• En esta época mantiene total
fidelidad a las enseñanzas de Sócrates y la virtud será su tema
central. Obras: Apología de Sócrates (defensa de Sócrates
ante el tribunal que lo condenó a muerte), Critón (donde Sócrates
explica por qué se niega a escapar de la cárcel), Laques (sobre
el valor), Cármides (sobre la templanza), Lisis (sobre la
amistad) Eutifrón (sobre la piedad), Ion (sobre la poesía)
y Protágoras, el más importante, donde se plantea si la virtud
puede ser enseñada y se perfila el concepto socrático de la virtud como
forma de saber.
2º. Diálogos de transición
(388-385): Platón viaja a Italia y entra en contacto con algunos pitagóricos
célebres, cuyo influjo será considerable (inmortalidad y transmigración
del alma, vida comunitaria de los filósofos, temas cosmológicos,
importancia de las matemáticas, música, etc.). Después marcha a Sicilia,
donde conoce al cuñado del tirano que allí gobernaba (Dionisio I de
Siracusa). Criticó, parece, la vida escandalosa y fastuosa de la corte,
motivo por el cual parece que Dionisio lo vendió como esclavo. Un amigo -Anniceris
de Cirene- lo rescató y consiguió volver a Atenas. Allí funda la
Academia (estaba cerca del templo dedicado al héroe Academos), inspirándose
en parte en las comunidades filosóficas pitagóricas. Por su estilo y
funcionamiento, puede considerarse la primera universidad occidental.
Mantuvo su actividad hasta el año 549 de nuestra era.
• Predominan los problemas políticos
-enfrentamiento de Sócrates con los sofistas y contra la democracia-. Se
nota la influencia del pitagorismo y de algunas corrientes religiosas como
el orfismo (en el tema de la preexistencia del alma). Primeros esbozos de
la teoría de las ideas. El Gorgias trata sobre la retórica y la
justicia, e incluye una crítica contra la democracia ateniense y un mito
sobre la inmortalidad. El Menón analiza también si la virtud
puede ser enseñada, se plantea la inmortalidad del alma y apunta la idea
del conocimiento como reminiscencia. Crátilo (naturaleza/convención;
teoría de las Ideas); Hipias Mayor (sobre la belleza); Hipias
Menor (sobre la mentira y la verdad), Eutidemo (sobre la erística
sofística) y Menéxeno (una parodia de las oraciones fúnebres).
3º. Diálogos de madurez
(385-370): Platón dirige su Academia, en Atenas. En esta época elabora
su teoría de las Ideas y una teoría completa del Estado.
Presenta a Sócrates mucho más convencido de sus ideas, como poseedor de
la verdad. Es ahora cuando Platón redacta sus principales mitos. Diálogos
fundamentales: el Banquete (teoría platónica del amor y de
las Ideas); Fedón (diálogo de Sócrates en la cárcel sobre la
inmortalidad del alma y la filosofía); La República (el más
extenso, sobre el Estado y las principales reflexiones de la filosofía);
el Fedro (sobre el amor, la belleza y el alma).
4º. Diálogos críticos
(369-362): Vuelve a Siracusa con la esperanza de poder poner en práctica
sus ideas sobre el Estado, muerto ya el tirano Dionisio I. Acusan de
conspirador al protector de Platón y éste permanece dos años prisionero
en Siracusa, antes de poder volver a Atenas.
• Ahora, sus diálogos son bastante críticos
respecto a sus teorías anteriores. El estilo es más difícil y presta
mayor atención a los problemas lógicos. Desaparecen los mitos (excepto
uno contenido en el Sofista). Otros diálogos: Parménides (una
autocrítica a la Teoría de las Ideas), Teeteto (una búsqueda
infructuosa sobre el conocimiento), el Político (que debería
haber sido completado con otro que nunca llegó a escribir, el Filósofo).
Se deslindan los conceptos filósofo-político y Sócrates deja de ser el
personaje principal. Emplea un nuevo método en la búsqueda de
definiciones, la diáiresis (divisiones dicotómicas).
5º. Últimos diálogos (361-347):
Platón vuelve a Siracusa otra vez y de nuevo lo embrollan y termina hecho
prisionero. Vuelve a Atenas gracias a la mediación de otro amigo
influyente.
• Abandona las cuestiones metafísicas
y se interesa por la cosmología (con influencia del pitagorismo) y
la historia. Políticamente, se vuelve más duro y conservador.
Diálogos: Filebo (sobre el placer y el bien); Timeo
(una cosmología inicial e historia del universo, con todos los
conocimientos de la época); Critias (donde describe la primitiva
Atenas y la Atlántida); y Las Leyes (sobre la ciudad ideal con las
leyes ideales, que no pudo revisar ni pulir porque le sorprendió la
muerte). Sorprende en este diálogo su pesimismo e intolerancia, derivados
probablemente de su desilusión ante el fracaso de tantos proyectos como
inició.
Su obra, por tanto, no es una serie de
libros sistemáticos, sino diálogos que resumen a menudo las discusiones
mantenidas en la Academia. Muchas de sus teorías están vertidas en un
sofisticado ropaje mítico y literario, del que cuesta desprender las
reflexiones típicamente filosóficas.
Influencias
filosóficas en Platón
En la exposición de la teoría de las
Ideas podemos apreciar numerosas influencias de filósofos anteriores a
Platón: De Heráclito toma el sentido de la dialéctica, es decir,
la importancia de analizar los elementos opuestos para alcanzar una síntesis
o conclusión en una determinada investigación. De Pitágoras
hereda la importancia que concede a la geometría, hasta el punto de poner
como inscripción en la entrada de la Academia: «No entre aquí nadie que
no sepa geometría». De Sócrates asimila gran parte de sus
doctrinas, y a él le dedica casi todos sus diálogos. La influencia de Parménides
se aprecia en todas sus teorías sobre las Ideas y la realidad del ser. Y
otras muchas ideas platónicas surgieron a propósito de la confrontación
entre las tesis de Heráclito y las de Parménides. La teoría de las
ideas podría ser entendida como un intento de conciliar las ideas básicas,
pero opuestas, de los principales filósofos anteriores:
- Protágoras: Afirmó que todo
conocimiento es relativo y que no existen verdades absolutas.
- Heráclito: Afirmó que las
cosas están en continua transformación, en constante fluir.
- Parménides: Define un ser
totalmente opuesto al de Heráclito: estático, sólido, inmóvil...
- Sócrates: Sostuvo que podemos
hallar definiciones universalmente válidas y comprensibles.
Desde este punto de vista podemos decir
que Platón representa la primera síntesis filosófica en la
historia del pensamiento, al intentar una mediación entre el pensamiento
de Heráclito y el de Parménides. Esto le lleva a sostener, por un lado,
que existen conceptos estables, realidades permanentes, al mismo tiempo
que, por otro lado, existen también las cosas mutables y efímeras que
nos muestra el conocimiento sensible. En definitiva, postula la existencia
de una doble realidad (el mundo de las ideas y el mundo sensible) y dos
formas de conocimiento (el conocimiento sensible y el intelectual o
racional).
Principales
intereses en el pensamiento de Platón
El que hayamos presentado en primer lugar
la teoría de las ideas no debería hacernos olvidar que la preocupación
principal de Platón era la política. Su primer objetivo fue
intentar buscarle a la vida en la ciudad, al ser humano y al Estado un
fundamento estable y firme en el orden eterno del ser, objetivo e
independiente de gustos y consideraciones personales. Pensaba que esta
tarea sólo podía realizarla el filósofo, o bien un rey que llegara a
ser filósofo:
«Vi que el género humano no llegaría
nunca a liberarse del mal si primariamente no alcanzaban el poder los
verdaderos filósofos, o los rectores del Estado no se convertían por
azar divino en verdaderos filósofos» (Carta VIII).
Pero sus reiterados fracasos en política
le convencieron de que sólo mediante la enseñanza y el poder de la
sabiduría podría alcanzar el dominio de la pólis.
La Teoría
de las Ideas
No está sistemáticamente expuesta en
ningún diálogo de Platón y fue continuamente revisada. Aristóteles
aporta algunas pistas para entender el sentido de la teoría de las
Ideas:
Platón [influido por los pitagóricos
y Sócrates] pensó que las definiciones no podían referirse a los
seres sensibles -ya que no es posible dar una definición común de
objetos que cambian continuamente-, sino a otro tipo de seres. A estos
seres los llamó «Ideas». Y añadió que las cosas sensibles existen
separadas de las Ideas, pero que de ellas reciben su nombre, ya que
todas las cosas, en virtud de su participación en las Ideas, reciben el
mismo nombre que las Ideas [Metafísica, I].
Evolución de
la teoría de las Ideas
1. Primeros diálogos: Persigue,
como Sócrates, la definición de las virtudes. Se pregunta «qué es el
valor». Un sofista respondería que no existe una definición universal
para «valor», porque hay tantas opiniones como hombres acerca de lo que
es el valor. Pero según Sócrates y Platón, debe haber algo común
a todos los actos valientes que pueda ser definido como el valor. A
ese algo común le llama Platón «idea». Al principio, y por influencia
de Sócrates, la teoría de las ideas tiene una intención ética:
sólo se puede ser virtuoso si se sabe qué es cada virtud. Y para saberlo
no bastará como criterio la opinión de cada uno (contra Protágoras).
Debe haber un criterio o "medida" objetivo e independiente de
toda opinión.
2. Diálogos de madurez: En ellos
se transforma radicalmente la teoría de las Ideas, y adquiere
nuevos contenidos:
[1] Las ideas son "esencias"
(traducción de eîdos), es decir, «aquello por lo que una cosa
concreta es lo que es». La idea de belleza es la belleza en sí, pero
también aquello por lo que las cosas son bellas.
[2] Las ideas existen separadas de las
cosas particulares (lo más novedoso en esta formulación). Ya no son
«algo común» que está en las cosas. Son conceptos o representaciones
mentales, entidades que poseen existencia real e independiente: cada idea
es una sustancia (ousía), algo que existe como una realidad trascendente
a las cosas (aunque las interpretaciones sobre esto no coincidan).
[3] Expuesta así, la teoría postula la existencia
de dos mundos separados y distintos: por un lado, el mundo
visible de los objetos que nos rodean; por otro, el mundo
inteligible de las Ideas. Platón ilustra esta duplicidad con el célebre
«mito de la caverna» (expuesto en la República, libro VII, donde
al mundo irreal de las sombras opone el mundo real de la luz solar). El mundo
visible es fugaz, sometido a transformaciones continuas (Heráclito),
y en él las cosas particulares carecen prácticamente de realidad, porque
no tienen en sí mismas su propia esencia. El mundo verdaderamente real es
el mundo inteligible, donde cada idea tiene existencia por sí
misma y es una substancia.
[4] Puesto que son esencias, las ideas
tienen idénticas características que el ser de Parménides: cada idea es
única, eterna e inmutable. Pero son también incorpóreas
-a diferencia del ser de Parménides- y no pueden ser captadas como
cualquier otra cosa sensible, sino conocidas solamente por la inteligencia
(son inteligibles, por lo que Platón habla de mundo inteligible).
Las cosas concretas, por el contrario, son múltiples, temporales y
mutables.
[5] Respecto a la relación existente
entre las ideas y las cosas, Platón dice que es de participación
o imitación: las cosas participan de las ideas o las
imitan. Y las ideas están, de alguna manera, presentes en
las cosas. También afirma que las ideas son causa de las
cosas, no porque las produzcan, sino porque constituyen su verdadera
esencia (lo que Aristóteles después llamará «causa formal»); o que
sirven de modelo para las cosas particulares. En este
sentido, las cosas concretas parecen perder su realidad en Platón, pues
quedan reducidas a mero reflejo o imitación de las ideas, pero carentes
de valor por sí mismas.
[6] Los intermediarios entre estos
dos mundos son el alma y las entidades matemáticas
(los números de los matemáticos o números ideales).
[7] Las ideas son los conceptos
que manejamos cuando pensamos, aquello que designamos mediante palabras.
Son el objeto de las definiciones que buscaba Sócrates y, por
tanto, de la ciencia. Conociendo las ideas, los conceptos, es como podemos
denominar a las cosas particulares y hacerlas inteligibles: gracias a la
Belleza, una cosa particular puede ser considerada y denominada
"bella".
En los diálogos de madurez se puede
hablar de una doble intención de la teoría de las ideas: a) intención
política: los gobernantes deben guiarse no por su ambición, sino por
ideales (las Ideas); b) intención científica: sólo las Ideas
pueden ser el objeto de la ciencia.
3. En los diálogos críticos,
especialmente en el Parménides y en el Sofista, Platón
lleva a cabo una nueva revisión de su teoría de las ideas, aunque
muy dispersa y poco articulada. En este último período, tanto Platón
como toda la Academia parecen derivar hacia planteamientos cada vez más
cercanos al pitagorismo.
Aspectos fundamentales
de la teoría de las Ideas:
i) Comenzó siendo una teoría
dualista (dualismo cosmológico, pues habla de dos mundos
distintos y separados, el sensible y el inteligible). Pero, en su
formulación definitiva, puede ser considerada una teoría
pluralista (pluralismo ontológico, porque habla de multiplicidad
de ideas y de cosas), con pretensiones de unificar de alguna manera la
realidad (para cada clase de cosas hay una idea única). Se puede
decir, por tanto, que se enfrenta también al problema de lo uno y
lo múltiple, que ya ocupó a los filósofos presocráticos.
ii) ¿Qué clase de ideas hay?
Según la teoría de las ideas, a cada nombre común debe
corresponderle una idea. Pero los primeros diálogos sólo hacen
referencia a las ideas morales (virtudes); en la segunda etapa
se añaden las ideas estéticas, las matemáticas
(unidad, paridad, dualidad, etc.) y las ideas que expresan relaciones
(igualdad, semejanza, etc.). Finalmente, Platón se pregunta si
existen ideas de cosas comunes e incluso ridículas, como el
barro, las plantas y similares. Llega a la conclusión de que sí: no
hay razón alguna para negar que existan ideas correspondientes a las
cosas más comunes, porque «no existen cosas despreciables».
iii) ¿Qué relación existe
entre las ideas y las cosas? En el diálogo Parménides
analiza los conceptos de «participación» e «imitación», los más
utilizados para expresar la relación entre ideas y cosas. Aunque ve
inconvenientes en usar ambos conceptos («participación» porque
parece fragmentar a cada idea; e «imitación» porque sugiere que
entre las ideas y las cosas existe semejanza mutua). Sin
embargo, mantiene la importancia de tales conceptos para entender la
relación entre las cosas y las ideas. Además, afirma que, lo
queramos o no, nos vemos obligado a admitir la existencia de las
ideas, puesto que de lo contrario sería imposible el pensamiento -no
sabríamos hacia dónde dirigirlo- y se destruiría totalmente el
poder de la dialéctica (la investigación que conduce al verdadero
conocimiento).
iv) ¿Existe alguna relación
entre las ideas? En el diálogo la República mostró
Platón una cierta jerarquía entre las ideas: primero estaría
la de Bien, luego las ideas éticas y las estéticas, y finalmente las
matemáticas. Mantiene la concepción jerárquica en todos los diálogos,
aunque no sitúa siempre en la cúspide a la misma idea. Así, por
ejemplo, en el diálogo el Banquete será la Belleza la
principal; en el Parménides, el Uno; y en el Sofista,
el Ser. Además, intentó establecer algunas relaciones de combinación
y comunicación entre las Ideas, sin que por ello perdieran su
propia identidad.
La presentación habitual de esta
jerarquía diferencia tres clases:
1º. Ideíllas:
El conocimiento sensible proporciona sensaciones y percepciones que
constituyen la base del conocimiento. Los objetos que percibimos por
los sentidos no son cosas con realidad propia, sino meras apariencias,
copias de la verdadera realidad o «eidola», ideíllas
(diminutivo). El conocimiento sensible no puede ser fuente de verdad;
los sentidos no proporcionan conocimiento fiable. Para alcanzar la
verdad, el filósofo tiene que purificarse de todo el lastre sensible,
de todo lo material, hasta poder alcanzar la contemplación del Mundo
de las Ideas.
2º. Ideas ("eidos",
esencias): El verdadero ser de las
cosas, su esencia, está no en las cosas, sino en las Ideas. El mundo
sensible tiene realidad en tanto que participa del mundo de las Ideas.
El «eidos» es una realidad permanente, inimitable, eterna, que no
puede existir en el mundo inseguro, engañoso, de los sentidos. Las
ideas, en tanto que esencias, son entes universales, arquetipos,
modelos eternos, formas insuperables, que se encuentran en el mundo
suprasensible, junto a los dioses. La tarea de los filósofos es sacar
a los hombres del mundo sensible de las apariencias y conducirlos
hasta el verdadero ser de las cosas, al mundo de las Ideas, el mundo
verdadero, el mundo verdaderamente real. El «eidos» es la Idea
verdaderamente real (tiene entidad ontológica), pero también aquello
que capta el conocimiento (tiene una entidad epistemológica). Lo
ontológico y lo epistemológico, el ser y el pensamiento, se unen.
3º. IDEAS:
Por encima de los eidos están las realidades supremas,
absolutamente consistentes, inabarcables e indefinibles. Sólo son
tres: el BIEN, la BELLEZA y la JUSTICIA. Pero la
idea superior a todas es la de BIEN, la que da consistencia a
todas las demás. Es el ser por excelencia; de él derivan la Belleza
y la Justicia. Es como la luz que ilumina todo y permite contemplar
las demás ideas. La Belleza vuelve bellas el mundo de las
realidades físicas. La Justicia armoniza las distintas partes
del alma individual (la concupiscible, la irascible y la racional) y
regula el funcionamiento del cuerpo social (pueblo, militares y
gobernantes), además de establecer las relaciones adecuadas entre
otras virtudes singulares y colectivas (fortaleza, templanza y
prudencia). En el buen conocimiento de estas tres ideas consiste la
sabiduría.
v) ¿Qué relación existe
entre las ideas y los números? Platón distingue tres clases
de números: a) los números ideales (Unidad o Paridad, por
ejemplo); b) los números matemáticos (números o conceptos
abstractos, como usan habitualmente los matemáticos); c) los números
sensibles (los grupos numerables de cosas). Tanta importancia
daba Platón a los números que Aristóteles llega a decir: «Para
Platón las Ideas son los números» (Metafísica, 987 b 20),
con lo que de hecho estaba identificando platonismo con pitagorismo.
Pero la opinión de los críticos (p.ej., la de D. Ross) es que Platón
siempre consideró a los números realidades «intermedias» entre las
ideas y las cosas. No obstante, es posible que Platón asignara un número
a cada idea; pero fueron sus discípulos (Espeusipo) quienes
rechazaron las ideas y las sustituyeron por números o quienes
identificaron las ideas con los números (Jenócrates).
El conocimiento de las Ideas por reminiscencia
No adquirimos las ideas por la razón,
ni son el resultado de pensamientos o reflexiones. Platón dice que el
alma ya tenía esos conocimientos desde siempre, por haberlas contemplado
en períodos anteriores a nuestra existencia, puesto que el alma preexistió,
junto a los dioses, en el Olimpo.
Como el alma está encerrada en un cuerpo
material y en contacto con realidades materiales espaciotemporales, sólo
puede tener recuerdos de las Ideas que en su momento
contempló directamente. A estos recuerdos le llama Platón «anámnesis».
Son, por tanto, conocimientos a priori, anteriores a cualquier tipo
de experiencia o impresión sensible. Cuando vemos objetos concretos (árboles,
casas, libros...) esos objetos nos evocan la idea correspondiente que
conocimos en la eternidad. Ni siquiera estas ideas se adquieren por el
estudio o la reflexión.
Ideas
sobre cosmología de Platón
De la cosmología sólo se ocupó Platón
al final de su vida, en el Timeo. Platón entiende la narración
del Timeo como un relato simplemente probable, lleno de conjeturas
y suposiciones, con abundantes elementos míticos e numerosas
formulaciones tomadas de los pitagóricos, de Empédocles y de otros
sabios de la época. En este sentido, el Timeo constituye una auténtica
enciclopedia de la ciencia del momento.
El Timeo comienza su sección
cosmológica distinguiendo los dos mundos: «el ser eterno que nunca tuvo
nacimiento» (Mundo de las Ideas) y «el ser que nace y que no existe
nunca» (Mundo sensible de las cosas). El primero sirve de modelo al
segundo, que imita al primero.
Del Cosmos (el mundo de las cosas) dice
Platón que tuvo que nacer, porque es visible, tangible y tiene cuerpo.
Respecto a cómo se originó, da la siguiente explicación en el Timeo:
- Un artífice divino, el Demiurgo
(significa «artesano», en griego) fue la causa activa e inteligente que
lo formó (inspirado quizás en el Noûs de Anaxágoras).
- El Demiurgo actúa teniendo como modelo
el Mundo de las Ideas.
- Dio forma al mundo a partir de una materia
preexistente, caótica y móvil.
- El espacio vacío también preexiste.
El Demiurgo se limitó a ordenar la
materia en el espacio, siguiendo el modelo de las ideas eternas. Según
Platón, el Demiurgo quiso que todas las cosas fueran buenas, e hizo el
mundo más bello y mejor posible, actuando conforme a un fin, un plan
que explica por qué el mundo es así y no de otra manera. Platón se
opone en esto a las explicaciones mecanicistas de los presocráticos y
adopta una explicación teleológica. El cosmos que el Demiurgo creó
es un gigantesco ser vivo, divino, que envuelve y encierra a todos los
seres vivos visibles. Es un dios sensible formado a imagen del dios
inteligible: muy grande, muy bueno, muy bello y perfecto.
Dado que es un ser vivo, el Cosmos posee
un alma -formada por el Demiurgo- que da movimiento a todo, y que se
identifica con el cielo. El cosmos tiene una figura perfecta: es esférico;
tiene a la tierra en el centro; alrededor están las esferas de los
planetas, y todo rodeado por la esfera de las estrellas fijas, a las que
Platón -recogiendo ideas de una religión astral- considera como «dioses».
Todo, en conjunto, responde a proporciones numéricas y armonías
musicales, de acuerdo con el tiempo (imagen móvil de la eternidad
inmóvil).
Platón hace una reinterpretación matemática
de los cuatro elementos de Empédocles. Al fuego le corresponde un
tetraedro; a la tierra, el cubo; el octaedro equivale al aire; y el
icosaedro al agua. Probablemente Platón quisiera asimilar el dodecaedro a
la esfera, y hacer coincidir ésta con la totalidad del cosmos.
A modo de síntesis,
las características más destacables de la cosmología platónica son las
siguientes:
1º. Tiene una concepción teleológica
del Cosmos (la primera en la historia de la filosofía): Para Platón,
el fin del Cosmos coincide con la causa que debe explicarlo todo, a
diferencia de la concepción mecanicista de los presocráticos.
2º. El optimismo platónico: éste
es el mejor y más bello de los mundos posibles.
3º. Matematización del espacio y del
cosmos: La masa preexistente con la que el Demiurgo formó el cosmos
sería materia ubicada en el espacio, con una estructura matemática.
Entiende todos los cuerpos físicos como cuerpos geométricos. Y los
poliedros corresponderían no tanto a elementos, sino a estados de
la materia (ígneo, gaseoso, líquido o sólido). Por lo tanto, sería la
estructura matemática de los cuerpos lo que explica las cualidades,
estados y posibles transformaciones de la materia (idea de innegable
modernidad).
4º. Divinización del cosmos: Los
dioses olímpicos son sustituidos aquí por los astros-dioses. Pero en
Platón, como en los presocráticos, «dios» o «divino» designan
simplemente realidades de orden superior o dotadas de vida. No tienen el
mismo sentido que en la teología cristiana, por lo que resulta
completamente infundado afirmar que Platón era monoteísta al considerar
divina la idea de Bien.
La
antropología platónica
Platón desarrolla una teoría muy
compleja sobre el ser humano y su naturaleza, cuyo influjo en toda la
antropología occidental y, sobre todo, en la cristiana, persiste hasta
hoy. Platón es el primer autor que presenta una «psicología racional»,
aunque sus ideas estaban inspiradas en las doctrinas pitagóricas y en el
orfismo, y presentadas con explicaciones míticas o sólo probables. No
obstante, Platón pensaba que «descubrir cómo es el alma es tarea divina
y demasiado larga, respecto a lo cual los hombres no pueden más que
hablar con semejanzas» (Fedro, 246 a). Por otra parte, Platón tenía
dos intenciones muy concretas al presentar su teoría del alma: éticas
(mostrar la necesidad de controlar las tendencias instintivas del cuerpo y
asegurar una recompensa futura a quien practique la justicia, contra el
inmoralismo de algunos sofistas) y gnoseológicas (justificar la
posibilidad de un conocimiento de las Ideas).
i) El dualismo platónico:
Puesto que su concepción sobre el mundo es dualista (lo divide en dos:
Mundo de las Ideas y Mundo de las cosas), también lo es su concepción
del ser humano, en el que distingue claramente alma y cuerpo.
La superioridad del Mundo de las Ideas sobre el de las cosas se traduce en
el contexto antropológico en una prioridad absoluta del alma sobre el
cuerpo, hasta el punto de afirmar que «el hombre es su alma». Alma y
cuerpo forman una unidad accidental, precaria, en un sentido parecido a
como afirmamos que un jinete está unido a su caballo.
• El cuerpo:
Es la cárcel del alma, algo así como el caparazón que lleva
dentro a la ostra.
- Supone un lastre negativo para el
alma, pues le crea necesidades, enfermedades, deseos, temores, pasiones
y sensaciones que le obstaculizan la búsqueda de la verdad.
- Es un estorbo del que el alma tiene
que liberarse poco a poco, del que tiene que purificarse para poder
acceder a la contemplación de las Ideas.
- El cuerpo inclina al alma a poseer
cada vez más, a ser ambiciosa, al comportamiento violento y a la
guerra, a los placeres sensibles (Fedón, 250 D y 66).
No debe extrañar, por tanto, que Platón
estuviera convencido de que "morir es lo mejor que le puede pasar al
filósofo" y de que la filosofía sea una "preparación para la
muerte". En el Fedro, Platón sostiene que el alma se halla
unida accidentalmente al cuerpo como castigo por algún pecado. Pero en el
Timeo afirma que el alma puede estar en perfecta armonía con el
cuerpo.
• El alma:
Es muy superior al cuerpo. Es la que constituye nuestro yo.
- Representa lo más auténtico del ser
humano, y al lado de ella el cuerpo es sólo una sombra, una apariencia.
- El alma racional es una creación
directa del Demiurgo, tomando como modelo las Ideas eternas (Timeo,
41).
- El alma obtuvo sus conocimientos
mientras estuvo en contacto con las Ideas, en su primera existencia (Fedro,
245).
El alma, creada directamente por los
dioses, desciende en un carro alado a la tierra, donde se une
accidentalmente a un cuerpo y queda instalada en el mundo sensible. Pero
el cuerpo sigue manteniendo su naturaleza más o menos depravada después
de esta unión. Por eso, más que de unión hay que hablar división
o dicotomía entre cuerpo y alma. El elemento material, el cuerpo,
está cargado de connotaciones negativas y es un obstáculo para la búsqueda
de la verdad. El alma es el elemento espiritual, bueno y positivo,
interesado en purificarse y hallar la verdad.
Con esta concepción, Platón deja
abierto un profundo abismo entre el mundo material -el mundo de lo
sensible, de lo físico- y el mundo de lo espiritual, de las Ideas y de lo
mental. Esta oposición tajante entre materialismo y espiritualismo hará
del hombre un ser escindido, imperfecto, incapaz de conseguir unidad y auténtica
armonía.
ii) Las partes del alma:
Platón habla de tres partes, que en algunos textos parecen almas
independientes más que partes de un alma única.
• Alma racional
(noûs, lógos), de naturaleza divina y situada en el
cerebro, es inmortal e inteligente. Se dedica al pensamiento puro y busca
la contemplación de la verdad.
•
Alma irascible (thymós), fuente de pasiones nobles,
situada en el tórax e inseparable del cuerpo, mortal.
• Alma concupiscible o
apetitiva (epithymía), situada
en el abdomen y mortal. De ella proceden las pasiones más bajas y los
sentimientos innobles.
Como vemos, también la teoría platónica
del alma es dualista: habla de una parte inmortal del alma y considera
mortales las demás, mucho más ligadas al cuerpo. Quizá esta división
en partes pretenda ser reflejo de los conflictos éticos y psíquicos que
el ser humano experimenta en sí mismo. En la República habla de
tres funciones distintas de una misma alma, mientras que en el Timeo
ya da la impresión de estar pensando en tres almas diferentes. El alma
inmortal es creación directa del Demiurgo, con los mismos elementos que
el Alma del Mundo, lo que la hace muy semejante al mundo de las Ideas. Esa
semejanza con las Ideas es lo que le permite conocerlas. La distinción de
partes en el alma está muy en relación con la vida ética individual y
la concepción política de la sociedad.
iii) La inmortalidad
del alma: Fue una de las doctrinas filosóficas
importantes de Platón más novedosas en su momento. El alma no es
inmortal por naturaleza, sino únicamente por la voluntad del Demiurgo que
la formó. Al mismo Platón no le convencían demasiado los argumentos que
daba para demostrarla. Los consideraba sólo probables, y les daba un
alcance sólo relativo:
• Argumento 1: La anámnesis.
Puesto que el alma recuerda las Ideas tenidas anteriormente y tiene muchas
ideas no adquiridas por la experiencia, esto indica que antes de unirse al
cuerpo tuvo una preexistencia diferente. Lo natural, por tanto, es
que vuelva de nuevo al estado que tuvo anteriormente, es decir, que pase
de la existencia terrena a la pura contemplación del Mundo de las Ideas (Fedón,
72).
• Argumento 2: La simplicidad.
Sólo se corrompe lo que está compuesto de partes; como el alma es la única
que conoce las Ideas porque se identifica con ellas -que también son
simples-, hay que pensar que también el alma es simple. Y si todo lo que
es simple no puede corromperse, podemos deducir que tampoco morirá, es
decir, que es inmortal (la República, 608).
• Argumento 3: El principio
de movimiento. Alma significa vida, es
decir, principio de movimiento. Pero no se trata de un movimiento que
procede de fuera del alma, sino de sí misma, producido por su propia
naturaleza. Esto significa que por sí misma siempre estará en
movimiento, siempre tendrá vida, y esto equivale a decir que es inmortal
(Las Leyes, 895).
iv) La transmigración
y el destino del alma.
Platón dedicó alguno de sus mitos más bellos al destino del alma (en el
Fedro, el de la caída y ascensión del alma, donde compara el alma
con un carro tirado por dos caballos; en el Gorgias, el Fedón
y la República los mitos del juicio final, donde incluye la
doctrina pitagórica de las sucesivas reencarnaciones del alma). En síntesis,
Platón afirma que las almas salen de las manos del Demiurgo, todas
iguales, eternas y atemporales; después se encarnan espaciotemporalmente
en cuerpos materiales concretos. Se trata de la primera encarnación.
Después de la muerte, el alma permanece
peregrina durante unos mil años, encarnándose sucesivamente en
diferentes cuerpos, eligiendo su destino. Cada vez que se encarna en un
cuerpo nuevo elige también un nuevo género de vida, y esta elección
encierra muchos peligros, porque muchos eligen destinos aparentemente
ideales que luego se revelan terribles. No son los dioses, sino nosotros,
los que elegimos nuestro destino. Los dioses no son responsables de que
algunos hombres elijan destinos que les aparten de la verdad. Pero lo
importante es que la parte racional del alma domine y controle sus
tendencias irracionales, sus pasiones, sus deseos y sentimientos, para que
tras sucesivas reencarnaciones pueda llegar a la contemplación de la
verdad (así lo explica con el mito del carro alado en el Fedro,
386).
En el «mito de Er» (República)
Platón establece una jerarquía de valores a escoger para las sucesivas
transmigraciones, eligiendo uno u otro personaje según el grado de virtud
que desee: 1º. Filósofo; 2º. Rey; 3º. Hombre de Estado, padre de
familia o comerciante; 4º. Gimnasta, artista o médico; 5º. Profeta o
sacerdote; 6º. Poeta; 7º. Obrero artesano o labrador; 8º. Sofista o
demagogo; 9º. Tirano. Con este mito probablemente pretendía destacar la
importancia de la libertad y la responsabilidad como claves para realizar
todas las elecciones en la vida humana. Presenta el destino como resultado
de la decisión personal, y no como una imposición fatalista de los
dioses. Su escala de valores, sin embargo, refleja la concepción clasista
que tenía Platón de la sociedad. Platón no oculta sus preferencias por
la aristocrática, su nostalgia por la actividad política y su desprecio
por los trabajadores.
El
conocimiento
La teoría de las Ideas plantea un
problema: ¿cómo podemos conocer las Ideas, si pertenecen a otro mundo
distinto del nuestro, el Mundo Inteligible? La teoría platónica del
conocimiento se basará en tres supuestos: 1º. Las cosas imitan o
participan de las Ideas; 2º. El alma es una realidad intermedia entre las
cosas y las Ideas; 3º. Las Ideas están en comunicación entre sí.
Asumidas estas premisas, podemos destacar tres aspectos en la teoría platónica
del conocimiento:
1º. La reminiscencia
(anámnesis): En el Menón se plantea ya con claridad que no
podemos intentar buscar lo que ya se conoce -porque sería inútil-
ni tampoco lo que no conocemos -no sabríamos adónde dirigirnos ni
podríamos reconocer lo buscado-. Este razonamiento indujo a Platón a
concluir que no buscamos lo que desconocemos y, por lo tanto, conocer
es recordar. Platón concibe, pues, el conocimiento de las Ideas
como reminiscencia. En el Fedón y el Fedro se añade que el
alma tuvo que conocer las Ideas en una existencia anterior, separada del
cuerpo. Ese conocimiento es posible por la afinidad
existente entre la naturaleza del alma y la de las Ideas («lo semejante
conoce lo semejante»). Puesto que las cosas imitan a las
Ideas, el conocimiento sensible sirve de ocasión para el
recuerdo (anámnesis). De esta manera la multiplicidad de las
sensaciones es reducida a la unidad de una sola Idea
mediante el recuerdo.
2º. La dialéctica:
En los diálogos posteriores desaparece toda referencia al conocimiento
como reminiscencia y Platón centra su atención en la dialéctica, que en
los primeros diálogos coincidía con el método socrático de preguntas y
respuestas. Pero en la República sufre notables modificaciones:
• Grados de conocimiento
(República, libro sexto, 509 d-511): A partir de los grados de
ser, Platón distingue dos formas generales de conocimiento: la opinión
y la ciencia (en esto coincide con Parménides). La opinión
es el conocimiento de las cosas del Mundo visible que nacen y se
corrompen y del devenir. La ciencia sólo puede ser
conocimiento de las cosas del «Mundo Inteligible», del Ser eterno e
inmutable y de las substancias o esencias. Un grado inferior de
conocimiento sería la imaginación, alimentada por los
objetos sensibles que percibimos por los sentidos -los que estudia la
Física- y por la creencia. Pero ni la imaginación
ni la creencia son para Platón verdaderas formas de
conocimiento porque tratan sobre objetos móviles.
- Diánoia y nóesis
son los dos últimos grados de conocimiento. Diánoia
sería la razón deductiva del matemático, y nóesis
la inteligencia propia del dialéctico, que presupone el
verdadero conocimiento (noûs) de las Ideas. Para Platón
existe una gran diferencia entre el método matemático y el dialéctico:
Las matemáticas siguen un método de razonamiento descendente:
parten de unas hipótesis y deducen conclusiones, ayudándose mediante
imágenes visibles (las formas y dibujos geométricos). La dialéctica,
en cambio, sigue un método de razonamiento ascendente: las hipótesis
son peldaños en los que el dialéctico se apoya para «llegar a un
principio no hipotético», sin recurrir para nada a imágenes. Aunque
todas estas ideas vienen expuestas en pasajes ciertamente oscuros,
Platón parece estar describiendo el modo de proceder que tenían los
matemáticos de su época (hacían sus demostraciones a partir de
definiciones de objetos geométricos). Platón estaba convencido de
que en la dialéctica no se recurre para nada a imágenes. Se
parte simplemente de una Idea desde la cual nos remontamos hacia otras
superiores. Da por supuesto que el Mundo de las Ideas se haya
jerarquizado, y que la idea suprema es el Bien, primer principio cuyo
conocimiento hace inteligibles a las demás Ideas. Llegado a la cima,
el dialéctico emprende el camino inverso: desciende desde la Idea
suprema, recorriendo por el trayecto todas las demás. Este tipo de
razonamiento es el que establece, finalmente, una comunicación o
trabazón entre las Ideas, y proporciona una «visión sinóptica»,
esquemática, del Mundo Inteligible.
• El «mito de la caverna»:
Aparece al inicio del libro VII de la República. Constituye
una alegoría acerca de la educación del filósofo. En
este texto Platón muestra que hay una continuidad entre los
distintos grados de conocimiento, en correspondencia con su visión
jerárquica de la realidad. La educación consistirá en un ascenso
a través de las diversas formas de conocimiento, siendo la física y
las matemáticas las que tienen un carácter propedéutico (introductorio).
Platón no llega a decir cómo se conocen las Ideas. Simplemente
indica que el alma tiene capacidad para ello, si sabe mirar en la
buena dirección (Rep., 518 d). Las matemáticas son las
que más ayudan a dar el empujón hacia regiones superiores, pues no
arrancan del mundo del devenir y nos introducen en la contemplación
de los objetos inteligibles. Pero el matemático aún permanece atado
a las representaciones sensibles (geométricas). Abandonarlas y
penetrar en el mundo de las Ideas será la tarea del dialéctico, del
filósofo.
• Eros y conocimiento:
El amor platónico es también un proceso ascendente, una especie de
dialéctica emocional. Si en la dialéctica la ascensión parece
realizarse a partir de las Ideas inferiores hasta la idea suprema, en
el amor se trata de una ascensión desde las cosas hasta la idea
suprema (el Bien o la Belleza), sin hablar para nada de ideas
intermedias en el trayecto. En el amor, son las cosas las que sirven
de peldaños (hipótesis) hasta la Idea. Por lo tanto, el amor
platónico es una ascensión hacia la Belleza. No debe extrañar,
pues, que Platón entienda que «el amor se comporta como el filósofo»
y que «es comprensible que sólo eche alas la mente del filósofo»,
puesto que en él se da con más intensidad el amor por las Ideas (Fedón,
86 b-80 d).
Teoría
Ética y doctrina política de Platón
El conocimiento, sirviéndose de la dialéctica
y del amor, es el camino hacia las Ideas. Pero por sí solo no basta:
necesita, además, la virtud, la única que puede enseñarle el
camino hacia el Bien y la Justicia. Por otra parte, ningún ser humano
aislado tiene capacidad para ser bueno o sabio. Para ello necesita a toda
la comunidad política, al Estado. En la práctica, esto significa
que sólo la virtud y el Estado hacen posible el acceso a las Ideas,
aunque sean las Ideas el fundamento último de la virtud y del Estado.
Esta especie de círculo conceptual culmina la filosofía platónica, que
tiene una clara intención ética y política, como dijimos.
i) Teoría ética: La virtud
(areth [areté])
• Distintos conceptos de «virtud».
Según el diccionario de la Real Academia Española (edic. 21ª),
virtud es el hábito de obrar bien, por la disposición constante
del alma a las acciones conformes a la ley moral. Pero «virtud»
no siempre tuvo el significado que hoy le atribuimos. Al principio
indicaba cualquier tipo de perfección o excelencia en hombres o
animales, fuese corporal o de comportamiento y aptitudes, sin
contenido ético ninguno. Homero entiende por virtudes las propias de
la aristocracia militar de su tiempo: nobleza y bravura. En otros
poetas griegos (Píndaro, Teognis de Megara) la virtud es un don de la
divinidad, tiene carácter innato y no puede ser ni enseñada ni
aprendida. Los sofistas, sin embargo, transforman el concepto y
entienden por virtudes las propias de la democracia, especialmente la
capacidad para dirigir los asuntos propios y los públicos, y la
consideran perfectamente enseñable y aprendible. Será con Sócrates
y Platón cuando «virtud» adquiera su sentido claramente moral,
aunque ya Hesíodo y Solón habían afirmado que la virtud consistía
ante todo en la justicia.
• Tres conceptos de virtud
en Platón (que no son
excluyentes entre sí):
1º. Virtud como sabiduría:
Es el concepto socrático, que Platón nunca llegó a abandonar por
completo. Pero quien adquiere esta virtud alcanza, según Platón, un
"saber" de orden superior: se trata del conocimiento de las
Ideas de Bien, Justicia, Valor, Piedad y Belleza, que representan la
cumbre del alma humana. De esta manera intenta Platón superar el
relativismo en relación con la virtud que sostenían los sofistas.
Estaba convencido de que existe lo Justo-en-sí, y que no
depende de culturas ni tradiciones o sociedades. Además, intentó
unificar todas las virtudes en la Idea del Bien.
2º. Virtud como purificación:
Tanto en el Fedro como en el Fedón, el hombre virtuoso
es aquel que purifica su alma de las pasiones y prescinde cada vez más
del cuerpo para poder acceder mejor al Mundo de las Ideas. Es un
concepto de virtud cargado de resonancias pitagóricas. Pero en el Filebo
(donde se discute si en la ética es más importante el saber o el
placer) Platón admitirá que la vida buena y virtuosa es una vida mixta
en la que hay que saber aceptar el placer con moderación.
3º. Virtud como armonía:
En la República habla de la justicia como la virtud
fundamental, que consiste en «el acuerdo de las tres partes del alma,
como si fueran los tres términos de una armonía [musical]» (443 d).
La armonía se produce en el alma cuando «cada parte hace lo que le
es propio» (441 e), de manera que «dominen o sean dominadas entre sí
conforme a la naturaleza» (444 d). En concreto, se trata de que la parte
racional sea prudente (virtud propia de los gobernantes)
para guiar a la parte irascible, cuya virtud propia es la fortaleza
o el valor; y ambas conjuntamente puedan controlar a la parte
apetitiva, cuya virtud fundamental es la templanza (propia
de los artesanos). Quien consiga este dominio será una persona
armoniosa, justa y virtuosa. Para Platón la virtud es la «salud,
belleza y bienestar del alma» (444 e) y la justicia es la armonía
del hombre. Es Platón el primero que presenta la virtud dividida en
tres categorías (prudencia, fortaleza y templanza) y habla de la
justicia como la armonía síntesis de todas las virtudes.
ii) Teoría política:
El Estado
Platón presenta una clara correlación
entre el alma y el Estado. Opina que la estructura de la ciudad y clases
sociales tiene su reflejo en el alma y, a su vez, las partes del alma se
corresponden con la estructura social. Por esa razón cuando habla de ética
y virtudes personales nos introduce, al mismo tiempo, en la política.
Además, sólo en la ciudad justa es posible educar a hombres justos,
capaces de armonizar bien sus diferentes virtudes. Sólo la pólis
permite adquirir las virtudes éticas propias de un ciudadano honrado.
El tema de la República es la
justicia en el individuo y en el Estado. Ofrece una utopía en la que el
gobierno pertenece a los filósofos. Platón se inclinaba por un gobierno
monárquico o aristocrático, donde la aristocracia era una aristocracia
de la virtud y el saber, no de sangre o linaje. En contra de lo que
algunos sofistas opinaban, los gobernantes no debían guiarse por la
ambición personal ni por la fuerza, sino aspirar a la contemplación del
orden inmutable de las Ideas para que su acción política fuese un
reflejo de ellas (cf. el «mito de la caverna», donde los que consiguen
salir de la caverna y llegan a contemplar el sol de la Verdad, la Justicia
y el Bien deben «volver a la caverna» para guiar a los que siguen allí).
• El origen de la sociedad.
La ciudad responde a las necesidades humanas, porque ningún ser humano se
basta a sí mismo y depende de los demás para la satisfacción de sus
necesidades, desde alimentación hasta educación y atención médica.
Todos nos necesitamos mutuamente, porque cada uno aporta su saber,
experiencia y conocimientos a la comunidad. Es la satisfacción de las
necesidades lo que establece la división del trabajo en la ciudad, a
partir de tres tipos básicos de actividades que se corresponden con las
disposiciones naturales de la mayoría de los ciudadanos:
1ª. Artesanos (actividades productivas).
2ª. Guardianes o guerreros (encargados
de la defensa).
3ª. Gobernantes (actividad política y
gobierno).
• Las clases sociales.
La ciudad, según Platón, se compone de tres clases sociales que se
corresponden con las tres partes del alma. Presenta una organización política
estrictamente jerarquizada. Parte de que no todos los
hombres están igualmente dotados por naturaleza ni deben realizar las
mismas funciones. En cada uno predomina un alma y ha de ser educado para
las funciones que deba realizar (la educación debe ser idéntica para
hombres y para mujeres). El Estado, según Platón, es ante todo una
institución educativa. Por otro lado, la existencia de los ciudadanos está
en función del bien de la colectividad, y esto justifica para Platón un comunismo
total para las clases superiores, que incluye la abolición de la
propiedad privada y de la familia. Pensaba Platón que de este modo los
gobernantes y los guerreros estarían a salvo de los peligros de la ambición
personal o familiar.
- Los artesanos:
Ofrece los recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas
(alimentos, etc.), mediante un trabajo productivo de bienes y
servicios. Platón no explica por qué es "natural" que unos
tengan que servir a la ciudad y otros beneficiarse de su trabajo.
- Los guardianes o guerreros:
Tienen como función defender la ciudad de posibles invasores,
extranjeros o bárbaros, y también aplacar los conflictos internos.
Es la más importante, porque de esta clase saldrán los gobernantes
(los mejores entre los guardianes). Su educación y preparación deben
ser la propia de una élite, puesto que de ellos dependerá el buen
funcionamiento de la ciudad. Además, tendrán un régimen especial de
vida: se alojarán en viviendas separadas de las del resto de los
ciudadanos; no poseerán riquezas propias, ni vivienda privada, ni
familia, ni mujeres. Se mantendrán en régimen de matrimonio monogámico
permanente. Se casarán con mujeres de su misma clase para preservar
la pureza del grupo.
- Los gobernantes:
Son los árbitros absolutos de la vida política, y sólo se
justifican en el cargo si llegan a ser los más sabios. Deben ser
seleccionados entre los mejor dotados y estar sometidos, entre los 20
y 30 años, a una formación científica muy especial. Normalmente
procederán de los guardianes perfectos, aquellos que, al final de su
formación, llegan a ser filósofos casi perfectos, capaces de poner
como fundamento del Estado la Verdad, la Justicia y el Bien.
• Teoría de las diferentes formas de
gobierno. Según Platón, el
devenir histórico de los Estados les conduce a la degradación progresiva
(contra el optimismo de Protágoras, que entendía la historia como
progreso). El criterio que utiliza Platón para establecer sus
preferencias por uno u otro sistema político es la capacidad intelectual
y preparación filosófica que cada forma de gobierno requiere:
1º. Aristocracia
("gobierno de los mejores"): Es la forma más perfecta de
gobierno, tanto si manda una persona sola como si lo hacen varios.
2º. Timocracia:
Es el gobierno de los que tienen cierta renta y honor. En él no mandan
los mejores, sino los más ambiciosos y guerreros, más amigos de la
guerra que de la buena gestión política pacífica.
3º. Oligarquía:
Gobierno de unos pocos, los explotadores, los que están a la caza de
puestos y riquezas. Esto no significa que siempre gobiernen mal.
4º. Democracia:
Gobierno del pueblo, donde predomina la libertad -sobre todo de expresión-,
normalmente cuando el pueblo llano expulsa a los ricos del poder y permite
una libertad inmoderada, que a menudo supone el desprecio de las leyes. La
falta de una autoridad rígida que domine a los demás y el hecho de que
todos se consideren igual puede suponer, con frecuencia, la perversión
del orden social y de la fuerza.
5º. Tiranía:
Es la ruina y degradación del Estado, la peor forma de gobierno. A menudo
es consecuencia de la democracia y de no saber hacer uso de la libertad,
lo cual obliga a que alguien tome el poder e imponga su dominio por la
fuerza. La necesidad de líder es lo que justifica que el pueblo demande
un tirano. Pero este suele embriagarse fácilmente de poder y, en la práctica,
hace surgir la mayor de las esclavitudes.
Platón estaba convencido de que el orden en que expone sus críticas a
las diferentes formas de gobierno reflejaba la sucesión de formas políticas
en Grecia. Pero históricamente no fue así.
• Otros aspectos de su teoría política: Platón fue el autor
del primer ensayo de teoría política que conocemos. Está en la línea
de un movimiento mucho más amplio de crítica a la democracia -al que
pertenecían también Isócrates, Jenofonte y Aristófanes, por ejemplo-.
Hay que tener en cuenta que la democracia ateniense, por su peculiar
estructura, se prestaba a muchas manipulaciones. Platón dirige sus ideas
políticas contra las doctrinas relativistas de los sofistas, pretendiendo
ofrecer un modelo inmune al paso del tiempo y a las diferencias culturales
porque, según Platón, responde al orden eterno e inmutable de las Ideas.
En uno de sus últimos diálogos, las Leyes,
Platón se muestra muy desilusionado por sus fracasos políticos en
Sicilia y propone una ciudad imposible: encerrada en sí misma y
autosuficiente, sin comercio exterior, dominada por una aristocracia
agraria (sin industria), bajo un estrecho sistema de vigilancia mutua,
donde todo -hasta los juegos de los niños- está rígidamente legislado
para impedir la más mínima variación.
La República, por último,
presenta una utopía política reaccionaria, según la cual toda la
comunidad política debe permanecer sujeta a una clase gobernante aristocrática.
Según Platón, «al formaros los dioses hicieron entrar oro en la
composición de cuantos están capacitados para mandar; plata en la
composición de los auxiliares (guardianes o guerreros); bronce y hierro
en la de los labradores y demás artesanos». Asegura que todos serán
felices en la ciudad si cada uno actúa según su propia naturaleza y
realiza su tarea. Pero eso no explica por qué a unos les corresponde
labrar la tierra y a otros gobernar. Tampoco detalla los mecanismos
mediante los cuales la naturaleza impone tales cosas.
Para Platón, la cuestión política es
también ética: cada ciudadano debe practicar aquellas virtudes propias
del grupo social al que pertenece, y en eso consiste la Justicia. Pero ¿quién
decide la pertenencia a un determinado grupo social? Platón tenía una
concepción estática de la sociedad, basada en un rígido determinismo
incompatible con otros ideales griegos de libertad, democracia y
participación igualitaria de los ciudadanos en el gobierno. En las Leyes
hay algunos pasajes donde reconoce que muchas de sus propuestas
constituyen un ideal, difícil o imposible de poner en práctica.