ABSTRACT: Análisis de la concepción ética y moral de Karl Marx
a través de una selección de fragmentos
de la obra:
Karl
Marx,Selected
Writings, David McLellan, ed. Oxford: Oxford University Press, 1977,
y los posteriores comentarios. ..................................................
Fragmento 1
---------------------------------------- En su análisis de la
naturaleza de un individuo, Marx dirige su atención hacia las
circunstancias históricas reales y concretas de la persona, en lugar de
caracterizar al agente en términos de abstracciones lógicas vacías. Las
vidas de los seres humanos están indisolublemente ligadas al modo de
producción predominante (esto es, a la forma en que los seres
humanos se organizan para producir los bienes que necesitan).
----------------------------------------
Las premisas de las que partimos no
son arbitrarias ni son dogmas, sino son las premisas reales a partir de
las cuales se hacen abstracciones en la imaginación. Estas premisas son
los individuos reales, su actividad y las condiciones materiales en las
que viven, tanto las que ya encuentran dadas como las que ellos producen
con su actividad. Estas premisas, por lo tanto, pueden ser verificadas de
forma puramente empírica.
DATOS AUTOR
Perfil/Área trabajo
Profesor Área Ciencias Económicas
UFM (Guatemala).
WWW:
Web autor
(Basado en la obra
Great Traditions in Ethics, 8a.
ed. Belmont, Ca.: Wadsworth, 1996), pp. 244-257.
Theodore Denis, Sheldon Peterfreund y Nicholas
White)
La primera premisa de toda historia
humana es, por su puesto, la existencia de individuos humanos vivientes.
Por tanto, el primer hecho que debe establecerse es la organización física
de estos individuos y su consecuente relación con el resto de la
naturaleza. Por supuesto, no podemos adentrarnos dentro de la naturaleza física
real del hombre, o en las condiciones naturales en las que el hombre se
encuentra (geológicas, geográficas, climáticas y demás). La escritura
de la historia debe siempre partir de estas bases naturales y su
modificación en el curso de la historia por la acción de los hombres.
Los hombres pueden distinguirse de los
animales por la conciencia, por la religión, o lo que se quiera. A
sí mismos, los hombres comienzan a distinguirse de los animales tan
pronto como comienzan a producir sus medios de subsistencia, paso
que es condicionado por su organización física. Al producir sus medios
de subsistencia, los hombres están indirectamente produciendo su vida
material real.
La forma en la que los hombres
producen sus medios de subsistencia depende primero que todo en la
naturaleza de los medios de subsistencia que ya existen y que ellos tienen
que reproducir. Este modo de producción no debe considerase simplemente
como la producción de la existencia física de los individuos. Más bien,
es una forma definida de actividad de estos individuos, una forma definida
de expresar su vida, un modo definido de vida de su parte. Como los
individuos expresan sus vidas es como ellos son. Lo que son, por lo tanto,
coincide con su producción, tanto con lo que producen como con la forma
en que lo producen. La naturaleza de los
individuos depende, por tanto, de las condiciones materiales que
determinan su existencia. (Marx,
Selected Writings, pp. 160-161.)
Fragmento 2
---------------------------------------- Marx
sostiene que las formas más sofisticadas de la inteligencia humana (la
moral, la religión, la política y demás) están determinadas por las
condiciones económicas de una sociedad dada, y
que no tienen estatus independiente. Por ejemplo, los
valores morales son ideológicos, pues son los efectos de las
fuerzas materiales que son su fuente y no productos de la razón pura.
----------------------------------------
La
producción de ideas, de concepciones, de conciencia, está directamente
interconectada con la actividad material y los intercambios materiales de
los hombres, el lenguaje de la vida real. Concebir (una idea), pensar, el
intercambio intelectual de los hombres, aparece en esta etapa con el flujo
directo de su conducta material. Lo mismo aplica para la producción
material como queda expresada en el lenguaje de la política, de las
leyes, de la moral, de la religión, de la metafísica, etc., de la gente.
Los hombres son los productores de sus concepciones, ideas, etc. (los
hombres reales, activos, tal y como son condicionados por un desarrollo
definido de sus fuerzas de producción y del intercambio correspondiente a
éstas). La conciencia no puede ser nada más que la existencia
consciente, y la existencia de los hombres es su proceso vital. Si en toda
ideología los hombres y sus circunstancias aparecen invertidas como en
una camera obscura, este fenómeno se origina en el proceso histórico-vital
de la misma forma en que los objetos en la retina se originan en sus
procesos físico-vitales.
En contraste directo con la filosofía
alemana que desciende del cielo a la tierra, nosotros ascendemos de la
tierra al cielo. Esto es: nosotros no partimos de lo que los hombres
dicen, imaginan, conciben; ni de los hombres en cuanto narrados, pensados,
imaginados o concebidos, para llegar al hombre de la carne. Nosotros
partimos de los hombres reales, que actúan, y sobre la base de sus
procesos vitales reales demostramos el desarrollo de sus reflejos ideológicos
y los ecos de este proceso vital. Los fantasmas formados en la mente
humana son también, necesariamente, sublimaciones del proceso de su vida
material, la cual es empíricamente verificable y ligada a premisas
materiales. La moral, la religión, la metafísica, todo resto de ideología
y su correspondientes formas de conciencia, no mantienen ya ningún signo
de independencia. No tienen historia ni desarrollo; pero los hombres,
desarrollando su producción material y sus relaciones de intercambio
material, alteran, junto con su existencia real, su forma de pensar y los
productos de sus pensamientos. La vida no está
determinada por la conciencia, sino la conciencia por la vida. En
el primer método de aproximación el punto de inicio es la conciencia
tomada como el individuo viviente; en el segundo método, que se conforma
a la vida real, el punto de inicio es la vida real de los individuos, y la
conciencia es considerada solamente como su conciencia.
Este método de aproximación no está
desprovisto de premisas. Comienza a partir de las premisas reales y no las
abandona ni un momento. Sus premisas son los
hombres, no en un aislamiento fantástico y rígido, sino en su proceso
real, empíricamente perceptible, de desarrollo bajo condiciones definidas.
Tan pronto como este proceso vital activo es descrito, la historia deja de
ser una colección de hechos muertos como la consideran los empiristas
(incluso ellos víctimas de la abstracción), o una actividad imaginada de
individuos imaginados, como los consideran los idealistas.
Donde termina la especulación —en
la vida real—, empieza la ciencia real, positiva: la representación de
la actividad práctica, de los procesos prácticos del desarrollo del
hombre. Cesan los discursos vacíos sobre la conciencia cesan y el
conocimiento real toma su lugar. Donde se pinta la realidad, la filosofía
como rama independiente de conocimiento pierde su medio de existencia. A
lo mejor, su lugar puede ser tomado solamente al hacer un resumen de los
resultados más generales, de las abstracciones que surgen de la observación
del desarrollo histórico de los hombres. Vistas aparte de la historia
real, estas abstracciones no tienen ningún valor (Ibid., pp.
164-161).
Fragmento 3
---------------------------------------- No
existen filosofías morales que valgan para todas las culturas y todos las
épocas. Los que gobiernan (es decir, quienes controlan los medios de
producción y de distribución) determinan qué concepciones prevalecerán
en una sociedad dada.
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Las ideas de la
clase dominante son en cada época las ideas dominantes,
esto es, la clase que es la fuerza material dominante de una sociedad es
al mismo tiempo su fuerza intelectual dominante. La
clase que tiene los medios de producción material a su disposición tiene
el control al mismo tiempo sobre los medios de producción mental;
de esto se sigue, hablando en general, que las ideas de quienes carecen de
los medios de producción mental les están sujetas. Las ideas dominantes
no son más que la expresión ideal de las relaciones materiales
dominantes; las relaciones materiales dominantes convertidas en ideas
(...). Los individuos que componen la clase dominante poseen, entre otras
cosas, conciencia, y por lo tanto, piensan. En tanto gobiernan como una
clase y determinan la extensión y el alcance de una época, es evidente
que hacen esto en su propio rango, entre otras cosas también como
pensadores, como productores de ideas, y regulan la producción y
distribución de las ideas en su época, de tal forma que sus ideas son
las ideas dominantes de una época. Por ejemplo,
en una época y en un país donde el gobierno real, la aristocracia y la
burguesía luchan por el poder y donde, por lo tanto, el gobierno está
compartido, la doctrina de la separación de poderes proporciona la idea
dominante y se expresa como una “ley eterna” (...). Las
relacione sociales están estrechamente unidas a las fuerzas de producción.
Al adquirir nuevas fuerzas productivas los
hombreas cambian sus modos de producción, y al cambiar su modo de
producción, al cambiar la forma en que se ganan la vida, cambian sus
relaciones sociales. El molino de viento da una sociedad feudal, y el
molino de vapor, una sociedad capitalista industrial.
Los mismos hombres
que establecen sus relaciones sociales en conformidad con su productividad
material también producen principios, ideas y categorías en conformidad
con sus relaciones sociales.
Así, estas ideas, estas categorías,
son tan poco eternas como las relaciones que expresan. Son productos históricos
y transitorios.
Existe un movimiento continuo de
crecimiento en las fuerzas productivas, de la destrucción de las
relaciones sociales, de formación de ideas. La única cosa inmutable es
la abstracción del movimiento (Ibid., pp. 176, 202)
Fragmento 4
----------------------------------------
Se define
el concepto clave de “alineación”. En
las sociedades capitalistas, los seres humanos se vuelven meros objetos,
donde el producto de su trabajo ya no es suyo y donde sus actividades son
controladas por otros.
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Empezamos con un hecho contemporáneo
de economía política:
El trabajador se
vuelve cada vez más pobre entre mayor es su productividad.
El trabajador se vuelve un bien, más barato entre más mas bienes
produce. La depreciación del mundo humano progresa en proporción directa
con el incremento de valor del mundo de las cosas. El trabajo no solamente
produce bienes; también se produce a sí mismo y al trabajador como un
bien (...).
Lo que ese hecho expresa es meramente
esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, le sale al paso como
un ser alienado, como un poder independiente del productor. El producto de
su trabajo es trabajo que se ha solidificado en objeto, es la solidificación
del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. En economía
política esta realización del trabajo aparece como una pérdida de
realidad para el trabajo, la objetivación como una pérdida del objeto o
como volverse esclavo de ella, y la apropiación como alineación, como
externalización.
La realización del trabajo aparece
como una pérdida de realidad al extremo de que el trabajador pierde su
realidad al morir de hambre. La objetivación aparece como una pérdida
del objeto al extremo de que el trabajador es robado, no solamente de los
objetos necesarios para su vida sino también de los objetos que necesita
para trabajar. De hecho, el trabajo mismo se
vuelve un objeto que solamente puede tener en su poder con el mayor de los
esfuerzos y a intervalos irregulares. La
apropiación del objeto aparece como alineación a tal extremo que entre más
objetos produce el trabajador, menos puede poseer y más cae bajo la
dominación de su producto: el capital.
Todas estas consecuencias se siguen
del hecho de que el trabajador se relaciona con
el producto de su trabajo como con un objeto extraño. Es evidente
de este presupuesto que entre más el trabajador se externaliza a sí
mismo en el trabajo, más poderosa se vuelve el mundo alienado, objetivo,
que él crea en oposición a sí mismo, y más pobre se vuelve a sí mismo
en su vida interior. Es lo mismo con la religión. Entre más pone el
hombre en Dios, menos retiene de sí mismo (para sí mismo). El trabajador
pone su vida en el objeto y esto significa que no le pertenece al él sino
al objeto. Lo que es el producto de su trabajo, él no es. Así que entre
mayor el producto, menor el trabajador. La externalización del trabajador
en su producto implica no solamente que su trabajo se vuelve un objeto,
una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente y
alienado, y se vuelve un poder autosuficiente que
se le opone (...).
Tratemos con más detalle con la
objetivación, la producción del trabajador, y la alineación, la pérdida
del objeto, su producto (...).
El trabajador no puede crear nada sin
la naturaleza, el mundo sensible externo. Esta es la materia en que el
trabajo se realiza, en el que es activo, y a partir del cual produce.
Pero mientras la naturaleza
proporciona los medios de vida para el trabajo en el sentido de que el
trabajo no puede vivir sin objetos en los que se ejecuta, también
proporciona los medios de vida en un sentido más restringido, esto es,
los medios para la subsistencia física del propio trabajador (Ibid.,
pp. 78-79).
Fragmento 5
---------------------------------------- Marx
analiza en detalle las consecuencias de la
alineación humana: la pérdida de la dignidad personal y la reducción de
los seres humanos a funciones al nivel de los animales.
----------------------------------------
¿En qué consiste la externalización
del trabajo?
Primeramente, que el trabajo es
exterior al trabajador, esto es, no pertenece a su esencia. En
consecuencia, no se confirma a sí mismo en su
trabajo: se niega a sí mismo, se siente miserable en lugar de
feliz, no desarrolla energía física ni intelectual, sino que mortifica
su cuerpo y arruina su mente. Así, el trabajador se siente como un extraño.
Él esta en casa cuando no está trabajado, y cuando trabaja no está en
casa. Su trabajo es en consecuencia no voluntario sino obligatorio,
trabajo forzado. Esto es, por lo tanto, no la
satisfacción de una necesidad sino solamente un medio para satisfacer las
necesidades extrañas a él. Qué tan alienante es realmente, es
evidente del hecho de que cuando no existe compulsión física el trabajo
se evita como una plaga. El trabajo externo, el trabajo en el que el
hombre se externaliza a sí mismo, es un trabajo de autosacrifico y de
mortificación. Finalmente, el carácter externo del trabajo para el
trabajador se muestra a sí mismo en el hecho de que no es su propio
trabajo sino el de alguien más, que no le pertenece a él, que él no se
pertenece a sí mismo en su trabajo, si a alguien más. Como en la religión,
la actividad de la imaginación humana, la actividad de la cabeza del
hombre y de su corazón, reacciona independientemente en el individuo como
una actividad alienante de dioses o demonios, así la actividad del
trabajador no es una actividad espontánea. Pertenece a otro y es la pérdida
de sí mismo.
El resultado al que llegamos entonces
es que el hombre (el trabajador) solamente se siente a sí mismo libre en
sus funciones animales de comer, beber y procrear, y si mucho en su
vivienda y vestido, y se siente a sí mismo como un animal en sus
funciones humanas.
Comer, beber, procrear, etc., son de
hecho auténticas funciones humanas. Pero en la abstracción que las
separa de las otras actividades humanas y las convierte en fines
terminales y exclusivos se vuelven animales.
Hemos tratado el acto de la alineación
de la actividad humana práctica, del trabajo, a partir de dos aspectos:
(1) la relación entre el trabajador y el producto de su trabajo como un
objeto alienado que tiene poder sobre él. Esta relación es al mismo
tiempo la relación del mundo sensible externo y de los objetos naturales
con un mundo alienado y hostil opuesto a él. (2) La relación del trabajo
con el acto de la producción dentro del trabajo. Esta relación es la
relación del trabajador a su propia actividad como algo que es ajeno y no
pertenece al trabajador; es su actividad la que es pasividad, poder que es
debilidad, procreación que es castración, la energía física e
intelectual del trabajador, su vida personal (¿para qué es la vida sino
para la actividad?) como una actividad dirigida en contra de sí mismo,
independiente de él y no perteneciente a él. Es auto-alienación, como
era la alineación del objeto (Ibid., pp.80-81).
Fragmento 6
---------------------------------------- Según
Marx, el capitalismo crea división entre los individuos al crear división
de clases de acuerdo al trabajo. La actividad propia (la que es creativa y
llena de significado) cesa en el régimen capitalista, porque las personas
se vuelven meros engranajes de la producción industrial. Este estado de
cosas será rectificado solamente cuando la inevitable revolución del
proletariado tome lugar. En suma, la auténtica libertad será expresada
cuando las masas tomen control de los medios de producción.
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Nuestra investigación hasta ahora
comenzó con los instrumentos de producción, y ha mostrado que la
propiedad privada era una necesidad en ciertos estadios industriales. En
la industria extractiva (la industria de los materiales crudos) la
propiedad privada aun coincide con el trabajo; en la pequeña industria y
en la agricultura hasta ahora, la propiedad es la consecuencia necesaria
de los instrumentos de producción existentes; en la gran industria, la
contradicción entre el instrumentos de producción y la propiedad privada
aparece por primera vez y es el producto de la gran industria; más aún,
la gran industria debe ser altamente desarrollada para producir su
contradicción. Y así, solamente con la gran industria es posible la
abolición de la propiedad privada.
En el régimen de gran industria y
competencia, todas las condiciones de la existencia, las limitaciones, los
prejuicios de los individuos, están fusionados en dos formas simples: la
propiedad privada y el trabajo. Con el dinero cada forma de intercambio, y
el mismo intercambio, es considerado fortuito para los individuos. De esta
forma el dinero implica que todo previo intercambio era solamente
intercambio de individuos bajo particulares condiciones, no de individuos
como individuos. Estas condiciones quedan reducidas a dos: trabajo
acumulado o propiedad privada, y trabajo real. Si ambos o uno de estos
cesa, el intercambio se paraliza. Los modernos economistas (...) oponen
“asociación de individuos” a “asociación de capital”. Por una
parte, los mismos individuos están enteramente subordinados a la división
del trabajo y por lo tanto son llevados a la más completa dependencia de
uno a otro. La propiedad privada, en tanto es
algo opuesto al trabajo, surge de la necesidad de acumulación, y tiene
todavía, para comenzar, más bien la forma de la comunalidad; pero en su
desarrollo posterior se aproxima más y más a la moderna forma de
propiedad privada. La división del trabajo implica desde su inicio la
división de las condiciones de trabajo, de las herramientas y de los
materiales, y conlleva la separación del capital acumulado entre los
diferentes propietarios, y así, también, conlleva la división entre
capital y trabajo, y las diferentes formas de propiedad. Entre más se
desarrolle la división del trabajo y crezca la acumulación, más agudas
son las formas que ese proceso de diferenciación asume. El trabajo mismo
puede sólo existir sobre la premisa de esta fragmentación.
Se revelan, entonces, dos factores.
Primero, las fuerzas productivas aparecen como un mundo para sí mismas,
bastante independiente y divorciado de los individuos; la razón de esto
es que los individuos, que son la fuerza de producción, existen divididos
y en oposición entre sí, mientras, por otra parte, estas fuerzas son
reales solamente en el intercambio y la asociación de los individuos. Así,
por una parte, tenemos una totalidad de fuerzas productivas, que han
tomado forma material y para los individuos no son ya las fuerzas de los
individuos sino de la propiedad privada, y por lo tanto de los individuos
solamente en cuanto son propietarios. Nunca, en un período anterior, las
fuerzas productivas han tomado una forma tan indiferente al intercambio de
los individuos como tales, porque su intercambio era restringido. Por una
parte, permaneciendo en contra de estas fuerzas productivas, tenemos a una
mayoría de individuos para quienes estas fuerzas han sido arrebatadas, y
quienes, privados de todo contenido en la vida, se han vuelto individuos
abstractos, pero que han sido puestos, sin embargo, sólo por este hecho,
en relación con otros individuos.
La única conexión que todavía los
vincula con las fuerzas productivas y con su propia existencia (el
trabajo) ha perdido toda semejanza con la actividad propia (como fin en sí
misma), y solo sostiene la vida impidiendo su crecimiento. Mientras
en los anteriores períodos laactividad
propia y la producción de la vida material estaban separadas (en cuanto
se desarrollaban en diferentes personas), y mientras la producción de
vida material era considerada como un subordinado de la actividad propia,
ahora divergen a tal extremo que la vida material aparece como el fin, y
lo que produce esta vida material (el trabajo), como el medio.
Las cosas han
llegado a tal extremo que los individuos deben apropiarse de la totalidad
existente de las fuerzas de producción, no sólo para alcanzar actividad
propia, sino también simplemente para salvaguardar su propia existencia.
Esta apropiación queda determinada en primer lugar por el objeto que va a
ser apropiado —las fuerzas productivas—, que han sido desarrolladas en
una totalidad y que sólo pueden existir con el intercambio universal. Sólo
desde este punto de vista, la apropiación debe tener un carácter
universal, correspondiente a las fuerzas productivas y al intercambio.
La apropiación de estas fuerzas es en
sí misma nada más que el desarrollo de las capacidades individuales
correspondientes a los instrumentos materiales de producción. La
apropiación de la totalidad de los instrumentos de producción es, por la
misma razón, el desarrollo de una totalidad de capacidades de los mismos
individuos.
Esta apropiación está determinada
por las personas que se apropian de los medios. Sólo
los proletarios del presente, que están completamente despojados de la
capacidad de actividad propia, están en la posición de alcanzar una
actividad completa y no restringida, que consiste en la apropiación de la
totalidad de los medios de producción y en el postulado desarrollo de la
totalidad de las capacidades. Todas las anteriores apropiaciones
revolucionarias fueron restringidas; los individuos, cuya actividad propia
estaba restringida por un crudo instrumentos de producción y un
intercambio limitado, se apropiaron de este instrumento y por lo tanto
simplemente alcanzaron una nueva limitación. El instrumento de producción
se convirtió en su propiedad, pero ellos mismos permanecieron
subordinados a la división del trabajo y a sus propios instrumentos. En
todas las expropiaciones que se han llevado a cabo hasta la fecha, una
gran masa de individuos permaneció como servidora de un único
instrumento de producción; en la apropiación proletaria, una masa de
instrumentos de producción debe ser puesta al servicio de cada individuo,
y la propiedad al servicio de todos. El moderno intercambio universal
puede ser controlado por individuos solamente cuando es controlado por
todos.
La apropiación está
determinada, también, por la manera en la que se hace. Sólo puede ser
realizada por la unión, la cual por el carácter del proletariado sólo
puede ser universal, y a través de la revolución, en la que, por una
parte, el poder del anterior modo de producción y de intercambio, y la
forma de organización social, es destruido, y, por otra parte, se
desarrolla el carácter universal y la energía del proletariado, sin el
cual la revolución no puede alcanzarse.
Sólo en este
estadio la actividad propia coincide con la vida material, la cual
corresponde al desarrollo de los individuos en individuos completos, y en
el rechazo y abandono de todas las limitaciones. La transformación del
trabajo en actividad propia corresponde a la transformación del anterior
intercambio limitado al intercambio entre individuos completos.
Con la apropiación de la totalidad de las fuerzas de producción a través
de la unión de los individuos, se acaba la propiedad privada. Mientras
que antes en la historia una condición particular siempre aparecía como
accidental, ahora el aislamiento de los individuos y de una ganancia
particular privada para cada hombre se vuelve accidental. (176-178)
Fragmento 7
---------------------------------------- Marx
señala que cuando la sociedad no tiene una estructura de clases, el
antagonismo y oposición que priva en sus relaciones desaparece. Y como
los principios morales se originan en conflictos de clase, no habrá ya
necesidad de ninguna autoridad en la sociedad.
(Existe un paralelo con la visión de Kant: Kant observa que los ángeles,
en comparación con los humanos, no tienen necesidad de moral, porque no
tienen inclinaciones que entren en conflicto con sus capacidades
racionales.)
----------------------------------------
De lo que hemos dicho se sigue que la
relación comunitaria en la que participaban los individuos de una clase
(y que estaba determinada por sus intereses en contra de terceros), era
siempre una comunidad a la que estos individuos pertenecían solamente
como individuos promedio, sólo en tanto vivían dentro de las condiciones
de existencia de su clase (una relación en la que participaban no como
individuos sino como miembros de una clase). Con la comunidad del
proletariado revolucionario, por otra parte, que controlan sus condiciones
de existencia y las de todos los miembros de la sociedad bajo su control,
es justo al contrario: participan como individuos. Es solamente esta
combinación de individuos (asumiendo el estadio avanzado de las modernas
fuerzas de producción) que pone las condiciones de libre desarrollo y de
movimiento de los individuos bajo su control (condiciones que fueron
previamente abandonadas a la suerte y habían ganado una existencia
independiente en contra de los individuos [...] y a través de su separación
se había vuelto una obligación extraña a ellos). La combinación hasta
ahora (...) era un acuerdo entre estas condiciones, dentro de las que los
individuos eran libres de disfrutar los caprichos de la fortuna (compárese,
por ejemplo, la formación de los Estados Unidos y de las repúblicas
sudamericanas). Este derecho al disfrute imperturbado, hasta cierto punto,
de la casualidad y la oportunidad, había sido llamado hasta ahora
libertad personal. Estas condiciones de existencia son, por supuesto,
solamente las fuerzas productivas y las formas de intercambio en un tiempo
dado (...)
Para los proletarios, por una parte,
las condiciones de su existencia (el trabajo), y con ello todas las
condiciones de la existencia que gobiernan la sociedad moderna, habían
llegado a ser algo accidental, algo sobre lo cual ellos, como individuos,
no tenían control, y sobre lo que ninguna organización social puede
darles control. La contradicción entre la individualidad de cada
proletario y el trabajo, la condición de vida forzada sobre él, se
vuelve evidente a él mismo, pues es sacrificado desde la juventud hasta
la vejez, dentro de su propia clase, y no tiene oportunidad de llegar a
las condiciones que lo colocarían en otra clase.
Así, mientras el siervo refugiado
solamente deseaba ser libre de desarrollar y asegurar esas condiciones de
existencia que ya estaban dadas, y por lo tanto, al final, sólo
alcanzadas con trabajo libre, los proletarios, si quieren afirmarse a sí
mismos como individuos, tendrán que abolir las condiciones de su propia
existencia; es decir, el trabajo. Por lo tanto, los proletarios se
encuentran a sí mismos en directa oposición a la forma por la que, hasta
ahora, los individuos se han dado a sí mismos una expresión colectiva,
esto es, el Estado. Con el fin, por lo tanto, de asegurarse a sí mismos
como individuos, deben destruir el Estado (...)
Ya hemos mostrado
arriba que la abolición del estado de cosas en el cual las relaciones se
vuelven independientes de los individuos, en la cual la individualidad está
sujeta al azar y a las relaciones generales de clase, etc., está
determinada en último análisis por la abolición de la división del
trabajo. También hemos mostrado que la abolición de la división del
trabajo está determinada por el desarrollo del intercambio y de las
fuerzas de la producción, al grado de universalidad que la propiedad
privada y la división del trabajo se vuelven grilletes para ellas. Luego
hemos mostrado que la propiedad privada puede ser abolida solamente bajo
la condición de un desarrollo completo de los individuos, porque el carácter
prevaleciente de las fuerzas de intercambio y de producción es
omniabarcante, y solamente los individuos que se desarrollan de una manera
completa pueden apropiarse de ellas, esto es, pueden convertirlas en
manifestaciones libres de sus vidas. Hemos mostrado que al presente los
individuos deben abolir la propiedad privada, porque las fuerzas
productivas y las formas de intercambio se han desarrollado de tal forma
que, bajo el dominio de la propiedad privada, se han vuelto fuerzas
destructivas, y porque la contradicción entre las clases ha alcanzado su
límite máximo. Finalmente, hemos mostrado que la abolición de la
propiedad privada y la división del trabajo es en sí mismo la unión de
los individuos sobre las bases creadas por las modernas fuerzas de
producción y de intercambio.
Dentro de la sociedad comunista —la
única sociedad en la que el desarrollo original y libre de los individuos
deja de ser una mera frase—, el desarrollo está determinado
precisamente por la relación entre los individuos, una relación que
consiste en parte en condiciones económicas y en parte en la necesaria
solidaridad del libre desarrollo de todos, y finalmente, en el carácter
universal de la actividad de los individuos sobre la base de las fuerzas
productivas existentes. Aquí, por tanto, el tema concierte a los
individuos en un estadio histórico definido de desarrollo, y de ninguna
forma sólo de individuos escogidos al azar, aun sin considerar la
indispensable revolución comunista que en sí misma es una condición
general de su libre desarrollo. La conciencia de los individuos de sus
mutuas relaciones llegará, por su puesto, a ser algo diferente, y, por lo
tanto, no será más el "principio del amor" o de dévouement
(attachment). (pp. 181-182, 190-191)
Fragmento 8
---------------------------------------- El
utilitarismo, una teoría ética popular en el siglo XIX, refleja
la misma forma de explotación que se encuentra en la burguesía (clase
media) en todas las sociedades capitalistas, según Marx.
----------------------------------------
La estupidez de
mezclar todas las relaciones humanas en una relación de utilidad, esta
abstracción metafísica aparente, surge del hecho de que, en la moderna
sociedad burguesa, todas las relaciones están subordinadas en la práctica
a una relación abstracta comercial y monetaria.
Esta teoría se puso de moda con Hobbes y Locke, al mismo tiempo que la
primera y segunda revolución inglesa, esas primeras batallas por medio de
las cuales la burguesía ganó poder político. Se encuentra incluso
antes, por supuesto, entre los escritores de economía política, como
premisatácita (...)
Todo esto es justamente lo que pasa
con la burguesía. Para ella solamente una relación es válida en sí
misma: la relación de explotación. Todas las otras relaciones tienen
validez para ella solamente en cuanto pueden incluirlas bajo esta relación,
e incluso donde ella encuentra relaciones que no pueden ser directamente
subordinadas a la relación de explotación, por lo menos las subordina en
su imaginación.La expresión
material de este uso es el dinero, la representación del valor de las
cosas, personas, y relaciones sociales. Incidentalmente, uno ve de entrada
que la categoría de la "utilización" es primero que nada
abstraída de las relaciones actuales de intercambio que tengo con otras
personas (pero no por medio de reflexión y mera voluntad), y luego estas
relaciones se convierten en la realidad de la categoría que ha sido
abstraída de ellas mismas, un método totalmente metafísico de proceder
(...)
Los avances hechos por la teoría de
la utilidad y la explotación, sus varias fases, están conectadas con los
distintos períodos del desarrollo de la burguesía. En el caso de
Helvetius y Holbach, el contenido real de la teoría nunca fue mucho más
allá de prafrasear el modo de expresión de los escritores del tiempo de
la monarquía absoluta. Con ellos era un método diferente de expresión;
reflejaba no tanto el hecho real sino más bien el deseo de reducir todas
las relaciones a las de explotación, y a explicar el intercambio de
personas a partir de las necesidades materiales y las formas de su
satisfacción. El problema estaba planteado. Hobbes y Locke tenían ante
sus ojos tanto el desarrollo temprano de la burguesía holandesa (ambos
habían vivido un tiempo en Holanda) y las primeras acciones políticas
por las cuales la burguesía inglesa emergió de sus limitaciones locales
y provinciales, así como un desarrollo comparativamente alto de las
manufacturas, del comercio exterior y de la colonización. Esto se aplica
particularmente a Locke, quien escribió durante el primer período de la
economía inglesa, al tiempo del surgimiento de las compañias de bolsa,
del Banco de Inglaterra y del dominio inglés de los mares. En su caso, y
particularmente en el de Locke, la teoría de la explotación aún se
conectaba con el contenido económico.
Helvetius y Holbach se enfrentaron no
sólo con la teoría inglesa y el desarrollo previo de la burguesía
holandesa e inglesa, sino también con la burguesía francesa que aún
estaba luchando por su libre desarrollo. El espíritu comercial, universal
en el siglo diecisiete, había tomado posesión, especialmente en Francia,
de todas las clases, en la forma de especulación. Las dificultades
financieras del gobierno y las disputas resultantes sobre los impuestos
ocuparon la atención de toda Francia, incluso en aquel tiempo. Además,
en el siglo dieciocho París era la única ciudad mundial, la única
ciudad donde existía intercambio personal entre individuos de todas las
naciones. Estas premisas, combinadas con el carácter más universal de
los franceses en general, dio a la teoría de Helvetius y Holbach su
peculiar color universal, pero al mismo tiempo la privó del contenido
económico positivo que aún se encuentra entre los ingleses. La teoría
que para los ingleses era simplemente el registro de un hecho se vuelve
para los franceses un sistema filosófico. Esta generalidad desprovista de
contenido positivo, tal como la encontramos en Helvetius y Holbach, es
esencialmente diferente de la visión sustancialmente comprehensiva que se
encuentra en Bentham y Mill. El primero corresponde al batallar, todavía
a una burguesía subdesarrollada, y el último al de una burguesía
gobernante, desarrollada.
(...) La subordinación completa de
todas las relaciones existentes a la relación de utilidad, y su
incondicional elevación al único contenido de todas las demás
relaciones, se encuentra por primera vez en [los escritos de] Bentham, en
los cuales, después de la Revolución Francesa y del desarrollo de la
industria a gran escala, la burguesía no aparece más como una clase
especial, sino como la clase cuyas condiciones de existencia son las de
toda la sociedad.
Cuando las paráfrasis sentimentales y
morales (que para los franceses eran todo el contenido de la teoría de la
utilidad) se habían agotado, todo lo que quedaba para su futuro
desarrollo era la pregunta sobre cómo se iban a utilizar los individuos y
las relaciones, para ser explotadas. Mientras tanto, la respuesta a esta
cuestión había sido dada ya en la economía política; el único paso
adelante posible era por medio de la inclusión de contenido económico.
Bentham logró este avance. Pero la idea había sido ya propuesta en la
economía política, que las principales relaciones de explotación eran
determinadas por la producción, independientemente de la voluntad de los
individuos, que se encuentran ya en existencia. De aquí que no quedara
ningún otro campo de pensamiento especulativo para la teoría de la
utilidad que la actitud de los individuos hacia estas importantes
relaciones, la explotación privada de un mundo ya existente por los
individuos. Sobre esta materia Bentham y su escuela se permitieron largan
reflexiones morales. Con lo cual, toda la crítica del mundo existente
ofrecida por la teoría utilitarista también avanzó lentamente.
Prejuiciada a favor de las condiciones de la burguesía, podría solamente
criticar aquellas relaciones que habáin sido puestas por una época
pasada y eran un obstáculo para el desarrollo de la burguesía. De aquí
que, aunque la teoría utilitarista expone la conexión de todas las
relaciones existentes con las relaciones económicas, lo hace sólo de una
forma restringida.
Desde el inicio la teoría
utilitarista tenía el especto de una teoría de la utilidad general, sin
embargo este aspecto sólo se llenó de significado cuando las relaciones
económicas, especialmente la división de trabajo y el intercambio,
fueron incluidas. Con la división del trabajo, la actividad privada del
individuo generalmente se vuelve útil. La utilidad general de Bentham
queda reducida a la misma utilidad general que opera en la competencia. Al
tomar en cuenta las relaciones económicas de renta, ganancia y salarios,
se introducen las relaciones definidas de explotación de clases
separadas, ya que la manera de la explotación depende de la posición en
la vida del explotador. Hasta este punto la teoría de la utilidad era
capaz de basarse a sí misma en hechos sociales definidos; su posterior
explicación de la manera de la explotación equivale a una mera recitación
de frases de catecismo.
El contenido económico
gradualmente convirtió la teoría de la utilidad en una mera apología
del estado de cosas existente, en un intento de probar que bajo las
condiciones existentes las relaciones mutuas entre las personas hoy en día
son más ventajosas y generalmente útiles.
Generalmente tiene este carácter entre los economistas modernos. (pp.
185-186, 186-187, 188-189)
Fragmento 9
---------------------------------------- Marx
mezcla un análisis desapasionado y científico del capitalismo con una
evaluación moral crítica de su sistema económico. Su visión representa
una acusación neutral del sistema capitalista, pero no está claro si los
valores expresados por Marx son los de una clase social particular.
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Dentro del sistema
capitalista todos los métodos para elevar la productividad social del
trabajo se alcanzan a costa del trabajador individual. Todos los medios para el desarrollo de la
producción se transforman a sí mismos en medios de dominación y de
explotación de los productores; mutilan al trabajador, lo degradan al
nivel de apéndice de las máquinas, destruyen todo remanente de encanto
en su trabajo y lo convierte en un afán odioso. Estos métodos alienan al
trabajador de sus posibilidades intelectuales en la misma proporción en
la que la ciencia se incorpora a ellos como un poder independiente.
Distorsionan las condiciones en las que trabaja, y lo sujetan durante el
proceso laboral a un despotismo odioso por su carencia de significado.
Transforman su vida en tiempo de trabajo, y arrastran a su mujer y sus
hijos bajo las ruedas de la fuerza ciega y destructora del capitalismo.
Pero todos los métodos de producción de valor añadido (plusvalía) son
al mismo tiempo métodos de acumulación, y cada extensión de la
acumulación se vuelve de nuevo un medio para el desarrollo de los mismos
métodos. Se sigue, por lo tanto, que en la proporción en la que se
acumula el capital, el lote del trabajador, sea su pago poco o mucho,
empeora. La ley, finalmente, que siempre equilibra la relativa población
adicional (...) establece una acumulación de miseria, correspondiente a
la acumulación de capital. La acumulación de
bienes en un extremo, por lo tanto, equivale a la acumulación de miseria,
agonía, esclavitud, ignorancia, brutalidad, degradación mental, etc., en
el extremo opuesto, en el lado de la clase que produce su propio producto
en la forma de capital. (pp. 482-483).