Habla..
Mas
no escindas el No del Sí...
Paul Celan
De las diversas formas de recepción del pensamiento de Nietzsche
de los últimos años, una de las más difundidas es, sin lugar a dudas,aquella que convierte al mismo en un esteticismo aquiescente.
En
rasgos generales, Nietzsche es considerado, en esta interpretación, como
el profeta del “sí” a todo lo que acontece: loas al mundo posmoderno
de los mass-media y de la hipercomunicación; afirmación de las nuevas posibilidades que significan para
el hombre la otrora homogeneizante publicidad y los resultados de la
tecnociencia; búsqueda del carácter estético -más allá de toda
“alienación”-[2]
de la vida en la gran urbe. Lo que "se da" resulta embellecido
por un juicio omniafirmativo, que termina por no establecer distinción
alguna entre lo que merece ser afirmado y lo que amerita rechazo y
repugnancia. "Todo vale", afirmar todo: he aquí lo propio del
asno de la cuarta parte de Así habló
Zarathustra, capaz solamente del “Ia” que, más que traducir el
amor a la vida en todos sus aspectos, traduce la incapacidad de
pensamiento, el miedo al riesgo y la necesidad de las seguridades.
Esta interpretación de la filosofía nietzscheana como omniafirmación soslaya la importancia de la crítica, del mismo modo que,
en otros momentos en la historia de la recepción de las ideas, lo que se
hizo prevalecer del pensamientode
Nietzsche fue fundamentalmente ese aspecto crítico.
Al detenerse en el
filósofocrítico de la
cultura, negador y destructor a ultranza de los sistemas metafísicos,
morales y religiosos, se dejaron de lado, muchas veces, los aspectos
afirmativos de su pensar, los mismos que resultan hiperbolizados en las
interpretaciones indicadas anteriormente.
Sin lugar a dudas, ninguna de estas dos reducciones del pensamiento
nietzscheano es deseable. En primer término, porque ambasrepresentanformas de
"detención" de la fuerza del pensamiento, ya sea en los
aspectos afirmativos, ya sea en los aspectos negativos o críticos; y es
conocido el "desagrado" de esta filosofía ante las posiciones
"extremas", entendiendo por tales las posturas de los
decadentes, los que, al enfrentarse a un conflicto, no pueden generar otra
actitud más que la detención en alguno de los extremos del mismo.
Analizando las críticas de Nietzsche a los autores que considera
decadentes, es posible observar cómo, frente a diversas temáticas, los
mismos han optado por respuestas absolutizadoras, respuestas que implican
filosofías "de estados finales" o de la enfermedad, como las
caracterizadas en el prólogo a La
ciencia jovial.[3]
Respuestas absolutizadoras que suponen un cansancio de la voluntad de
crear.
En segundo lugar, tal reducción no es deseable porque
pareciera que la filosofía nietzscheana encuentra su fuerza, su impulso y
su movimiento precisamente en esa
tensión que se produce entre los aspectos negativos ypositivos, en ese juego entre el “no” y el “sí” que
permite que el pensarno se
anquilose en catedrales de conceptos ni se pierda, en el otro extremo, en
la pura inmediatez.
Filosofía
de la tensión:
el pensamiento, en esta perspectiva, es tarea constante, es fuerza que
construye interpretaciones y las desarma y rearma según las
circunstancias y las necesidades. Significa la posibilidad de generar
“respuestas” para un presente que no puede ser aceptado "sin más",
y para erradicar esa suerte de consideración “fatalista” del amor
fati que termina por constituir la filosofía en un juego estéril sin
capacidad crítica;pero
significa también la posibilidad de dejar de ladoesa otra reducción del pensar que lo transforma enun puro rechazo destructivo, incapaz de generar concepto afirmativo
alguno. Analizar la propuesta nietzscheana desde el pensar tensionante
permite asimismo comprender la posibilidad de otros modos de ser de la
subjetividad, en la dirección de una "identidad" caracterizable
comoZwischen (entre, "entridad"), y otra configuración de la
temporalidad desde la noción de "instante" (Augenblick).
Razón y pensamiento: ¿más allá
de la argumentación?
Volver a la razón o repudiarla definitivamente: tal pareciera ser
la encrucijada del pensamiento contemporáneo, pasado el debate
modernidad-posmodernidad. Sin embargo, si lo que está en juego en la crítica
a la racionalidad se relaciona con un modelo "histórico"
determinado, los retornos nostálgicos o los repudios exacerbados no
significan una nueva posibilidadsino “más de lo mismo”: o la vieja razón con todos sus
defectos, o, en el extremo opuesto, "nada de razón". Si la crítica
ataca a la razón por su pretensión de absoluta y ahistórica, elgenerar otra respuesta absoluta y ahistórica como la negación
total de la misma supone un modo más de la impotencia de creación, una
respuesta decadente. ¿No se podría plantear, frente a estas conclusiones
absolutizadoras, la posibilidad de “otra forma de racionalidad”,
asumida como histórica y no absoluta? ¿No será acaso posible filosofar
desde parámetros diferentes a los de la argumentación y de la demostración,
modelos por excelencia de un determinado tipo de razón?
Parte de las críticas nietzscheanas al filosofar moderno y su
operar racional tienden a señalar el carácter resolutorio y totalizador
del mismo: el pensar se inquieta si no arriba a soluciones que se
presenten como soluciones últimas o síntesis totalizantes, si no
alcanza, para decirlo de manera breve, el fundamento. Frente a esta
característica de la racionalidad moderna, se podría postular, como
herramienta conceptual, la idea de un pensar
tensionante que no concluya en soluciones últimas sino que deje las
mismas en un estado desiempre
abiertas y siempre provisorias. En esta medida, el pensamiento de
Nietzsche, interpretado más allá o más acá de los extremos antes señalados
-las visiones omniafirmativa y omnicrítica respectivamente- podría
resultar, desde una visión perspectivística, una muestra de esta forma
de pensar y, tal vez, la posibilidad de un nuevo tipo de racionalidad.
¿Se puede filosofar de manera distinta a los modos tradicionales
de la argumentación, basados en el principio de razón suficiente, y
buscadores de fundamentos? ¿Se puede filosofar “dando razones” que no
impliquen remitirse a respuestas últimas? ¿Se puede filosofar sin la
necesidad de “demostrar”?Ante
estas preguntas, la respuesta más común pareciera ser la de la apuesta
de la inmediatez: frente a la demostración, la intuición directa, no
mediada, frente a la razón, las pasiones o la “vida sin más”. Una
apuesta por un extremo del conflicto.Frente
a este extremo, el pensamiento nietzscheano puede ser caracterizado como
un modo de filosofar que intenta otros caminos diferentes alde la demostración, pero diversos también al de la
inmediatez sin más.[4]
El perspectivismo y el carácter ficcional del pensar conforman un tipo de
filosofar diferente, como “pensar tensional”. Este pensar puede ser
"leído" en diversos aspectos de la filosofía nietzscheana que
indicaremos en este trabajo: en la peculiar relación entre la afirmación
y la negación en su obra; enel
carácter “irresolutivo” de la Wille
zur Macht entendida al modo de una "razón imaginativa" y, a
partir de ésta, en la forma en que se puedeninterpretar conceptos como el de “subjetividad” o el de
“temporalidad” más allá de la mera destrucción “negativa” de
los mismos.
Si y no en tensión
La tarea crítica de la filosofía nietzscheana (sus “no”)es la más evidente, y la que da lugar a ese pensamiento de combate
que implica el filosofar desde el martillo, con la consiguiente destrucción
de los conceptos metafísico-morales. Destrucción que se perfila como
tarea siempre inacabada, en virtud de las “sombras de Dios” que
constantemente ocupan su lugar una vez muerto éste. Pero la destrucción
es unatarea interminable no
sólo porque“el hombre es
un animal que venera”[5]y necesita arrodillarse, para poder soportar la vida,[6]
sino también porque el fin de la destrucción significaría el fin del
pensamiento, la detención del poder negativo que desde la corrosión de
todas las “verdades” alcanzadas permite que las mismas no se
transformen en nuevos fundamentos o nuevas seguridades. En los distintos
momentos en que Nietzsche asume esta tarea crítica, entendida como labor
destructiva del monotono-teísmo,[7]
de los grandes fundamentos,o
bien como tarea genealógica, lo que importa no es la destrucción
“desde dentro” de los sistemas, sino la críticaa partir de los efectos. Éste es un aspecto que debe ser tenido
siempre en cuenta, porque desdeallí
se puede entender a qué se apunta con esta crítica. Si la misma se
desarrollara “en el interior” de los sistemas, la armas destructivas
tendrían que ser fundamentalmente argumentativas: un sistema se construye
con argumentaciones y con ellas se refuta.
Sin embargo, lo que determina
la aceptación o rechazo de un sistema se relacionacon la voluntad de poder. Por ello, Nietzsche criticará los
“efectos” de los argumentos y no los argumentos mismos -y cuando
critique argumentos, lo hará de manera tal de dejar abierto siempre el
camino a la contradicción, tal vez con el finde mostrar que lo importante no se halla en la refutación, sino en
otro ámbito. Criticar los efectos implica tener en cuenta qué es lo que
los grandes sistemas han producido, más allá de las esterilidades de las
argumentaciones y contrargumentaciones: cómo en torno a los fundamentos
se ha organizado la política y la sociedad, cómo a partir de fundamentos
y de grandes ideales se han asesinado y exterminado a razas y pueblos, cómo
en nombre de razones morales se ha sometido a la violencia a individuos e
ideas. Por ello, lo que se opone ala
voluntad de verdad de los sabios que aspiran a tornar pensable lo que
existe desde la construcción de redes-telarañas conceptuales en las que
todo lo que “cae” queda paralizado, momificado y muerto,es la “voluntad de veracidad” (Wahrhaftigkeit)
del hombre que se va al desierto sin sus dioses.[8]
Se podría decir que ésta es la Stimmung
propia del filósofo crítico, lo que implica comprender el conocimiento
como lucha,y la crítica
como “instrumento” del pensador[9]para derrotar los viejos ideales. De allí el carácter de “máscara”
atribuible a la misma: el “no”, la crítica, no son, en ningún
momento, “fondos” para el filósofo, no son fundamentos, sino sólo
posibilidades.[10]
Por ello, si el intento apunta más a los efectos que a los elementos
internos de los sistemas, el mantenimiento de la tensión del pensar se
constituye en uno de los medios que impiden retornar a lo mismo que se
critica: la detención en posiciones últimas.
Ahora bien, es sabido que Nietzsche señala que esta figura del espíritu
libre crítico es una “figura de tránsito”, y que debe “dar paso”
a la del filósofo artista. En este sentido, se podría pensar, en primera
instancia, en una dialéctica superadora de la negación: el “no” sería,
en esta interpretación, el “medio” que permitiría luego la afirmación
creadora. Que el “no” sea antecedente del “sí” (“he dicho
‘no’ siempre para decir sí”, indica Nietzsche) no tiene por qué
significar que uno anularía al otro: por el contrario, lo que parece
mostrar la filosofía nietzscheana en su ejercicio perspectivístico, es
que el “no” y el “sí” se requieren mutuamente en una tensión que
resulta insoluble e insuperable. La negación y la afirmación no son,
entonces, instancias del pensamiento sucesivas, sino siempre presentes, y
presentes en estado de tensión.
Si el “sí” o el “no” implicaran una afirmación totalo una negación detenida, se retornaría a aquellas figuras del
pensamiento que se consideran decadentes, esforzadas en dar respuestas últimas.
Si el “sí” “superara” al “no”, Nietzsche se encontraría
dentro del mismo modelo de racionalidad queno sólo critica,sino que,además,
intenta no afirmar reproductivamente. Si a la filosofía “negativa”
sucediera, como su superación final,la filosofía "positiva", entonces sería adecuada la
interpretación de este pensar como afirmación aquiescente de lo que es:
el filosofar nietzscheano se transformaría en el sí del asno, que sólo
sabe repetir “Ia” ante sus adoradores, y el amor
fati sería la fórmula de aceptación de todo lo que se da sin
posibilidad de transformación crítica alguna en virtud de su “detención”
en el polo de la afirmación.
Es por ello que hablo de “tensiones del sí y del no”, y en
este sentido el perspectivismo, como ejercicio de un pensar interpretativo
que evita tanto las detenciones últimas -lo que representaría una forma
de nihilismo decadente- como las superaciones meramente refutativas, se
presenta como una posibilidad diferente para el pensar.
Voluntad de poder: tensiones de
la unión y de la disgregación.
Desde unainterpretación de la voluntad de poder como “razón
imaginativa”,[11]
es posible considerar el aspecto tensional que tal voluntad comporta.
Pensada como fuerza interpretativa, la Wille
zur Machtimplica tanto
la necesidad de "logicización" del mundo como el aspecto de
multiplicación de sentidos propio del perspectivismo, es decir, la
estructuración relacionada con lo universal y lo permanente, el aspecto
unitivo, y la posibilidad de lo múltiple junto conla capacidad desestructuradora o disgregadora. Criticando la visión
meramente “logicizante” de la realidad, Nietzsche señala estos dos
aspectos:la sola visión del cálculo (la búsqueda de la unidad)
implicaría la imposibilidad de multiplicación de interpretaciones
(disgregación). La unidad se relaciona con la necesidad de "logicización"
del mundo:[12]
La
"realidad" reside en el retorno constante de cosas iguales,
conocidas, aparentes, en su carácter logicizable.[13]
En tanto conocimiento y devenir se excluyen, el mundo del caos
es informulable: el carácter operativo de la razón que introduce la
forma, la idea, la ley, supone la ficción de los casos iguales, como modo
de "preparar un mundo donde nuestra existencia sea posible".[14]
Este carácter de logicización propio de la voluntad de poder es el que
ha sido absolutizado por los racionalismos, y Nietzsche señalaría que ya
Sócrates, al hipertrofiar la razón, como modo de enfrentamiento con lo
caótico del mundo instintivo, realizó la misma tarea. Lo que además
tiene en cuenta la voluntad de poder, entendida según el modo de operar
de una razón imaginativa, es la singularidad, la diferencia, aquello que
en la mayoría de los sistemas filosóficos Nietzsche caracteriza como"el involuntario olvido del caso particular filosófico".[15]
Utilizo la expresión "razón imaginativa"[16]
porque con ella deseo hacer referencia a un modo de operar que en las teorías
modernas de las facultades del espíritu se atribuye a la razón, por un
lado, y a la imaginación, por el otro. En estas teorías, se considera
como lo propio de la razón la posibilidad universalizadora, estructurante
y esquematizadora, y como característica de la imaginación el poder desingularizar, recrear y re-estructurar.En este concepto de voluntad de poder entendida al modo de
una idea de razón imaginativa estarían presentes ese carácter
estructurador-universalizador de lo real propio de la razón -que fija lo
que es, "aferra" en el concepto (begreifen,
Begriff)- pero a la vez y al
mismo tiempo el aspecto "recolector" y singularizador de la
imaginación, que puede multiplicar las perspectivas, y jugar con las
posibilidades de lo que aún no es o de lo que es de infinitas formas y
maneras. En la medida en quela
búsqueda de lo universal por parte de la razón supone dejar de lado las
singularidades (entendidas sólo como ejemplos o "casos" en
camino a la abstracción y el concepto), y en tanto la imaginación
multiplica perspectivas, recoge sentidos diversos, teniendo en cuenta
precisamente las singularidades; lo característico de una idea de razón
imaginativa sería la posibilidad de abarcar -sin síntesis, sino en
estado de tensión constante- ambos aspectos: lo universal y lo singular,
lo estructurado y lo desestructurado. Con esta noción de razón
imaginativa es posible caracterizar el operar interpretativo y
configurador de la realidad de la voluntad de poder, que, en dicha tarea,
realiza un constante movimiento de aglutinación de fuerzas en torno a un
centro -estructuración- y de dispersión de las mismas -desestructuración-
para nuevas creaciones de sentidos. Esto es lo propio del perspectivismo:
en la medida en que los modos de filosofar criticados por Nietzsche (el
egipticismo filosófico, el monotono-teísmo)
suponen la necesidad de afirmaciones últimas; la generación de
perspectivas implica la posibilidad del cambio de las mismas, de acuerdo a
las circunstancias ya su
valor "al servicio de la vida". Esa necesidad de los nihilistas
decadentesde "detenerse
en los extremos" es una voluntad de aseguramiento de lo real,
voluntad enmascarada en la idea de voluntad de verdad. El carácter
provisional de las perspectivas implica, por el contrario, un modo de
pensar que no busca seguridades últimas (fundamentos, puntos arquimédicos,
puntos finales) sino que opera a partir de un continuo movimiento, que
genera sentidos como modo de enfrentamiento con lo caótico, pero que
recrea esos sentidos en una tarea continua de disgregación de los mismos.
Este doble aspecto de la voluntad de poder significa una tensión
constante, ya que la interpretación no retorna a figuras últimas, sino
que las figuras que genera están sometidas a una tarea de destrucción-disgregación.
Pero aquí nuevamente destaco lo que señalaba anteriormente con respecto
a la crítica y la afirmación: no se trata de construir sobre lo negado,
sino de mantener en tensión ambos momentos, para que ninguno de los dos
se constituya como elemento último. Desde esta idea de voluntad de poder,
nociones como la de “subjetividad” y temporalidad ameritan una nueva
consideración.
El yo"en tensión": la noción de Zwischen
Se suele señalar que, o bien en Nietzsche existe una mera
destrucción de la noción de subjetividad[17]
-lo que implicaría un predominio de la negatividad- o bien, como
contrapartida, una afirmación exultante del yo en la idea de Übermensch, es decir, una configuración de la noción de yo desde
la afirmación total. Sin
embargo, desde ese carácter de unidad-disgregación de la Wille
zur Macht, el “yo” nietzscheano puede ser concebido como
“entre” -Zwischen- de las
fuerzas. Nietzsche piensa la idea desujetocomo ficción lógica
necesaria para reunir momentáneamente las fuerzas,y elabora su propia concepción de la subjetividad desde la noción
de Selbst, como sujeto múltiple. Pero este Selbst es una continua construcción-destrucción de figuras
provisorias de la identidad, como ficciones para la determinación de la
mayor densidad de las fuerzas -que están en constante cambio- en una
determinada circunstancia.
Desde la consideración de la voluntad de poder en ese operar de la
razón imaginativa como fuerza interpretante, las ideas de
"sujeto" y de "yo" son “errores útiles”[18]:
"soñamos" sabiendo que lo hacemos, que la necesidad de un mundo
formulable, logicizable, comprensible, nos obliga a la categoría de
sujeto, como ficción lógica necesaria para reunir momentáneamente las
fuerzas. La noción de Selbst,[19]
contrapuesta a la de Ich cartesiano,
permite pensar en la posibilidad de un sujeto múltiple, en el cual la
ficción de la identidad es concebida como juego constante y provisorio de
estructuración-desestructuración.“Yo”,
"alma", "sujeto", son algunos de los términos
posibles para hacer referencia a la unificación temporaria de las
diversas fuerzas, unificación que permite interpretar, y configurar
sentidos. Este sujeto múltiple
asume distintas formas posibles en la filosofía de Nietzsche, como
figuras "provisorias" de lo que anteriormente se denominaba
"identidad": la del Wanderer,
caminante sin meta última, la del "espíritu libre", aquel que
rompe con los viejos dioses, la del "amigo", figurapor excelencia del Zwischen.[20]
Que se hable de
"identidad" en Nietzsche puede parecer un despropósito. Allí
está el mensajero de la multiplicidad, de la presencia constante de los
varios yoes en uno mismo, de la fragmentación y de la diferencia. Allí
está el hombre loco -sueño del sueño de Raskolnikov-abrazado al cuello del caballo;allí está el afásico observando tras sus gafas a los visitantes
apabullados del Archivo;allí
está el mudo y solitario Nietzsche, desmintiendo toda metáfora de la
identidad, todo esfuerzo de captura en un nombre, en un esquema, en una
idea cerrada. Sin embargo, la "identidad" de la que aquí se
habla es la de la momentánea configuración de las fuerzas, la máscara
provisoria de esa multiplicidad de fuerzas que es el hombre.
La noción de Zwischen configura la identidad en el entrecruzamiento: no el yo
cerrado en sí mismo, sino el yo que es también los otros de sí mismo y
del nos-otros. En el “entre” se cruzan las fuerzas
propias-desapropiadas con las fuerzas de los otros-nosotros y de todo
aquello que tradicionalmente se consideraba como exterioridad de una
supuesta interioridad: el adentro y el afuera, el deseante y lo deseado,
el actuante y lo actuado se entretejen en ese juego en el que es posible
asumir que el yo no sólo se dice sino que también se constituye de
maneras diversas y múltiples.
Esta noción de Zwischen
tiene un fuerte cariz "desapropiador": frente al sujeto moderno,
que se apropia de la realidad en la consideración de la objetualidad como
aquello que se halla en condición de "disponibilidad", esta
idea implica la "inseguridad" de aquel que se conforma en el
cruce con los otros, con las circunstancias, con el azar. Supone esa tensión
de la imposibilidad de la detención en lo "interior" o en lo
"exterior", en el "agente", o en el
"paciente"; porque el "entre" pone en cuestión estas
diferencias, o les da sólo un valor de "errores útiles" para
la expresión de lo que acontece.
El ultrahombre nietzscheano entendido desde la idea de Zwischen
En la historia de la interpretación nietzscheana, se
suele asociar la idea del “ultrahombre” con la un hombre que se domina
a sí mismo, que maneja sus fuerzas, dueño y señor de la realidad.Si éste fuera el matiz más propio del ultrahombre, no
existiría mayor diferencia entre el sujeto moderno criticado por
Nietzsche, que domina la realidad llevándola a ese escenario privilegiado
que es su conciencia, y este otro sujeto que sustituiría la conciencia
por la voluntad. El ultrahombre se convertiría en un sujeto que, en lugar
de ejercer su dominio a través del abstracto conocimiento, lo haría a
partir de una más concreta voluntad. De hecho, cuando se quiere señalar
la relación entre Nietzsche y Schopenhauer, se suele indicar que la misma
se halla representada por el factor volitivo: Schopenhauer habría
introducido un concepto diferente al del abstracto hombre del idealismo, a
partir de la idea de voluntad, y Nietzsche, en esa línea, habría
intensificado este concepto en la noción de Übermensch. Sin embargo, y a pesar de las diferencias, el sujeto
schopenhaueriano no difiere "metafísicamente" del sujeto
cartesiano, en esta cuestión del dominio: lo que en uno es la conciencia,
en el otro es la voluntad.[21]
La idea nietzscheana del ultrahombre, y del yo en general,significa algo bien distinto de esto: si pensamos al yo como la
mayor densidad que adquieren las fuerzas en un momento dado, la noción de
dominio se convierte en algo diferente.
Si yo soy un “cruce” de
fuerzas: las mías, las de los otros, las de la situación y la época,no soy el dominador de “mis” fuerzas. De ahí el carácter
tensionante que tiene la idea de “dominio”: el yo no se puede
constituir en eldominador de
sus ideas y sus actos, ya que se torna "vulnerable" a las
fuerzas de los otros y de lo otro. No hay cálculo seguro de fuerzas
porque el azar, las contingencias y los otros impiden toda seguridad. Sin
embargo, esta referencia al azar no significa, tampoco, un avance de la
objetualidad por sobre la subjetividad, sino una suerte de tensión entre
ambos elementos por la cual la "identidad" de este yo múltiple
se constituye en la medida en que aprende a leerse a sí mismo en la
realidad,descubriendo que se
conforma a través deo en ella misma.
[22]
Por otro lado, las constantes referencias nietzscheanas al
tema de la fuerza y la casi inevitable equiparación de la voluntad de
poder con la voluntad a nivel psicológico -a pesar de las previsiones del
propio Nietzsche al respecto- suelen llevar a pensar al ultrahombre como
el "dueño de sí mismo" en el sentido habitual del término.
Ahora bien: ¿por qué entender al ultrahombre como el dominador de sí,
el que se apodera de sus pasiones y conocimientos como si fueran un
material moldeable, y no, por el contrario, como el que puede realizar
justamente ese “dominio”, porque abandona toda idea de dominio sobre
un material? ¿Por qué no entender al ultrahombre como aquel que en lugar
de conformarse como un sujeto pleno de voluntad afirmadora dominante, es más
bien un sujeto pleno de afirmación que abandona, precisamente, la idea de
dominio?
Desde mi punto de vista, esta cuestión es el nudode la interpretación del ultrahombre: si consideramos al mismo
como "dueño" de su destino (lo que supone, según interpreto,
dominio en el sentido de la subjetividad moderna) o si lo consideramos en
otra actitud en relación al mismo, actitud que supone la experiencia de
lo que podríamos denominar "abandono".[23]
¿Qué entiendo en este contexto por "abandono"? Una cierta
disposición a enfrentarse a lo que acontece sin la constante pretensión
impositiva de formas apriorísticas para desvelarlo, guiarlo o dominarlo,
sino, por el contrario, con la convicción de que las formas surgen del
juego mismo del acontecer, de que las fuerzas se configuran y generan sus
propias arquitecturas en su manifestación misma. Desde este punto de
vista, el destacar el carácter "creador" del ultrahombre no
significaría una afirmación de libertad ilimitada y desenfrenada: si la
configuración de la identidad se realiza en el "entre", la
creación absoluta, el viejo ideal del creador auspiciado por los románticos
y retomado por diversas corrientes de la poética contemporánea no es
aplicable al ultrahombre,[24]
sino que tal vez deberíamos pensar en un concepto de creación que
suponga un continuo ejercicio en el entre
de la libertad y de la necesidad o el azar.
Es interesante notar que la referencia a la ilimitada
libertad del ultrahombre suele desembocar en filosofías puramente
destructivas: la libertad se ejerce en la actividad de desenmascaramiento
pero, en virtud de su ilimitación, la libertad está incapacitada para
detenerse en algún punto, y termina por no detenerse en ninguno, como el
espíritu libre que aparece en la figura de la sombra errante en el IV
Zarathustra. Podría decirse que esta exaltación de la libertad para
hacer resaltar la diferencia concluye en su opuesto, en la mera exaltación
de la homogeneidad de lo diferente, ya que todo diferente es tan diverso
del otro que no existe posibilidad alguna de comparación, de
acercamiento, de "entre". Al aislarse tan radicalmente "lo
diferente" en sí mismo, se lo confina en la "mismidad"de lo diferente aislado, que no puede ser relacionado con
nada, y que vale tanto como cualquier otra cosa. No parece apuntar el
pensar de Nietzsche a la dispersión por la dispersión misma en lo
fragmentario, porque esto supondría, en virtud de la incapacidad de
elección por la igualación valorativa,la "resignación" con lo dado, la imposibilidad de toda
crítica.
Otro aspecto
de las interpretaciones del ultrahombre que se puede analizar es el
referente a la temática del egoísmo. Sabido es que Nietzsche habla de un
sano egoísmo, pero ¿en qué consiste el mismo si ya no estamos pensando
al ultrahombre con los cánones de la subjetividad moderna? Las
interpretaciones corrientes en este punto atraviesan una gran gama de
matices, que van desde la concepción del superhombre como el lobo
hobessiano hasta una más diluida versión del mismoen esa otra figura del idiótes
tocquevilleano -justamente el último hombre para Nietzsche.[25]
Sin embargo, frente a todo egoísmo entendido en el sentido
habitual, el sano egoísmo del ultrahombre nos lo presenta, paradójicamente,
como el detentor de "la virtud que se da". Consideroque esa posibilidad se torna entendible desde la configuración de
una forma de subjetividad en la que el "dominio"no es -como pareciera serlo en la subjetividad moderna- el elemento
fundamental. Por el contrario, tal vez el ultrahombre debería ser
caracterizado desde la "desapropiación": frente a la voluntad
"dominadora" del mundo en la conversión del mismo en objetualidad, el ultrahombre configura lo real -y su propia identidad- en
el entre: nunca es el yo aislado
de la modernidad frente a un mundo "disponible", sino que
siempre está conformado desde el nos-otros. En esa consideración del Selbst
nietzscheano como sujeto múltiple no está presente la idea de una
reproducción de figuras más o menos diversas del mismo yo, sino el
reconocimiento de que somos muchos porque somos con los otros, y con las
circunstancias. El yo múltiple no es entonces el resultado de un proceso sumativo o reproductivo de las figuras yoicas de la modernidad, sino algo
bien distinto: ultrahombre. Entender la subjetividad como Zwischen
significa abandonar toda idea de una identidad fija o substante, sea
entendida como unidad, sea entendida como multiplicidad.
Tensiones de la temporalidad: el
instante
Del mismo modo, la noción de temporalidad es una muestra
de la tensión que impide la detención última: la idea de “instante”
no supone una mera afirmación de lo que “fluye” frente a lo
estatizado -por ejemplo, en el pasado- sino una configuración del tiempo
en el sentido de un cruce o confluencia de temporalidades: en el instante
está presente el pasado que, como negado, continúa actuando en tensión
con la afirmación del futuro. Lo que afirma el instante es la ficción
del eterno retorno:si todo retornara,[26]el hombre podría asumir diversas actitudes, pero entre ellas
existen dos que se constituyen como paradigmáticas: rechazar todo,
cayendo nuevamente en el nihilismo del sinsentido, o afirmar el instante
para que retorne como querido. La afirmación del presente y del azar es
lo propio del dionisismo del amor
fati, manifestado en la expresión "¿Era esto la vida? ¡Vuelva
otra vez!". Lo que brinda el amor
faties la posibilidad dedevolver
al hombre algo de loqueextravió de sí - el instante, lo terreno, el azar, el devenir- en
la veneración de grandes ideales ante los cuales arrodillarse.
Junto aeste
carácter de “idea anti-metafísica” del eterno retorno se halla su
aspectode "antidogma
por excelencia", y su “realización”, más allá de lo
argumentativo, en el ámbito de la decisión.[27]
Además de la revalorización del presente negado por las religiones y la
metafísica, el acto de la voluntad de poder que afirma el instante
implica la ruptura con el esquema religioso-metafísico del
"dogma". Pero Nietzsche presenta la idea del eterno retorno como“nueva fe” o “quinto evangelio”. ¿No es precisamente
esta idea la imposibilidad misma del dogma, la parodia (como esa otra gran
parodia que es la “fiesta del asno”)[28]de toda posibilidad dogmática?
El eterno retorno, considerado como “hipótesis” de la acción
(“vive como si este instante
fuera a repetirse”) se presenta con una peculiar ambigüedad: para que
se "cumpla" como tal, es necesario que niegue su propio
contenido, el retorno de lo mismo.
En el momento de la decisión, el hombre -ultrahombre- que decide decir
“sí” al instante siguiendo la consigna de que es mejor vivirlo bien
porque ha de retornar, hace estallar su propiahipótesis, reduciendo a añicos la idea mismaque lo impulsa a actuar. Porque lo que lo mueve a la afirmación
es la idea de la repetición ("si este instante ha de volver, debería
vivirlo de la mejor manera posible"), pero en el momento en que
decide afirmar el instante, "destruye" supropia máxima del actuar: si algo retornara, ya no retornaría
como "lo mismo", sino como lo diferente, porque el instante ha
sido transformado en tanto querido. “Si retornara” retornaría
cambiado: la decisión permite la modalización de lo acontecido y de lo
que acontece.
El eterno retorno es, entonces, una decisión; no es una “idea”
que se lee:es una hipótesis
paradójica, en la quela
afirmación es la negación del "contenido" de lo que se afirma.
De allí el carácter de "anti-dogma"[29]
antes indicado, yla gran
parodia, de presentar como “quinto evangelio” o “libro sagrado” a
la idea que se burla hasta el cansancio de toda posibilidad de conversión
en dogma de su propia creencia, y lo hace precisamente, convirtiendo en
posible antidogma aquello que se podría tomar como “consigna para la
vida”: la idea del eterno retorno. Con esto, se mantiene en tensión la
fuerza de un pensamiento que no puede asentarse en ninguna seguridad última.
Por otro lado, la noción del eterno retorno, como rechazo de la
idea de "tiempo lineal" a favor de una circularidad sin comienzo
ni fin, pone en jaque la noción de "progreso" propia de la
modernidad. Por esto, el “hombre” capaz de asumir esta idea mediante
el amor fati es“lo
diferente con respecto al hombre habido hasta ahora”, es decir, “ultrahombre”.
El Übermensch es el hombre que
mantiene en tensión necesidad y azar, ya que las fuerzas actuantes en
cada momento lo hacen en virtud de sus condiciones de aparición pero, a
la vez, su actuar es azaroso, ya que ningún dios determina un fin o un
estado al que todo tienda. El hombre de la necesidad y del azar "en
tensión" no es el hombre representativo de las metafísicas
bipolares que excluyen el devenir, sino el que puede asumir el instante,
ese efímero fluir detestado por toda la filosofía de la permanencia y de
lo trascendente. El amor fati,Stimmung
posible a partir del eterno retorno, no es entonces la mera afirmación de
lo que se da sin más sino una forma de relación con el presente en la
quees posible afirmar la
vida solamente en la medida en que la negación impide constantemente lo
que podría constituirse como forma de apología de lo existente sin más.
Tensión y broma
Esta idea de filosofía de la tensión implica retomar, en
parte, algunas de las consideraciones del Parménides
platónico, obra que, al decir de Vitiello, en su “resistencia”a los modos tradicionales del pensar metafísico occidental,[30]
es un “cuerpo extraño” en la tradición filosófica. Tanto es así
que se la ha interpretado como “broma”. En esa obra, queda planteada
una “apuesta” para el pensar, la misma que muchas vecesha sido considerada como sofistería: en el seno mismo del lógos,
instaura la paradoja y elsinsentido.
Desde la posible "conclusión" del diálogo[31]
se vislumbran algunos de los caracteres de esta filosofía de la tensión,
en la que la afirmación y la negación no se presentan como estados últimos,
sino "oscilantes". El pensar
tensional deconstruye la metafísica tradicional en la medida en que pone
en jaque al principio-arkhé: no
puede existir restitución del movimiento del pensar a un centro fundante
que lo retenga y justifique sino que la oscilación es la "ley"
del movimiento. En esa oscilación, sin embargo, existen
"provisorios" puntos de unidad, necesarios para la formación de
perspectivas.
Tal vez esta “broma” de mostrar la ambivalencia del lógos
que está en constante tensión pueda ser asumida desde aquella otra
“seriedad” que Nietzsche destaca como opuesta a la de los doctos
momificadores de los conceptos:
la del niño que, al jugar, crea mundos y
proyecta caminos. En este caso, caminos para una nueva forma de pensar.
NOTAS
[1]
Este artículo representa una versión ampliada de mi ponencia al IX
Congreso Nacional de Filosofía, La Plata,Argentina, oct. de 1997. Las Actas
del mismo no han sido publicadas.
[2]
Tal vez el concepto “alienación” ya no sea útil como herramienta
metodológica cuando se acepta que no existe un “propio”, un suelo
fundamental y originario, sin embargo, la no existencia de un
“propio” verdadero no significa que se deban desconocer los
aspectos criticables de la existencia del hombre massmediático (comoasí
tampoco los aspectos “posibilitadores”).
[3]
Las obras de Nietzsche se citan según lasSämtliche Werke.Kritische Studienausgabe in 15 Bänden (en
adelante, KSA), Hrsg. von
Giorgio Colli und Mazzino Montinari, München, Berlin/New York,
Deutscher Taschenbuch Verlag und Walter de Gruyter, 1980, en este
caso, Die fröhliche
Wissenschaft (FW),
"Vorrede zur zweiten Ausgabe", § 2, KSA 3, p. 348, trad. La
ciencia jovial. La Gaya Scienza, trad. de J. Jara, Caracas, Monte
Avila, 1990, p. 3.
[4]
Si "no hay hechos, sino sólo interpretaciones"a partir del operar de la voluntad de poder, la
"inmediatez" no es posible.
[6]Por eso la imagen del espíritu
decadente es la del camello, que se carga con los “deberes” y se
arrodilla para que lo carguen. Véase
Also sprach Zarathustra (Za),
“Von den drei Verwandlungen”, KSA
4, pp. 29-31, trad.Así
habló Zarathustra, trad. A. Sánchez
Pascual, ed. revisada, Barcelona, Alianza, 1997, pp. 53-55.
[7]"Monotono-Theismus"
es el término utilizado para caracterizar los sistemas metafísicos
basados en un principio-arkhé.
Véase Götzen-Dämmerung, KSA
6, p. 75.
[8]Así como el camello (el hombre
decadente) se transforma en león (espíritu libre) en el desierto (Za,
“Von den drei Werwandlungen”, KSA
4, p.30), porque “En el desierto han habitado desde siempre los
veraces (die Wahrhaftigen),
los espíritus libres, como señores del desierto” (Za,
KSA 4, “Von den berühmten Weise”, p. 133).
[9]
Jenseits
von Gut und Böse, (JGB),
KSA 5, § 210, p. 144.
[10]
Parece obvio, pero no está de más aclarar que, en última instancia,
nada es "fondo" en una filosofía que critica los
fundamentos. Véase JGB, § 289, KSA 5, pp.
233-234, en el que aparece la figura del eremita que sabe que toda
filosofía es "filosofía de primeros planos", y que detrás
de cada fondo hay un abismo.
[11]
Para este interpretación véase mi Nietzsche,
camino y demora, Buenos Aires, EUDEBA, 1998.
[12]
Para una insistencia en el aspecto "logicizador"de la Wille
zur Macht (insistencia derivable, en parte, de una línea de
interpretación heideggeriana) véase CACCIARI, M., Krisis.
Ensayo sobre la crisis del pensamiento negativo de Nietzsche a
Wittgenstein, trad.R. Medina,rev. de J. Aricó, México, Siglo XXIEditores, 1982.
[13]Nachgelassene Fragmente (NF) 1885-1887 , 9 [106], KSA
12, p. 395. Véase también, en el mismo tomo, el fragmento 9 [91], p.
385: "La vida está fundada en la presuposición de una creencia
en alguna cosa durable que retorna regularmente, en tanto más fuerte
es la vida, tanto más necesario es que el mundo sea hecho siendo,
por así decirlo. Logicización, racionalización, sistematización,
en tanto expedientes de la vida".
[14]
"Esa necesidad de formar conceptos, especies, formas, fines,
leyes -'un mundo de casos idénticos'-
no se debe comprender en el sentido de que nosotros seríamos capaces
de fijar un mundo verdadero;
sino en tanto necesidad de preparar un mundo donde nuestra
existencia sea posible, nosotros creamos de este modo un mundo
calculable, simplificado, comprensible". NF
1885-1887,
9 [144], KSA 12, p. 418.
[15]NF
1885-1887, 9
[64], KSA 12, , p. 370. En
este fragmento se hace referencia a los filósofos que construyen
sistemas como colecciones de argumentos, y Nietzsche destaca el
aspecto "involuntario" del olvido filosófico del
particular. Esta "involuntariedad"-en el sentido psicológico
corriente- se basa en una Wille
zur Macht débil, incapaz de aceptar la multiplicidad.
[16]
Caracterizo esta idea de "razón imaginativa" en Razón
imaginativa, identidad y ética en la obra de Paul Ricoeur, Buenos
Aires, Almagesto, 1993.
[17]
Por ejemplo, desde la idea de “cogito humillado”. Para una crítica
de la misma véase mi artículo“La
noción de identidad de Ricoeur: Crítica de una crítica”,en R. WALTON (comp.),
Estudios Fenomenológicos, 13,
Estudios de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, 1995,
pp. 296-303.
[18]
La expresión "error" indica en este contexto que, no
existiendo la verdad, toda interpretación es un "error".
Pero los errores pueden ser "útiles"(al servicio de la
vida)o "inútiles"
(cuando no sirven a la vida, como las verdades metafísicas). Para un
análisis de las nociones de verdad en Nietzsche véase GRANIER, J., Le
probléme de la verité dans la philosophie de Nietzsche, Paris, Gallimard, 1966.
[19]
NIETZSCHE establece la diferencia entre “Selbst”
e “Ich” en Za, “Von den Verächtern des Leibes”, KSA 4, pp. 39-40.
[20]
A la figura del amigo como modo privilegiado del Zwischen
dedico mi artículo "Extrañas amistades. Una perspectiva
nietzscheana de la philía
desde la idea de constitución de la subjetividad como Zwischen”,
en Líneas de Fuga. Gaceta
Nietzscheana de creación, Barcelona, número 8, Año 4, Primavera
de 1999, pp. 10-19. En este trabajo abordo otro de los aspectos de la
"tensionalidad": la cuestión de lo erótico.
[21]
El § 16 de JGB señala esta
relación "metafísica" entre el "yo pienso" yel"yo
quiero". Véase KSA 5,
p. 29.
[22]
Es claro que en una concepción de la subjetividad como Zwischen
no tienen demasiado sentido estas referencias a objetualidad,
subjetividad, etc., y es necesario tener en cuenta que se las utiliza
como "errores útiles" a los fines explicativos.
[23]
La idea de "abandono" podría sugerir aquella aquiescencia
fatalística indicada al comienzo del artículo. Sin embargo, téngase
en cuenta que, frente a una aceptación de lo que se da como "ajenidad"
que no depende de uno mismo, la noción de Zwischen
supone constituirse en, entre,
esa supuesta "ajenidad", y el ejercicio consiguiente de la
tensionalidad del pensamiento, que impide, por la fuerza de la crítica,
toda aquiescencia fatalística.
[24]
TAYLOR, Ch., en Fuentes del yo.
La construcción de la identidad moderna, trad. A. Lizón,
Barcelona, Paidós, 1996, en pp. 441-155 sostiene esta interpretación
"romántica" de Nietzsche.
[25]
Para la caracterización del idiotés
tocquevilliano en la línea del último hombre, y para una
caracterización del ultrahombre como "dación de sí", véase CACCIARI, M., El archipiélago. Figuras del otro en Occidente, trad. y postfacio
de M. Cragnolini, Buenos Aires, EUDEBA, 1999, caps. V y VI.
[26]FW, KSA 3,§ 341, p. 570,
trad.cit. p. 200. Para un análisis de este parágrafo, véase SALAQUARDA, JÖRG, "Der Ungeheure Augenblick", en Nietzsche-Studien,
Berlin/New York, W. de Gruyter, Band
18, 1989, pp. 317-337.
[27]
La decisión es la que dice “Alto, enano, o tú o yo”, o la que
permite que el pastor muerda la cabeza de la serpiente. Véase Za,
KSA 4, pp. 199 y 202 respectivamente.
[28]
La fiesta del asno puede ser considerada una "parodia"de la
antigua fe, más que una recaída en la misma. Quien la puede
interpretar como parodia es justamente quien puede asumir el valor de
la risa que destruye los grandes ideales, algo que los "hombres
superiores" son incapaces de hacer, y que sólo el hombre más
feo llega a captar.
[29]
"Antidogma" en el sentido de que, frente al carácter de
afirmación "innegable" de los dogmas, se podría señalar
que la idea del eterno retorno "se afirma" cuando "se
niega".
[30]En "Racionalidad hermenéutica y topología de la
historia", V. VITIELLO desarrolla la idea del pensar
"ambivalente" desde Freud, e indica este aspecto señalado
en el Parménides. Véase en
VATTIMO, G. (comp.), Hermenéutica
y racionalidad, trad. S. PereaLatorre, Colombia, Norma, 1994, pp. 211-244.
[31]
"Según parece, ya lo Uno sea o ya no sea, él y las demás
cosas, tanto en relación consigo mismas como en su relación mutua,
desde todos los puntos de vista posibles, son todo y no son nada,
parecen todo y no parecen nada” PLATÓN, Parménides, 166 c.