ABSTRACT: Curso cedido por el
profesor Francisco Fernández Buey que imparte en la Universidad Pompeu
Fabra (Barcelona).
Estudio de las principales corrientes teóricas de la ética en el siglo
XX.
Especial atención a seis corrientes: la ética analítica, la
filosofía moral de raíz religiosa, la fundamentación ética de la
increencia, ética existencialista, los intentos de fundamentación de
una ética marxista, y ética de la modernidad crítica. .......................................
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TEMA 2. UNA FILOSOFÍA MORAL PARA EL LAICO AGNÓSTICO DEL S. XX:
BERTRAND RUSSELL
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Un
supuesto antropológico-filosófico de partida: accidentalidad y
temporalidad del hombre, fragilidad de la naturaleza humana:
El
hombre es el resultado de causas que no previeron el fin al que conducían.
El
origen y desarrollo de las esperanzas y temores del hombre, de sus amores y
creencias no son sino el resultado de ciertas situaciones accidentales de
los átomos.
Ninguna
pasión, heroísmo, intensidad de pensamiento o de sentimiento pueden
preservar la vida individual más allá de la tumba
Toda
la espléndida luminosidad del género humano está destinada a extinguirse
con la abrumadora muerte del sistema solar
Todo
el templo de las realizaciones del Hombre quedará inevitablemente enterrado
bajo
los restos de un universo en ruinas ["El credo del hombre
libre", B. Russell. 1903].
Para Russell, si hemos de hablar en términos de naturaleza humana habría que decir que
la naturaleza humana es plástica y, en ese sentido, potencialmente
modificable:
No hay naturaleza [permanente] del
hombre; no se sabe lo que es eso: una naturaleza es maleable hasta el
infinito y las gentes no se dan cuenta de ello. Del perro doméstico al lobo
de los montes.
La idea de que no se puede cambiar la
naturaleza humana es una tontería:
El lugar común de que la naturaleza
no se puede cambiar es inexacto. Los caracteres de las personas están
afectados grandemente por las circunstancias. La misantropía es atribuible
muchas veces a la dispepsia y probablemente con un régimen medicinal
adecuado se pasa a una visión del mundo diferente. Y lo que es verdad en
los individuos vale también para las naciones. El error es adoptar los
castigos como medio para evitar la existencia de los impulsos que la
colectividad desea desarraigar [Principios de reconstrucción
social, trad. cast. 37]
Pensamiento russelliano
La
pregunta central a partir de ahí es: ¿Cómo puede el hombre, siendo una
criatura
tan indefensa, conservar y desarrollar las mejores aspiraciones que hay en
él?.
La primera respuesta a esta pregunta es:
superando los miedos que han conducido y conducen a las religiones. Por ahí
se abre la posibilidad de una ética laica basada en el agnosticismo y en el
escepticismo."El objeto de la filosofía que profeso es hacer a las
gentes capaces de actuar resueltamente incluso cuando no están
absolutamente seguras de que se acción sea verdaderamente la buena. Dudar
de todo: escepticismo, pero actuar con energía a pesar de la duda. Obrar
según las probabilidades, actuar sin disponer de una certeza total". [Ensayos
escépticos].
El punto de partida de Russell es autobiográfico:
Dios, la inmortalidad, el libre arbitrio en la juventud: "No tengo
razones para creer en eso".
Imposibilidad de probar la existencia o
inexistencia de Dios. Pero la carga de la prueba recae en quien afirma la
existencia.
La mayoría de las manifestación históricas
de las religiones han sido negativas. Hay excepciones (el trabajo educativo
de los budistas o de los benedictinos) pero en conjunto la religión ha
hecho mucho mal: ha santificado el conservadurismo, la adhesión a los hábitos
del pasado, la intolerancia y el odio.
La necesidad de la religión en los hombres
viene del miedo, de que el hombre se siente impotente: miedo ante la
naturaleza, miedo ante lo que otros hombres pueden hacerle (la guerra),
miedo ante lo que él mismo puede llegar a hacer dejándose llevar por las
propias pasiones.
Lo que predican los fundadores de
religiones no tienen gran cosa que ver con lo que predican sus discípulos.
Del Sermón de la montaña a la justificación oficial de la Bomba H. Las
religiones institucionalizadas en iglesias obstaculizan toda forma de
pensamiento honesto y dan importancia a cosas que no las tienen, pierden el
sentido de lo que es importante: se quedan en un aspecto y ocultan u olvidan
los demás. Hay en ellas una falta del sentido de las proporciones y una pérdida
de coraje ante los problemas de la vida actuando con los medios que esta
ofrece. Las religiones implican laxitud y resignación.
La fe en la bondad divina es inversamente
proporcional a los testimonios que tenemos de ella: cuando no hay
testimonios las gentes creen en ella; y cuando las cosas van mejor, cuando
sería el momento de creer en ella, entonces dejan de creer.[¿Por qué
no soy cristiano?].
Pero
una ética laica y racional no es una ética "científica". No es
posible fundar los valores morales en las ciencias positivas. Pensar que eso
es posible y deseable es positivismo cientificista. Lo que es posible, entre
humanos, es una discusión racional, intersubjetiva, sobre los valores
mejores: la tendencia a la universalidad valorativa más allá del
relativismo cultural. No hay código ético universalmente aplicable sin
consideración de las diferencias culturales. Pero comprender las
diferencias culturales no implica aceptar el "todo vale". Del
reconocimiento de que "Dios ha muerto" no se sigue, para la razón
práctica, el "todo está permitido". Podemos comparar y decidir
entre códigos y convenciones éticas.
La
aspiración de una ética laica y moderadamente racional es la conquista de
la felicidad. Los 4 prerrequisitos de la felicidad humana, desde el punto de
vista de la persona individual, son: la salud, la obtención de los medios
adecuados para estar al abrigo de la necesidad (una cierta pobreza
moderada); la existencia de relaciones satisfactorias con los otros (la
amistad, el amor, las relaciones con los niños, la intimidad con otros); y
el éxito en el trabajo.
Hay que evitar atormentarse. Conocer los
motivos por los que uno quiere, hace las cosas y llama ideal a eso.
Como
el hombre es un ser social hay que aspirar a armonizar el interés privado,
individual, con el interés general. Así se pasa de la ética a la filosofía
política. En esto tiene una importancia primordial la educación, una
educación alternativa para superar la moral de los tabúes en una ética
racional:
No hay culpa original, no hay pecado; hay
acciones que hacen y nos hacen más mal que bien y viceversa. A partir de
ese reconocimiento se pueden establecer criterios para un código ético en
positivo.
La
educación es particularmente relevante en el caso de la ética sexual. Hay
que tratar la moral sexual como cualquier moral:si un acto no hace daño
a nadie no hay por qué condenarlo. Hay que considerar el bien o el mal
que puede hacer. Ese es el fundamento de la moral sexual y de todas las
morales. Ejemplo: la violación es un agresión; la fornicación es otra
cosa: hay que considerar las circunstancias y ver si en tal ocasión precisa
se sigue un mal o no. No tiene sentido condenarlo en bloque.
La
dificultad de llegar a una ética sexual viable y racional viene del
conflicto entre la tendencia a los celos y la tendencia a la poligamia.
Los celos van íntimamente unidos al sentido de propiedad. El pudor,
el ascetismo y los celos son algunos de los factores que entran en la génesis
de la moral tradicional. De ellos, el más importante son los celos. Si el
matrimonio y la paternidad han de sobrevivir, se necesita cierta
transigencia entre una completa promiscuidad y una perpetua monogamia.
Aunque la mejor combinación depende de las costumbres de la población, hay
cosas que pueden decirse definitivamente. Las que siguen:
1) No es deseable, ni desde el punto
de vista fisiológico ni educativo, que las mujeres tengan hijos antes de
los 20 años,
2) Por muchas razones los jóvenes
solteros deben tener considerable libertad en sus relaciones sexuales
siempre que se eviten los hijos,
3) Debería ser posible el divorcio
sin censura para ninguna de las partes y sin que se le considere una
deshonra: todo matrimonio debería terminarse por mutuo acuerdo y con previo
aviso de un año en cualquier caso
4) Habría que hacer todo lo posible
para que las relaciones sexuales no tuvieran una mancha económica: una
mujer , como un hombre, debe trabajar para ganarse la vida.
Hay
dos maneras de asegurar la igualdad de varones y mujeres:
Exigiendo de los
hombres una monogamia igual a la exigida antes a las mujeres, o permitiendo
a las mujeres, igual que a los hombres, un cierto relajamiento del código
tradicional. Los que reconocen que se necesita una ética sexual nueva se
inclinan por la segunda vía.
El
punto de partida de una nueva ética sexual tiene que ser preguntarnos qué
reglas morales pueden contribuir a la felicidad humana recordando
siempre que, cualesquiera que éstas sean, no es probable que se observen
universalmente. Hay que considerar el efecto de esas reglas en la realidad,
no el que tendrían si fuesen absolutamente eficaces.
La educación sexual es en esto clave. No
hay razón para ocultar la verdad a los niños. Hay que decir al niño lo
que quiere saber y permitirle ver desnudos a sus padres (eso corrige la
lascivia y la obsesión sexual). La ignorancia fomenta la hipocresía en
esto. Y también la angustia. No hay excusa para engañar a los niños. La
completa franqueza en materia sexual es el mejor modo de impedir que los niños
se obsesionen con el sexo malsanamente.
Mientras se logra una ética sexual
completa convendría que los hombres y las mujeres recordasen, en las
relaciones sexuales, en el matrimonio y en el divorcio, la práctica de las
virtudes ordinarias de la tolerancia, la amabilidad, la sinceridad y la
justicia ["Nuestra ética sexual", 1936]
Cuando
hablamos de la relación entre individuo y colectividad, la búsqueda de la
felicidad, en el sentido en que la entiende Russell (o sea, preservación de
la libertad del individuo en el marco de la satisfacción general de las
necesidades) implica la crítica de tres grandes tipos o esferas del poder:
El poder de dominación directa sobre los
cuerpos (en la vida social y familiar)
El poder de premiar y castigar (que es en
lo sustancial poder económico)
El poder de la propaganda, de la persuasión
(cada vez más importante en las sociedades del siglo XX).
Todas las formas de poder necesitan un
freno. Tendría que haber en nuestras sociedades otros frenos que no fueran
sólo las elecciones generales de cuando en cuando.
El poder económico es muy importante, pero
no es la única forma de poder. Si la raza humana ha sobrevivido es gracias
a la ineficencia, disminuyendo la capacidad de matarse unos a otros. Tanta
importancia como éste tienen el poder militar y el poder de la propaganda.
El
establecimiento de frenos racionales a estos tres tipos de poder es también
cosa de la educación del individuo ciudadano. Y contempla: la forma de
limitar la existencia de los celos en las relaciones de pareja; la forma de
oponerse a la expansión del militarismo y del belicismo en la sociedad; la
forma de oponerse a la propaganda persuasiva de los Estados; y la forma de
desarrollar un espíritu creativo frente a los impulsos posesivos del
hombre. Con variantes, Russell fue desplegando diversos argumentos sobre
estos temas a lo largo de su vida: desde Principios de reconstrucción
social hasta Crímenes de guerra en Vietnam.
El hilo conductor de su argumentación es
una crítica de los poderes socioeconómicos y políticos establecidos en el
siglo XX: capitalismo y socialismo de estado como resultados inevitables de
la técnica contemporánea que exige organizaciones amplias, centralizadas y
produce un cierto modelo de dirigente. Hay diferencias de grado pero el género
es el mismo: complejo militar-industrial y planificación centralizada:
"No veo más diferencia entre Este y Oeste que la que la propaganda
quiere que veamos. No tenemos derecho a llamar "libre" a nuestra
parte del mundo" [Mi concepción del mundo]
Frente al mundo de los dos bloques
enfrentados B. R. ha calificado su propio punto de vista como de "viejo
liberal" o "liberalismo libertario".
Ya
en el ámbito de la filosofía política, el "liberalismo
libertario" de B. Russell se desarrolla haciendo propuestas en polémica
con el nacionalismo y con el militarismo. En la valoración crítica del
nacionalismo distingue entre el plano cultural (o sociocultural) y el plano
político.
Desde el punto de vista de la cultura el
mundo moderno es de una uniformidad más bien desoladora. Y desde esa óptica
hay mucho que decir en favor del nacionalismo, puesto que preserva la
diversidad en arte, literatura, lengua, etc.
Pero en política el nacionalismo es
"el mal en estado puro". No hay un solo argumento para defenderlo:
inculca el odio a lo extranjero y glorifica lo propio. Con la excepción de
la guerra el peligro más grave que el hombre ha afrontado. La educación
conducida por el estado es en esto lo peor : "A veces, viendo esto,
pienso si no hubiera sido mejor que las gentes no supieran leer y
escribir" [Mi concepción del mundo].
Frente a eso:
Educar a las personas en la idea de que la
humanidad es un sola familia, que la cooperación es más importante que
la competición y que amar al prójimo no es sólo un deber moral, sino
también la más sabia de las políticas en relación con la propia
felicidad; alcanzar un nivel de cultura suficiente para que todos los
hombres estén en disposición de comportarse como un aristócrata cultivado
del siglo XVIII; ofrecer a los hombres aventuras suficientes, incluso
peligrosas si hace falta: ir a los polos, escalar montañas, viajar al
espacio para canalizar las energías que a menudo conducen a la guerras,
reconocer y admitir la felicidad del otro, del vecino como condición para
la propia felicidad.
Un
pacifista radical no fundamentalista: distinguir entre guerras y guerras,
analizar las situaciones en particular. Necesidad de la autodefensa.
Pacifista en la Primera, no en la Segunda guerra mundial, contra el
armamentismo nuclear en los años cincuenta y sesenta, contra la guerra de
Vietnam en los sesenta-setenta ["Crímenes de guerra en Vietnam"].
Aunque no acepta la distinción tradicional entre "justas" e
"injustas", sí cree que hay diferencias entre unas guerras y
otras y que por eso hay situaciones en que se ha de pasar de la neutralidad
o la objeción a la intervención. Esa es la diferencia entre la Primera y
la Segunda guerra mundial. Y por la misma razón se vuelve a declarar en
contra del militarismo y del armamentismo en los años cincuenta y sesenta.
Reconocer los impulsos humanos y abrir una
vía a la manifestación no agresiva de los impulsos frente al tedio:
canalizar el espíritu de aventura, evitar los castigos de la moral
primitiva. De la constatación de que muchas personas aman la guerra a la
discusión sobre agresividad y espíritu de aventura. Importancia del deseo
y de los impulsos. Limitación de la razón sin más: necesidad de la razón
apasionada.
Una
filosofía política basada en la creencia de que el impulso tiene más
efecto que la intención consciente para modelar las vidas de los hombres.
La mayor parte de los impulsos pueden ser divididos en: el posesivo (propósito
de adquirir o conservar algo que no es repartido) y el creativo (traer al
mundo alguna cosa de valor en el que no haya propiedad privada).
Principio supremo: promover todo lo que
sea creativo y disminuir así los impulsos y deseos que se concentran
alrededor de la posesión.
Considera como mejor vida la que está
cimentada sobre impulsos creativos; y como peor vida la que está cimentada
en el afan de posesividad. El Estado, la guerra y la propiedad son las
principales incorporaciones políticas de los impulsos de posesividad; la
educación, el matrimonio y la religión deben formar los impulsos creativos
pero en el presente no están en un medio adecuado para hacerlo.
Error de la teoría de las necesidades
humanas derivada del industrialismo que supone que unas condiciones económicas
mejores, sin más, harán a los hombres más felices por sí mismas No
solamente más bienes materiales, sino más libertad, más dirección de sí
mismos, más salidas para la creatividad, más oportunidad para la alegría
de vivir, más cooperación voluntaria. ["Principios de reconstrucción
social", 1916].
Qué debemos hacer:
1º Ser claros en nuestras propias
mentes en cuanto a la clase de vida que creemos buena y a la clase de cambio
que deseamos en el mundo
2ª Pero los que quieren ganar el
mundo por el pensamiento deben resignarse a perderle como sostén en el
presente.
3ª Lo que se necesita no es la
invención de una Utopía, sino el descubrimiento de la mejor dirección del
movimiento
4ª Dos principios generales para
ello:
a) el progreso y vitalidad de los
individuos y las colectividades han de ser promovidos en toda la extensión
posible;
b) el progreso de un individuo o de una
colectividad ha ser lo menos posible a expensas de otro individuo u otra
colectividad (principio de reverencia, en el plano de las relaciones
personales; y principio de la libertad en el plano de las relaciones políticas).
Para la discusión sobre
religión y moral
Tener en cuenta la evolución de las ideas
de Bertrand Russell.
Por ejemplo en 1903, en "El credo del
hombre libre", había afirmado: Aunque la necesidad de renunciación
es prueba evidente de la existencia del mal, el cristianismo ha demostrado,
predicándola, una sabiduría muy superior a la de la filosofía de la
rebelión prometéica [...] La creencia de que aquello a que se debe
renunciar es malo, aunque a veces sea falsa, suele serlo menos de lo que
supone la pasión indómita; y el credo de la religión, al proporcionarnos
una razón para probarnos que nunca es falsa, nos ha brindado la forma de
purificar nuestras esperanzas mediante el descubrimiento de muchas verdades
austeras (ed. cast. 74). Importancia y límites de la resignación.
Después, en la Autobiografía,
cuenta que cambió su opinión de 1903 sobre el cristianismo que en aquella
época estaba influida por su primera mujer.
Matizaciones sobre
comunismo como religión:
Hay que leer su libro Crítica del
bolchevismo (1919) Ariel, Barcelona, varias ediciones.. En lo político
Russell fue un liberal bastante atípico, durante mucho tiempo partidario
del laborismo británico. Y para un análisis crítico de las opiniones de
Russell cf.: M. Sacristán, "Russell y el socialismo (197O), en
Panfletos y materiales y M 1: Papeles de Filosofía. Barcelona, Icaria,
1984, págs. 191-228.
Matizaciones sobre otras
religiones:
Elogio de Confucio y el confucianismo:
moderación en todo incluida la virtud, autodominio, benevolencia y cortesía,
indolencia, ausencia de la noción de pecado y, en particular de la noción
de pecado original ("Ideales orientales y occidentales de felicidad,
sobre China y el confucionismo", en Ensayos escépticos).
Matizaciones sobre ciencia
y ética:
La ciencia para salvarnos de la ciencia.
Necesidad de un nuevo código moral, de una nueva manera de pensar en un
mundo conformado por la ciencia y el pensamiento científico:
"La ciencia por sí sola no está en
condiciones de aportarnos una ética. Puede mostrarnos la forma de alcanzar
un objetivo determinado o revelarnos la posibilidad de lograrlo. Pero entre
los objetivos factibles nuesta elección deberá basarse en consideraciones
al margen de las puramente científicas. Si un hombre dijera "Odio al género
humano y creo que sería bueno exterminarlo", cabría responderle:
"Pues bien, mi querido señor, empecemos por usted". Sin embargo,
esto apenas puede considerarse un argumento, y no hay ciencia, por amplia
que sea, capaz de demostrar que ese hombre está equivocado".
Matizaciones sobre religión
y filosofía:
Partir de la argumentación de Russell:
"Cuando los hombres tenían mucha fe en Dios a nadie se le ocurría
demostrar su existencia; cuando empezó a flaquear la fe se construyeron
grandes demostraciones de la existencia de Dios; cuando, al avanzar el espíritu
científico y se llegó a dudar de la eficacia de tales demostraciones, se
definió el dogma de que la existencia de Dios es demostrable"
(Concilio Vaticano I, 1870, y luego, 1908).
Dice Gómez Caffarena: "La exigencia
de Russell es razonable: si se cree en Dios hay que tener en coraje de crrer
en Dios; si se demuestra a Dios, hay que defender la demostración en su
terreno racional; imponer por un real decreto de la fe "que es válida
su demostración racional" es un contrasentido.
Un salida es el llamado "fideísmo"
(una fe autosuficiente y clausurada, la orgullosa conciencia de privilegio).
Pero eso cierra el diálogo racional con el otro, con los otros. Gómez
Cafferana concluye: "Por paradójico que resulte, sólo cree de verdad
quien está dispuesto a dejar de creer si ve que debe hacerlo. Quien para
mantener la fe piensa deber reservarla a toda costa, muestra ya de antemano
falta de fe, miedo a la fe."
Todo creyente (en lo que sea) que no sea
fideísta tendrá que cargar siempre con una cruz si al mismo tiempo quiere
seguir pensando racionalmente, dialogando con otros y con el mundo. Esa cruz
es la duda racional. Es verdad que hay creencias y creencias. Pero la única
diferencia en serio es que hay cruces de diferentes tamaños y también
diferentes formas de llevarlas.
Principales obras de B. Russell mencionadas
El credo del hombre libre (1903) y
otros ensayos . Madrid, Cátedra,
1996
Principios de reconstrucción social
(1916) Madrid, Espasa Calpe, 1975
Misticismo y lógica y otros ensayos
(1918) Barcelona, Edhasa, 1987
Teoria y práctica del bolchevismo
(1920). Barcelona, Ariel, 1969