ABSTRACT: Curso cedido por el
profesor Francisco Fernández Buey que imparte en la Universidad Pompeu
Fabra (Barcelona).
Estudio de las principales corrientes teóricas de la ética en el siglo
XX.
Especial atención a seis corrientes: la ética analítica, la
filosofía moral de raíz religiosa, la fundamentación ética de la
increencia, ética existencialista, los intentos de fundamentación de
una ética marxista, y ética de la modernidad crítica. .......................................
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TEMA 3. UNA FILOSOFÍA MORAL DEL COMPROMISO CRISTIANO: SIMONE WEIL
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Una
advertencia preliminar:
Probablemente con Simone
Weil va a acabar pasando algo parecido a lo que ha pasado con Teresa de
Ávila, a saber: que la limitación habitual de su pensamiento y de su hacer
al aspecto místico-religioso desvirtúa a la persona hasta dejarla
demediada, como el vizconde de Italo Calvino. Y así como cuando uno lee
determinados textos prácticos de Teresa de Ávila desde el presupuesto único
de que se trata de una "mística" suele quedarse perplejo ante la
concreción de sus actividades religioso-mundanas, así también cuando se
leen las "Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión
social", de Simone Weil, desde la óptica que acentúa exclusivamente
el misticismo o la religiosidad suprema de la autora suele llevarse una
sorpresa bastante monumental. Pues lo que va a encontrar en esta obra le
parecerá más bien trabajo de economista, de sociólogo o, en cualquier
caso, de filósofo social que de mística o religiosidad.
Esta consideración me
llevará más tarde a establecer alguna precisión acerca del tipo de
"mística" que era Simone Weil. De momento queda enunciado el
asunto.
Uno de los problemas de la
lectura actual de Simone Weil es evitar de entrada ir a encontrar en los
textos lo que ya se sabe que se va buscando a partir de su biografía. Creo
que incluso la estupenda y equilibrada introducción que José Jiménez
Lozano ha puesto al texto de la traducción castellana de Paidós tiene el
defecto de leer las "Reflexiones" (de 1934) desde el conocimiento
de lo que Simone Weil iba a ser unos cuentos años después (sobre todo
después de 1937). Hay un momento en que Jiménez Lozano lo advierte y se
cura en salud:"Incluso cuando esos textos [que ha citado] son a veces
posteriores a la redacción de este librito, nos muestran el fondo de su
pensamiento" (ed. cit. en Bibliografía, pág. 32). Pero es evidente
que el "fondo del pensamiento" de Simone Weil cambió en algunas
cosas bastante sustancialmente entre 1934 y 1943.
De modo que conviene ir con
cuidado. Ya Manuel Sacristán, en una reseña escrita a principios de los años
cincuenta en la revista barcelonesa "Laie", denunció no sólo el
equívoco sino incluso la manipulación místico-religiosa del pensamiento
de la Weil que deja fuera de consideración al menos otros dos intereses
suyos: el interés por la ciencia y el interés por todo lo relacionado con
el mundo del trabajo.
Reflexiones sobre las
causas de la libertad y de opresión social (1934).
S. Weil empieza con un preámbulo
sobre los males de la época, que enlaza con las reflexiones de la última
parte:"Esbozo de la vida social contemporánea". Y encabeza el
ensayo con dos citas significativas:
"En lo que concierne a
las cosas humanas, ni reir, ni llorar, ni indignarse, sino comprender"
(Spinoza)
"El ser dotado de razón
puede hacer de cualquier obstáculo materia de su trabajo, y sacar partido
de ello" (Marco Aurelio).
In media res: se desvanece
todo lo que parece constituir una razón para vivir; hay que cuestionarlo
todo de nuevo: el trabajo es posesión; el progreso técnico ha quebrado y
se ha convertido en miseria física y moral; el progreso científico es
dudoso; el arte cae en el desconcierto; la vida familiar es ansiedad; no hay
futuro para las jóvenes generaciones
Vivimos una época privada
de futuro. La espera de lo que vendrá ya no es esperanza sino angustia (págs.
43-44).
La palabra mágica, desde
1789, "revolución", ha expresado la esperanza. Pero también esta
esperanza se ha perdido. Tener el valor intelectual para preguntarse si
"revolución" es algo más que una palabra. Sólo los sacerdotes
pueden pretender que el valor de una idea se mida por la cantidad de sangre
que ha hecho derramar. [Es conveniente leer este preámbulo en relación con
la última parte del ensayo, la dedicada a la vida social contemporánea].
De ahí se pasa a la
critica del marxismo, que se puede resumir en los siguientes puntos:
1. Limitación del
análisis al aspecto económico de la explotación capitalista. Apenas
muestra Marx cómo este mecanismo podría dejar de funcionar. Marx suponía
que cualquier tipo de lucha por el poder desaparecería el día en que el
socialismo se estableciera en todos los países industrializados. Pero:
Como la revolución no
puede hacerse en todas partes a la vez, cuando se realiza en un país acentúa
allí la necesidad de explotar y oprimir a los trabajadores por miedo a ser
más débil que otras naciones. La revolución rusa como ilustración del
asunto. [El asunto del "socialismo en un solo país", entonces
todavía en discusión entre stalinistas y trotskistas en la URSS y fuera de
ella].
2. Del análisis del
aspecto económico de la explotación capitalista al análisis de
otros aspectos de la opresión
De la crítica al régimen
de propiedad y producción a la crítica del industrialismo, del maquinismo,
de la ciencia como monopolio y de la especialización. Paso a la crítica de
los fundamentos de la cultura o civilización moderna (granindustrialista).
Sobre la base del mantenimiento de la cultura industrialista sólo se puede
organizar y perfeccionar la opresión, no aliviarla (49). Por eso la opresión
se reproduce en la sociedad "socialista".
3. El error
principal del marxismo (creer en la posibilidad de una democracia efectiva
sobre la base de la civilización actual) viene de la teoría del desarrollo
de las fuerzas productivas
El desarrollo de las
fuerzas productivas como forma de conciliación entre las aspiraciones
idealistas de Marx y su concepción materialista de la historia. Marx
presupone sin demostración, y como verdad evidente, que las fuerzas de
producción son susceptibles de un desarrollo ilimitado. Eso es un postulado
sin demostrar. Es hegelianismo al revés: creer que nuestra voluntad
converge con una misteriosa voluntad que actuaría en el mundo y nos ayudaría
a vencer es pensar religiosamente, es creer en la Providencia.
Todas las religiones hacen
del hombre un simple instrumento de la Providencia, y también el socialismo
pone a los hombres al servicio del progreso histórico, es decir, del
progreso de la producción.
4. Pero en Marx
también hay un método de conocimiento y de acción, un materialismo que no
tiene nada de religioso: igual que en la naturaleza, en la sociedad todo se
efectúa por transformaciones materiales.
Dos concepciones distintas:
dos almas. El método materialista como instrumento virgen. La única idea
verdaderamente valiosa en su obra es también la única que ha sido
completamente desatendida (54). En la continuación S. Weil se propone
seguir esa línea de análisis.
Lo que sigue es
una crítica particularizada de la noción habitual de "progreso"
en varios planos y, señaladamente, en relación con el trabajo humano.
Primer plano: el
rendimiento del trabajo. ¿Supone el desarrollo de la técnica un desarrollo
ilimitado del rendimiento del trabajo?
El progreso no está
asegurado porque puede incluso suceder que la utilización de una fuente de
energía natural cueste mayor trabajo que el esfuerzo humano que se intenta
reemplazar. Desde el momento en que el azar entra en juego (en el
descubrimiento y uso de fuentes de energía), la noción de progreso
continuo deja de ser aplicable (57).
[Es interesante comentar el
argumento de S.Weil en relación con algunas críticas ecologistas
actuales].
Segundo plano:organización
y racionalización del trabajo: aumentar el rendimiento de los esfuerzos
por la forma de combinarlos. S.W. elabora aquí una argumentación muy
interesante que se parece mucho a la idea de los economistas de los
rendimientos decrecientes en la fase fordista-taylorista y que probablemente
tiene mucho que ver con lo ocurrido históricamente a partir de 1929. En
este punto llega a la conclusión de que "el progreso se transforma
hoy, a todos los efectos, en regresión" (59).
Tercer plano: el futuro de
la técnica automática, el proceso de automatización y robotización del
trabajo anteriormente humano: confiar a la máquina un conjunto de
operaciones variadas para satisfacer las necesidades humanas, el mito
americano del robot (61). Pero "jamás técnica alguna dispensará a
los humanos de renovar y adaptar continuamente, con el sudor de su frente,
las herramientas de las que se sirven". El funcionamiento de las máquinas
automáticas está ligado al desorden y al despilfarro que entraña una
exagerada centralización económica (62).
Conclusión: Un crecimiento
continuo e ilimitado del rendimiento es, propiamente hablando, inconcebible.
En el plano de la ciencia pura los expertos han hecho justicia a la idea de
la búsqueda de "la máquina en perpetuo movimiento"; la etapa
superior del comunismo, considerada por Marx como último término de la
evolución, es una utopía absolutamente análoga a la del movimiento
perpetuo
Reformulación del
problema: se trata de saber si es posible concebir una organización de la
producción que, aunque sea incapaz de eliminar las necesidades naturales y
la coacción social que de ellas deriva, permita, al menos, que se den sin
aplastar los espíritus y los cuerpos bajo la opresión. Esa es una condición
para poder vivir en paz con uno mismo (66-67).
Análisis de la opresión
Comprender el mecanismo de
la opresión: lo que une la opresión en general al régimen de producción.
La argumentación de S. Weil se desarrolla así:
1. Una cuestión
nueva: no se puede suprimir la opresión si subsisten las causas que la
hacen inevitable y estas causas residen en condiciones objetivas,
materiales, de la organización social (Marx). La opresión no ya como
usurpación de un privilegio, sino como órgano de una función social.
Pero los marxistas no sacan
a la luz el mecanismo de la opresión, sólo describen ésta. Marx no
explica por qué los oprimidos rebeldes nunca han conseguido fundar una
sociedad no opresiva, deja en la sombra los principios generales por los que
una forma de opresión es sustituida por otra.
2. De Lamarck
("la función crea el órgano") a Darwin ("las condiciones de
existencia", la función como efecto del órgano) en las ciencias
sociales: las causas de la evolución social no deben buscarse ya en otra
parte sino en los esfuerzos cotidianos de los hombres considerados como
individuos (70).
La buena voluntad ilustrada
de los hombres de acción en tanto que individuos es el único principio
posible del progreso social (71). Necesidad de un análisis histórico
detallado: la opresión sólo aparece a partir de formas más elevadas de
economía que la primitiva (73).
3. Análisis de la
opresión en las distintas formas de producción: respecto a la naturaleza,
el hombre parece pasar, por etapas, de la esclavitud a la dominación. Al
mismo tiempo, la naturaleza pierde gradualmente su carácter divino y la
divinidad asume, progresivamente, forma humana. Pero, por desgracia, esta
emancipación es sólo una aduladora apariencia: la acción humana sigue
siendo en general pura obediencia al aguijón brutal de la necesidad
inmediata con la diferencia de que en vez de estar acosado por la naturaleza
el hombre está acosado por el hombre (75)
[Es interesante comparar
este análisis con textos de Marx poco conocidos y que, en cualquier caso,
S. Weil no conoció, por ejemplo: el mitin en Londres sobre el carácter
ambivalente de la ciencia y la tecnología.].
4. Para plantear los
problemas sociales hay que aclarar las nociones de "fuerza" y
"poder". Fuerza no es lo mismo que opresión.
El poder encierra un
especie de fatalidad que pesa tan implacablemente sobre los que mandan como
sobre los que obedecen (77). De este modo el más funesto de los círculos
viciosos arrastra a la sociedad entera detrás de sus amos en una ronda
insensata (79). Nunca hay poder sino solamente carrera hacia el poder y una
carrera sin término, sin límite y sin medida, como no hay límite ni
medida a los esfuerzos que exige (80).
5. Dos formas de
romper el círculo: suprimiendo la desigualdad o estableciendo un poder
estable, un poder que equilibre a los que mandan y a los que obedece.
Los moralistas vulgares se
quejan de que los hombres se quieren por su interés personal. Ojalá fuera
así. El interés es un principio de acción egoísta, pero delimitado,
razonable, incapaz de engendrar males ilimitados. Por el contrario, la ley
de todas las actividades que dominan la existencia social es, excepto en las
sociedades primitivas, que cada uno sacrifique la vida humana, la propia y
la ajena, a las cosas que sólo constituyen medios para vivir mejor [...] La
historia humana es la historia de la esclavitud que hace de los hombres,
tanto de los opresores como de los oprimidos, el simple juguete de los
instrumentos de dominación que ellos mismos han fabricado: rebaja así a la
humanidad viva a ser un objeto de la materia inerte (82). Seria engañoso
pensar que la opresión vaya a dejar de ser inevitable cuando las fuerzas de
producción estén lo bastante desarrolladas como para poder asegurar a
todos bienestar y ocio.
6. Analizar las
relaciones de los hombres con la naturaleza y entre los hombres en función
del problema del poder. Elaborar un esquema abstracto del juego de acciones
y reacciones, poco más o menos como los astrónomos tuvieron que inventar
una esfera celeste imaginaria para orientarse en los movimientos y las
posiciones de los astros (85). Empezando por intentar redactar una lista de
las necesidades ineludibles que limitan todo tipo de poder.
Un estudio científico de
la historia debería comenzar por el análisis de las reacciones que el
poder produce, en todo momento, sobre las condiciones que le asignan
objetivamente sus límites (87).
De ahí se pasa a un:
Bosquejo teórico de una
sociedad libre
1. Nada en el mundo
puede impedir al hombre sentir que ha nacido para la libertad. Jamás ha
dejado de soñar una libertad sin límites. El comunismo imaginado por Marx
es la forma más reciente de ese sueño.
Es hora de renunciar a soñar
la libertad y decidirse a concebirla.
Hay que intentar
representar claramente la libertad perfecta, no con la esperanza de
alcanzarla, sino con la esperanza de alcanzar una libertad menos imperfecta
que la de nuestra condición actual, ya que lo mejor sólo es concebible por
lo perfecto, sólo puede dirigirse hacia un ideal (100). El ideal es tan
irrealizable como el sueño, pero a diferencia de éste, mantiene relación
con la realidad, permite, a título de límite, ordenar las situaciones,
reales o realizables, desde su menor a su más alto valor.
2. La libertad
perfecta no se puede concebir como desaparición de la necesidad natural,
sin los obstáculos exteriores. La libertad como mera ausencia de necesidad
sería una palabra vacía.
La libertad como relación
entre pensamiento y acción: cuando las acciones del hombre procediesen
todas de un juicio previo respecto al fin que se propone y al encadenamiento
de los medios adecuados para conducir a este fin (102)
El hombre es un ser
limitado al que no les dado ser, como el Dios de los teólogos, autor
directo de su propia existencia; pero el hombre poseería el equivalente
humano de este poder divino si las condiciones materiales que le permiten
existir fueran exclusivamente obra de su pensamiento cuando dirige el esfuerzo
de los músculos. Esta es la verdadera libertad (105).
3. Esta libertad es
solo un ideal y no puede encontrarse en una situación real, pero este ideal
será útil concebirlo si podemos percibir al mismo lo que nos separa de él
y qué circunstancias pueden alejarnos o acercarnos. No eliminar el azar,
pero sí circunscribirlo, limitarlo, filtrarlo, clasificando, por relación
a este plan, la masa indefinida de los accidentes posibles en algunas series
bien determinadas.
4. Una fuente de
misterio que no podemos eliminar: nuestro propio cuerpo. A veces las
reacciones del cuerpo vivo son completamente ajenas al pensamiento (107). No
se puede reducir enteramente el cuerpo humano a este papel de intermediario
dócil entre el pensamiento y los instrumentos, pero es posible reducirlo
cada vez más, y a esto es a lo que contribuye cada progreso de la técnica.
5. Un nuevo obstáculo:
la profunda diferencia de naturaleza que separa la especulación teórica
y la acción. No hay nada común entre la resolución de un problema y
la ejecución de un trabajo, ni entre el encadenamiento de nociones y el
encadenamiento de movimientos.
Un factor más de
servidumbre: la existencia para cada de los otros hombres. Este el único
factor de servidumbre propiamente hablando, pues sólo el hombre puede
esclavizar al hombre. Pero si el hombre no está hecho para ser el juguete
de una naturaleza ciega, menos aun lo está para serlo de las ciegas
colectividades que forma con sus semejantes (117).
6. Importancia del
pensamiento para el individuo: la colectividad no piensa.
Si teóricamente se quiere
concebir una sociedad en la que la vida colectiva esté sometida a los
hombres considerados como individuos, en lugar de someterlos, hay que
representarse una forma de vida material en la que intervengan solo
esfuerzos dirigidos exclusivamente por el pensamiento claro, lo que implica
que cada trabajador controle, sin referirse a ninguna regla exterior, no
solo la adaptación de su esfuerzo a la obra a producir, sino también su
coordinación con los esfuerzos de todos los demás miembros de la
colectividad (118) [Comentar textos de págs. 118-119].
7. Esta afirmación
del ideal se basa en un método del análisis social que ya no es el de Marx,
aunque parte, como el de Marx, de las relaciones de producción, pero en
vez de priorizar el rendimiento, se priorizan las relaciones entre
pensamiento y acción.
Cambio de la noción de
progreso: sustituir esta noción por una escala de valores concebida fuera
del tiempo relacionando determinados aspectos de la vida social.
La sociedad menos mala es
aquella en que, con más frecuencia, el común de los hombres de encuentra
en la obligación de pensar al actuar, tiene las mayores posibilidades de
control del conjunto de la la vida colectiva y posee una mayor independencia
(124). La concepción puramente negativa de un debilitamiento de la opresión
social no puede, por si misma, dar un objetivo a la gente de buena voluntad.
Es indispensable hacerse al menos una representación vaga de la civilización
a la que se desea que la humanidad llegue, aunque esta representación tenga
más de simple ensueño que de pensamiento verdadero (124-125).
8. La civilización
más plenamente humana sería aquella que tuviera el trabajo manual
como centro, aquella en la que el trabajo manual constituyese el supremo
valor. El trabajo manual no por la relación con lo que produce sino por su
relación con el hombre que lo lleva a cabo.
El trabajo como centro
mismo de la cultura. Ciencia concreta y trabajo consciente. Se puede
concebir una ciencia que se proponga como último fin perfeccionar la técnica
no haciéndola más poderosa sino simplemente más consciente y más metódica
(127).
[TEXTO de pág. 127-130. Y
comentar el punto de vista cartesiano y baconiano y fáustico que sigue:
"El hombre domina la naturaleza obedeciéndola". Poner en relación
todo esto con el punto de vista de John Berger en El sentido de la vista.].
El ensayo concluye con un:
Esbozo de la vida social contemporánea.
Lo más contrario a este
ideal es la civilización contemporánea, que S.W. caracteriza así:
El individuo abandonado a
una colectividad ciega
Incapacidad del hombre para
someter sus acciones a sus pensamientos
Impotencia y angustia de
todos los hombres ante la máquina social que destroza corazones y aplasta
los espíritus, máquina de fabricar vértigo.
Un mundo donde nada es a la
medida del hombre
Todo está desequilibrado
Inversión de la relación
entre medios y fines como ley de la sociedad opresora
Todas las vidas humanas a
merced del poder
Hasta las reacciones en el
arte y literatura parecen llamadas a desaparecer casi completamente
Falta de sentido
Todo es ciego
El éxito es la única
regla y ha llegado a ser casi arbitrario
Todo se juega en el dominio
de la especulación y de la publicidad, de la opinión y casi de la ficción
El Estado, la organización
burocrática por excelencia, tiende a convertirse en el centro de la vida
económica y social y los factores económicos se subordinan a los
militares.
La humanidad tiende a una
forma totalitaria de organización social
Imaginar que se puede
desviar la historia en una dirección diferente a base de reformas o
revoluciones es soñar despierto. No hay nada en lo que apoyar siquiera una
simple tentativa.
Por todo eso se sueñan
monstruos.
No hay que esperar auxilio
de los hombres. La única posibilidad de salvación consistiría en una
cooperación metódica de todos con vistas a una progresiva descentralización
de la vida social, pero esa idea es absurda: no se puede imaginar en esta
civilización. La idea del despotismo ilustrado es hoy totalmente
descartable. Ningún déspota del mundo puede ser hoy ilustrado.
Qué hacer: sólo
esforzarse en poner un poco de arena en el engranaje de la máquina que nos
tritura; captar todas las ocasiones para despertar un poco el pensamiento;
favorecer una cierta libertad de movimientos al individuo donde se pueda.
Esta situación, una vez
que se ha comprendido plenamente, deja una maravillosa libertad de espíritu.
Trabajar haciendo el inventario de la civilización presente.
Renovar, por encima del ídolo
social, el pacto original del espíritu con el universo. Favorecer el genio,
no los talentos.
Del compromiso sociopolítico
a la filosofía moral del compromiso cristiano [1937-1943]
En su experiencia vivida
durante los años 1931 a 1936 en relación con el movimiento obrero y
revolucionario de la época (marxismo, sindicalismo revolucionario,
sindicalismo cristiano, etc.) S. Weil. no sólo no ha logrado que sus ideas
alternativas (el bosquejo de sociedad libre) tuvieran eco, sino que se ha
visto sola, criticada y, por lo general, despreciada (acusada de
"individualismo", "utopismo", "pequeño
burguesa", etc. por aquellos mismos con los que quería estar). Tampoco
ha encontrado la comunión moral que iba buscando con los desheredados.
La vivencia de la soledad y
un acendrado sentimiento de la compasión hacia los otros la han impulsado
hacia nuevas experiencias. Si la clase obrera revolucionaria, tal como es en
esos años, no "va al paraíso" (porque no puede o no sabe lograr
el equilibrio entre pensamiento y acción), entonces habrá que fijarse en
aquellas otras experiencias enaltecedoras de la libertad del individuo, de
la persona, por las que éste crece moralmente hacia lo mejor en el seno de
la comunidad equilibrando en su acción medios y fines.
De esas experiencias
vividas entre 1937 y 1938 S. Weil ha subrayado, en una carta autobiográfica
de mayo de 1942 (A la espera de Dios, de. cit. en Bibliografía pag.
37 y ss.) y en otros escritos, tres:
1. La comunidad de
mujeres de pescadores en Portugal
2. La pureza
franciscana de Asis
3. La experiencia mística
del monasterio de Solesmes
Estas tres experiencias
tienen una dimensión eminentemente religiosa. Y expresan cronológicamente,
por como han sido vividas, un desplazamiento de las preocupaciones de S. Weil
desde el plano político-social al plano ético-religioso y ético-estético.
La primera de ellas, la
contemplación, desde la propia soledad, de una procesión de mujeres de
pescadores portando cirios y entonando cánticos a la orilla del mar, bajo
la luna llena, en un pueblecito de Portugal, significa para S. Weill una
reconsideración de la dimensión social del cristianismo. El
cristianismo es la religión de los esclavos (también de los esclavos
trabajadores del siglo XX). Pero este descubrimiento conduce a S.W. a una
conclusión muy diferente de la del último Nietzsche: no a la afirmación
de la necesidad de la transmutación de todos los valores que han sido
característicos de la tradición cristiana y a postular el
"superhombre", sino precisamente a la aceptación convencida de la
religión de los esclavos, con la consideración de que ella misma es uno de
ellos ("la marca de la esclavitud en mí"). En esa aceptación no
ve resignación sino comunión con los de abajo. [Se puede desarrollar una
comparación con el último Nietzsche. Por ejemplo, en la línea
interpretativa que sigue J.M. Valverde en su monografía publicada por
Editorial Planeta].
Esta es una experiencia que
divide el alma: entre el agnosticismo (sobre Dios, la transcendencia, etc.)
y la atracción por la comunidad de base religiosa.
Las otras dos experiencias
(de 1937 y 1938) acentúan el desplazamiento de la preocupación sociopolítica
hacia consideraciones ético-religiosas y ético-estéticas: S.W. cae de
rodillas en la pequeña capilla románica de Santa Maria de los Angeles en
Asís y luego tiene una vivencia mística ("Cristo mismo descendió y
me tomó", ibid. 41) en Solesnes.
En su relato de estas dos
experiencias hay que destacar dos cosas que tienen mucha importancia desde
el punto de vista psicológico y ético: la identificación de la belleza
con la pureza (del arte románico y de la vida y obra de Francisco de Asís)
y la vivencia mística como superación del dolor físico, del
sufrimiento y de la desdicha (la desaparición de los terribles dolores de
cabeza que acompañaban habitualmente a S.W).
Hay otro rasgo común en el
relato de las 3 experiencias: S. Weil está con otros, tiene el pensamiento
puesto en los otros (las pescadoras, los franciscanos, la comunidad de
dominicos) pero se siente sola. Lo que la atrae es el sentimiento
complementario de la propia soledad en la comunidad (que comparte formas y
ritos), la afirmación de la independencia del propio pensamiento en la
comunión estético-espiritual con los otros. Está con ellos, con los
otros, pero no es de ellos, no es parte de los otros, de su comunidad.
Está, por tanto,
nuevamente dividida (como lo estaba en su relación con las organizaciones
del movimiento obrero). Esto lo expresa muy bien con dos distinciones: se
considera católica cristiana de derecho, pero no de hecho y vincula la
propia experiencia mística no al rezo (a la religación con la divinidad a
través de la oración) sino a la poesía (de Francisco de Asís, de los
poetas metafísicos ingleses del XVII y de los griegos) y al arte. Por esas
dos razones, a pesar de su aproximación al cristianismo, no quiere ser
bautizada.
La obra escrita por S.W.
entre 1938 y 1943 (La gravedad y la gracia, A la espera de Dios, El
conocimiento sobrenatural y, parcialmente, Echar raices) tienen
que ser leídas desde estas dos coordenadas:
1. El
desplazamiento del centro de interés personal hacia preocupaciones ético-religiosas
y ético-estéticas
2. El
desplazamiento de los interlocutores principales con los que dialogar
desde su soledad, que ya no es el pensamiento agnóstico, tendencialmente
científico, del sindicalismo revolucionario, sino algunos representantes
del pensamiento cristiano.
Este diálogo de sus últimos
años con algunos de los representantes de la iglesia cristiana fue tan difícil
y complicado como el que mantuvo en los años anteriores con sindicalistas y
marxistas. Ello se debe a que se compromiso cristiano era tan excéntrico,
tan atípico, como lo fue su compromiso revolucionario.
Para explicar esto conviene
volver a su consideración histórica del cristianismo, a la distinción
entre un cristianismo que es católico de derecho, pero no de hecho. El
cristianismo es católico de derecho en la medida en que, en sus textos
iniciales, afirma su universalidad vocacional, pero no lo es de hecho,
porque deja demasiadas cosas fuera de él: toda la inmensidad de los siglos
pasados, todas las tradiciones acusadas de herejía, etc.).Un obstáculo
absolutamente infranqueable a la encarnación del cristianismo: anathema
sit, los abusos de poder más atroces de la Iglesia, la Inquisición.
S.W. tiene una visión
cultural, no religioso-dogmática, institucional, del cristianismo como
tradición: la atrae su ideal de comunidad universal ("todos los
hombres son uno") y cree ver esa misma idea en otras manifestaciones
culturales (religiosas o no) a lo largo de historia: en los trágicos
griegos, en los pitagóricos, en Platón, en los estoicos, pero también en
los textos de otras religiones orientales. En esto su punto de vista se
parece mucho al de los neoplatónicos renacentistas de la Escuela de
Florencia. Verdad=belleza=virtud=bien: una forma de concebir la relación
entre la gracia el deseo. Clasicismo, helenismo.
Otro rasgo característico
de esta forma de entender el cristianismo como tradición es el spinozismo:
"La vida que siempre
me ha parecido más bella es aquélla en la que todo está determinado, bien
por la presión de las circunstancias, bien por los impulsos de la vocación,
y en la que jamás hay lugar para ninguna elección" (38). El azar, no
la providencia.
Además, al entender el
cristianismo como una tradición cultural y no (o no sólo como una religión
que se concreta en una Iglesia) tiene que descartar la posibilidad misma de
la "conversión" o de la "entrada en". En las
tradiciones se está; en las instituciones se entra:
"Siempre he optado por
la cristiana como única actitud posible. He nacido, crecido y permanecido
siempre en la inspiración cristiana. Y por eso no me he planteado nunca
entrar en el cristianismo".
De esta tradición lo que más
le importa es la comprensión de la desdicha del ser humano. La
desdicha es donde resplandece la misericordia de Dios, en lo más hondo de
ella, en el centro de su amargura inconsoloble. La desdicha es la marca de
la esclavitud, algo aparte, específico, irreductible; inseparable del
sufrimiento físico, pero completamente distinta del dolor, porque deja
huella en el alma. La desdicha es desarraigo de la vida, un equivalente
atenuado de la muerte. Cuando el acontecimiento que se ha adueñado de una
vida y la ha desarraigado la alcanza dircta o indirectamente en todas sus
partes, social, psicológica, física. Ese es el gran enigma de la vida.
Endurece y desespera, inyecta en el alma el veneno de la inercia. Es ante
todo anónima, nos priva de personalidad y nos convierte en cosas. Dolor físico,
angustia del alma y degradación social. Una maravilla de la técnica
divina. La desdicha es lo más próximo a la verdad.
Esta comprensión de la
desdicha es lo que anima al cristianismo como tradición de derecho (y en
general a las religiones o tradiciones culturales próximas). Pero la
desdicha es universal, no sólo personal o de los miembros de la propia
cultura o religión. La desdicha es desdicha de los demás y, sobre todo la
desdicha de los otros, la de los no creyentes que aceptan la desdicha como
parte del orden del mundo, y no sólo de los cristianos que la acatan como
muestra de la voluntad de Dios.
Lo que la Weil está
exigiendo es algo así como un diálogo intercultural a partir del
reconocimiento de la desdicha universal, una diálogo entre los desdichados
y las personas (cristianas de derecho) capaces de ponerse en el lugar del
otro. De ahí su distinción radical entre talento y genio y su opción
por el genio. El talento es privilegio; el genio se puede encontrar en los
individuos de todas las clases sociales, empezando el "tonto del
pueblo":
"En vez de animar la
floración de talentos, como se proponía en 1789, hay que mimar y dar calor
con un tierno respeto al crecimiento del genio; porque sólo los héroes
realmente puros, los antos y los genios, pueden ser un socorro para los
desdichados...Ni las personalidades, ni los partidos dan audiencia jamás a
la verdad ni al desgraciado".
La comprensión de la
desdicha del otro, del radicalmente otro, supone comprensión vivida de la
propia desdicha (experiencia de la esclavitud), renuncia al privilegio y atención
al prójimo que culturalmente consideramos lejano, una especie de
secularización constante de la "comunión de los santos" .Y eso
no está en el cristianismo de hecho, en el cristianismo
institucionalizado que se sigue rigiendo por la lógica del anatema, de la
pareja amigo/enemigo.
Es significativa en este
sentido la lectura que hace S.W. de la parábola de la higuera estéril:
"mi vivo retrato". También en ella la naturaleza era impotente y
sin embargo no por ello fue disculpada, Cristo la maldijo [Comparar con la
argumentación de Russell en "Por qué no soy cristiano"].
Bibliografía:
Obras de Simon Weil.:
Las Oeuvres complètes
de S.W., en 16 volúmenes, están en curso de publicación por
Editions Gallimard, bajo la dirección de André A. Devaux y Florence de
Lussy.
Reflexiones sobre las
causas de la libertad y de la opresión social. Traducción
castellana de Carmen Revilla; introducción de José Jiménez Lozano.
Paidós, Barcelona, 1995 [texto escrito por S.W. en 1934].
Ensayos sobre la
condición obrera. Traducción castellana de Antonio Jutglar. Nova
Terra, Barcelona, 1962 [Contiene varias cartas sobre el tema escritas
entre 1934 y 1936, un diario sobre la vida en la fábrica en 1934 y
reflexiones de la autora sobre la condición obrera redactadas entre
1936 y 1942].
Sur la science. Gallimard,
col. Espoir, París, 1966 [Antología de escritos sobre el tema que
contiene su trabajo de 1929-30 para la obtención del diploma de
Estudios superiores, así como otros ensayos de tema científico y
cartas dirigidas a su hermano André, estos últimos redactados entre
1932 y 1942].
A la espera de Dios.
Traducción castellana de María Tabuyo y Agustín López; prólogo de
Carlos Ortega.Trotta, Madrid, 1993. Hay también una traducción
catalana de H. Grau de Durán: Edicions 62, Barcelona, 1965 [Contiene
seis cartas dirigidas al padre Perrin y varios ensayos escritos en
1942].
La gravedad y la
gracia. Traducción e introducción de Carlos Ortega.Trotta, Madrid,
1995 [Contiene lo esencial de los cuadernos redactados por S.W. en
Marsella].
Echar raices.
Trad. de J.C. González y J.R. Capella; introducción de J.R. Capella
Madrid, Trotta, 1996 [Texto escrito en 1943, a petición del gobierno
francés en el exilio].
Monografías sobre S. Weil.:
S. Pétrement, La vie
de Simone Weil.I: 1909-1934; II: 1934-1943. Fayard, Paris, 1973 y
1979 ; acaba de aparecer la traducción castellana: Trotta, Madrid, 1998
[es la biografía más completa publicada hasta la fecha].
R. Coles, Simone
Weil. Biografía de una peregina del siglo XX [1987]. Traducción
castellana: Gedisa, Barcelona, 1989 [ todo un ejercicio de interpretación;
polémica, objeto de muchas discusiones].
G. Fiori, Simone
Weil. Biografia di un pensiero. Garzanti, Milán, 1981 [buena e
inteligente síntesis biográfica].
S. Plant, Simone Weil
[1996] Traducción castellana. Barcelona, Herder, 1997[una biografía
mínima]