ABSTRACT: Curso cedido por el
profesor Francisco Fernández Buey que imparte en la Universidad Pompeu
Fabra (Barcelona).
Estudio de las principales corrientes teóricas de la ética en el siglo
XX.
Especial atención a seis corrientes: la ética analítica, la
filosofía moral de raíz religiosa, la fundamentación ética de la
increencia, ética existencialista, los intentos de fundamentación de
una ética marxista, y ética de la modernidad crítica. .......................................
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TEMA 5. UNA FILOSOFÍA MORAL DE LA CRÍTICA: M. HORKHEIMER (1895-1973)
Y T. ADORNO (1903-1963)
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Introducción
En 1947 se publican dos de las obras más
interesantes de Horkheimer y Adorno: Dialéctica de la ilustración
(redactada en los años finales de la segunda guerra mundial) y El
eclipse de la razón” o Crítica de la razón instrumental. Su
punto de partida es el convencimiento de que “somos incapaces de describir
lo Bueno, lo Absoluto, pero sí podemos, en cambio, caracterizar aquello que
nos hace padecer, que necesita ser transformado y que debería unir a todos
los que se empeñan por conseguirlo en un esfuerzo comunitario y de
solidaridad”. Negativa a nombrar lo positivo, pensar la barbarie del
presente, asumir y nombrar lo negativo y hacerlo con método.
Para situar la ética de la modernidad
crítica (o, por mejor decir: autocrítica), cuyos principales
representantes han sido Horkheimer y Adorno,
tiene interés empezar por una
comparación con la filosofía moral del científico responsable que se
esboza en la obra del viejo Einstein.
La pretensión cientificista del socialismo
estalinista en los años treinta, el uso instrumental y racista de la
ciencia durante el holocausto en la Alemania nazi y el vínculo establecido
entre el complejo tecnocientífico creado en EE.UU durante la segunda guerra
mundial y la decisión política de lanzar las bombas atómicas sobre
Hiroshima y Nagasaki son algunos de los factores que hicieron pasar a primer
plano, al acabar la guerra, la reflexión filosófica acerca de la relación
entre razón, ciencia y ética. En los artículos y declaraciones de A.
Einstein entre 1945 y 1950 se puede rastrear el fundamento de una autocrítica
de la ciencia y de una ética de la responsabilidad del científico
en la nueva época de las armas atómicas.
La crítica de la sola razón tecnológica,
el peligro de las derivaciones de la nueva física atómica, la pérdida de
autonomía de la ciencia ante el poder político, la implantación del
“poder desnudo” con un uso instrumental de la ciencia (o sea, la
extensión del autoritarismo desde el nacionalsocialismo y el stalinismo al
maccartismo) son motivos que han hecho desembocar esta autocrítica de la
ciencia del siglo XX en la necesidad de una nueva manera de pensar en
la época de las armas atómicas, etc. La confianza en la pura razón
científica se ha roto definitivamente. Esta nueva manera de pensar, esta
autocrítica de la ciencia, defendida por Einstein, por Russell y, más en
general, por los científicos que constituyeron el grupo Pugwahs, se
expresaba en la idea de la “ciencia para salvarnos de la ciencia”, en la
afirmación de la autonomía de la ciencia respecto del poder político, en
la formulación de la necesidad de un nuevo humanismo de base
científico-racional. [Sobre el movimiento Pugwahs hay que ver: Joseph Rotblat Ed. Los científicos, la carrera armamentista y el desarme.
Serbal-Unesco, Barcelona, 1984]. Lo que hay en el fondo de esta propuesta
para una nueva ética de la responsabilidad del científico es, por así
decirlo, una recuperación de la individualidad positiva del científico de
la “época heroica” de la ciencia (de Galileo a Newton). Esta propuesta
da por supuesto que existe algo así como una tradición de pensamiento, en
la cultura europea, con la que enlazar históricamente. Y se atiene a ello.
En cambio, los principales representantes
de la Escuela de Frankfurt, que han compartido algunas de las preocupaciones
básicas de Einstein y de Russell en cuanto a la responsabilidad del
científico en el siglo XX, tienen otros presupuestos y otra formación.
El principal de sus presupuestos se puede
enunciar así: lo que se está viviendo es una crisis de la ciencia,
y como la ciencia es la expresión por antonomasia de la razón en nuestra
época, por implicación, se trata de una crisis de la razón. En esto
Horkheimer y Adorno son herederos de la llamada “cultura de la crisis”
que dominó en la Alemania de los años veinte-treinta, uno de cuyos pernos
fue la afirmación de la “crisis de la ciencia” y el desprecio por la
lógica formal. Esta herencia aparece en la crítica que hacen de la ciencia
y de la tecnología en relación con la razón instrumental. Adorno, en su
“Diagnóstico” (Minima moralia, 80) habla de “la estupidez
colectiva de los técnicos investigadores”, de su “anquilosamiento en la
estupidez”, de su “renuncia a pensar”. Y Horkheimer (L´hora
foscant, 71) afirma que “la lógica no es independiente del contenido.
Teniendo en cuenta que en realidad la parte privilegiada de los hombres
consideran barato lo que queda fuera de la posibilidad de consumo de los
otros, una lógica no partidista sería tan partidista como el código
penal, que es el mismo para todos”. Esto es algo que a Einstein (y a
Russell), exponentes de la autocrítica de la ciencia contemporánea, les
hubiera parecido exagerado, unilateral (y por lo que hace a la lógica,
falso).
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que
cuando Horkheimer y Adorno escriben La dialéctica de la ilustración
tienen ya detrás de sí una amplia experiencia como investigadores en el
ámbito sociocultural. Horkheimer y Adorno eran entonces los dos más
conocidos exponentes del Instituto franfuktiano de Investigación Social en
el que habían trabajado también Friedrich Pollock [economista: sobre la
teoría monetaria, sobre la planificación económica soviética: el
capitalismo contemporáneo como capitalismo de Estado y las posibilidades de
supervivencia del capitalismo, 1941], Franz Borkenau [sobre la transición a
la modernidad, sobre el “reñidero español” durante la guerra civil] y
W alter Benjamin, entre otros.
El interés preferente de Adorno y
Horkheimer era la crítica sociocultural (o mejor: la crítica de algunas
subculturas particularmente significativas de nuestra época de “cultura
de masas”). Habían propugnado un filosofar contrario a la vez a toda
metafísica idealista y a todo cientificismo, que se concretaba en el
estudio de las mediaciones psíquicas entre estructura social y carácter,
entre posición socioeconómica y carácter. Desde los años veinte hasta el
estallido de la segunda guerra mundial los exponentes de la Escuela de
Frankfurt compartieron tres experiencias que han marcado su reflexión: el
proceso de burocratización en la Unión Soviética, la consolidación de
los regímenes fascistas (en Alemania y en Italia) y la potencia integradora
del capitalismo en la “sociedad de consumo”.
Suele decirse que en tiempos de crisis
históricas el hombre que salta de lo viejo a lo nuevo, cuando lo viejo aún
predomina ambiguamente y lo nuevo no hace sino esbozarse, tiene dos almas
(así hablaba Lukács de sí mismo en Historia y consciencia de clase).
La Escuela de Frankfurt ha tenido, valga la broma, cuatro: Marx (el punto de
vista crítico y dialéctico: metodológico), Weber (el análisis histórico
del capitalismo y el desencantamiento del mundo: el macroproceso de
modernización como racionalización que afecta lo social, lo cultural y lo
personal), Freud (del malestar de la cultura, 1929: la civilización
transforma las pulsiones de los hombres en aspiraciones sociales,
culturales, intelectuales, que no les permite satisfacer, de donde nace un
sentimiento de frustración, de decepción, de malestar que es común a
todos los hombres, a la crítica de la cultura: la preocupación por la
psicología colectiva en la época de la cultura de masas. Marcuse, Eros
y civilización) y Husserl-Heidegger-Jaspers (la crítica
fenomenológico-existencialista, radical, de la tecnología contemporánea
como base de lo inauténtico, de la deshumanización, de la cosificación y
alienación del hombre y el salto a la dimensión estética como paso
atrás.
Cuatro textos para comentar en relación
con las “almas” de la Escuela de Frankfurt
Marx:
En nuestros días toda cosa parece
estar preñada de su contrario. Vemos que la maquinaria, dotada de la
maravillosa fuerza de disminuir y fecundar el trabajo humano, lo mutila y
devora hasta el agotamiento. Un extraño conjuro transforma las nuevas
fuentes de riqueza en fuentes de miseria. Las victorias de la ciencia
parecen pagarse con la pérdida de carácter. A medida que domina la
naturaleza, el hombre parece sometido por otros hombres o por su propia
vileza. Hasta la pura luz de la ciencia parece no poder brillar sino sobre
el oscuro transfondo de la ignorancia. Todos nuestros inventos y todo
nuestro progreso parecen desembocar en la dotación de las fuerzas
materiales con vida espiritual y en la conversión de la vida espiritual
en estúpida fuerza material [Discurso pronunciado el 19 de abril de
1856 para el aniversario de ThePeople´s Paper]
Weber:
El destino de una época cultural que
ha comido del árbol de la ciencia es el de tener que saber que no podemos
deducir el sentido de los acontecimientros mundiales del resultado de su
estudio, por muy completo que éste sea. Por el contrario, debemos ser
capaces de crearlo por nosotros mismos. También tiene que saber que los
ideales nunca pueden ser el producto de un saber empírico progresivo. Y,
por lo tanto, que los ideales supremos que más nos conmueven sólo se
manifiestan en todo tiempo gracias a la lucha con otros ideales, los
cuales son tan sagrados como los nuestros. [Escritosmetodológicos].
Freud:
Es forzoso reconocer la medida en que
la cultura reposa sobre la renuncia a las satisfacciones instintuales:
hasta qué punto su condición previa radica precisamente en la
insatisfacción (¿por supresión, represión o algún otro proceso?) de
instintos poderosos. Esta frustración cultural rige el vasto dominio de
las relaciones sociales entre los seres humanos, y ya sabemos que en ella
reside la causa de la hostilidad opuesta a toda cultura [...] Si la
evolución de la cultura tiene tan transcendentes analogías con la del
individuo y si emplea los mismos recursos que ésta, ¿acaso no estará
justificado el diagnóstico de que muchas culturas --o épocas culturales,
y quizá aún la Humanidad entera-- se habrían tornado ¨neuróticas¨
bajo la presión de las ambiciones culturales? [...] Podemos esperar que
algún día alguien se atreva a emprender el estudio de la patología de
las comunidades culturales. [...] A mi juicio, el destino de la especie
humana será decidido por la circunstancia de si --y hasta qué punto- el
desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida
colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción [El
Malestar de lacultura, 1930]
Husserl
La exclusividad con la que en la
segunda mitad del siglo XIX se dejó determinar la visión entera del
mundo del hombre moderno por las ciencias positivas y se dejó deslumbrar
por la prosperity hecha posible por ellas, significó paralelamente
un desvío indiferente respecto de las cuestiones realmente decisivas para
una humanidad auténtica. Meras ciencias de hechos hacen meros hombres
de hechos [...] Las cuestiones que la ciencia excluye por principio
son precisamente las más candentes para unos seres sometidos, en esta
época desventurada, a mutaciones decisivas: las cuestiones relativas al
sentido o sinsentido de esta entera existencia humana. La mera ciencia de
los cuerpos materiales nada tiene que decirnos sobre estas cosas, puesto
que ha hecho abstracción de todo lo subjetivo. ¿Puede el mundo, y la
existencia humana en él, tener en verdad un sentido si las ciencias no
admiten como verdadero sino lo constatable de este modo objetivo, si a la
historia únicamente le es dado enseñarnos que todas las configuraciones
del mundo espiritual, los vínculos que han cohesionado a los hombres, los
ideales y normas, se forman --simplemente-- y se deshacen como olas
fugitivas, que la razón humana muta una y otra vez en sinsentido y las
obras buenas en castigos? ¿Podemos vivir en este mundo en el que el
acontecer histórico no es otra cosa que concatenación incesante de
ímpetus ilusorios y de amargas decepciones? [La crisis de las ciencias
europeas y la fenomenología transcendental, 1930-1935]
[Se podría añadir en relación con esto,
el comentario a Martin Heidegger, Ueber den Humanismus, 1946, sobre
el “amigo del hogar”, el humanista-poeta que se presenta como
armonizador de pensamiento esencial y ciencia, que conseguiría volver a
cobijar la calculabilidad y la técnica de la naturaleza en el abierto
misterio de una naturalidad nuevamente vivida de la naturaleza].
Uno de los puntos de partida de la Escuela
de Frankfurt ha sido la admisión de la perspectiva metodológica de Marx:
su concepto de la dialéctica como punto de vista que quiere separarse por
igual de la metafísica especulativa (Hegel) y del positivismo (Comte). Pero
con una diferencia: mientras que en Marx la dialéctica apuntaba hacia la
transformación radical del mundo (el socialismo) y se presentaba, en esta
voluntad de transformación (y en alianza con la ciencia) como superación
de la filosofía, en la Escuela de Frankfurt se da la primacía, por una
parte, al análisis de la subjetividad (no al proceso histórico
objetivo) y, por otra, al momento de la negatividad (no al momento de
la síntesis o de la resolución). Y la dialéctica de la subjetividad y de
la negación es ya la filosofía misma por excelencia: la filosofía no es
praxis realizada, es ética de la resistencia. Si se compara con Marx
y con Hegel, la dialéctica de la Escuela de Frankfurt no es una dialéctica
de la objetividad y del proceso histórico que acaba positivamente en una
reconciliación; es dialéctica de la subjetividad, dialéctica negativa,
dialéctica de la tensión permanente, sin conclusión, dialéctica
trágica, abierta, dialéctica de la ambigüedad y de la paradoja,
dialéctica de la interrogación.
Quizás la mejor manera de explicar esta diferencia de enfoque sean estas
palabras de Walter Benjamin:
Marx dice que las revoluciones son las
locomotoras de la historia universal. Pero quizás las cosas son
totalmente distintas. Quizás las revoluciones son el recurso al freno de
seguridad por parte del género humano para impedir que el tren acabe en
el abismo.
Uno de los aspectos más interesantes de
esta dialéctica negativa es su análisis fenomenológico de las formas
de la cultura contemporánea, su crítica de la cultura: la subjetividad
herida, la vida dañada. Aquí nos limitaremos, por razones de tiempo, a la
lectura y comentario de algunos pasos de dos obras: Ocaso, de
Hokheimer y Mínima moralia, de Adorno.
La crítica frankfurtiana de la cultura se
puede ver como una nueva lectura del dicho: “el sueño de la razón
produce monstruos”. No es que la razón se duerma, y en su dormitar sueñe
monstruos; es la razón misma, en su configuración histórica
(instrumental), la que produce los monstruos. Solo que esto no equivale, ni
tiene por qué reducirse, a una reproposición del “vivan las caenas”,
sino que es una llamada de atención que implica el reconocimiento del
límite de la Ilustración, el reconocimiento del fracaso histórico del
proyecto moral de la Ilustración. Se podría decir, por tanto, que lo que
pasa por las cabezas de estos representantes de la Escuela de Frankfurt, en
1947, cuando toman conciencia de la dimensión del holocausto, es algo muy
parecido a lo que pasó por la cabeza del ilustrado y afrancesado Goya
después de 1803, a saber:
La humanidad se abisma a una nueva forma de
barbarie: en la autodestrucción de la razón. El proyecto de
reconstrucción racional del mundo, del que la razón ilustrada ha hecho
depender el proyecto de sociedad emancipada y racional, lleva en su seno la
serpiente de la contradicción, su misma negación: la razón instrumental
se impone a la razón critica y a la razón utópica. La razón ilustrada
conlleva la instauración del pensamiento enclaustrador y el dominio de la
lógica de la identidad. La barbarie no es sólo lo nacido del nazismo y del
fascismo, sino que brota del mismo ejercicio de la razón en la historia del
género humano, porque ilustrar e iluminar es, a la vez, históricamente
dominar y encadenar: Logos dominador. De ahí que la Dialéctica de la
ilustración sea, sobre todo, un paseo por la historia del mito y la
razón: de la Odisea a Sade y a Nietzsche. El mito de la racionalidad
tecnológica se convierte en fuerza objetiva, inversión de la razón en
positivismo.
La tesis central de la Dialéctica de la
Ilustración es: la Ilustración, que se quiso desmitificadora,
crítico-racional, que es el hito principal del proceso de formación
cultural con el que se identifica la modernización occidental, se ha
convertido en una nueva mitología que refuerza aquello mismo con lo que
quería acabar. En el eclipse de la razón, y a través de la crítica de la
razón instrumental, lo que se impone es establecer un nexo entre el pensar
filosófico y la oscura perspectiva que presenta el futuro real. Dar voz a
los héroes anónimos que han atravesado infiernos de padecimiento y
degradación a causa de su resistencia contra el sometimiento y la
opresión, a los mártires anónimos de los campos de concentración que son
los símbolos de la humanidad que lucha por nacer. Es tarea de la
filosofía, en la crítica de la modernidad, traducir lo que ellos han hecho
a una lengua que se escuche aún cuando sus voces finitas han sido
silenciadas por la tiranía: una reflexión sobre la herida de la
subjetividad. La filosofía (moral) aparece así como resistencia y
negatividad crítica frente a la razón formalizada y sus dominios
especializados, sus divisiones del trabajo: ”La filosofía no es
síntesis, base o coronamiento de la ciencia, sino el esfuerzo para resistir
a la sugestión, la decisión de la libertad intelectual y real”.
M. Horkheimer, L´hora foscant
(Ocaso), Reflexiones de 1926 a 1931, traducción catalana de Gustau Muñoz,
Ed. 62-Diputació de Barcelona, 1984.
“Ocaso”: el momento de la caída
del sol; pero también el momento de los perfiles, la hora mágica, el
momento de la lucidez: el instante en que mejor se ve el perfil de las
cosas. Leer Ocaso en relación con las pinturas y dibujos de Grosz sobre la
Alemania de la república de Weimer.
“El sistema influye hasta en los rincones
más ocultos del alma individual; ofrece un premio a la vileza”.
¿Es el alma una casa sin ventanas? ¿Es
Dios quien comunica entre sí a las mónadas que somos? “Solo conozco una
ventolera capaz de abrir más las ventanas de las casas[del alma]: el
sufrimiento compartido”.
La intuición de que el objeto principal de
la ética no es el Bien, sino el Mal.[Una tansposición a la filosofía
moral contemporánea de lo que Maquiavelo proponía para la filosofía
política en el siglo XVI: no postula el Paraíso como un ideal, sino
conocer los caminos el Infierno para evitarlos. Relacionar también con E.
Bloch].
Importancia de la idea de compasión
en Horkheimer. La compasión como contenido de la anticipación de una
humanidad liberada; una ética materialista como ética política: no una
moral privada racionalista, sino solidaridad y política, que reivindica la
idea de felicidad. La sociedad mejor, la sociedad justa es un objetivo que
se entrelaza con la idea de culpa (Hegel, Marx, Schopenhauer).
La afirmación del valor de la compasión
no es un supuesto directamente derivado del principio abstracto que manda
hacer el bien y amar al prójimo como a uno mismo, sino el resultado de una
consideración dialéctica de los comportamientos de los hombres en una
sociedad divida en clases sociales.
Una moral del interés-deber: “La
indignación, la solidaridad, la abnegación son tan “materialistas”
como el hambre; la lucha por la mejora del destino de la humanidad incluye a
la vez el egoísmo y el altruismo, el hambre y el amor como anillos
naturales de cadenas causales” [Comparar con la idea del “idealismo
moral” de Einstein a propósito de Rathenau: “Ser idealista cuando se
vive en Babia no tiene ningún mérito; lo tiene, en cambiar, seguir siendo
idealista cuando se ha conocido el hedor de este mundo”]
En este sentido es muy revelador el
análisis de M.H. sobre “ascenso social y carácter” en una sociedad
competitiva (ibid. 71-72). La dureza y la falta de escrúpulos que, en
general, se observa en los de arriba en la sociedad competitiva y dividida
en clases es para H. un aceptable punto de partida. Pero no hay que quedarse
ahí: “el ojo que todavía es capaz de distinguir las situaciones en las
esferas más alta de la escala social suele perder agudeza cuando lo que
contempla es la esfera propia” (ibd. 71). Entonces se identifica la vileza
con los de arriba y la cualidad moral con los de abajo. Pero en un sistema
así las relaciones son más complicadas: por arriba la relación de
explotación está mediada por la posibilidad de filantropía y eso puede
producir un carácter muy recto y noble y desarrollar toda una serie de
cualidades dignas de admiración. Por en medio y, sobre todo, en los niveles
inferiores, las cualidades inhumanas se manifiestan directamente sobre las
personas. “La menor cantidad de mal que se puede ocasionar no se
transforma en una mejor cualidad de carácter, pues quien puede triunfar en
los niveles más bajos en una sociedad así sólo muestra que puede ser un espabilado
en un orden moral deteriorado, por lo que el ascenso social se
convierte, por lo general, en un mal síntoma, en lo que respecta al
escrúpulo moral.
Sobre las grandes palabras. Palabras
y conceptos deshonrados a lo largo de la historia: dejar de pronunciar la
palabra “humanidad” porque ha sido deshonrada y vaciada de contenido por
la peor práctica del capitalismo que la ha hecho servir como tapadera
durante siglos.¿Hay que abandonar el viejo humanismo por el hecho de que la
palabra “humanismo” ha sido deshonrada? No, hay que distinguir entre la
insatisfacción que produce el uso pervertido de la palabra y el rechazo del
concepto.
Sobre violencia. Una reflexión que
enlaza con lo que dice Brecht en el poema dedicado “A los por nacer” y
que sirve para explicar de paso, la transición del pacifismo incondicional
de Einstein en la primera guerra mundial, al pacifismo accidental en la
segunda guerra mundial: el rechazo a usar la violencia --escribe M.H.-- es
moralmente más puro que el intento de suprimir la violencia por medio de la
violencia. La vida del pacifista es más armónica que la del
revolucionario. Pero queda la pregunta: ¿Y si la humanidad se hundiese más
profundamente en la barbarie si no existieran los que siempre han luchado
violetamente por su liberación?¿Y si la violencia fuese una necesidad? ¿Y
si compráramos nuestra “armonía” de pacifistas con la renuncia a
ayudar efectivamente a los otros? “Este interrogante --concluye M:H.--
rompe la calma” (ibid. 73).
T.W. Adorno, Minima moralia.
Reflexiones sobre la vida dañada [1944-1947. 153 reflexiones en forma
aforística].
Si en el Bloch de El principio esperanza
hay una fenomenología de las formas de la utopía, en el Adorno de Minima
moralia hay un análisis fenomenológico y crítico de las formas de la
cultura contemporánea.
Fragmentos de una ciencia melancólica: la
doctrina de la vida recta. Sobre la desustanciación de la vida, convertida
primero en esfera de lo privado y luego en mero consumo. Estudiar la forma
alienada de la vida inmediata.
Disolución del sujeto sin que de ésta
haya nacido otro nuevo en la fase actual: la nulidad que les demostró a los
sujetos el campo de concentración define ya la forma de la subjetividad
misma.
Pero tampoco cabe la lamentación añorante
por el curso del mundo: al lamentarse, el sujeto amenaza con anquilosarse.
Para el intelectual es la soledad no quebrantada el único estado en el que
aún puede dar alguna prueba de solidaridad. Hay que estar conforme con el
sufrimiento de los hombres: hasta su más mínima forma de contento consiste
en endurecerse ante el sufrimiento (5). Lo único que responsablemente puede
hacerse es prohibirse la utilización ideológica de la propia existencia y,
por lo demás conformarse en privado con un comportamiento no aparente ni
pretencioso: en el infierno debe dejarse al otro por lo menos el aire para
respirar (6).
Se ha acabado el habitar. No cabe la vida
justa en la vida falsa (18)
La perturbación del nuevo trato: la
pseudodemocrática supresión de las formas de otro (20)
Los hombres están olvidando lo que es
regalar, el arte de regalar ; en la enorme abundancia de bienes la
decadencia del regalo (21)
En el acto de correr por la calle hay una
expresión de espanto. En el culto de la velocidad producto de la técnica
se oculta el impulso de dominar el horror que expresa el correr separando a
éste del propio cuerpo y excediéndolo soberanamente.
El matrimonio, la eterna guerra de los
sexos, el patriarcado, etc. “No hay emancipación posible sin
emancipación de la sociedad” (11).
Primer y único principio de la ética
sexual: el acusador nunca tiene razón (29)
Hasta la más noble actitud del socialismo,
la solidaridad, se halla enferma.
La guerra y los medios de comunicación. K.
Kraus tuvo el acierto de titular una de sus obras “Los últimos días de
la humanidad”. Lo que hoy está aconteciendo habría que titularlo
“Hacia el fin del mundo” (33): completo enmascaramiento de la guerra por
medio de la información, la propaganda, los filmadores instalados en los
primeros tanques y la muerte heroica de los corresponsables de guerra... Los
hombres reducidos a actores de un documental monstruoso que no conoce
espectadores por tener hasta el último de ellos un papel en la pantalla.
Pensar que después de esta guerra la vida
podrá continuar “normalmente y aun que la cultura podrá ser
“restaurada” --como si la restauración de la cultura no fuera ya
negación-- es idiota. Comentar texto fotocopiado correspondiente a págs.
53-55.
Un análisis psicoanalítico de la cultura
prototípica de nuestros días: la enfermedad actual consiste precisamente
en la normalidad (36). Las sospechas del psicoanálisis se han confirmado
antes de constituirse él mismo en parte de la higiene. Donde mayor es la
claridad domina secretamente lo fecal. La enfermedad de los sanos. Lo más
desconsolador es pensar que a la enfermedad del normal no se contrapone sin
más la salud del enfermo, sino que ésta la mayoría de las veces
simplemente representa el esquema del mismo infortunio de otra forma (36)
Sobre igualdad y diferencia. Todo 66.
Crítica del ocultismo, la astrología y el
regreso al pensamiento mágico en el capitalismo tardío (151). El ocultismo
como metafísica de los mentecatos. Cuanto mayor es la patraña más
esmerada es su componenda. El mismo aparato racionalista y empirista que dio
el golpe de gracia a los espíritus es puesto a contribución para conseguir
que vuelvan a admitirlos quienes ya no confian en la propia ratio.
GUÍA PARA LA LECTURA Y COMENTARIOS
I. Textos:
Th. Adorno, Minima moralia.
Taurus, Madrid, 1987 [selección fotocopiada disponible]
M. Horkheimer, Ocaso,
Anthropos, Barcelona, 1986 [selección fotocopiada disponible]
II. Estudios:
Además del capítulo correspondiente en V.
Camps (Ed.), Historia de la Ética, III cit. véase:
M. Jay, La imaginación
dialéctica. [para la historia de la Escuela de Frankfurt y el
Instituto de Investigación Social]. Madrid, Taurus, 1974.
J. Muñoz, “La Escuela de
Frankfurt y los usos de la utopía”, en Lecturas de filosofíacontemporánea.
Barcelona, Ariel, 1984 [de donde proceden varias de las ideas resumidas
arriba]
J. Muñoz, “La Dialéctica
de la Ilustración medio siglo después”, en Boletín Fundación
Juan March, nª 276, enero de 1998 [breve ensayo sobre la actualidad del
texto mencionado].
A. Wellmer, “La dialéctica de
la modernidad y la posmodernidad”, en J. Picó (Ed.), Modernidad y
posmodernidad. Madrid, Taurus, 1988. [complementa bien el anterior].