ABSTRACT:
Múltiples son los puntos de
contacto entre Nietzsche y Musil en lo referente al modo en que
piensan la configuración de lo real, y a sus respectivos diagnósticos
de la sociedad finisecular. Desarrollaré en este texto el tema de
la forma del ejercicio del pensamiento como modo de constitución de
lo real, aquello que en Nietzsche se puede caracterizar desde el término
'perspectivismo,' y en Musil alcanza su verdadero sentido desde la
consideración del 'ensayismo,' en las consideraciones que realiza
en El hombre sin atributos. Tanto en uno como en otro autor,
esta noción ensayístico-perspectivista se halla en estrecha relación
con la pérdida del centro ordenador último de la realidad, con las
posibilidades del decir desde un yo sin atributos, y con el carácter
erótico del ensayo mismo, como forma de tensión. Interpretando la Wille
zur Macht nitzscheana como 'razón imaginativa,' como fuerza
tensionante entre la unidad y la disgregación, es posible entender
el carácter múltiple de las perspectivas que, de la misma forma
que el amor, no se agotan en ninguna figura última del pensar.
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Múltiples son los puntos de contacto entre Friedrich Nietzsche y
Robert Musil en lo referente al modo en que piensan la configuración
de lo real, y a sus respectivos diagnósticos de la sociedad
finisecular. Es cierto que el pensamiento nietzscheano, poco recepcionado a nivel filosófico en su propio ámbito, encontró una
resonancia peculiar en los hombres de la Viena de fines de siglo
pasado. Ellos vieron, de manera casi paradigmática, la crisis del
lenguaje y de los conceptos básicos de la modernidad filosófica. Y
no sólo "vieron" estos temas desde el así llamado punto de
vista especulativo-abstracto, sino que podría decirse que los
"encarnaron" en sus propias búsquedas artísticas, en ese
intento de hallar nuevos lenguajes que pudieran hacerse cargo de las
crisis expresivas y filosóficas que se hacían manifiestas en su época.
En El hombre sin atributos, más allá de las referencias explícitas
a Nietzsche en la figura de Clarisse, existen varios puntos de conexión
con el pensamiento del filósofo: la noción de la pérdida del centro
y su repercusión en la idea de sujeto, el modo de construcción de la
realidad y la constante fuga de la misma; el problema de la
temporalidad en la constitución del yo; la relación yo-propiedad,
entre otros temas.
Desarrollaré en este trabajo una cuestión que se halla a la base
de las señaladas, y que concierne a la forma del ejercicio del
pensamiento como modo de constitución de lo real, aquello que en
Nietzsche se puede caracterizar desde el término "perspectivismo",
y que en Musil alcanza su verdadero sentido desde la consideración
del "ensayo".
Pensar en posibilidades y ensayismo
Musil, un gran lector de Nietzsche, señala que fue el filósofo
alemán quien le enseñó a pensar en posibilidades que nunca se
terminan de consumar. (1) El hombre
sin atributos se presenta, a partir de esta idea, como la obra de
la apertura constante, apertura que se relaciona de manera especial
con la noción de "ensayismo" como forma de ejercicio de la
escritura del "yo" sin propiedades. La noción de
posibilidad implica la constante metamorfosis que ahuyenta, en parte,
el peligro del estancamiento del pensar en figuras últimas
"realizadas" y, con ello, consumadas.
¿Qué significa la idea de ensayismo? Ulrich, el hombre sin
atributos, la relaciona con la posibilidad de observar el mundo desde
diversos puntos de vista, los que nunca llegan a una esencia última,
"porque un objeto desentrañado pierde de golpe su volumen y se
reduce a un concepto". (2) De allí
que Ulrich se considere un no filósofo: "los filósofos son
opresores sin ejército, por eso someten al mundo de tal manera que lo
cierran en un sistema". (3)
Para aclarar esta noción del filósofo como opresor sin ejército,
podemos referirnos a aquel general que aparece en la obra, von Stumm,
quien se infiltra en la Acción Paralela como espía y, sintiéndose
desconcertado ante la gran cantidad de ideas que son expuestas en las
reuniones de dicha organización, decide realizar un ordenamiento de
las corrientes que nacían con el inicio del siglo. El modelo se lo
brinda el orden que existe en el ejército, en el que cada cosa tiene
su lugar propio, pudiéndose saber inmediatamente quién es el aliado
y quién es el enemigo, algo imposible de determinar, al parecer, en
el ámbito de la cultura de su tiempo. Al intentar realizar el folio catastral de la cultura moderna,
(4)
von Stumm se siente rápidamente derrotado: en el ámbito del
pensamiento, los "caudillos ideológicos", los que han
llevado a la victoria los diversos destacamentos de ideas, han
generado planes de batalla proveyéndose de combatientes y de material
ideológico no sólo de los propios depósitos, sino también de las
filas enemigas. La desorientación del general es grande: en este
plano, los frentes de batalla cambian sin cesar, y las ideas se hallan
en continuo proceso de deserción: Total, que no se puede
establecer un plan fijo de campaña, ni una línea de demarcación, ni
nada; el conjunto entero es, hablando respetuosamente -aunque no lo
puedo creer- lo que nuestros superiores llamarían un montón de
cerdos. (5)
Esta actitud de von Stumm es la propia de la filosofía: la
necesidad demarcatoria, que permite dar cuenta de lo otro reduciéndolo
a la generalidad y a un lugar fijo en el sistema. La imagen del filósofo
como opresor recuerda aquella otra que expone Nietzsche en Aurora,
cuando relaciona ese intento de condensar el problema del mundo en una
fórmula sencilla con la imposición del poder del filósofo: "Así
era la filosofía un tipo de la más alta batalla para implantar la
tiranía del espíritu". (6)
La tiranía del filósofo se relaciona con el proyecto de
concentrar todos los problemas en fórmulas sencillas, y en torno a la
figura del propio pensador. En este sentido, la filosofía es
violencia, violencia que a los fines de la universalidad anula la
diversidad, la voz de la diferencia que intenta hacerse oir por encima
de lo general. La búsqueda de nociones últimas o fundamentos
significa el ejercicio de la violencia bajo la pretensión aséptica y
mistificadora del "puro conocimiento", esa "vampirización"
de la vida que se nutre de la sangre de lo diferente y de lo vital
para reducirlo a la pura abstracción.
Frente al intento tiránico de la filosofía, la propuesta
nietzscheana será la del perspectivismo, la posibilidad de asumir la
multiplicidad a partir de la idea de construcción de diversas
perspectivas por oposición a la sistematización basada en un
fundamento, anuladora de las mismas. Frente al intento opresor del
pensamiento, la frustración del general von Stumm, que quiere
retornar a ese orden "moderno" del filosofar, está
mostrando la impractibilidad del mismo: el pensamiento mismo se
resiste a tal ordenación y reducción. De allí la necesidad
musiliana del ensayismo multiplicador de perspectivas como forma
propia del pensar del nuevo siglo. El valor del ensayismo se encuentra
en el hecho de que, al analizar un objeto, tiene en cuenta sus
circunstancias, los fines a que apunta, el conjunto en el que se
inserta, y todo esto descripto de maneras diversas y cambiantes. La
multiplicidad y diversidad de las referencias es la que torna posible
un sistema de dependencias que carecen de significados independientes,
y la que transforma al hombre en "compendio de
posibilidades". Esto supone la aceptación de una cierta
inseguridad como componente necesario de la vida, y la consideración
de la norma moral ya no como un canon fijo sino como un
"equilibrio movible" que se renueva dinámicamente. Con el
ensayismo "se aprende a reconocer el juego alterno entre dentro y
fuera" y el carácter constructivo del yo, que opera como esos pájaros
que al construirse el nido recurren a materiales diversos.
Para un hombre sin atributos, es decir, para aquel yo en el que,
como ya señalara Mach -pensador a quien se dedicó Musil en su tesis
de doctorado de 1908- es casi imposible diferenciar entre experiencia
interior y exterior, el ensayismo se transforma en el medio de
constitución de lo real. En efecto, si el hombre carece de centro
fijo y determinado después de la muerte de Dios, si el hombre no
puede ser encerrado en los límites de ninguna "esencia", el
pensamiento, como configuración de lo real, ya no puede ser aquel
intento tiránico de encorsetar la realidad dentro de ciertos parámetros
fijos e inamovibles.
Es cierto que la temática del pérdida del centro debe ser
relacionada con el resquebrajamiento del poder imperial en la Viena de
fin de siglo. Pero el poder político cumple, en el ámbito
institucional, la misma función del fundamento (arkhé) que
ordena el mundo metafísico y que como télos jerarquiza el
mundo moral, aquel fundamento colocado en la parte superior de la pirámide
-cognoscitiva, ontológica, ética- que se derrumba con todos sus
estamentos a partir de la muerte de Dios. Dicha muerte también se
relaciona con la crisis de legitimación en el ámbito de la política,
a partir de la caída de la figura ordenadora, caída que para los
vieneses significaba el vivir en un imperio fragmentado y sumido en
continuas luchas étnicas. La desaparición del centro significa,
desde el punto de vista antropológico, que el hombre ya no tiene una
"esencia" fija y determinada de antemano, que su yo se
construye en una suerte de entrecruzamiento - en el Zwischen- (7)
con los otros y con las circunstancias. Por ello el yo de Ulrich
carece de atributos, porque los mismos habrían de remitir a un centro
que ya no posee.
Un "yo" sin esencia fija es el que, en la construcción
de la realidad, puede dar cuenta de que la misma se apoya, en
definitiva, en la nada. La búsqueda de la "última
realidad" carece de sentido desde un pensamiento de las
posibilidades y del yo sin atributos, (8)
y por ello debe eludirse todo aquello que signifique un "punto
final" para el pensar. (9)
La noción de "ensayismo" es la que Musil opone a la de
novela, en la medida en que la novela supone siempre un relato que
tiene una cierta continuidad o sucesión temporal. Pero, desaparecido
el centro, el tiempo también se constituye, como la realidad, en una
fuga constante, en el entrecruzarse de los instantes y en la tensión
continua de acercamientos y alejamientos. De modo tal que el yo que se
construye en la temporalidad se retrae a los límites del lenguaje. No
hay un decir posible abarcativo de la yoidad, sino que todo decir se
transforma en "decir en torno", tensión de cercanías y
distancias.
Nietzsche y el
perspectivismo: la escritura del yo.
La idea nietzscheana de perspectivismo como forma propia del pensar
postmetafísico se halla muy cercana al "ensayismo" musiliano. Un semejante diagnóstico acerca de la pérdida del centro
y de las posibilidades para el hombre a partir de la misma las acerca:
el hombre que ya no puede ser concebido como una sustancia idéntica a
partir de la muerte de Dios-fundamento ha de construir la realidad
desde múltiples perspectivas, que eludan la idea de cierre
definitivo.
De la misma manera que
Musil, Nietzsche detesta los "puntos
finales", puesto que los mismos estancan y detienen el pensar y
sus posibilidades creativas. La búsqueda del punto final es la búsqueda
del fundamento, esa necesidad de un eje fijo y seguro a partir del
cual ordenar el pensamiento. La búsqueda del punto final es la que
arriba al Dios-gramática como centro ordenador del lenguaje, al
Dios-moral como centro ordenador de la vida de los hombres, al Dios-causa
sui como fundamento ontológico. Dios promete seguridad al pensar
y al obrar, en tanto el perspectivismo, esa posibilidad de pensar de
maneras múltiples y nunca acabadas comporta aceptar el riesgo que
supone la vida misma.
La idea de perspectivismo se relaciona con una concepción de la
construcción de la realidad a través de ficciones, creación de
sentidos que se torna posible desde una noción de la Wille zur
Macht como continua tensión de disgregación-forma. Si concebimos
a la voluntad de poder como fuerza de construcción-desestructuración,
como razón imaginativa, (10) es posible
entender el perspectivismo como esa continua multiplicación de puntos
de vista. La Wille zur Macht es fuerza interpretativa que
mantiene en constante tensión la necesidad de "logicización"
del mundo y la de diversificación de perspectivas:
La "realidad" reside en el retorno constante de cosas
iguales, conocidas, aparentes, en su carácter logicizable. (11)
Pero esa necesidad de formar conceptos significa solamente que
necesitamos preparar un mundo donde la existencia sea posible, donde
el devenir no nos arrastre en su vorágine, (12)
sin necesidad de atribuirle a esa realidad así configurada ningún
carácter de "verdadera" en sentido último. La necesidad de
orden, de "universalidad", de estructuración, está
sometida, para evitar que el pensar se estanque en un nuevo
fundamento, a la fuerza disgregante de la voluntad de poder, que rompe
las figuras por ella construidas para multiplicar las perspectivas.
Esta posibilidad de ruptura y re-estructuración puede relacionarse
con lo que tradicionalmente ha sido considerado como "imaginación",
en el sentido multiplicador de las posibilidades interpretativas. La
interpretación exige tanto el momento provisorio de unidad -la
"razón"- como la ruptura constante de las unidades logradas
para no estatizarse en respuestas últimas -labor de ruptura que
realiza la "imaginación". El tipo de hombre que genera este
trabajo interpretativo es el "filósofo artista", creador de
sentidos que ya no se basan en fundamentos últimos, sino que asumen
la provisoriedad y la contingencia.
Interpretar la Wille zur Macht como razón imaginativa que
opera en el perspectivismo implica una idea más que cercana al
ensayismo musiliano, la de un trabajo de continua transformación que
rechaza tanto el descanso en las arkhaí como la mirada
desencantada que se detiene en lo fragmentario aislado, sin voluntad
constructiva alguna. El ensayismo de Musil se relaciona con la idea de
un hombre sin atributos, con la posibilidad de que la
"subjetividad" se constituya desde las múltiples máscaras
nietzscheanas, habida cuenta de la desaparición de la idea de
identidad en sentido tradicional. El hombre descentrado configura la
realidad desde perspectivas diversas que, al rechazar la idea de una
verdad última y aceptar que todas las construcciones se apoyan en la
nada (Abgrund del pensamiento), no agotan nunca las
posibilidades de creación de sentidos.
Ensayo y eros
La temática musiliana del ensayismo se inscribe en el marco de una
historia de amor, la de los hermanos gemelos. Y es partir del amor de
los mismos (los unidos-separados, los idénticos-diferentes) que es
posible entender otro aspecto del ensayo, relacionado con la tensión
antes mencionada. Cuando Ulrich interpreta su amor, descubre que el
mismo siempre es plural, múltiple, que no puede ser remitido a la
simple relación entre dos personas y que, en ese sentido, abarca a
muchos más: todos aquellos que se entrecruzan con nuestras fuerzas y
nos constituyen -y los constituimos- como yoes. Los hermanos son los
unidos-separados porque el amor es fuerza que acerca a partir del
reconocimiento de la diferencia, fuerza que mantiene la relación en
tensión para evitar que se transforme en apropiación del otro. Del
mismo modo en que la inagotabilidad del amor está posibilitada por la
tensión que impide que el mismo se transforme en
"propiedad" de alguien, la inagotabilidad del pensamiento
ensayístico-perspectivista se relaciona con el erotismo, con esa
fuerza tensionante que ama forjar figuras diversas sin detenerse de
forma última y definitiva en ninguna. El ensayo, como tensión, es
fuerza erótica que elude la apropiación que agota y momifica. (13)
De la misma forma en que el amor, pensado como tensión constante,
aleja del peligro de las relaciones estatizadas -y por ende, muertas-,
el pensamiento ensayístico-perspectivista, en tanto erotismo
interpretativo, fuerza tensionante, aleja de ese otro peligro para el
hombre representado por las construcciones últimas, que tienen la última
palabra. Porque tener la última palabra en el ámbito del pensar es
condenar al mismo a la muerte.
NOTAS
(1) MUSIL, R., Tagebücher, ed. de Adolf Frisé, Reinbeck
bei Hamburg, Rowohlt, 1976, Vol. I, p. 50 (la idea de Nietzsche como
pensador de las posibilidades aparece en el Vol. II, p. 849).
(2) MUSIL, R., El hombre sin atributos,
trad. J.M.Sáenz,
Barcelona, Seix Barral, 1988, Vol. I, p. 305.
(3) MUSIL, Ibídem, p. 308.
(4) R. MUSIL, Idem, Volumen II, 93-105.
(5) R. MUSIl, Idem., Vol II, p. 98.
(6) Die Fröhliche Wissenschaft, (FW), KSA 3, § 547,
p. 318. (Las obras de Nietzsche se citan según las Sämtliche
Werke. Kritische Studienausgabe in 15 Bänden -abrev. KSA-,
Herausgegeben von Giorgio Colli und Mazzino Montinari, München,
Berlin/New York, Deutscher Taschenbuch Verlag und Walter de Gruyter,
1980)
(7) Utilizo el término Zwischen en el sentido de
"entre". Interpreto la constitución del Selbst
nietzscheano a partir de esta idea de Zwischen, en la medida en
que podría decirse que, más allá de todo binarismo, el sí mismo se
constituye como entrecruzamiento de fuerzas. A la mayor densidad que
adquieren las fuerzas en un momento, la denominamos "yo".
(8) Véase en los papeles póstumos de El hombre sin atributos
la escena en la que Ulrich, observando la belleza de Agathe, se
pregunta si detrás de todo no existirá nada (ed. cit., Tomo IV, p.
532). MAGRIS, C., en El anillo de Clarisse. Tradición y nihilismo
en la literatura moderna, trad. P. Esterlich, Barcelona, Península,
1993, pp. 239 ss., comenta este bellísimo pasaje.
(9) Véase MUSIL, R., Tagebücher,
ed.cit., I, p. 53.
(10) Para esta interpretación de la Wille zur Macht como
"razón imaginativa" véase mi artículo "Nietzsche y
el problema del lenguaje en la perspectiva de la música. Variaciones
en torno a Doktor Faustus", en Cuadernos de Filosofía, Buenos
Aires, Nº 41, marzo de 1995, pp. 91-118.
(11) NF 1885-1887, KSA 12, 9 [106], p. 395. Véase también,
en el mismo tomo, el 9 [91], p. 385.
(12) "Esa necesidad de formar conceptos, especies, formas,
fines, leyes -"un mundo de casos idénticos"- no se
debe comprender en el sentido de que nosotros seríamos capaces de
fijar un mundo verdadero; sino en tanto necesidad de preparar
un mundo donde nuestra existencia sea posible, nosotros creamos
de este modo un mundo calculable, simplificado, comprensible". NF
1885-1887, 9 [144], p. 418.
(13) Las páginas de "Riqueza, caos y forma" de Lukacs
dan cuenta de este carácter a partir de la tensión entre la voluntad
de forma y lo caótico. Véase en LUKACS, G., El alma y las formas.
Teoría de la novela, trad. M. Sacristán, Barcelona, Grijalbo,
1985, pp. 201-142