ABSTRACT:
Curso Historia General de la Educación,
impartido por la profesora Azucena Fraboschi de la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad Católica Argentina durante el
curso 2002-2003 dentro de la asignatura de primer año: Ciencias de la
Educación. El curso desarrolla y analiza la Historia de la Educación
Antigua y Medieval en cuatro bloques: LOS
ANTECEDENTES DE LA EDUCACIÓN EN EL MUNDO OCCIDENTAL Y CRISTIANO,
LA EDUCACIÓN INSTITUCIONALIZADA
EN EL MUNDO HELENÍSTICO-ROMANO (PERÍODO
IMPERIAL),
EL ENCUENTRO DE LA CULTURA CLÁSICA Y LA EDUCACIÓN CRISTIANA EN LA EDAD
MEDIA (S. V-X) y
FORMAS DE LA
EDUCACIÓN EN LA BAJA EDAD MEDIA (SIGLOS
XII-XIII). El curso se complementa al impartido por la profesora Clara Inés
Stramiello y que analiza la
Historia General de la Educación Moderna y
Contemporánea. .......................................
Históricamente,
Jesús se presenta como un rabino o maestro itinerante. Pero
no era un maestro común, como bien notaron los que lo seguían,
porque:
•
Enseñaba con autoridad:
-
Quienes Lo escuchaban “estaban poseídos de admiración por Su
enseñanza, porque Su palabra era llena de autoridad”[1];
-
“Oísteis que se ha dicho: No cometerás adulterio. Mas Yo
os digo: Quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió
adulterio con ella en su corazón.”[2]
-
A la samaritana, ante un tema de tanta y tan larga polémica, le
dice: “Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora en que
ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.”[3]
Jamás
un judío se hubiera atrevido a enseñar colocándose como sujeto y
fuente de sus afirmaciones; los maestros, escribas, sacerdotes, y
los doctores de la Ley hablaban precisamente en nombre de la Ley
(“Como dice la Ley..., como dicen las Escrituras...”).
•
Su autoridad como maestro provenía del Padre, que era Dios:
-
“Pues El que Me envió es veraz, y lo que Yo oí a Él,
esto es lo que enseño al mundo.”[4]
Jesús
hablaba no apoyado en la autoridad de la Ley, sino directamente en
la de Dios, a Quien llamaba Padre, y a Quien decía haber escuchado.
No era la suya una relación con Diosa través de los sacerdotes sino una relación directa,
filial. Jesús hablaba de Su Padre, Dios.
•
Pero Él mismo, Su propia palabra es Verdad liberadora del hombre,
porque siendo hombre perfecto, manifiesta al hombre su verdadero
ser, que es de Dios y para Dios.[5]
-
“YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA; nadie va al Padre sino por
Mí.”[6]
•
Su enseñanza es original y, a la vez, una recreación y
perfeccionamiento de lo ya existente:
-
“No vayáis a pensar que Yo he venido a abolir la Ley y los
Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento...”[7]
Pero:
“Os digo, pues, que si vuestra justicia no fuere mayor que la
de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”
Al
tiempo que confirma la Ley, la enseñanza de Jesús invita a
profundizarla, a espiritualizarla, a crecer.
•
Es un maestro universal: se dirige a todos, a los judíos y
todos los hombres:
-
“Yo soy el pastor bueno, y conozco las ovejas mías, y las mías
me conocen (...), y pongo Mi vida por mis ovejas. Y tengo otras
ovejas que no son de este aprisco. A ésas también tengo que
traerlas; ellas oirán Mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo
pastor.”[8]
Con
gran escándalo de los judíos se dirige, no sólo a todos los
hombres, sino también –y casi podríamos decir
“principalmente”– a los que son pecadores, porque vino como médico
para los enfermos, porque los sanos no tienen necesidad de médico.
•
Se presenta como un guía experto y seguro para la vida del
hombre, y lo invita a seguirlo:
-
“Yo soy la luz del mundo. El que Me siga, no andará en
tinieblas, sino que tendrá la luz dela
vida.”[9]
-
Sobreabundan los textos evangélicos que nos muestran la respuesta
de quienes lo siguieron, y de aquéllos que se negaron a hacerlo.
•
Sabe del amor pedagógico (a diferencia de los maestros de la
época):
-
“(...) Tomad sobre vosotros el yugo mío, y dejaos instruir
por Mí, porque soy manso y humilde de corazón; y encontraréis
reposo para vuestras vidas.”[10]
Jesús
no se impacientaba cuando instruía al pueblo, no le gritaba, no
recurría a castigos físicos; contestaba las preguntas sin soberbia
ni suficiencia, y respetaba la libertad y los tiempos de cada uno.
•
Es un maestro que se presenta como criterio y norma de conducta,
algo que ningún judío había osado hacer abiertamente, y en nombre
propio:
-“(...)
Si pues Yo, el Señor y Maestro, os he lavado los pies, vosotros
también debéis unos a otros lavaros los pies, porque os he dado
el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho
(...).”[11]
Jesús
es un maestro:
<que
enseña con autoridad una doctrina original;
<que
aduce la revelación del Padre como fuente de Su autoridad;
<que
se ofrece como guía, invitando a que Lo sigan todos,
<porque
es maestro universal, criterio y norma de conducta.
1.
A quiénes enseña.
Si
bien Jesús enseñaba a todos, no lo hacía de manera
indiferenciada, no enseñaba a todos de la misma manera. Había
diversos niveles, dados por el modo de acceso al Maestro, la capacidad
de intelección, las situaciones personales, etc. La pedagogía de
Cristo se presenta como una pedagogía diferenciadora. En
efecto, enseña:
a)
Al pueblo, que es testigo de los milagros de Cristo y por
ellos Lo admira y asiente a Su predicación, aun sin entenderla
demasiado. De alguna manera podríamos decir que configuran una
masa y, como tal, son más bien pasivos y su relación con el
Maestro, superficial.
b)
A los discípulos, entre los que también podemos distinguir
diferentes niveles:
-
los setenta y dos que reciben la misión de preparar la
venida del Señor en las ciudades que Él quería visitar;
-
los doce apóstoles, elegidos por Cristo, los cuales conviven
con el Señor, reciben la misión de la predicación del Reino, les
es dado conocer el sentido de las parábolas, los misterios del
reino de los cielos, y la profecía de la Pasión, Muerte y
Resurrección del Señor. Finalmente, Cristo hace de estos apóstoles
“maestros”;
-
los discípulos escogidos: Pedro, Santiago y Juan, que acompañan
al Señor en momentos especiales[12].
c)
A otros: el ciego de Jericó, José de Arimatea, el publicano
Leví, las mujeres que seguían a Jesús (María Magdalena, Juana,
Susana y otras), Marta, María y Lázaro, Nicodemo, con quienes el
Maestro se encuentra en circunstancias muy personales, como
personales son los diálogos que mantenía con ellos y la instrucción
que recibían a través de los mismos.
2.El fin de la educación
A
lo largo de la vida pública de Cristo, y a través de Sus palabras,
parece surgir siempre una y la misma exhortación dirigida al
hombre, mostrándole como bienes a procurarse, como perfección a
alcanzar, nada menos que LA SANTIDAD, LA PERFECCIÓN, LA INFANCIA
ESPIRITUAL
A)
La Santidad, como obra
de Dios.
-
“Santifícalos en la Verdad: la verdad es Tu
Palabra.”[13]
-
“(...) Si alguno Me ama, guardará Mi Palabra, y Mi Padre lo
amará y vendremos a él y haremosmorada en él.”[14]
B)
La Perfección, como propósito
del hombre ante la invitación divina.
-
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial
es perfecto.”[15]
No
se trata, obviamente, de que el hombre realice en sí la perfección
de Dios (Dios es Dios, y el hombre es hombre y no es Dios). Se
trata, en definitiva, de la imitación de Cristo, hombre
perfecto en cuanto hombre (se trata entonces del hombre imitando a
un hombre, del hombre buscando su perfección como hombre), y también
perfecta imagen del Padre en cuanto es Su Hijo: porque quien ha
visto a Cristo, ha visto al Padre, según Él mismo lo dice a Tomás.
C)
La Infancia Espiritual
como estado que hace posible la perfección evangélica,
porque el infante, el niño, necesita en todo a su padre, todo se lo
pide, de él lo espera todo, a él tiende, hacia él camina. Y su
padre lo escucha y responde dándole amorosamente cuanto necesita, y
teniendo el mejor cuidado lo conduce hacia sí y le sale al
encuentro. Así debe ser el hombre para con su Padre Dios.
Estas
ideas estaban ya en el Antiguo Testamento, y la figura del rey David
y el texto de muchos de los salmos compuestos por él lo muestran
claramente. Pero Jesús hace de ellas algo más que la vivencia o la
opción de un hombre peculiar; las presenta como la única manera
posible de ser hombre delante de Dios, válidas y necesarias por
consiguiente para todo hombre. Por eso su prédica, su enseñanza,
gira en torno a ellas y las presenta con cierta sistematicidad.
3.El ideal educativo
No
es otro que el propio Maestro, puesto que EL CRISTIANO HA DE SER
COMO OTRO CRISTO.
Es
preciso, por tanto, el estudio de Cristo el hombre, de sus
sentimientos y de sus disposiciones y actitudes, porque sólo
puede imitarse lo que se conoce, se admira y se ama como bueno, como
un bien.
4.
El contenido de la
educación
Tal
vez podríamos condensar la idea central de la enseñanza de Cristo
en esa realidad que es el Reino de los Cielos, porque esta expresión
habla de Dios –en Quien consiste el Reino–, de la felicidad del
hombre –llegar a Él y vivir en Él–, y de la vida del hombre
–como camino hacia el reino–. O, dicho con otras palabras, el
Reino de los Cielos es el sentido último del ser del hombre y de
su vida, porque lo ubica como creatura (ubicación en el ser) de
Dios, hijo (ubicación en su familia) del Padre y ciudadano (ubicación
en su patria) del Reino. Veamos entonces:
El
Reino de los Cielos:
a) en qué consiste; b) cómo llegar a él; c) quiénes podrán
entrar en él.
A)
En qué consiste:
•
Es un tesoro único, el más preciado, que debe ser preferido a todo.[16]
•Se
encuentra ya en este mundo, pero no es de este mundo.[17]
•Es
la casa del Padre de las misericordias, quien sale al encuentro del
hombre para atraerlo.[18]
B)
Cómo llegar a él:
Son
necesarios:
a)
la fe en Jesucristo, como el Hijo de Dios Padre, como el Mesías
prometido (esto supone toda la fe judía, ya que Cristo se presenta
como el cumplimiento de las promesas contenidas en las Sagradas Escriuras[19]).
Esta fe, si bien es un acto de conocimiento (“la luz de la fe”),
no debe quedarse en un acto de conocimiento, sino que debe llevar a
la unión amorosa con Él, para la vida. Es una fe operante
–operante por el amor–, tanto en el plano individual cuanto en
el plano comunitario (todo hombre es, para el cristiano, “otro
rostro de Cristo” para amar[20]).
b)
los Mandamientos, cuyo cumplimiento continúa siendo condición
para la amistad con Dios, para entrar en la Casa del Padre. Pero
este cumplimiento, más que una imposición, debe ser una necesidad
del amor a Dios y, como tal, ir siempre más allá de la mínima
exigencia de la letra: el amor diligente.
Entre
los Mandamientos, uno, el primero, resume la plenitud de la fe y del
amor. En él se trata del amor ordenado (el orden en las
preferencias): “Buscad, pues, primero el reino de Dios y su
justicia, y lo demás se os dará por añadidura.”[21]
En
íntima conexión con lo anterior, la conducta recta. En
efecto, no puede hablarse de amor sin lealtad, sin esa verdad de
vida última y honda que fundamenta la confianza (paradójicamente,
no la confianza de Dios, sino nuestra confianza en Él).
c)
la Nueva Alianza, de la que Cristo es sacerdote y víctima,
en cumplimiento de lo profetizado y prometido en las Escrituras.[22]
d)
el estudio de las Sagrada Escrituras, porque:
•
no es posible desear lo que no se conoce;
•
es preciso conocer la Voluntad de Dios para obedecerla;
•
hay que escudriñar los signos de los tiempos para cumplir el plan
de Dios.
El
Señor mismo explica los libros sagrados a los discípulos de Emaús
y reprocha a los fariseos y a los saduceos su falta de inteligencia
de las Escrituras, falta que proviene de las tinieblas de sus
corazones.
e)
la oración, reiteradamente recomendada por el Maestro como
medio eficacísimo para obtener la Voluntad Divina, y a tal punto
que enseñó a sus discípulos a orar (el “Padrenuestro”).
C.
Quiénes podrán entrar:
El
‘Sermón de la Montaña’[23]
nos da una pormenorizada respuesta a esta pregunta.
5.La metodología.
La comunicación
de Jesús con sus oyentes sigue las habituales pautas de la
conversación oriental: sobreabunda en imágenes de la vida
cotidiana, cargadas de afectividad, y apela a recursos retóricosusuales en la escuela y en la sinagoga. Por otra parte, y
como buen judío, hace constantes referencias a la Sagrada
Escritura, que reinterpreta.
Sin
embargo, la relación de Cristo con sus oyentes variaba según el número
y las características de los mismos.
6.La disciplina.
En
toda educación la disciplina ha ocupado un lugar muy importante, y
no se halla ajena a la actividad de Cristo educador. Pero, a
diferencia de lo acostumbrado en otras culturas, y en la misma
tradición hebraica (nos referimos al uso y abuso de los castigos físicos),
Jesús también usaba de la advertencia[24],
de la prevención[25]
y del elogio[26].
Sin embargo, no están ausentes de su disciplina el reproche
suave o reconvención[27]
y el reproche severo[28],
y hay –con este sentido educativo– abundantes referencias a recompensa,
castigo y juicio final.
Bailey,
A.E.La vida cotidiana en los tiempos bíblicos. Buenos Aires:
Hachette, 1947. XVIII, 342 p.
Biblia.
Trad. y notas de Mons. Straubinger. 2 vol. Buenos Aires: Club de
Lectores.
Cohen,
A.
Le Talmud. Exposé synthétique du Talmud et de l'enseignement
des rabbins sur l'éthique, la religion, les coutumes et la jurisprudence. Paris: Payot, 1950.
Fraboschi,
A.A.; Stramiello, C.I.; García Muñoz, C.
La Piedra Angular. Buenos Aires: Instituto de Estudios
Grecolatinos “Prof. F. Nóvoa”, 1994. 392 p.
Heaton,
E.W.La vida en tiempos del Antiguo Testamento. Madrid: Taurus,
1959. 270 p.
Rops,
D.La vida cotidiana en Palestina, en los tiempos de Jesús.Barcelona: Mateu, 1965. 500 p.
[5]
En el conocimiento de este ser –que es imagen de Dios–, y en
su realización (recuperando la semejanza primitiva, perdida por
el pecado), se cumple la liberación del hombre y la plenitud de
su vida. (vuelve al texto)
[12]
Para confirmación de la fe (la resurrección de la hija de Jairo:
Mc. V, 37), para manifestación de Su divinidad (la
Transfiguración en el monte Tabor: Mt. XVII, 5-9), para
testimonio de Su humanidad (la Agonía de Getsemaní: Mc.
XIV, 32-42). (vuelve al texto)
[18]Mt. XX, 1-15 (el señor de la viña, los trabajadores de
las distintas horas, y la paga de a cada uno un denario). (vuelve
al texto)
[19]
“Escudriñad las Escrituras, ya que pensáis
tener en ellas la vida eterna: son ellas las que dan testimonio de
Mí, (y vosotros no queréis venir a Mí para tener vida!” (Jn.
V, 39-40). (vuelve al texto)
[20]
“Mi mandamiento es que os améis unos a otros, como Yo os he
amado” (Jn. XV, 12). (vuelve al
texto)
[22]“(...) Es necesario que todo lo que está escrito acerca de Mí
en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos se cumpla.
Entonces les abrió la inteligencia para que comprendiesen las
Escrituras. Y les dijo: Así estaba escrito que el Cristo sufriese
y resucitase de entre los muertos al tercer día, y que se
predicase en Su nombre el arrepentimiento y el perdón de los
pecados a todas la naciones, comenzando por Jerusalén (...).”
(Lc. XXIV, 44-48). (vuelve al texto)
[24]“(el Maestro) les hizo entonces esta advertencia:
(Cuidado! Guardaos de la levadura de los fariseos [la hipocresía]
y de la levadura de Herodes [la mala vida].” (Mc.
VIII, 15). (vuelve al texto)
[25]
La prevención añade a la advertencia una actitud o una
acción contrarias al peligro de que se avisa: “Velad y orad
para que no entréis en tentación. El espíritu está dispuesto,
mas la carne es débil.” (Mt. XXVI, 41). (vuelve
al texto)
[26]
El elogio confirma a la persona en lo que ha hecho bien, al
tiempo que la propone como modelo a imitar. (vuelve
al texto)
[27]“¡Marta, Marta! Tú te afanas y te agitas por muchas cosas.
Una sola es necesaria. María eligió la buena parte, que no le
será quitada.” (Lc. X, 41). (vuelve
al texto)
[28]
“Él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítateme de delante,
Satanás! ¡Un tropiezo eres para Mí, porque no sientes las cosas
de Dios, sino las de los hombres!” (Mt. XVI, 23). (vuelve
al texto)