ABSTRACT: Este trabajo sobre Filosofía de
la Docencia está instrumentado desde categorías epistemológicas
que incorporan a la historia como ingrediente constitutivo de las
unidades de análisis del cambio y elección entre teorías. Una de
esas unidades de análisis son los programas de investigacíon de
Lakatos y la consecuente afirmación lakatosiana de que el carácter
histórico del devenir de la ciencia exige la comprensión de la
racionalidad como no instantánea. Nuestro interés desde la Filosofía
de la Docencia por los programas de investigación es que desde su
análisis de la dinámica de la ciencia las tesis se mantienen en el
devenir, sujetas a cambios progresivos o degenerativos mutuamente
intercambiables. La argumentación requiere, en consecuencia, de un
recurso formal que posibilite nuevas condiciones de afirmación,
negación o exclusión sobre tesis ya sostenidas pero sujetas a una
dialéctica con diferentes presentes históricos. Ese recurso, ese
instrumento que inaugura un verdadero pensar, una 'nueva' modalidad
de la paideia es para nosotros el diálogo. Evidentemente,
desde esta ponencia, la caverna pareciera tener una nueva, por su
contextualización histórica, pero única modalidad de salida: la
modificación por la palabra, a saber, la argumentación dialógica.
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Plantearemos dos interrogantes que nos guiarán como un
hilo conductor en esta temática: ¿cómo distinguir en el hoy viejas
y nuevas modalidades de paideia? y si podemos distinguirlas: ¿desde dónde
y con qué objetivo?.
En primer término estableceremos el 'desde dónde' de nuestro análisis
y a partir de ese horizonte, propondremos el 'para qué' de nuestro
recorte acerca de la paideía contemporánea mediante la instrumentación
de determinadas categorías epistemológicas.
Dice Kuhn: ". . . si estoy en lo cierto respecto a que cada
revolución científica modifica la perspectiva histórica de la
comunidad que la experimenta, entonces ese cambio de perspectiva deberá
afectar la estructura de los libros de texto y las publicaciones de
investigación posteriores a dicha revolución. (Kuhn.T., l962,
p.218).
En nuestro horizonte ha aparecido la mención de los libros de
texto y de las publicaciones de investigación, o sea, la mediación
que hace posible el nosotros de la paideía, el código común que
manejamos como miembros de esta relación 'inestable' que configuran
los dos polos de la relación enseñanza-aprendizaje. Con 'inestable'
quiero significar, y subrayar, que en este "nosotros" los
roles no son fijos sino que ambos términos en la relación de enseñanza
aprenden, ambos términos en la relación de aprendizaje, aunque de
distinto modo, enseñan, y en ello reside la historicidad de este vínculo.
Nuestra tesis es que toda consideración acerca de la educación
conlleva ya sea el rechazo o la aceptación de la historicidad de ese
nexo al que hemos caracterizado con la metáfora de la inestabilidad.
Pensamos que esa historicidad se proyecta también sobre sus
mediaciones—circularmente sus condiciones de posibilidad y
productos, a saber, los libros de texto y la investigación. Ello nos
conduce a inferir que hoy toda consideración sobre la educación
tiene ese eje—visible o invisible—de lo contextual e histórico
como marco de reflexión sobre la paideía contemporánea.
Reconocida su historicidad como el "desde dónde"
planteado al inicio de este trabajo, nos corresponde ahora plantear el
"para qué". El para qué nos exige una afirmación que nos
comprometa con lo que es, para nosotros, la naturaleza primordial de
la paideia. La educación es en su para qué -analizada en los términos
de esta postura- una cruzada contra el dogmatismo y, en esa cruzada,
el rol del filósofo-educador o educador-filósofo, es procurar que
los interlocutores-alumnos no se desconcierten cuando se les dice
"¿por qué no lo descubren ustedes", única manera que un
sistema educativo no " convierta a las personas en borregos y a
los intelectuales, profesores, o quienes quieras, en perros
pastores."((Feyerabend, P.,l979, p.49).
Si reunimos ahora el desde dónde y el para qué, observamos que,
en nuestra perspectiva, el desde dónde son los textos y los papers y
que el para qué es el ideal regulativo de formarnos como mujeres y
hombres libres.
La historia nos muestra, sin embargo, que determinadas pedagogías
pueden, han podido -y nosotros conjeturamos 'podrán'- proponerse
objetivos contrarios. En consecuencia, el tema ya no es la educación
sin más, sino el tipo adecuado de educación en función de los
objetivos emancipatorios que nos proponemos. Esta es para Feyerabend
la educación que "no sustituye unos maníacos por otros: a los
judíos por los cristianos; a los dogmáticos por los escépticos; a
los científicos por los budistas , sino la educación que
acaba con todos los fanatismos y todas las actitudes humanas que
fomentan la locura y facilitan el éxito de sus profetas." (Feyerabend,
P.,1979, p.48)
Querer salir de la caverna a través de estas metas, nos exige
preguntar: ¿cómo producir la toma de conciencia que elimine la
ajenidad entre los interlocutores -receptores y emisores—de la enseñanza
de la filosofía y además, dada la ajenidad, la consecuente apatía
que nos es tan familiar en el aula, aún en la misma Universidad?
Comencemos el análisis de esta cuestión con aquello que,
concientes o no, constituye la losa de los libros de texto con los que
solemos manejarnos en el aula.
Lo que está por detrás de los textos sosteniéndolos es la
investigación y su peculiar procedimiento de difusión, la comunicación
de las investigaciones en la forma de papers.
Para hacer una conjetura audaz que relacione la ajenidad y apatía
de los seres vivos reunidos en un aula con la investigación y sus
productos que proveen de contenido la relación enseñanza-aprendizaje
que mantienen, vamos a presentar la tesis de Medawar. (1915-1987)
La fuerza contestataria de las afirmaciones que este científico
plantea amerita que lo presentemos a través de una breve visión de
su trayectoria puesto que, para nosotros, la biografía intelectual y
la historia de vida funcionan como una categoría historiográfica que
hace a la comprensión del contexto de un determinado discurso.
Medawar fue profesor, enseñó en distintas universidades pero
también dirigió y presidió las instituciones más prestigiosas
referidas a su especialidad "trabajos de inmunología que
contribuyeron a posibilitar la cirugía de transplantes".
En 1960 recibió el Premio Nobel en Medicina (junto con Sir Macfarlane Burnet), en l965 recibió el título de Sir y en 198l fue
condecorado con la Orden al Mérito.
Este científico con esta historia de vida escribe lo siguiente en
l963, tres años después de recibir el Premio Nobel, "¿Es la
monografía científica un fraude?" "Esa es la pregunta, y
diré de inmediato que mi respuesta es "sí". La monografía
científica en su forma ortodoxa encarna una concepción totalmente
errónea e, incluso una parodia, de la naturaleza del pensamiento
científico ( . . . ) la monografía científica es un fraude en el
sentido de que ofrece una visión totalmente equívoca de los procesos
mentales que contribuyen a la realización de descubrimientos científicos.
La forma inductiva debe descartarse. La discusión que en la monografía
científica tradicional va al final debería ir al comienzo. Los datos
y actos científicos deberían seguir a la discusión . . ." (Medawar,
P., l963, p.224). (el subrayado es nuestro)
Esta modalidad que señala Medawar en la investigación y en el
proceso de descubrimiento que hacen al conocimiento que transmitimos
quizás pueda relacionarse con lo que es el detonante de la revolución
siempre invisible de la que habla Kuhn en los libros de texto y que no
es otra cosa que la vivencia transformadora de la imagen de la
ciencia, modificadora desde el medium que es la historia, de que el
conocimiento no es un proceso lineal y acumulativo de verdades.
Si analizamos esta problemática acerca del conocimiento en el
plano de la paideia, se nos impone que el proceso de aprendizaje
tampoco debería ser pensado y transmitido como una lineal acumulación
de saber que se acrecienta progresivamente. Este planteo significa la
omisión, deliberada e ideológica, de la trama social que condiciona,
con su inclusión, la percepción histórica de la educación, de sus
objetivos, sus necesidades e intereses que son los únicos que marcan
la modalidad y meta de la transmisión de determinados contenidos. Es
esta omisión, en consecuencia, la que permite plasmar en las
versiones pedagógicas de los libros de texto, "los efectos
degradados" de esta pedagogía de un saber meramente acumulativo.
Esta referencia a los libros de texto como depósito de
determinadas concepciones filosóficas a las que esclerosan didácticas
del conocimiento que ocultan sus rupturas, -la ruptura entre los
distintos momentos socio-culturales que generan el saber—y la crítica
a la investigación según el modelo de los 'papers' como reales
transmisores de una "parodia" del proceso de pensamiento de
los investigadores, todo ello nos autoriza a preguntar sobre este
modelo que se repite en todos los ámbitos de la enseñanza, ¿con qué
recursos contamos los docentes para modificar esta 'realidad'?
De otro modo la pregunta es: ¿cómo deberían instrumentarse los
textos filosóficos para acercarnos a los objetivos que planteamos?
A esta pregunta Feyerabend responde: lo que hago es analizar
las tesis que sostienen, utilizando argumentos que puedan comprender,
y les demuestro que, según sus propios criterios, las tesis no
funcionan. Examinada de este modo la cuestión surgen dos
perspectivas para una instrumentación diferente de la relación enseñanza-aprendizaje
de la filosofía. En el texto citado se habla de tesis y se habla de
argumentos, las tesis nos remiten a los contenidos y los argumentos a
la forma del discurso.
¿Qué estilo de discurso nos permite mantener las tesis pero
cambiar, cuando el razonamiento lo exige, la argumentación respecto
de ellas? Sócrates lo enseñó practicándolo en el ágora y Platón
lo mantuvo durante casi toda su vida en sus escritos, hablamos del diálogo.
Sabemos que los datos que aportamos no son recientes y que aunque
los filósofos nombrados conservan su vigencia sin vejeces, quizás la
forma dialógica de relacionarse con el otro, Sócrates en todo sitio
de Atenas y Platón con sus escritos, no conservan su 'à la page'.
Veamos que pasa hoy.
En esta última década de nuestro siglo aparece un hecho poco édito
en la literatura epistemológica anglosajona: las dos últimas obras
de Feyerabend son diálogos: Diálogo sobre el método y Diálogos
sobre el conocimiento.
Larry Laudan (l990)en el prefacio de Ciencia y relativismo, un diálogo-libro
relata: Según me dicen con insistencia mis amigos, los filósofos
de la ciencia no escriben diálogos. Nos consideramos rigurosos y
precisos en extremo, y estimamos a los diálogos como excesivamente
inconcluyentes, o como lo bastante difusos, para que puedan
conducirnos al tipo de rigor del que nos enorgullecemos en nuestros
momentos de mayor engreimiento. Sin ningún género de dudas tal
reacción es demasiado apresurada . . .
La palabra que destacamos en la cita de Laudan es
'inconcluyente'
y, para entender el valor positivo que tiene para nosotros este término,
tenemos que volver a recordar los objetivos que nos llevan a trabajar
en una nueva paideia: por una parte, la cruzada contra el dogmatismo
y, por otra, la ajenidad de un interlocutor que no está involucrado
ni en las tesis ni lo atrapa la presentación formal del tema filosófico
del cual se trate.
Si analizamos esta situación de 'apatía', encontraremos que, en
muchos casos, no solo el alumno permanece ajeno a la relación de
encuentro enseñanza-aprendizaje; nosotros también. Lo que el alumno
piensa, lo que el alumno no piensa, no entra en dialéctica ni con el
libro de texto ni con nosotros sus interlocutores inmediatos: no
entra, queda afuera, no hay relación. La relación también es un
'fraude', tomado en el sentido de Medawar, dado que no se respetan los
procesos de pensamiento y, al parecer, solo se procesan datos.
Esta dicotomía entre 'procesos de pensamiento' y 'procesamiento de
datos' expresa determinados objetivos para la educación que no
compartimos y ello genera nuestra posición acerca del diálogo.
Creemos, siguiendo esta línea de hipótesis, que lo subyacente en las
críticas de Kuhn y de Medawar es el hacerse cargo, ambos, de que una
determinada ordenación del discurso puede ser por sí misma
productora de saber.
Contra la naturalización—de hecho y no cuestionada—de que la
forma del discurso no modifica los contenidos a transmitir, puede
plantearse la decisión pedagógica contraria: el provocar la dinámica
argumentativa a través de la forma.
Este carácter argumentativo propio de la racionalidad del saber es
el que requiere lo inacabado, lo inconcluyente del diálogo, lo que
hemos llamado al comienzo de este trabajo "historicidad".
La historicidad es la condición de posibilidad de producir
conocimiento en el 'siendo', es el requisito de la emergencia del carácter
históricamente cambiante de las afirmaciones es, en síntesis, el
poder generador de conocimiento de la dialéctica -el argumentar en un
entre con el otro—propio del discurso platónico y recurso didáctico
por excelencia para este filósofo que sostiene que toda modificación
de la naturaleza humana es paideia.
Antes de pasar a la ejemplificación contemporánea de la
instrumentación del diálogo, adelantaremos para sostenerlo al diálogo
desde el marco epistemológico, la categoría de 'programas de
investigación' de Lakatos y su afirmación acerca del carácter no
instantáneo de la racionalidad científica.
Ello obedece a que elegimos como ejemplo del carácter histórico y
contextual de la paideia un diálogo contemporáneo que dialoga con el
Teeteto de Platón invirtiendo la relación vencedor-vencido en función
del estado actual de la cuestión de la física cuántica.
En Diálogos sobre el conocimiento Feyerabend invierte la visión
platónica de la derrota de Protágoras en el siglo IV ac para
explicar la producción del conocimiento 'científico' y la convierte
en victoria apoyándose en la física de nuestro siglo.
Jack: La doctrina de la medida de Protágoras presenta, además,
una relación entre lo que es y la actividad de medir ( . . . ) todo
LO QUE ES está constituido por la relación: el hecho de medirlo le
otorga la capacidad de SER. ( . . . ) ambos forman parte de un
conjunto indivisible que combina lo que es con lo que percibimos.
Lee Feng: ¡Correlaciones Einstein-Podolsky-Rosen!. Eso es
exactamente lo que dice la teoría cuántica sobre el proceso de
medir.
Donald: No entiendo nada—¿qué tiene que ver todo esto con Platón
Charles: Bueno, depende de cómo quieras examinar a un filósofo.
¿Te contentas con ver lo bien que despacha a su adversario, dados los
conocimientos de la época, o prefieres saber el alcance que
adquirieron sus ideas con el paso de los años? La primera aproximación
es muy interesante, pero creo que la segunda lo es todavía más. Al
fin y al cabo un argumento es como una batalla. Una de las partes es
derrotada, dadas las armas de la época. Pero las armas cambian
constantemente. Aprendemos cosas nuevas. ( . . . ). De modo que una
idea que hoy ha sido derrotada, mañana puede alzarse con la victoria.
( . . . ). Es muy interesante, pues, que Platón, en su intento por
rebatir las opiniones de Protágoras, elabore una teoría de la
percepción que demuestre, por lo menos ante nosotros, hasta qué
punto Protágoras se adelantó a la teoría del siglo XX. (Feyerabend,
P., l99l, p.44-5)
Entendemos, refieriéndonos al diálogo citado de
Feyerabend, que a
través de este camino por oposiciones el alumno conoce la ciencia
refutada en la antigüedad y, en simultaneidad, la imagen actual de la
ciencia. Se captan en el devenir de la ciencia sus rupturas y
continuidades y se conoce o re-conoce en estos enlaces en el tiempo la
necesidad de la historia como ámbito de aprehensión contextual de
los sucesos en sus victorias y caídas muchas veces intercambiables
como lo ejemplifican Platón y Protágoras en el diálogo de
Feyerabend.
Esto nos lleva a otro aspecto de la cuestión solo mencionada antes
de la cita de Feyerabend: la incorporación de la historia como
ingrediente constitutivo de unidades de análisis que proyectan imágenes
de la racionalidad científica diferentes a las de la tradición
heredada. Una de esas unidades de análisis son los programas de
investigación de Lakatos y la consecuente afirmación lakatosiana de
que el carácter histórico del devenir de la ciencia exige la
comprensión de la racionalidad como no instantánea
Los programas de investigación mantienen las tesis en el devenir,
sujetas a cambios progresivos o degenerativos mutuamente
intercambiables. Siendo este nuestro contexto teórico y sus
contenidos un programa de investigación históricamente
determinado—tomemos por caso los avatares que desde el siglo pasado
hasta el presente de la teoría darwiniana de la evolución—la
argumentación requiere de un recurso formal que posibilite nuevas
condiciones de afirmación, negación o exclusión sobre tesis ya
sostenidas pero sujetas a una dialéctica con diferentes presentes
históricos. Ese recurso, ese instrumento que inaugura un verdadero
pensar, una "nueva" modalidad de la paideia es para nosotros
el diálogo. Evidentemente, desde esta ponencia la caverna pareciera
tener una nueva, por su contextualización histórica, pero única
modalidad de salida: la modificación por la palabra, a saber, la
argumentación dialógica.