ABSTRACT:
La preocupación social y política por el comportamiento de los
individuos en sus relaciones sociales ha suscitado en el ámbito
educativo internacional un interés creciente, tratando de desarrollar
una diversidad de programas de formación. Educación del carácter,
educación moral, educación cívica, educación en valores, educación
social, son algunas de las denominaciones usuales cuando se hace
referencia a este aspecto de la educación. No se trata de un tema
novel, fruto de una cultura que alcanza ya el tercer milenio y que se autodiagnostica continuamente de una enfermedad llamada crisis. Los
expertos en materias educativas y que se orientan hacia un modelo
integral de formación nos refrescan la memoria histórica, y resaltan
—consciente o inconscientemente— ideas de algunos autores del
pasado sobre esta temática.
En este texto estudiamos la noción
de paideia —referida a la dimensión moral y cívica— en
las obras de Aristóteles y Rousseau. Nos proponemos esto por dos
motivos: representan dos épocas distintas y de gran peso para la
historia de la cultura occidental y de la educación, y aportan
modelos de educación de algún modo vigentes hoy.
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DATOS AUTORES
Perfil/Área trabajo
Profesoras Área Ciencias de la educación Universidad de
Navarra.
I. Diversas Denominaciones: Educación del Carácter o Educación
Moral (1)
La diferencia de denominación de este aspecto de la educación,
—educación del carácter para Aristóteles, educación moral para
Rousseau— no es sólo debida al paso del tiempo y al modo de decir
propio de cada etapa, sino que representa una forma de entender en qué
consiste ese proceso educativo que se denomina moral o delcarácter. Con carácter, Aristóteles señala ese modo
de ser individual por el que un sujeto está capacitado para actuar de
una forma u otra, actúa y vive. Es fruto de la dotación natural y
del ejercicio en cuanto este ethos esdirigido,
impulsado, y fortalecido por otros; a ese proceso conjunto se le llama
educación del carácter. Para Rousseau la voz moral tiene que
ver con la forma de ser un individuo cuando entra en relación con los
demás para actuar y vivir. También se requiere la intervención de
otros para configurar ese modo de ser y a esa intervención se la
califica de educadora.
En cierta forma coinciden ambos planteamientos porque Aristóteles
no concibe que un individuo pueda desarrollarse sin los otros seres
humanos, esa mediación y convivencia es fundamental. Para Aristóteles
la educación del carácter es siempre moral en el sentido que le da
Rousseau porque no piensa en un individuo sin esa relación con los
otros; sin embargo no podemos decir lo mismo de Rousseau por ese
acento que pone en lo moral como convivencia con los demás. Para
Aristóteles ser hombre en plenitud es ser bueno y ser ciudadano, buen
ciudadano, lo que conduce a vivir bien. Para Rousseau ser hombre es
ser individuo humano que vive, subsiste, y en el estado histórico al
que se ha llegado tiene que vivir, y subsistir, con otros, cambiando
el ser para sí, por el ser para sí compatible con el ser para sí de
otros. El desarrollo del individuo para Rousseau podría darse al
margen de la sociedad; hay importantes dimensiones que alcanzan su
desarrollo por sí solas; se necesita de los demás materialmente
mientras se es débil por la falta de madurez, y la educación es
entendida negativamente, como un quitar obstáculos a lo que se
desarrolla espontáneamente; a eso que crece se le podía denominar
carácter y al tipo de educación administrada educación del carácter
que todavía no es moral. De hecho las etapas de educación del Emilio
—su principal escrito sobre educación— se dividen en premorales y
morales.
En síntesis, viendo el tema desde el punto de vista aristotélico,
la educación del carácter es siempre moral porque hacer al individuo
ser humano pleno es hacerlo bueno. Viendo el tema desde la perspectiva
de Rousseau, la educación moral es para que el individuo conserve su
carácter "natural" aun viviendo en sociedad. Rousseau
dividiría la educación del carácter que promueve Aristóteles en
dos etapas, la educación del individuo, que es formación de su carácter
—educación negativa— para después pasar a una educación
propiamente moral.
II. La Relación entre las Nociones de: Educación,
Individualidad y Sociabilidad
En la raíz de la distinción entre educación moral y del carácter
encontramos las diversas bases antropológicas que sustentan Aristóteles
y Rousseau por las que establecen cuál es la relación entre
sociabilidad e individualidad. Tal planteamiento afecta a la educación
en directo no sólo por la prioridad de finalidades que se propongan
—formar más lo individual, formar más lo social, o formar ambas
facetas simultáneamente—, sino que tiene que ver con lo esencial de
la actividad educativa en general. La educación es relación de
personas siempre. A veces resaltar que lo más importante es que el
individuo asimile, haga propio, madure, crezca, es decir, destacar la
autoeducación —tal como es visto el proceso por los autores que
estamos estudiando— parece dejar a un lado la tarea del educador.
Realmente no sucede así con las teorías educativas de estos dos
pensadores. Incluso admitiendo el concepto de educación negativa que
propone Rousseau, fijándose más en un no intervenir directamente en
el proceso de maduración de un individuo, no se margina la
consideración del quehacer del que educa.
Rousseau explica la educación negativa en términos que muestran
que el educador interviene de otro modo, y por tanto sí se puede
tomar como cierta educación positiva; es decir, se trata de una
intervención aunque indirecta que supone la actuación de otro. Como
mínimo, toda educación incluso en la situación estereotipada creada
por Rousseau de un preceptor con su pupilo únicamente, se establece
una relación social. La educación es siempre un proceso en el que se
produce una relación social. De ahí que la postura antropológica
sobre la sociabilidad humana influya tanto en la forma de concebir la
educación.
Para Aristóteles la educación del carácter es algo natural al
ser humano porque es natural su sociabilidad, y entiende que sólo
mediante la relación del individuo con otras personas se pueda hacer
hombre: si esa relación es cualificada puede llegar a ser un buen
hombre. Así es natural que unos expliquen a otros cómo deben ser sus
actos. Si se hace respetando la naturaleza —lo que ésta conlleva de
norma en cuanto que apunta al alcance de lo mejor— supone apelar a
la autoridad de los que pueden instruir a los demás. De ahí la
responsabilidad de todos los individuos de la polis para
intervenir en la educación para la vida. De esta visión deriva la
acusada interrelación entre la educación del carácter y la educación
cívica o para la vida política.
En la teoría de Rousseau esa tensión entre la concepción de la
individualidad y de la sociabilidad conduce a percibir la educación
desde dos extremos, como el medio indispensable para equilibrar esos
dos aspectos del ser humano, y como amenaza de perder la autonomía
moral que concede al individuo, entendiendo la autoridad como imposición
de razones y valoraciones. Rousseau no duda que la educación sea un
aspecto de la sociabilidad humana, o una consecuencia de esta característica
que el ser humano ha de adquirir dada la situación a la que ha
llegado la humanidad tras siglos de historia. Por esto hablamos de la
educación como un proceso de desnaturalización, el individuo ha de
aprender a vivir para sí —etapa premoral— y aprender a vivir para
sí con otros —etapa moral propiamente dicha que culmina en la
educación cívica—. Rousseau plantea una continuidad entre ambas
etapas, al menos lo procura, y de hecho esa intención asoma en la
descripción de ese proceso en sus pasos iniciales. Pero al mismo
tiempo quiere dejar al individuo que madure sólo en los años
iniciales de su vida hasta el punto de recomendar que trate a los
otros como cosas; se insiste en esto por lo que se excluye lo moral.
Se trata de un desarrollo psicológico al margen de lo moral. Hay
un salto entre lo psicológico y lo moral, entre lo natural y lo
social o cívico, entre la maduración del individuo y el uso moral y
social de esa maduración. La duda es que si no se interrelacionan
ambos procesos desde el inicio luego son irreconciliables o puestos en
un equilibrio ficticio y en una situación de intermitente peligro de
romperse. De todas formas aunque no sea moral esa primera educación
que pretende Rousseau, es educación, interviene el preceptor que es
algo distinto de un objeto inerte. Rousseau tiene esto en cuenta. Las
recomendaciones de cómo ha de ser el lenguaje del preceptor, las
situaciones que tiene que simular o provocar, muestran la actividad
que se requiere por parte del educador. Más en concreto, podemos
fijarnos en el papel que Rousseau concede al lenguaje. Sin lenguaje es
muy difícil que el niño vaya razonando. El individuo como tal, en
los primeros pasos de su vida no puede alcanzar el desarrollo del
lenguaje sin la comunicación con otros individuos aunque no se de
cuenta de que son otros yo. Sin lenguaje tampoco se desenvuelve la razón
por la interrelación de ambos.
III. Definiciones de Educación de Aristóteles y Rousseau
Recordamos las propias definiciones de los autores.
Hay que tener
en cuenta que Rousseau cuando habla de educación es para referirse a
la moral. La educación para Rousseau es la educación de la
naturaleza, los hombres y las cosas.
(2)
Para Aristóteles es la educación de la naturaleza, el hábito y la
instrucción o razón. (3) Los dos
explican que la educación interrelaciona o coordina los elementos
citados para que sea efectiva y cumpla con los fines asignados. Por
naturaleza ambos entienden la dotación innata de un individuo. Ambos
también están de acuerdo en que en esa dotación inicial se
encuentra lo general de la especie humana en cuanto tal y las características
individuales a las que se ha de prestar especial atención. A partir
de esta dotación coinciden en insistir en una educación
individualizada en el sentido de atención a cada individuo. Debido a
su concepción de lo natural, Rousseau insiste en dejar que la
naturaleza se desarrolle quitando obstáculos, espontáneamente; en
cambio Aristóteles destaca la intervención humana para el desarrollo
de la naturaleza de otro individuo en el sentido de impulsar, mediante
una acción más directa y positiva que la que considera Rousseau en
el educador.
Los otros elementos de las definiciones de educación que acabamos
de referir, destacan en el proceso educativo factores diversos. La
educación de las cosas, uno de los criterios constantes en la pedagogía
roussoniana, viene a ser la experiencia que adquiere el individuo en
su relación con el mundo, cuya faceta esencial es cognoscitiva; en
realidad se trata de una continuación o algo paralelo a la educación
de la naturaleza. La educación a este nivel tiene como quehacer
primordial preparar ese ambiente para que de la relación del
individuo con su entorno obtenga el máximo fruto cognoscitivo. Ni la
educación de la naturaleza ni de las cosas es moral. La educación de
los hombres, es la instrucción que estos realizan sobre cómo hacer
uso de los órganos desarrollados, y aquí si entra lo moral. Algunos
autores han criticado este planteamiento diciendo que responde a un
aprendizaje por condicionamiento que se combina con algo de instrucción
y advierten que el discípulo está totalmente manipulado.
(4)
Aristóteles al decir hábito menciona el ejercitamiento del
sujeto, y al decir instrucción se refiere a la educación de la razón
práctica. Luego la educación del hábito de Aristóteles podría
considerarla Rousseau como educación de la naturaleza y de las cosas
y en parte de los hombres si se trata de hábitos que implican la
conexión con otros hombres. La instrucción, muy restringida en el
caso de Rousseau, sería también educación de los hombres. Desde el
punto de vista aristotélico no se separaría la educación de los
hombres de la de la naturaleza o de las cosas porque no concibe la
maduración de un ser humano al margen del contacto con otros. De
nuevo vemos que Rousseau percibe el peligro de un desequilibrio
especialmente entre educación de la naturaleza y de las cosas por un
lado, y educación de los hombres por otro. Eso es precisamente lo que
quiere arreglar. En cambio Aristóteles entiende que existe una
continuidad entre los tres elementos de la educación, y también el hábito
y la instrucción le parecen naturales aunque no en el sentido de
espontáneos. Rousseau elabora un proyecto de educación natural en
continuidad con un proyecto de educación moral y cívica que en
algunos momentos llama nacional. Aristóteles entiende que toda la
educación es natural, y comprende lo que por naturaleza es mejor para
el hombre y se incluye ahí lo cívico en lo esencial.
IV. Distintas Etapas de la Educación
Aristóteles y Rousseau hablan de cinco
etapas, que se corresponde
con lo que consideran intervalos separados por la conquista de una
nueva cualidad en el obrar. Mientras Aristóteles entiende una educación
permanente que dura toda la vida, Rousseau la interrumpe en cuanto que
el individuo ha llegado a la madurez. La paideia clásica es un
proceso por el que el individuo aprende a ser humano de la mejor
forma, adquiriendo el bien completo y la felicidad. Por esta razón la
paideia para Aristóteles no termina nunca y aunque también
hable de la educación restrigiéndola a la etapa comprendida entre la
infancia y la edad adulta, la descripción ética y política del ser
humano, nos hace concluir que la educación entendida como proceso de
perfeccionamiento no finaliza. Esta visión de toda una vida educándose
se aprecia con más fuerza cuando insiste en el valor formativo de la
amistad y de las relaciones políticas del ciudadano. Aristóteles
piensa en el final de la obra educativa, en el hombre bueno y buen
ciudadano, en el sabio, en los individuos que han alcanzado la
felicidad. La concepción teleológica de la naturaleza humana motiva
esta teoría de la educación como un proceso perpetuo.
Rousseau restringe el tema de la educación al intervalo de la vida
humana comprendida entre la infancia y la madurez. Posteriormente,
alcanzada o afianzada la autonomía moral y la autosuficiencia
individual cualquier actuación educativa no cabe sin contradecir la
libertad del individuo, al fin y al cabo la educación es depender de
otra voluntad aunque en el proceso educativo eso se disfrace. Rousseau
tiende a pensar más en el principio, en lo que llama la condición
natural, con la intención de que su espontaneidad de crecimiento se
vaya conservando; de ahí deriva la importancia dada a la infancia en
sí misma, relevancia propia de la época en la que vive y que sin
embargo es tan desconocida para los griegos. Para Rousseau, una vez
que se ha dotado al sujeto para que pueda conservar la condición
natural, la educación se termina. Quizá se salga de esta consideración
la tarea educativa concedida a la ley y a las costumbres, que en
apariencia guardan el mismo papel en la sociedad ideal del contrato
social y en la polis griega. Podría considerarse en ambos
casos una forma de educación moral y cívica para los adultos y por
tanto plantearse la educación como un proceso que dura tanto como la
vida de una persona. Pero de fondo la perspectiva es diferente, en
ambos casos la ley configura el modo en que han de conducirse los
ciudadanos para que la sociedad o polis se mantenga
adecuadamente para vivir, refuerza e incluso sustituye si es el caso
la falta de educación de algunos ciudadanos; para Rousseau es un
instrumento para conservar la sociedad, de forma que si los ciudadanos
estuvieran perfectamente educados ya no haría falta la ley; en cambio
en el caso de Aristóteles la ley además es la señal o el modo de
configurar el crecimiento de los miembros en el bien común que
siempre va a más, el vivir bien siempre es perfectible en tanto
crecimiento interior de cada individuo.
V. Carácter Práctico de la Educación
Aristóteles destaca el talante práctico de la educación del carácter
y cívica. Se aprende a ser bueno siéndolo, se aprende a ser virtuoso
ejercitándose en estos hábitos, se aprende a ser amigo teniendo
amigos, se aprende a buscar el bien común practicando el operar por
ese bien. El educador facilita este proceso, disponiendo, orientando,
acompañando. Disponer es fortalecer las buenas inclinaciones humanas
y obstaculizar las inadecuadas; orientar es proponer fines, explicar
razones, desmantelar lo que no parece conveniente perseguir también
con razones; acompañar es vigilar, velar, querer, compartir. Así
enseñan los padres, los maestros, los amigos, los legisladores, los
gobernantes. Toda la polis se vuelca en la tarea de la educación
porque lo esencial de las relaciones en la ciudad no es la
subsistencia sino las actividades práxicas que suponen siempre un
crecimiento interior hacia la finalidad propia de cada ciudadano,
hacia una vida buena en la que es mejor.
Rousseau conserva esa mentalidad práctica, e insiste también en
que sólo se aprende ejercitándose. El educador acompaña al
educando. Sigue el proceso que naturalmente sale del individuo que se
tiene que educar saltando obstáculos. No se habla de orientar en el
sentido de prefijar metas u objetivos. En realidad, los objetivos sí
están presentes aunque permanezcan velados, el hecho de aconsejar
seguir el proceso interno de crecimiento, ya es un objetivo impuesto.
Rousseau insiste en que para dejar al individuo ser y crecer como
es, "libremente", no se pueden prefijar modelos ideados,
pero encontramos cierta contradicción entre lo que dice y de hecho
formula. No se puede ser neutral en educación; de hecho este autor no
lo consigue. Aunque su intención es "dejar" aquello que
surge de la naturaleza del educando, lo cierto es que la práctica
educativa que describe no sigue ese criterio. La ausencia de orientación
por parte del educador se aprecia sólo en un caso: a la hora de
mostrar normas de conducta. El preceptor de Emilio omite la exposición
de formas de obrar; los educadores inspirados en la paideia
aristotélica por contraste muestran cómo actuar.
VI. Conclusión
Aristóteles y Rousseau nos pueden servir de inspiración a la hora
de plantear cómo debe ser la educación moral y cívica. En sus obras
descubrimos pistas suficientes para comprender qué cuestiones hay que
tener en cuenta en cualquier análisis que trate este tema. En este
artículo sugerimos el significado que para estos autores tienen
las denominaciones de educación del carácter y educación moral.
Este es el punto de partida adecuado para cualquier análisis
ulterior.
NOTAS
(1) Cfr.
Aurora Bernal, Educación del carácter-educación
moral. Propuestas educativas de Aristóteles y Rousseau, tesis
doctoral, Universidad de Navarra, Facultad de Filosofía y Letras,
Pamplona 1997.
(4)
ROSENOW, E., "Rousseau's Emile, an Anti-Utopia", en British Journal of Educational Studies 28(1980)212-223;
WINCH, C., "Rousseau on Learning: A Re-Evaluation", en Educational
Theory 46(1996/4) 415-428.