ABSTRACT: La tematización filosófica de
la proximidad de razón y lenguaje desde el giro hermenéutico
practicado por H-G. Gadamer permite repensar a la razón, núcleo de
la filosofía occidental, en su posibilidad misma de universalidad y
respeto de la diferencia. Razón y lenguaje están entretejidos en
la idea misma de logos. El logos reside en esa disposición de las
palabras para la unidad del sentido, y por ello, se ha llamado logos
a la frase. Pero la frase, al igual que la palabra, es una
fragmentación del lenguaje. En realidad el lenguaje es en la
conversación. Cuando realmente hay conversación se llega a la
elaboración de algo común y en ello consiste el entendimiento. En
la praxis social y en el arte tiene lugar una conversación, un
entenderse en algo con otro, una orientación hacia la unidad no
supresora de la alteridad, que patentiza una universalidad no
totalizadora en la misma filosofía occidental.
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DATOS AUTOR
Perfil/Área trabajo
Profesora Filosofía Universidad Nacional Santiago
del Estero.
El giro hermenéutico practicado por H-G.
Gadamer,
que parte del puesto central del lenguaje para el pensamiento de
nuestro siglo, exige asumir como tema filosófico la proximidad de razón
y lenguaje. Una época marcada por el fantasma del relativismo e
historicismo de un lado, y por la pretendida perpetuación de la
"voluntad de poder" de la metafísica, que parece querer
imponer a todo su modelo de racionalidad, reprimiendo así
totalitariamente la individualidad y la diferencia por otro, reclama a
la filosofía pensar hoy la situación de la razón, la identificación
que se realiza con lo común. De la misma manera, la confianza y el
escepticismo en la ciencia, la defensa del pluralismo y el fantasma
del relativismo moral plantean la necesidad de justificar a la razón,
en su posibilidad de universalidad y respeto de la diferencia. En
nombre de la pluralidad sojuzgada se apunta hoy al mismo núcleo de la
filosofía occidental: a la razón misma.
¿Debemos revocar el camino del pensar occidental
que tras la separación entre pensar y poetizar ha hecho posible la
ciencia y ha llamado a la filosofía en su tarea conceptual? ¿Debemos
renunciar a la pretensión de la filosofía de decir algo válido para
todos ? ¿Es el pluralismo en el ámbito de la ética lo único
universal? ¿ Cómo encontrar un nuevo equilibrio entre arte y
ciencia, entre teoría y praxis?
El concepto "razón"
(1) es un concepto moderno, y no corresponde tanto al concepto
de logos como al de Nous, con el cual se piensa conjuntamente en una
facultad del hombre y en una constitución de la cosa. En Kant, la razón
es la facultad de las ideas en su necesidad de unidad. La razón no se
contenta con la multiplicidad; busca más bien lo que se forma a
partir de ella. En la lógica tradicional la razón es la facultad de
inferir, la capacidad de lograr nuevos conocimientos desde conceptos.
En ambos casos, la razón está allí donde el pensar está consigo
mismo, tanto en el uso matemático y lógico como en la reunión de
una multiplicidad en la unidad de un principio. La esencia de la razón
reside en la absoluta autoposesión de sí. La razón está en las
ciencias naturales matemáticas y su pleno cumplimiento sería poder
realizarse también en la historia. Cuando después de Hegel se pierde
la exigencia de reconocer todo lo real como racional, la metafísica
occidental llega a su fin y se desvaloriza el concepto mismo de razón.
Se pierde la idea de una facultad de la unidad absoluta y en su lugar
aparece el racional hallazgo de medios correctos para fines dados
previamente, la racionalidad técnica. Más aún, vemos hoy la
dependencia de la razón de lo económico, de lo social, del poder
estatal. La razón realmente efectiva sólo se muestra como histórica.
El esquema ilustrado "del mito al logos" necesita ser
revisado; parece preciso reconocer las configuraciones poéticas de la
razón, como respuestas en las cuales el hombre se comprende a sí
mismo. Tal vez debamos actualizar esa interpretación temporal del
"Nous", que comanda todo, y que como la caída de un rayo
deja por un largo momento todo claro y luminoso; después cae la
profundidad de la noche. La razón hermenéutica no tiene lugar en la
lógica proposicional, sino que, en tanto histórica, se realiza en la
conversación, desde una lógica de pregunta y respuesta que permite
abrir posibilidades.
En la misma idea de logos están entretejidos razón
y lenguaje. Cuando Gadamer, siguiendo a Heidegger, lee "logos",
en la frase de Aristóteles en la Política El hombre es el ser
vivo que posee logos, no como razón sin más, sino como
discurso o palabra dirigida a otro, abre una dirección nueva para
pensar la proximidad de razón y lenguaje, no desde la unidad lograda,
sino desde el movimiento hacia lo común en su inclausurable apertura.
En este sentido son razón y lenguaje uni-versales; no totalidades con
pretensión de abarcar el todo en su presencia, sino conceptos que
muestran ese "movimiento hacia la unidad".
La razón así ampliada se hace coextensiva al
lenguaje y permite pensar al arte y al saber práctico como ámbitos
en los cuales la autocomprensión humana rectifica la unilateralidad
del saber científico y asume sus propios límites, liberándose del
dogma de una racionalidad absolutamente regulada que todo lo sabe
mejor.
I. El giro hermenéutico
Pensar la razón junto al lenguaje exige
efectivizar el giro hermenéutico hacia el lenguaje. En la tradición
alemana recién con Heidegger, se produce el giro de la fenomenología husserliana, que lleva el lenguaje al centro del interrogar filosófico.
Y aunque se da al mismo tiempo, en la tradición anglosajona, el
"linguistic turn", importa no desdibujar la diferencia.
Mientras que en esta tradición el concepto de signo es el punto de
partida, el giro hermenéutico de la fenomenología se abre
fundamentalmente a través del lenguaje transmitido, y con Gadamer se
lleva a primer término a la conversación. " En una conversación
viene algo al lenguaje, no uno u otro hablante".
(2)
Desde el giro hermenéutico se tematiza la conceptualidad y se
revitaliza la relación concepto-palabra, pensar- lenguaje. Un rol
central para ello jugó la lectura de Aristóteles realizada por Heidegger, gracias a la cual se mostró el camino del pensamiento
griego de la palabra al concepto, la genialidad griega de elaborar los
conceptos de la filosofía desde el lenguaje vivo, tal como lo muestra
la vinculación en la "ousía" entre presencia y propiedad.
La "destrucción" de la ontología realizada por Heidegger,
ese desmontaje de los conceptos de la metafísica tuvo como objeto
volver a hacer hablar a esos conceptos, desprendiéndolos de ese
contexto funcional vacío propio de una terminología, que era el
lenguaje escolar de metafísica. El giro hermenéutico de Gadamer
hacia la conversación quiere evitar precisamente el dominio de la lógica
del enunciado en la filosofía de Occidente. Cuando en Lenguaje y
compresión (1970) distingue Gadamer entre palabra y enunciado
desvincula la palabra al signo y el lenguaje al ideal de lenguaje
científico, a la lógica, al logos apophantikós, a la proposición.
La "palabra" en la hermenéutica gadameriana no se refiere a
las palabras que figuran en el diccionario ni a las expresiones que
forman con otras la oración, sino que se trata de la palabra que se
dirige a alguien y que es precisada desde el contexto vital. Por su
parte el enunciado se remonta a una de las opciones más decisivas de
la cultura occidental, que partiendo de Aristóteles hizo posible la
ciencia moderna y que toma por objeto únicamente al enunciado. Sin
embargo, anota Gadamer, el enunciado no es la única forma discursiva
que existe; también están la súplica, el mandato, la petición y
sobre todo la pregunta. Al primado del método de la ciencia moderna,
la hermenéutica gadameriana opone el primado metodológico de la
pregunta. Preguntar es abrir posibilidades. La ciencia no se realiza
en primer lugar en el comprobabilidad de sus enunciados sino en el
riesgo de la investigación, en la pregunta adecuada que abre una
dirección a transitar. La ciencia es más que lo que su autocomprensión
metódica le permite visualizar.
Pero, el giro hacia la conversación no se termina
de entender sin la teoría del "verbo interior", que Gadamer
toma de Agustín. La palabra interior dice que nunca terminamos
de decir todo lo que queremos decir, que el pensar termina de
configurarse en el proceso de acceso al lenguaje y prosigue en la
continua formación de los conceptos. Permanece siempre una diferencia
irrevocable, que no se deja apresar en el enunciado. Porque la razón
no se muestra sólo en la frase enunciativa, el giro hermenéutico
hacia la conversación deberá poder mostrar la proximidad de razón y
lenguaje desde la Filosofía práctica y desde el rol del arte.
II. Razón y lenguaje en la
Filosofía práctica
El contexto de la Filosofía práctica aristotélica
posibilita plantear la proximidad de razón y lenguaje en el ámbito
de la socialidad humana. En ella tiene lugar un entramado de ethos y
logos, que permite al hombre orientarse en la acción y transformar el
orden social. La lectura de Aristóteles desde la Retórica y
la Ética, iniciada por Heidegger, permite concebir una
"distancia" no objetivista en la esencia del logos por la
cual puede el hombre distinguir el sentido de lo conveniente, y de allí
lo correcto e incorrecto, sin entender de manera "técnica"
la relación teoría-praxis. La aplicación no "técnica" de
lo general a lo particular, es posible desde la distinción del saber
práctico, como un tipo especial de saber, que no se deja subsumir en
el saber teórico; tal es el mérito de la "frónesis".
Aristóteles mostró que la frónesis es una forma de racionalidad que
se muestra en el lenguaje hablado, y por ello no se deja estrechar en
la alternativa "racional" e "irracional". La razón
práctica, que tiene fuerza normativa, no es empero la racionalidad de
los argumentos. En ella se trata de una acuñación en la praxis vital
que se desarrolla en una comunidad lingüística. Para Gadamer, lo común
de toda racionalidad no está en los argumentos sino en el
entendimiento lingüístico. El ideal de la razón en este sentido
aristotélico no es el de un mundo dominado por el saber y el poder,
tampoco el de la comunidad de los científicos, sino el de un mundo
razonablemente ordenado en la comunidad vital.
Las dos formas del
logos: el querer saber y el
razonable saber elegir, en su condicionalidad mutua, constituyen la
unidad de teoría y praxis, tal como la pensaban los griegos. Pero el
saber teórico participativo de los griegos no es igual al saber teórico
constructivo de los modernos, ni el saber práctico es una mera
razonabilidad, pues incluye la razón ética que sabe lo éticamente (sittlich) correcto. Porque los griegos no tenían que luchar con el
concepto moderno de racionalidad y su estrechamiento metódico, su
pensar brinda el horizonte adecuado para el planteo hermenéutico.
La Filosofía práctica nos permite pensar esa
universalidad práctica de la razón que solicita la aplicación justa
de nuestro saber y nuestro poder. La hermenéutica comparte con ella
la tarea de la aplicación, la reunión de lo común y lo individual.
III. El rol del arte
La conversación se da de manera peculiar en el
arte. También allí algo sale a la luz, emerge, pero no en el modo de
la frase enunciativa, sino como declaración. La declaración (Aussage) dice completamente lo que es el estado de cosas, así como
el testigo debe declarar toda la verdad ante el tribunal. De este
modo, el decir poético se confirma a sí mismo y no necesita ninguna
verificación; es energeia, pura ejecución. No se trata de la
verdad del enunciado ni de la verdad conceptual, y sin embargo, las
obras de arte hablan con una singular presencia y actualidad. La
unidad de la conformación de la obra no es la unidad del enunciado;
por el contrario, el sentido se condensa en ellas en una mutivocidad
indeterminada en la que reposa su inagotabilidad. Con todo la
conformación poética es respuesta al igual que cualquier enunciado,
respuesta a las preguntas últimas del existir humano, tales como la
muerte, la culpa, el sufrimiento, etc..
En el arte y la literatura resulta sugerente traer
a la memoria, como lo hace Gadamer, el significado originario del
logos como el leer, ese reunir en el que consiste la lectura.
En ella la multiplicidad es articulada y se nuestra la unidad plena de
la declaración. Leer es hacer que algo vuelva a hablar de nuevo.
El arte tiene su culminación en la ejecución, y
esto significa que la declaración no es simplemente desocultamiento;
pertenece a la mostración el ocultamiento. De allí que comprender
una obra de arte no sea un comportamiento subjetivo, sino un ganar
participación. El intérprete pertenece a la obra y encuentra en el oír
su punto de partida. El que pregunta es previamente preguntado.
Razón y lenguaje dicen la apertura en la palabra y
en la imagen, en la praxis vital, donde nos encontramos con que
tenemos que aplicar correctamente las reglas para "ver la dirección
correcta, emitir el juicio correcto, encontrar la palabra correcta,
dar el consejo correcto, leer correctamente un texto, llevar
correctamente una conversación, caminar con la poesía, la música y
el teatro".
NOTAS
(1) H-G. Gadamer, Mythos und Vernunft (1954), en GW 8,
163-169.