ABSTRACT: Trabajo que
disecciona la vida y obra de uno de los más importantes filósofo
franceses del siglo XX, Louis Althusser (1918-1990). Su obra forma
parte de la renovación teórica del marxismo occidental que se produjo
en la segunda mitad del siglo XX, renovación que protagonizó no con
polémica junto a otros autores franceses. .......................................
5-1982 aprox. En una entrevista con Balibar y Macherey en Diacritics 12, aquél describe las últimas correcciones de Althusser como "regresiones en relación con sus primeros trabajos". "Althusser" observa, "lee sus propios textos con los ojos de ciertos críticos suyos" -poco aconsejable, desde el punto de vista de Balibar. (2-340)
1982 aprox. Macciocchi a Alberto Moravia: "Dime, ¿no tienes televisión?" De repente me acuerdo de Althusser, en su piso gris de la Rue d'Ulm, al que la televisión nunca tuvo derecho de acceso (...) "Althusser -le digo- odiaba la televisión; después de él tú eres el único en decirme que..." En vez de ofenderse, se excita su curiosidad: "¿De veras? ¿También él? ¿Y su mujer?" "No, creo que su mujer, en los últimos tiempos le había llevado a casa un aparato de televisión". "Háblame de Althusser, ¿lo sigues viendo?" "No, no puedo". "¿Por qué no puedes?" "Porque me temo que no conseguiría mirar las manos que han estrangulado, esas blancas manos de obispo". "¿Se da cuenta de que ha matado?" "No lo sé, parece que tiene crisis místicas, según ha contado Luporini". "Entonces está loco de verdad". "No lo sé, antes de conocer a su mujer era católico, ella era comunista y después también él se hizo comunista". (50-452)
1982-83 S. Breton: Todavía estaba Althusser en Eaux Vives, en Choisy. Yo me paseaba con él. Era la época en que Foucault venía a verlo. Resulta bastante chocante. Pero conocí a Foucault así. Me admiró su abnegación. A veces, cuando estaba angustiado, Louis me decía: "Llama a Foucault."
Una vez Foucault me dijo: "Escuche, padre, le voy a dar un número especial con el que podrá localizarme allá donde esté." Lo guardé en mi cartera para recordarlo. No sé qué fue de él. Pero lo anoté. Probablemente era un número internacional, no sé... En todo caso podía localizarlo incluso si estaba en América o en otra parte. Y darle noticias de Louis.
Venía a ver a Louis. Yo lo vi con otro a quien usted ha conocido: Adler... Alexander Adler... Un especialista en la Unión Soviética... ¿Sabe a quién me refiero? Venía de vez en cuando a ver a Louis... Pero el trabajo, las ocupaciones de cada uno...
Conozco una de las conversaciones con Foucault. Era en Choisy. Estaba Adler. Y estábamos, claro, Louis y yo. En un banco. Sobre un vasto espacio verde entre dos setos. Foucault me interrogaba sobre mis recuerdos monásticos. Yo le contaba. Y me acuerdo de que, en ese momento, me dijo: "padre. el cristianismo ha hablado mucho de amor, pero jamás ha comprendido nada de la amistad." Esa conversación duró cerca de dos horas.
Althusser siguió esa conversación sobre el cristianismo y la amistad. Yo le había dicho a Foucault: "¿Sabe? El hombre en los conventos es un descubrimiento muy reciente." Eso le hizo reír.
Hay montones de cosas de las que se acordaba. porque tenía una memoria fantástica. Se acordaba de usted (B.-H. Lévy), por ejemplo. Yo le decía: "Lévy... Bernard-Henri Lévy... Nunca le he leído..." Y él me hablaba de usted. Sentía bastante simpatía por usted... No se lo debería decir pero, en fin, es la verdad... (72-405)
1983 Se publica "La découverte du Dr. Freud" (1976) en Revue de Médecine Psychosomatique. (2-350)
2-1984 aprox. Se inician en París unas charlas entre Fernanda Navarro, profesora de filosofía mexicana y Althusser, que se extienden durante seis meses. Luego mantuvieron correspondencia hasta febrero de 1987. (17-11)
11-5-1984 Se hace pública una carta de Althusser en Le Monde protestando por haberse publicado el texto "La découverte du Dr.Freud" sin su autorización. (2-321)
1984 Se le autoriza a abandonar el psiquiátrico. (26-46)
Guitton: Hice gestiones, ayudado por Bernard Billaud, director del gabinete de Jacques Chirac, para que Althusser, que había sido sustraído a la justicia por considerársele irresponsable, pudiera salir del hospital Sainte-Anne y ser admitido en una clínica próxima a París. Por eso lo atendieron primero en Sainte-Anne y después en una clínica de los alrededores de París llamada Les Eaux Vives. (29-8)
Guitton: Cuando supe que Althusser corría el peligro de ser condenado, me dirigí a Bernard Billaud y Jacques Chirac. Y fue a través de ellos como conseguí hacer pasar a Althusser por un loco y no por un criminal. (72-396)
Guitton: Me decía: "... Estoy atrapado por la Trapa, en Sainte-Anne". Y después vino Les Eaux Vives, que era una especie de sanatorio para enfermos mentales, donde seguí viéndole cinco o seis años. (72-395)
S. Breton: En su enfermedad había momentos de exaltación. Era normal. Y en esos momentos él tenía proyectos. Me había hablado, por ejemplo, de un trabajo sobre Maquiavelo. Aquello, me parece, había de convertirse verdaderamente en un libro (...) Hablo de antes de 1985. Fueron los últimos días buenos. Luego, Michèle Loi, su sobrino, y Derrida, pensaron que había que ingresarlo en el Marcel-Rivière.
Derrida estuvo magnífico. Se ausentaba a menudo, pero estuvo magnífico. (72-403)
1985 El Figaro-Magazine publica bajo el título "Yo he reencontrado a Althusser..." un reportaje presentado como "una proeza". "Hemos logrado reencontrar al hombre mejor encubierto por el 'stablishment': Louis Althusser (...) que vive en libertad después de haber matado en 1980 a su mujer". (3-18)
S. Breton: Después de 1985 recuerdo todavía algunas conversaciones sobre Michaux, un poco sobre Gorbachev. Pero eran conversaciones rápidas. Se fatigaba enseguida. Hacía un poco lo que los peripatéticos, paseándose tranquilamente por las alamedas del Marcel-Rivière, pero ya no mantenía nunca las conversaciones de antaño.
En los últimos tiempos ya no se interesaba por quien era o por su influencia. Hubieron coloquios sobre él en Alemania, en los Estados Unidos. Pero tengo la impresión de que... aquello ya no encontraba resonancia...
B.-H. Lévy: Guitton dice que en ese momento fue presa de una inquietud teológica, cavilaciones religiosas...
S. Breton: Así es. Y es contra eso contra lo que yo protesto. Porque usted comprenderá que insinuar que había un sacerdote -en este caso yo- que era casi el único en... Es falso... Estaban Michèle Loi... Moulier-Boutang... Otros... Etienne... ¡Como mínimo! Y todavía eran más. Un poco menos que al principio, evidentemente. Porque de 1980 a 1990 transcurre un lapso de diez años. Y ya sabe lo que pasa: siempre se es menos al final que al comienzo. Pero de ahí a decir, a insinuar que ese sacerdote, viejo amigo, es prácticamente el único en visitarlo, que los dos hablábamos de cosas religiosas, conforme a la tendencia que él tuvo siempre, y luego, para terminar, que yo me remitía a Guitton... ¡no! Eso da la impresión -y es lo más lamentable de esta historia-, da la impresión de que el sacerdote está ahí como para asistir a Louis en los últimos momentos. Como si se aprovechara de su desamparo... ¡Porque estaba desamparado! Pero yo respeto demasiado la libertad de la fe, y la filosofía, para aprovechar un desamparo de ese género e insinuar no sé qué virulento retorno de un pasado caduco. Eso es lo que me hirió. Es por eso que he solicitado una rectificación.
Guitton es muy coherente. Estaban las monjitas de Foucauld. Y luego las cartas, las cartas que Louis le había enviado antaño, en su juventud, etc. Así que la mística era un destinos, una predestinación; aquello no podía terminar de otro modo. ¡Y lo mejor es que Hélène estaba metida en eso! (...)
Me hablaba de vez en cuando de Hélène. pero cada vez menos. Había algunos recuerdos... Algunos recuerdos... Y luego, de golpe, me preguntaba: "¿Conociste a Hélène?" Yo decía: "Sí, ya sabes, ahí..." Yo la conocí en la escuela... Y luego en Calmart, donde yo vivía en ese momento. Ella me preguntaba sobre las congregaciones romanas... Chismes... Creo que incluso llevaba un diario.
Althusser sabía que había matado a Hélène. Aquello pudo ser un momento de locura, pero él lo sabía. Sabía que la había estrangulado. Sin embargo, sentía pudor en hablar de ello (...) aunque de vez en cuando, sí, Hélène salía en las conversaciones. Era cuando yo me paseaba con él, en los primeros tiempos, en 1982-83, cuando todavía estaba en Eaux Vives, en Choisy. (72-403)
1986 aprox. Toni Negri narra en 1990:
Hace algún tiempo, un amigo común me invitó a visitar a Louis Althusser en la casa de París donde se refugia las veces -cada vez más raras- en que sale del hospital. No le veía desde 1979 cuando, a propuesta suya, dicté un curso sobre lecturas de Marx en la ENS. En el apartamento están sus libros, alguna foto, algún objeto que le recuerda la vida de otro tiempo. Sobre las mesas, hojas y fragmentos de nuevos pensamientos proyectos retomados y nunca llevados a término.
Althusser habla compadeciéndose de sí mismo. Es un hombre viejo, enfermo de cuerpo y de razón. En torno suyo, discípulos y amigos atentos y cordiales que, al estilo de la camaradería de las grandes escuelas francesas, le organizan la vida en lo que pueden. Demasiadas medicinas en aquella casa para una enfermedad que ya no se sabe si se ha contraído como consecuencia de un mal psíquico o a causa del abuso de medicamentos, de drogas necesarias.
Althusser se expresa con vivacidad, alternando las preocupaciones de lo cotidiano -siempre sentidas con extrema irritación- y el ansia de volver a trabajar, a producir, a restablecer las relaciones intelectuales. Cuando la conversación se encauza por fin, he aquí que Althusser vuelve a las imprecaciones sobre la dificultad de la vida... Parece que controla la situación y, como solía hacer en su estudio de la rue d'Ulm, se divierte en jugar con sus interlocutores (...) Se decía de él, en tono de broma, que había descuidado la lectura porque dedicaba todo su tiempo a discutir y porque todos los autores importantes le contaban sus obras por anticipado.
(28-53)
Padre Stanislas Breton refiriéndose a lo dicho sobre él por Guitton: Pero ¿ha visto usted [B.-H. Lévy] lo que dice? "hay un sacerdote, miembro de una congregación romana; es una congregación a la que llaman "pasionista"; ve a Althusser regularmente; viene a hablarme de él; y sé que juntos hablan de cuestiones religiosas". Ante esto yo tengo que responder. Primeramente, porque la descripción no puede aplicarse más que a un hombre. Segundo, porque yo no era el único en ocuparme de Louis; estaba, entre otros, Michel Loi. Y tercero, porque, durante todo ese período, sólo vi a Guitton una vez, en la Unesco, donde se hacía un montaje sobre Pablo VI y los artistas. Lo que prueba hasta qué punto se le puede prestar atención.
Es completamente peregrino que las conversaciones fueran de carácter religioso. Es cierto que en un momento dado Louis me preguntó sobre la Teología de la Liberación, pero en la medida en que aquello tenía un impacto político. Cuando Louis había defendido su tesis en Amiens, había estado ligado a madame Barthélemy-Madaule. Y un día madame Barthélemy-Madaule le envió un libro en el que se trataba de él y de la Teología de la Liberación. Como yo, en Lyon, había tenido como auditor a quien era el iniciador de esa teología, tenía una vaga idea sobre ella. Así que le preparé un texto. Y fue él, por otra parte, fíjese bien, quien lo pasó a máquina. Fue una de las últimas veces en que se sintió lo bastante en forma. Corrigió ciertos aspectos del texto al teclearlo (...) un texto evidentemente político. Era desde este punto de vista que aquello le interesaba. Jamás se trató, si usted quiere, de una cuestión religiosa en el sentido existencial del término.
Es cierto, si, que Louis le quería [a Guitton]. Es cierto. Y creo que ese afecto era recíproco. Pero, en fin, ¡de ahí a contar que él fue al encuentro de tal o cual y que evitó lo peor al pobre de Louis, es decir la prisión! Los psiquiatras eran una formalidad: todo aquello ocurrió en un acceso de locura y bien podía aplicarse el artículo 64. De ahí la decisión de los jueces en aquel momento y la puesta bajo tutela. ¿Sabe usted que Althusser pasó mucho tiempo bajo tutela? Guitton cuenta todo esto de cualquier manera (...) es un egocéntrico (...) monopoliza la doctrina católica. Usted mismo ha visto que la pobre Hélène también entra en el lote: todo el mundo es místico allá dentro... (72-398)
En su ensayo "La bataille de cent ans: histoire de la psychanalyse en France.2-1925-1985" (1986), Elisabeth Roudinesco proporciona la mas precisa información sobre la enfermedad de Althusser y su tratamiento, refutando, por ejemplo, la leyenda de que fue psicoanalizado por Jacques Lacan. (2-10)
7-1986 Dirige "al lector latinoamericano" la introducción "A guisa de prefacio y de advertencia" del libro FILOSOFIA Y MARXISMO, consistente en conversaciones con la profesora de filosofía mexicana Fernanda Navarro. (17-11)
2-1987 Mantiene correspondencia con Fernanda Navarro hasta estas fechas. (17-13)
1987 Se publica "Die Einsamkeit Machiavellis" -la soledad de Maquiavelo- (1977) en L.Althusser "Schriften, Band 2, Machiavelli, Montesquieu, Rousseau - Zur politischen Philosophie der Neuzeit" (Argument.Berlin). (2-350)
1987 En los tres últimos años de su vida, vivió en la máxima soledad en un apartamento de París. (26-21)
Stanislas Breton: Las últimas, realmente las últimas conversaciones interesantes que mantuvimos [fueron tres años antes de su muerte] versaban sobre esa historia de la convergencia entre la Teología de la Liberación, los levantamientos en Madagascar, en África, etc. Todo eso le parecía a él que apuntaba a una convergencia. Y era esa situación global y mundial la que, según él, el filósofo debía pensar. Porque después... Leía a Michaux, por ejemplo. Se reconocía en él, desde el punto de vista de ciertas experiencias. Pero eso es todo. Muy pocas cosas. La conversación languidecía cada vez más.
Iba a veces a la biblioteca. En el Marcel Rivière, en sus mejores momentos -pongamos tres años atrás desde su muerte- iba de vez en cuando a la biblioteca. Había allí una sala de lectura. Leía un poco los diarios. Libros no. Había allí unos pocos que le llevaban. El conde (Comte-)Sponville, por ejemplo. ¿Sabe quién es? Uno de los últimos... Muy joven... Le había llevado su obrita... Louis ni siquiera la hojeó... Poco a poco, sentía un progresivo desapego.
B.-H. Lévy: Moulier me ha mostrado esta mañana un libro de un norteamericano que se llama Elliott. Apareció hace dos años en los Estados Unidos. Es un libro sobre Althusser. Se ve que Louis leyó una tercera parte, y lleva anotaciones de su propia mano al margen. Es un libro de 1987 y se ve bien que el primer tercio del libro fue leído. Subrayado con un rotulador marrón, con anotaciones. En un momento dado, hay una "H" al margen, con una flecha hacia el exterior de la página. En otro momento, pone, siempre al margen: "nuevos filósofos". Y así sigue.
S. Breton: Me sorprende. Las últimas correcciones que le vi hacer fueron en su apartamento. Cuando Fernanda Navarro, ya sabe, la mexicana, le hizo una entrevista. Recuerdo que entonces Louis modificó ciertas cosas e hizo observaciones. Pero eso se remonta al menos a cinco años atrás.
En ese momento se sentía todavía apasionado por su propia filosofía. Pero eso es al menos cinco años atrás. Tuvimos discusiones. Incluso llegó a escribir un poco. Una reflexión sobre él mismo, sobre su vida. Un texto bastante largo. De alguna manera una autobiografía.
Por desgracia no sé dónde está ese texto. Lo tuve entre las manos, pero no sé dónde ha ido a parar. En fin, ya se verá... (72-400)
1988 Se publica una entrevista con Fernanda Navarro, resultado de las conversaciones mantenidas en París con
L. Althusser desde fines del invierno de 1984 y durante los seis meses siguientes, en
FILOSOFÍA Y MARXISMO; contiene un "A guisa de prefacio y advertencia" del propio filósofo. (17-7)
12-1988 Althusser tiene setenta años, disfruta de su jubilación. Habita en un apartamento del este de París, y cuando sufre alguna crisis tiene a unos amigos que viven cerca y que se ocupan de él. Lleva una vida normal, hasta escribe a máquina. En ese caso la "normalidad" no es incompatible con la manifestación de su enfermedad crónica: "De vez en cuando le da un brote delirante: el resto del tiempo puede llevar una vida normal", dice Julia Kristeva. "En pleno delirio psicótico, llegó a cometer aquel acto horrible. Al parecer, estaba envuelto en un delirio místico". (9-12)
8-1990 El diario italiano "Corriere della Sera" publica una conversación entre Jean Guitton y Bernard-Henri Lévy en la que se repasa la órbita de Althusser (...) Después del asesinato de su mujer, Guitton se acercó más al filósofo. Primero le visitó en los sanatorios psiquiátricos en los que le habían recluido y, una vez libre, en su casa de París, cercana al cementerio de Père Lachaise, donde escuchaba, además de sus reflexiones sobre la muerte y el amor, la gran idea de Althusser: conciliar a Lenin con Santa Teresa de Jesús (...) Guitton reconoce que fue él quien se puso en contacto con Jacques Chirac para que el caso de Althusser se examinara desde un punto de vista psiquiátrico y no criminal (...) La pobreza, el desinterés absoluto, la santidad, eran condiciones inexcusables para el matrimonio Althusser, en opinión de Guitton. "Su comunismo era ascético, místico. Hélène y Louis eran unos místicos". Las frecuentes visitas de un sacerdote a quien Althusser confiaba sus problemas religiosos confirman esta tesis. Aún más, Althusser siempre se mostró encariñado con unas monjas cuya residencia se hallaba cerca de la Escuela Normal Superior. Guitton aventura que ellas influyeron decisivamente sobre Althusser. (24-34) Se trata de las Hermanitas de Foucauld (24-4)
Guitton: Había en la época, frente a la Escuela Normal, una calle que se llamaba rue Pierre [L.] Truillier. Allí había unas religiosas a las que yo conocía y que pertenecían a la orden del padre Foucauld. Althusser las estimaba mucho. Ella, Hélène, sobre todo, se sentía muy, muy cercana a ellas. La vi una vez donde esas religiosas.
(72-394)
Guitton: Luego volvió a su casa, al lado de Pêre Lachaise, en la rue L. Leuwen, donde también lo vi a menudo. Yo iba a verlo a su casa. A la habitación donde él trabajaba, que siempre era de una enorme austeridad. Algunas veces me pedía que le llevara pastelitos. Pequeños polvorones que le encantaban, que yo compraba en una pastelería de la rue Fleurs y que le llevaba. Le encantaban los polvorones. Y luego charlábamos ante los volúmenes de la obra de Lenin y los de santa Teresa de Ávila. Su gran idea era conciliar Lenin y santa Teresa (...) Un día me dijo: "Yo también estoy escribiendo la historia de mi vida. Pero es espantoso. He gastado ya mucha tinta y papel para escribir esta historia de mi vida". Me mostró una especie de memoria. Pero no leí nada... [Sobre si trabajaba en estos años:] Cuando uno va a su casa de la rue Leuwen se ven libros por todos lados. Sobre las estanterías, por el suelo, encima de las mesas (...) así que es de suponer que trabaja. Y desde luego lee.
(72-395)
[Sobre si lee prensa] Muy poco. Lo vi con Le Monde, una vez, en los últimos tiempos (a propósito del conflicto del Golfo). Recibía correo, pero no le prestaba gran atención. Amaba la música. Le he visto pasar horas enteras así, postrado, en Rivière.
Tenía verdaderas dificultades para caminar. Y ello con independencia de su estado psíquico. Además, se las pasaba moradas para digerir. Como sabe, fue operado: le quitaron el esófago. No tenía cáncer, pero fue operado. Y aunque en los últimos tiempos se las arreglaba con el poco alimento que tomaba gracias a esos compuestos ricos en vitaminas, ya sabe, que tragaba en un vaso, se sentía muy débil. Mi último recuerdo... estaba con Etienne Balibar... Había ido a verlo al mismo tiempo que yo al hospital Saint-Louis. Aquel día tenía la voz un poco más clara y la mirada muy hermosa. Es realmente mi último recuerdo... Esa voz... Esa mirada...
Lo vi después, pero en un estado completamente distinto. Él estaba tendido en su cama. Yo me sentaba a su lado. No hablábamos mucho. Se consumía. Ese coloso estaba agotado. ¡La de remedios y medicamentos que llegó a tomar!... Tengo la impresión de que en los últimos tiempos estaba obsesionado por su sufrimiento. Encerrado en su propio cuerpo. (72-401)
B.-H. Lévy: Por lo visto, se habría interesado por Gorbachev. Y por el fin del comunismo. Y por el despertar del Islam. Y por ese mundo que bascula, que cambia de base en torno suyo. Muere entonces. Exactamente entonces. Ese hombre que ha encarnado el extremo delirio de su época, desaparece en el momento preciso en que el delirio cambia de naturaleza...
(72-412).