ABSTRACT:
Building on criticism directed
against August Comte by Georges Canguilhem, I analyze Émile
Durkheim's usage of the "normality-pathology" typology and
show that these concepts do not support the organicist metaphor or
the analogy between the social and the individual body. Rather, as
suggested by Ian Hacking, these concepts are linked to the use of
statistics and the Quetelian media, tools which allow us to
understand social phenomena on populational terms. Thus, from the
application of biological and statistical categories to sociological
analysis, a kind of speech is born which enjoys solidarity with
strategies of administration and management of the masses. This
Foucault called the "biopolitics of the population."
....................................
Las ciencias sociales parecen haber incorporado, como punto de
partida para muchas de sus tesis, una oposición que deviene del ámbito
de las ciencias de la vida.Nos interesa aquí detenernos a tematizar
la extensión de los conceptos de normalidad y patología de lo biológico
a lo social. Creemos que las analogías biológicas, son algo mas que
traslaciones apuradas e ilegítimas de un ámbito del saber a otro.
Algo mas, por que lejos de ser un elemento secundario, resultaron ser
un elemento central e indispensable para garantizar la constitución y
el fortalecimiento de las ciencias humanas emergentes en el siglo XIX.
Así, siguiendo las huellas y avanzando en la dirección de la crítica
que Canguilhem dirige a Augusto Comte, problematizaremos la incidencia
de esos conceptos en la sociología del siglo XIX, a través de la
figura de Emile Durkheim.
Pretendemos analizar aquí uno de los usos
que la sociología del siglo XIX hizo del par normal-patológico. Para
ello, analizaremos, por un lado, la emergencia de la sociología a
través de las criticas que, en diferentes textos, Canguilhem dirige a
Augusto Comte. Esta crítica se centrará en las analogías
organicistas y en la metáfora del cuerpo social. Comte hará uso de
los conceptos de normalidad y patología en el interior de ese marco
conceptual que supone leyes sociales análogas a las leyes que rigen
el cuerpo individual.
Por otro lado, nos referiremos al uso que Emile Durkheim hace de
estos conceptos. Como intentaremos mostrar, aún cuando no se renuncie
a las metáforas organicistas, creemos que la extensión durkhemiana
de los mismos al ámbito de lo social, podría haber prescindido del
recurso al organismo colectivo. Estos conceptos ya no parecen estar
referidos a una sociedad entendida como una totalidad armónica y
unificada, sino mas bien a esa "pluralidad" propia de las
especies y de las poblaciones.
Pretendemos leer a Durkheim como emergente del encuentro entre dos
series discursivas: por un lado, el principio comtiano de homogeneidad
y diferencia cuantitativa entre lo normal y lo patológico, y por otro
el uso de la estadística y de la media queteliana como instrumentos
eficaces para comprender y controlar los fenómenos sociales,
entendidos como fenómenos poblacionales.
Para comprender el alcance y la significación teórica de ese
desplazamiento que va de lo vital a lo social, es preciso que
analicemos la lógica interna que posibilita que los conceptos de
normalidad y patología puedan mantener entre sí una relación
especular a través de cual uno y otro se afirman en una alianza
indisoluble. Esta alianza, que Canguilhem llamó de
"polaridad", está directamente vinculada con las dos caras
que definen lo normal. Si por un lado, lo normal es aquello que es
tenido como media estadística, como tipo específico, por otro parece
significar un valor, vital o social, que le otorga el carácter de
meta, de objetivo a ser procurado.
Lo normal posee así un carácter doble, es al mismo tiempo tipo y
valor, y es ese carácter el que le confiere la capacidad de ser
"normativo", de ser la expresión de exigencias colectivas.
Desde el momento en que lo normal es afirmado como un valor, la
polaridad emerge casi de modo necesario; pues si algo es querido como
un valor su contrario será rechazado como un disvalor. Cada uno
parece precisar del otro para poder afirmarse. La patología precisa
de lo normal en relación al cual se afirma como desvío, pero lo
normal precisa de la existencia de su otro para afirmarse como un
valor que merece ser perseguido. Como afirma Bachelard: "La
voluntad de limpiar exige de un adversario que esté a su
altura".
Esta polaridad que es inherente al concepto de valor permanecerá
inalterada aún cuando se hable de diferencia de grado, o de desvío,
aún cuando se postule una identidad radical entre las leyes que rigen
los dos estados. El estudio que Canguilhem dedica a Comte puede
auxiliarnos para analizar este punto. Recordemos que para este último
las enfermedades son algo así como experimentaciones espontáneas, y
que, es por esa razón que tornan posible una comparación entre el
estado patológico o fenómeno alterado y el estado normal o fenómeno
padrón. Será preciso entonces, responder a una cuestión: por qué
Comte puede hablar de continuidad entre normalidad y patología, de
diferencias de grado, por un lado, y al mismo tiempo conservar intacta
la atribución de valor a estos conceptos, estableciendo así una
distancia entre ellos que ya no es cuantitativa sino mas bien moral?.
Recordemos que Comte insiste en afirmar que cualquier análisis de
fenómenos patológicos debe basarse en el conocimiento de fenómenos
normales; pero que, inversamente, el estudio de lo patológico es
indispensable para conocer las leyes de lo normal. Ahora bien, aún
cuando Comte insista en la necesidad de una determinación clara de lo
normal, no establese ningún tipo de criterio para decidir que es lo
que debe ser entendido cuando se habla de normal. Cuando intenta
responder a esta cuestión, se contentará con referirse al aquello
que usual y corrientemente se entiende por normal, esto es, como idéntico
a "fisiológico", o a "natural".
Cuando se refiere a los límites de las perturbaciones que pueden
ser consideradas compatibles con la existencia de los organismos, se
limita a decir que están dados por "la armonía de influencias
internas y externas". Siendo así, si reducimos lo normal a
"naturaleza" o a "armonía", y consecuentemente lo
anormal a "desvío" de la naturaleza o a desarmonía,
deberemos concluir junto con Canguilhem que se trata de una distinción
estética y moral, esto es cualitativa, mas que de una diferencia de
grado o cuantitativa como pretendiera Comte.
Como vemos es posible compatibilizar el principio de
Brussais, que
defiende la continuidad entre los dos estados, con la atribución
moral de valores divergentes para los mismos. La continuidad no tiene
por que ser contraria a las polaridades axiológicas.
Ahora bien, si lo normal es lo preferible, lo deseable, aquello que
está revestido de valores positivos, su contrario deberá ser
inevitablemente aquello que es considerado como detestable, aquello
que "repele". Desde el momento en que todo valor supone un
disvalor, deberemos afirmar que entre normalidad y anormalidad no
existe exterioridad sino polaridad. Una se reconoce y se afirma por la
mediación del otro.
Esta polaridad resulta ser inevitable en el ámbito de lo vital,
pues no es posible obtener un conocimiento que sea enteramente
"inmanente", de lo normal biológico. La definición de
Lerich la salud es la vida en el silencio de los órganos
repite el sentido de la frase de Kant: El bien estar no es
sentido, pues es simple conciencia de vivir(8). Es por fuerza de
un dolor que rechazo y repelo que puedo desear restablecer un estado
de salud que hasta entonces resultaba desconocido. Es en el
furor de la culpabilidad, así como en el grito de sufrimiento que la
inocencia y la salud surgen como los elementos de una regresión tan
imposible cuánto deseada"(9).La traslación de lo vital a lo
social exigiría que, al hablar del "cuerpo social pueda
ser postulada sin deficultad esta polaridad, y para ello sería
necesario que pudiéramos hablar de una anterioridad histórica de lo
"anormal', de aquello que aparece como un desvío o como una
perturbación a ser corregida. Para que podamos pretender que un hecho
social pueda ser "normalizado", o dicho de otro modo, para
que exista "intención normativa" es preciso negar la
existencia de un "punto cero" libre de conflictos. Es
preciso que exista algo "indeseado" o "peligroso",
algo que nos hable de desvíos futuros o de perturbaciones eventuales.
La intención normativa debe ser precedida necesariamente por riesgos
efectivamente existentes que apuntan para riesgos futuros a ser
"prevenidos".Para que lo normal pueda ser normativo es
preciso que exista su otro, su contracara negativa y oscura.
Por el contrario, esta polaridad resultará ser operativa y
legitima si nos remitimos al análisis de procesos vitales. Para que
la salud pueda resultar inteligible y deseable, es preciso postular la
mediación que el dolor y el sufrimiento imponen. Pero, dolor y
sufrimiento no son condiciones inmediata y naturalmente
universalizables, por el contrario "se atribuye al propio ser
vivo, considerado en su polaridad dinámica, la responsabilidad de
distinguir el punto en que comienza la enfermedad." (11)
Para cada uno de nosotros, considerados como sujetos individuales y
concretos existe una frontera precisa que separa la enfermedad de la
salud, una frontera que no tiene la rigidez de un padrón regulativo
para todos los sujetos. Ella posee, al contrario, "la
flexibilidad de una norma que se transforma en relación a las
condiciones individuales". De este modo "es claro que el
limite entre lo normal y lo patológico se torna
impreciso"(12)."El individuo es quien evalúa esa
transformación, porque es él quien sufre las consecuencias, en el
momento que se siente incapaz de realizar las tareas que su situación
le impone"(13).
Lo normal entendido desde un punto de vista biológico es un
concepto que solo puede ser pensado a partir de la relatividad
individual.Esto significa que en materia de normas biológicas,
es siempre el individuo que debemos tomar como punto de referencia,
porque, determinado individuo puede encontrarse a la altura de los
deberes resultantes de su medio en condiciones orgánicas que, para
otro individuo, serían inadecuadas". Es cada individuo quien
establece los límites de esa polaridad existente entre su enfermedad
y su salud . Y es por eso que, una norma que exceda lo individual, una
norma supra-individual o una media estadística "no permite decir
si determinado individuo, presente delante de nosotros, es o no
normal. (14).
Como vemos la extrapolación de lo biológico a lo social no puede
proceder mas que de manera ilegítima. Las razones de esta
ilegitimidad precisan ser procuradas en esa polaridad dinámica de la
que hablamos. En primer lugar sería preciso poder definir sin sombra
de ambigüedad que es aquello que entendemos por normalidad social.
Sabemos que para ello el uso de los conceptos de adaptación, adecuación
o frecuencia resultan ser conceptos inoperantes. "Definir la
anormalidad a partir de la inadaptación social es aceptar la idea de
que el individuo tiene que adherir al modo de ser de determinada
sociedad, y, adaptarse a ella como a una realidad que sería un
bien".(15)
Si no aceptamos la idea de que las sociedades sean semejantes a una
totalidad orgánica bien regulada. Si creemos, junto con Canguilhem,
que las sociedades son conjuntos mal unificados de medios de acción,
entonces, podremos negarles el derecho de definir a la
normalidad por la actitud de subordinación que valorizan con el
nombre de adaptación. (16).
Pero, es la falta de variabilidad o de flexibilidad de esas normas
sociales que se nos imponen a todos por igual, es la negación de la
relatividad individual como parámetro de decisión, lo que afirma la
distancia intransponible entre la normalidad y la patología social
por un lado, y la normalidad o patología vital o clínica por otro.
Cuando se habla de normalidad social no podemos continuar sosteniendo
la máxima de que es el propio ser vivo, considerado en su polaridad
dinámica quien tiene la responsabilidad de conocer el punto en que
comienza su enfermedad.
Pero, lo cierto es que, para que la sociedad pueda imponer normas
colectivas es necesario que pueda postular la anterioridad lógica de
aquello que aparece como una amenaza a ser prevenida. Es entonces que
la intención normativa se transforma en socialmente ortopédica o
correctiva, en la expresión de exigencias colectivas para las cuales
la atribución individual de valor carece de cualquier significado.
Las consideradas patologías sociales a diferencia de las patologías
vitales prescinden de la función mediadora del sufrimiento individual
a través del cual nos reconocemos enfermos, a través del cual
deseamos ese, quizás imposible, retorno al estado de salud que
sabemos perdido.
Siendo así es fácil concluir que las así llamadas "patologías
sociales" tenderán a cargar con el peso de todo aquello que en
una sociedad es considerado como negativo, socialmente peligroso, o
detestable. Para ello se servirán muchas veces de instrumentos
objetivos de medición, las estadísticas darán una muestra clara de
aquello que puede ser considerado cono natural (normal) al mismo
tiempo en que nos hablan de "leyes de la dispersión"; en
otros casos se prescindirá del recurso a la estadística y se operará
por analogías entre el cuerpo social y el cuerpo individual, analogías
que serán extendidas a los males sociales que pasarán a ser
considerados como virus o enfermedades. Pero, en ambos casos, será
una ilegítima referencia a la normalidad biológica, una referencia
no mediada por el dolor individual, la que se ofrece como garantía de
objetividad, como un puente neutral que permite vincular al
"ser" con el "deber ser" (17)
Mas que reincidir en la denuncia de las metáforas médicas de
"virus", "contagio", "infección",
aplicadas a fenómenos sociales, nos interesa señalar que la traslación
de los conceptos de normalidad y patología de lo vital a lo social
puede exceder las analogías organicistas, en el preciso momento en
que se predican de la población, entendida como un colectivo
"mal unificado" de individuos.
Así, para Durkheim, el par "normal-patológico" se hará
extensivo a los fenómenos poblacionales, prioritariamente, por
mediación de la estadística, única capaz de hablarnos de lo normal
en términos de frecuencia. La estadística que pudo haber sido
criticada por Comte, pues era innecesaria para hablar del cuerpo
social, se hace imprescindible cuando de lo que se trata es de
determinar fenómenos poblacionales frecuentes. Es que, "lo que a Comte le falta por completo es la noción de "hecho matemático",
a saber la idea de que las técnicas de cálculo suponen la existencia
de leyes generales de orden, lo que llamaríamos de
"estructuras" matemáticas"(20).
Esas regularidades matemáticas serán, sin embargo, un elemento
indispensable para la sociología de Durkheim, para su comprensión de
la normalidad y de la patología social. A partir de allí se podrán
asociar los conceptos de frecuencia, normalidad y moralidad. Lo normal
pasará a ser pensado, no como estado de equilibrio entre las partes
de un todo, sino como un puente que permite unificar "tipo"
y "valor".
Para que esta asociación pudiera ser instituida, fue necesario que
se produjera el encuentro entre dos series discursivas. Por un lado
las regularidades matemáticas finalmente reconocidas, y por otro, la
permanencia de los principios de homogeneidad y de anterioridad lógica
de lo patológico.
Durkheim mantiene intacto el principio de Comte y
Brussais:Las
formas mórbidas de un fenómeno no son de otra naturaleza que las
normales (...)La enfermedad no se opone a la salud; son dos variedades
del mismo género que se iluminan mutuamente. Es esta una regla
reconocida hace tiempo y practicada en biología y psicología, y que
el sociólogo no está menos obligado a respetar (21). Pero, estos
principios son usados de un modo que difiere del uso comtiano. Esa
diferencia se dará por la mediación de la estadística, por la
confianza en la fuerza explicativa de la frecuencia. Del encuentro
entre lo biológico, lo estadístico y lo sociológico, surgirá un
discurso que permite legitimar "científicamente" la gestión
y la administración de lo humano.
Aún cuando Durkheim insista en afirmar que un hecho social solo se
explica por otro hecho social, es importante destacar que tales
explicaciones no son enteramente ajenas a lo vital, desde el momento
en que la población constituye su objeto privilegiado de análisis
y de intervención. Y será en virtud de la mediación de la
"norma" que se posibilita y se legitima esa asociación
entre lo vital y lo social. Siguiendo a Foucault podemos decir que:
"el elemento que circula de lo disciplinario a lo regulador, que
se aplica al cuerpo y a las poblaciones, y que permite controlar el
orden del cuerpo y los hechos de una multiplicidad humana, es la
norma"(22). La norma se puede aplicar tanto al cuerpo, (normas
vitales o disciplinares), como a las poblaciones que se quiere regular
(normas sociales). Y es ella quien posibilita las demarcaciones entre
lo normal y lo patológico en esos dos ámbitos.
Al tematizar los conflictos en términos de patología, la sociología
se proclama como terapéutica de los problemas sociales, como un
espacio de saber, pero también como un espacio de ejercicio de poder;
como una forma privilegiada de gestión y de administración de las
poblaciones, y, al mismo tiempo como un modo objetivo y eficaz de
intervenir y de anticipar sus conflictos. Esa intervención será en
muchos sentidos semejante a una intervención médica: a partir del
estado normal de una sociedad, considerado como un padrón a ser
procurado, podrán ser anticipados, previstos y corregidos los desvíos,
y las patologías."El deber del hombre de estado no es ya empujar
violentamente a las sociedades a un ideal que le parece seductor, sino
que su papel es el del médico: previene el nacimiento de enfermedades
mediante una buena higiene y, cuando se declaran procura
curarlas"(25)
Así la sociología asumirá una funcion "normalizadora"
de fenómenos sociales tales como el crecimiento, la organización, y
la gestión de la población entendida como un colectivo de
individuos. Aún cuando el objetivo de Durkheim sea el establecimiento
de una ciencia moral, aún cuando sus preocupaciones estén
directamente vinculadas con cuestiones "morales" y
'sociales", nunca dejará de ser la población su objeto
privilegiado de interés. Y siendo que el oficio del sociólogo no se
diferencia, en relación al método, del trabajo del biólogo o del
fisiólogo, podrá extender también, sin problemas, este método a la
ética. Según dirá "Debe seguirse el mismo método en la ética.
Un hecho moral es normal en el caso de un determinado tipo social
cuando ese hecho se observa en el término medio de la especie; es
patológico en circunstancias contrarias"(26)
Como vemos es de "especie", de "población" que
se habla aún cuando se trate de determinar fenómenos morales. Y, si
esto es posible, es por la mediación y por la apropiación del
concepto de normal, que impone el doble requisito de frecuencia y de
valor. Un fenómeno social es normal si es frecuente, y es esa
frecuencia la que le otorga un valor moral. Según Durkheim el fisiólogo
llama "normal" a aquello que se encuentra en el término
medio de la especie, aquello que es también considerado como
"natural' y "deseable". En relación a los fenómenos
sociales: "la cuestión no difiere esencialmente de la pregunta
que hace el biólogo cuando trata de separar la esfera de la fisiología
normal y la esfera de la fisiología patológica"(27) . En ambos
casos es el término medio, la frecuencia estadística la que es
utilizada como parámetro de normalidad.
A diferencia de Comte, para Durkheim normalidad y patología se
encuentran indisolublemente vinculados con las estadísticas, las
medias, la frecuencia. En cuanto el primero se preocupaba por el
equilibrio y la armonía de las partes de un todo, el segundo se
preocupará por la población con la certeza de que conociendo la
frecuencia de aparición de los fenómenos sociales y biológicos,
podemos conocer si su estado es o no normal.
Así, las estadísticas de suicidio parecen estar allí para
desmentir las tesis de Malthus. Y Durkheim hará uso de ellas para
refutarlo. Malthus erró al imaginar que la disminución de las
familias, y aún de las familias pobres, podría traer un bien estar
para la sociedad. Los números indican al contrario que la disminución
de la densidad de las familias es tan contraria al bienestar que acaba
por disminuir la propia voluntad de vivir. "Contrariamente a
pensar que las familias densas sean un lujo dispensable y que solo los
ricos puedan disfrutar de el, son el pan de cada día sin el cual no
se puede sobrevivir."(35)
Podemos observar, en relación al suicidio y al crimen, que
Durkheim permanecerá fiel a la linea abierta por Comte y Brussais: no
reconoce diferencias cualitativas, heterogeneidad entre los ámbitos
de lo normal y de lo patológico, sino que afirma, su homogeneidad,
considerando a las diferencias como puramente cuantitativas o de
grado. Recordemos, el suicidio y el crimen no son "lo otro"
de lo normal, continúan siendo considerados como fenómenos
"normales". Se hablará de patología solamente si existe
una alteración de la frecuencia estadística que indica cierta
constancia en la ocurrencia de estos hechos. Cuando esta frecuencia es
modificada, para mas o para menos, cuando la media constante de
suicidios o de criminalidad alcanza índices mas elevados o diferentes
de lo esperado, solo entonces se dirá, que en esas circunstancias y
en esa sociedad, el suicidio o el crimen deben ser considerados como
fenómenos patológicos que revela una estructura social alterada.
Para curar una es pues, necesario, reformar la
otra.(33)
La reforma o normalización de una sociedad en la que se ha perdido
la cohesión, deberá ser precedida de un análisis capaz de revelar
el modo en que los elementos sociales de ese pueblo se agrupan y se
organizan, solo así se podrá evidenciar el grado de desvío que
separa al estado patológico del estado normal. Este último estará
directamente vinculado con dos factores, uno numérico: la densidad; y
otro social y moral: la organización y cohesión. Cualquier variación
que signifique una disminución de esos factores será indicador de
estados patológicos, y este estado, se evidenciará por el aumento de
la taza de suicidios.
Aquí, normalidad y patología se cruzan con la estadística, y en
ese cruzamiento se producen alteraciones de los discursos que lo
anteceden. Así, y tal como ya lo señalamos, Durkheim precisa
distanciarse de Comte: desde el momento en que comienza a hablar de
fenómenos poblacionales precisará reconocer el valor de la estadística
que es negado por su antecesor, limitando la importancia de la metáfora
del cuerpo social. La sociedad no es idéntica al cuerpo individual,
existen fenómenos que le son propios, y que no pueden ser pensados
por analogía, uno de ellos es la densidad de la población.
Del mismo modo en que Durkheim se distancia de
Comte, se distancia
también de las afirmaciones de Quetelet respecto de la estadística
social o moral. Sin embargo, en uno y otro caso "distancia"
no implica ruptura, sino mas bien continuidad y desplazamiento. Como
afirma Ian Hacking, "a pesar de su acerba crítica, Durkheim
continúa estando en el modelo Queteliano" (36).Esta continuidad,
esta "permanencia en el modelo queteliano" de la que nos
habla Hacking, puede quedar evidenciada no solo por la fuerza
concedida a la fatalidad estadística, sino también por el uso que
uno y otro hacen de los conceptos de "media" (o
"frecuencia") y de "norma".
Según Canguilhem, para Quetelet, los conceptos de norma y de media
son inseparables. De ellos, solo "el segundo le parece
inmediatamente capaz de tener una significación objetiva y es por eso
que intenta reducir el primero al segundo"(42).Y, en esa
tentativa acaba cayendo en dificultades insuperables.
Si podemos reducir las normas vitales o sociales a medias estadísticas
es porque imaginamos que las mismas tienen el poder de evidenciar una
realidad en la que se pueden conjugar el ser y el deber ser. Porque
creemos que los desvíos aparecerán de una manera inobjetable y
transparente como siendo alteraciones no deseadas de una constancia
que debe ser procurada. Contradiciendo esta hipótesis, Canguilhem
afirmará que, "cualquier objetividad se desvanece en la
determinación de una normalidad global, ya que la delimitación en
torno de la media permanece arbitraria(..) pues, la estadística no
ofrece ningún medio para decidir si el desvío es normal o no lo
es"(43), a no ser una confianza inexplicable en la fuerza de la
frecuencia. Recordemos que esa confianza tenia para Quetelet una
explicación metafísica, en la medida en que las medias traducían la
voluntad de Dios.
Aunque liberada de qualquier determinación metafísica, será
justamente esa confianza la que parece ser decisiva a la hora de
establecer una demarcación taxativa entre patología y normalidad
social. Como podemos leer en las "Reglas":
Llamaremos normales a los hechos que presentan las formas
mas generales y daremos a los otros el nombre de mórbidos o patológicos.
Si se conviene en nombrar tipo medio al ser esquemático que se
constituiría uniendo en un mismo todo los caracteres más
frecuentes con sus formas mas frecuentes,se podrá decir que el tipo
normal se confunde con el tipo medio y que toda desviación con
relación a esta marca de salud es un fenómeno mórbido.(44)
Como vemos es por mediación del tipo medio queteliano que el
concepto de "normal" acaba adquiriendo significado. Durkheim,
a diferencia de Comte, hará suya esta subordinación de la
"norma" a la "media", tal como puede ser observado
en relación al suicidio y al crimen. Lo "normal" es aquello
que respeta la frecuencia estadística, en cuanto que lo "anormal
o patológico" será determinado en función de la variación de
esas constantes.
Comte puedo prescindir del recurso a la media estadística por su
referencia a la metáfora del cuerpo social; Durkheim podría haber
prescindido de las analogías organicistas por el recurso a la media
estadística queteliana, pues es de ella y solo de ella que puede ser
derivada la normalidad o la patología social.
Siendo así, es por relación a una media estadística pensada como
valorable que lo "normal" adquiere su doble significación
de "tipo" y de "valor". Si los caracteres
cuya concurrencia forman el tipo normal han podido generalizarse en
una especie, ello no es sin motivo. Esa generalidad sería
inexplicable si las formas de organización mas extendidas no fuesen
también las mas avanzadas, al menos en su conjunto. (...)La
frecuencia mayor de las primeras es, por tanto, prueba de su
superioridad moral (...)"(45)
La media aparece como una extensión, como algo a través de lo
cual la norma se exhibe, se hace explícita. Indica la regla pero es
al mismo tiempo aquello que permite que esta se multiplique, en la
medida en que se presenta como un modelo concreto que puede y debe ser
perseguido por otros. Así, las medias y constantes estadísticas
exhiben las normas sociales, y establecen un puente neutral que
vincula al "ser" con el "deber ser".El carácter
normal de un fenómeno será indiscutible (...) si se puede erigir esa
normalidad de hecho en una normalidad de derecho. (50)
En "lo Normal y lo Patológico", Canguilhem invertirá
esta suposición y afirmará que, en sentido estricto, no es la media
la que establece lo normal sino que es preciso considerarla como la
expresión de Normas colectivas de vida que son histórica y
socialmente cambiantes. Esto implica afirmar, que a través de la
variación de las normas sociales y vitales se producen oscilaciones
en las medias estadísticas que consideramos como constantes. Así,
esas medias podrán ser, eventualmente, eficaces indicativos de
aquello que ocurre en una determinada sociedad y en un cierto momento
histórico, pero difícilmente podrán asumir el estatuto de un
criterio de demarcación entre estados sociales a ser caracterizados
como normales o como patológicos.
Al situar al crimen y al suicidio en el entrecruzamiento de dos
series: una referida a las constantes estadísticas y otra referida a
la homogeneidad entre normalidad y patología, Durkheim transforma al
discurso sociológico en un instrumento dirigido a la administración
y a la gestión de lo humano. Lo hace ingresar en el repertorio de las
biopolíticas de la población preocupadas por controlar fenómenos
tales como la natalidad, la mortalidad, la longevidad o la herencia; y
esto, a través de una institución que de Comte a nuestros días, y
pasando por Durkheim, resulta privilegiada: la familia densa, higiénica
y moralizada.
NOTAS
(1) Canguilhem, Georges (1990) O Normal e o Patológico.
Forence Universitaria,Rio. p. 215
(2) Ibidem p.214
(3) Ibidem p.140
(4) Ibidem p.145
(5) Ibidem p.146
(6) Ibidem p.144.
(7) Ibidem p.250
(8) Ibidem p.25.
(9) Hacking, Ian (1995) La Domesticación del Azar. Gedisa,Barcelona-p.14
(10) Chatelet, François (1983) La Filosofía del Mundo Científico
e Industrial.Espasa-Calpe, Madrid. p.226
(11) Durkheim, Emile (1982) Las Reglas del Método Sociológico
. Hispamérica-Buenos Aires. p.69
(12) Foucault, Michel (1989) Genealogía del racismo.Ed
Altamira, Bs,As.1992 p.181
(13) Durkheim, Emile (1982) Las Reglas...op.cit.p.99
(14) Hacking, Ian (1995) La Domesticación...
op.cit.p.247
(15) Ibidem p.245
(16) Durkheim, Emile(1979) Suicidio. Forence
Universitaria.Rio de Janeiro.p155.
(17) Ibidem p.310
(18) Hacking, Ian (1995) La Domesticación...op.cit.p.155
(19) Canguilhem, Georges (1990) O Normal...op.cit.p.122
(20) Ibidem p.120
(21) Durkheim, Emile (1982) Las Reglas...op
cit.p.84
(22) Ibidem p.87
(23) Durkheim, Emile (1982) Las Reglas...op
cit.p:86
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