Estas críticas están compuestas por una amalgama
de puntos de vista, venidos de horizontes diversos. Sin embargo, los recursos
argumentales son curiosamente similares. Así es como el arsenal crítico se
revela siempre totalizante y por ende será en bloque. Paradójicamente, no
existe un tratado anticonductista sino un collage fragmentario y parcial.
Todo
pasa como si los críticos tomados en falta (con respecto a su propia metodología
globalizante), se vieran en la obligación de justificar sus propias teorías
para luego incrustar las críticas puntuales. En suma se trata de un proceso de
selección en el cual la mayor preocupación consiste en edificar una muralla
inexpugnable y una lógica coherente que impida -tal vez por siempre presencia-
el avance de un peligroso enemigo.
Han existido ciertos comentarios críticos sin
poder dejar de admirar, esa especie de majestuosa elegancia en los escritores
franceses en los cuales las palabras cobran vida independientemente del
contexto, y la manera de tratar las referencias al desarrollar ideas.
La obligación de argumentar una sistematización
del material desordenado se entrega a la crítica tratando de agrupar (tal vez
arbitrariamente) los contenidos de la misma.
Las críticas epistemológicas
El
conductismo tiene una apariencia de cientificidad. Su carácter científico esta
dado sólo por aspectos meramente formales: definiciones operacionales, control
de variable, medición y cuantificación de resultados. Su valor experimental es
presuntuoso, pues no va más allá de un exitoso y ya conocido
adiestramiento de animales.
Andreski, refiriéndose a Skinner dice: “en contraste a tal pretensión
(hacer ciencia) la más grande realización de Skinner, en el dominio de la
tecnología de la conducta ha sido la de amaestrar a dos palomas para que lancen
una pelota de ping- pong hacia adelante y hacia atrás. Este logro exige,
probablemente, mucha perseverancia e imaginación, pero justifica apenas su
pretensión de ser tomado en serio como experto de la civilización y la política.
El inventor de la célebre caja de Skinner merece sin duda ser reconocido como
amaestrador de animales, aunque no sea evidente a simple vista que valla más
allá de logros de los amaestradores del circo”.
El conductismo, en su afán de hacer calzar los
hechos con la realidad, es incapaz de captar los fenómenos profundos de la vida
mental. El enfoque conductista nos induce a adoptar ciegamente los métodos
de las ciencias naturales, en especial los de la física y la biología, sin
considerar las diferencias cualitativas que existen entre los fenómenos
materiales y los humanos.
Por otra parte, la tendencia a quedarse en los
hechos (aspiración empírico-positivista) impediría a los conductistas ver al
hombre como un sujeto capaz de actuar dentro del devenir histórico.
Una axioma conductista establece que el hombre es idéntico a su
comportamiento, es decir, que se reduce a meros actos o reacciones estímulo-respuesta.
El modelo conductista concibe la vida como un simple juego mecánico entre los
estímulos del medio y las respuestas. Lo que, en otras palabras, relega la
mente a una caja negra en la cual las nociones tales como personalidad,
conciencia, intuición, yo, sentimientos, etc. ; no tiene cabida ni tampoco
interés práctico. En suma, el conductismo tiene una lógica mecanisista dentro
de la cual se le niega al hombre toda su autonomía, toda capacidad de generar
sus propias conductas y toda posibilidad de darle un sentido a su acción.
Dentro de las tendencias conductistas, como en particular representadas
por Skinner y sus seguidores, se observa una marcada sobrevaloración de las
influencias del medio ambiente y una subestimación del papel de los instintos y
otros factores genéticos en la génesis de la conducta humana. El descuido del
patrimonio y la memoria filogénetica, conduce al desconocimiento de lo esencial
del ser humano.
En la práctica los conductistas (salvo Hull y
Tolman, quienes son considerados casos aparte) se limitan a acumular hechos
fragmentarios sin ser capaces de estructurar un cuerpo global coherente y
convincente de los fenómenos parciales que investigan.
El conductista sólo se preocupa por recolectar
datos y realizar experimentaciones parciales, confiando en que, como fruto de la
cantidad y de una cierta dosis de azar, se obtendrá de explicaciones más
generales. Esta actitud corresponde a una tradición empírico - pragmática
- inductivista.
En suma, el conductismo, en su versión más
radical (Skinner), concibe la ciencia de una manera regresiva.
El prurito experimental lleva a la mayoría de los conductistas a una
posición ateórica extrema, la cual, aparentemente olvida que no por que su
enfoque sea fructífero, los otros serán necesariamente estériles, y que, al
mismo tiempo la física y la biología no sean limitado solamente al estudio de
los fenómenos observables.
Las críticas técnico-metodológicas
La historia de las diferentes disciplinas
científicas a mostrado como improcedentes y aventurado intentar extrapolar los
resultados de las investigaciones realizadas con animales (ratas y palomas) al
ser humano. No obstante, los conductistas, trabajando con respuestas
simples (rata apretando una palanca), se ha permitido intentar explicar
comportamientos extremadamente complejos, tales como: creación artística,
conceptos de sociedad, lenguaje, etc.
Al parecer los conductistas olvidan que identificar
la conducta con lo del animal contradice la evidencia respecto a las diferencias
cualitativas entre las especies en particular las características propias al
hombre: conciencia, voluntad, sentimientos, pensamiento, moral, lenguaje, etc.
La utilización de los modelos de laboratorio para
explicar los procesos de la vida real, que se desarrollan y agitan más allá de
las cuatro paredes de las salas de investigación, constituye una pretensión
abusiva.
“El modelo del condicionamiento operante de laboratorio pretende ser
una miniaturización de la organización dela sociedad... estableciéndose un
puente imaginario entre las investigaciones de laboratorio y una aprehensión de
lo social”.
Un aspecto fuertemente criticado a los
experimentadores de la conducta es el reducido número de sujetos que utilizan
en las experiencias. Para los críticos (generalmente ajenos al que hacer
experimental), parece inconcebible, e incluso inexplicable, la tendencia
conductista a la utilización del caso único, un lugar de emplear grandes
muestras representativas con el fin de poder, convenientemente generalizar los
resultados.
Otra crítica metodológica, reiterada por diversos autores, consiste en
poner de relieve las contradicciones e inconsecuencias de los conductistas
respecto de sus enunciados programáticos, en tanto que posición epistemológica,
y de sus aplicaciones prácticas en tanto que tecnología.
Los críticos señalan que los términos utilizados en los laboratorios
de análisis experimental de la conducta pierden mucho de su rigor cuando son
empleados en el ejercicio diario de la profesión de psicólogo conductista.
La utilización de constructos mediadores, tales
como la ansiedad, aparecen frecuentemente mal definidos y son manipulados como
si fueran hechos concretos. Se critica que los propios terapeutas
conductistas hagan uso (y abuso), de manera explícita e implícita, de la
nomenclatura y la taxonomía psiquiatríca (terapia, diagnóstico, tratamiento,
fobias, obsesiones, etc.) dentro de la más pura tradición de la analogía médica.
Las críticas éticas
El conductismo se presenta fundamentalmentebajo un ropaje amoral, con un telón de fondo teñido por una gran
indiferencia a la integridad del hombre.
Los conductistas tienden a destruir la noción
de la naturaleza humana, reduciéndola a un conjunto de mecanismos que no hacen
sino asemejarla a una máquina o a los animales. Consideran, además, que las
actividades propias del ser humano es decir, justamente aquellas que lo
diferencian del animal (virtud, creatividad, altruismo, imaginación, amor,
etc.) Son meras relaciones entre estímulos y respuestas, sin valor intrínseco
alguno.
Esta actitud presupone varios alcances éticos: por un lado, el hombre
pasa a ser objeto de experimentación con el cual se podría intentar todo tipo
de manipulaciones, y, por otro, se legitimiza la utilización de métodos de
control social, como el condicionamiento, los cuáles se traducen en tentativas
abiertas o veladas de amaestramiento y adaptación del hombre a un contexto
social dado. En otras palabras, predispone a que la práctica de la psicología
pueda fácilmente transformarse en un antihumanismo.
Para el conductismo, en último término, el
hombre no es responsable de sus actos pues la actividad humana, al no ser más
que un amasijo de reflejos condicionados fuertemente moldeados por su entorno,
no obedece si no a las fuerzas que se escapan a su poder de elección y de
decisión.
En tal sentido, la posición conductista suprime
las bases mismas de la moral, dando entrada a las fuerzas más primitivas (egoísmo
y crueldad) y pretendiendo la restauración de la ley de la selva, además de
dar paso a la pereza y la falta de creatividad.
La concepción del hombre según se puede entender partiendo de los
escritos conductistas debería a menospreciar los méritos y el valor de los
individuos en estos, altruistas, esforzados, generosos, valientes, sensibles,
creadores, virtuosos, etc. Que han forjado los pilares de nuestra cultura
civilización.
El “triste saber conductista” no puede servir como herramienta de
liberación del hombre sino, por el contrario esta condenado a ser utilizado
como instrumento represivo. La lógica de sus pensamientos suministra,
argumentos justificadores a la dominación del hombre por el hombre y una
tecnología refinada capaz de realizarla; notorio en el uso de la tecnología
conductista en sus diversos campos de aplicación.
Los terapeutas de la conducta incurren infragantes
violaciones de la dignidad y la libertad de sus pacientes.
La afectividad queda relegada a un segundo plano entre (reprimida y
ausente) en la práctica psicoterapéutica: lo importante es lo que el paciente
hace, no lo que siente. Del mismo modo, según los designios del
terapeuta conductista, la psicoterapia no corresponde sino a una programación
“de premios o castigos”, los cuales pueden ser extremadamente brutales:
descargas eléctricas y sustancias vomitivas (esto sucedía en los años
anteriores al 79).
Para los terapeutas conductistas, los criterios que influyen en la elección
de las técnicas de modificación están planteados en ausencia o
independientemente de consideraciones éticas: sólo son función de los
objetivos deseados. Los modificadores de la conducta,
suelen utilizar, como sujetos de experimentación a individuos que por diversas
razones (niños psicóticos, presos, etc.) se encuentran privados de la
posibilidad de ejercer sus derechos y capacidad de autonomía. En suma,
el “amoralismo” conductista nos arrastra inevitablemente a negar la dignidad
humana: en la medida en que rechazan la ética, todo está permitido y la divisa
maquiavélica (el fin justifica a los medios) puede tener en la práctica
conductista su mejor exponente.
Críticas ideológico-políticas
El conductismo no es más que una mercancía
de consumo que, como cualquier otra, sigue las mismas leyes e intereses de
mercado y de los empresarios.
Según los marxistas es una fuerza productiva de
orden. Es casi siempre nacionalizada. Y se sabe que el estado en general, es el
principal productor de orden. El conductismo proporciona un sistema explicativo
al estado- tecnocrático moderno. Su verdadero y profundo significado consiste,
entonces, en enmascarar las verdaderas razones y la naturaleza misma de los
problemas humanos y sociales, en medida que ignora la lucha de clases y los fenómenos
de toma de conciencia.
La noción de “control de la conducta” suscita las más vivas
reacciones. Ella encarna una justificación ideológica y la producción de
nuevas y más perfeccionadas herramientas de represión. Que los controladores
provengan de izquierda o de derecha, no cambian nada el significado del control:
impedir las manifestaciones auténticas y espontáneas de los individuos y,
fundamentalmente de su autonomía.
Conclusiones
La gran mayoría de los críticos
anticonductistas esgrimen, una cierta verdad humanista universal. Los críticos
han logrado imponer un status ideológico a la reflexión en psicología. Poca
importancia parece revestir que los juicios emitidos carezcan de fundamentos empíricos.
La opinión pública, e incluso buena parte de la comunidad emparentada
con la psicología recibe cotidianamente el mensaje crítico.
Los miembros de esta comunidad crítica se caracterizan por un tipo de
sociabilización moldeada por las tradiciones académicas. Tributarios de un
legario racionalista y científico argumentando muchas de las concepciones
marxistas, sin que por ello pertenezcan forzosamente a su práctica política.