Resumen:
Se establece una diferencia entre la agresividad del niño
con ADHD y la de otros trastornos de la niñez como el Trastorno Disocial.
La primera constituye un epifenómeno del cuadro clínico, en tanto que la
segunda puede considerarse un patrón característico del trastorno. En
otro orden se desarrolla el significado de los vocablos hiperactividad e hiperquinesia, estableciéndose una distinción conceptual entre ambos, a
través de la cual se afirma que esta última es un componente primario
del ADHD, siendo la hiperactividad un emergente obligado de la
hiperquinesia, proponiéndose -por ello- una revisión de la nomenclatura
de este síndrome, correspondiendo la denominación "Trastorno por Déficit
Atencional e Hiperquinesia".
.............................. Summary
It is established in this article a
difference between the aggressiveness of the child suffering ADHD and
other disorders during childhood, such as Conduct Disorder.
In the first case, the aggressiveness is an
epiphenomenon to the clinical condition, while in the second, it can be
considered a characteristic pattern of the disorder.It is also developed the meaning of the
words "hyperactivity" and "hyperkinesia", establishing a difference in concept
between them, through which it is affirmed that hyperkinesia is a primary
component of ADHD, and the hyperactivity is a consecuence emerging from
it; this is the reason why a revision of this denomination is suggested,
proposing the denomination "Attentional Deficit Hyperkinetic Disorder".
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Hemos considerado pertinente abordar la agresividad e hiperquinesia en
niños con ADHD, en virtud de existir, en el ámbito asistencial, una cierta
y sutil confusión con respecto a estos dos síntomas del polimorfo cuadro
clínico que presentan los niños con Trastorno por Déficit Atencional e
Hiperactividad (ADHD). Intentamos con esto colaborar con la difícil
tarea diagnóstica de este síndrome, la cual si no es realizada con la
habilidad y fineza necesarias, puede llevar -como está ocurriendo- a
sobrediagnosticar este cuadro clínico o efectuar diagnósticos equivocados,
en razón de la heterogénea signosintomatología del mismo y las no
infrecuentes comorbilidades que suelen acompañar al ADHD.
Debemos, en primer lugar, asignar el significado con el cual trataremos en
este artículo al síntoma que denominamos agresividad. Para la
Diccionario de la Lengua Española, este vocablo constituye la "acción y
efecto de agredir", entendiéndose este verbo como "acometer a alguno para
matarle, herirle o hacerle cualquier daño"(1).
Desde una óptica más próxima a la materia de nuestro tema, la Enciclopedia
Iberoamericana de Psiquiatría afirma que "la agresividad es una condición
ínsita de la materia viva"(5). Este concepto implica -en cuanto tal- que
la agresividad es un cualidad vital imprescindible para la supervivencia
de los seres vivos, esto es, una condición de adaptación al medio que no
conlleva necesariamente destrucción ni violencia, y que en determinadas
circunstancias (convivencia comunitaria) supone más bien un perfil de
características defensivas.
Configurado el contexto en el cual desarrollaremos la cuestión, podemos
intentar hacer una discriminación clínica entre la agresividad en el
niño con ADHD y la agresividad en otros trastornos de la niñez,
como es el caso del Trastorno Disocial (Conduct Disorder).
En el niño que padece ADHD sin comorbilidad agregada, la agresividad
irrumpe casi siempre ante alguna de las siguientes circunstancias:
a)-es "reactiva" con respecto a situaciones que le son adversas: rechazo
de sus compañeros, agresión de otro niño, burlas hirientes, su propia
impulsividad e hiperquinesia que irrita a los demás niños generando
actitudes hostiles, etcétera;
b)-es "consecuencia" de una frustración que se le hace insoportable (una
más de las tantas que ha sufrido), revirtiendo un impulso autopunitivo en
acción contra un tercero. De aquí se infiere que la agresividad del niño
con ADHD no es inherente a la expresión sintomática propia del síndrome,
sino un epifenómeno emergente de su condición de niño en desventaja
y, por ende, de escaso relieve para la conformación del diagnóstico.
Luego, podemos afirmar que se trata -por así decirlo- de una
agresividad secundaria, es decir no producida por el sustrato
neurobiológico del Trastorno, como lo son los síntomas principales:
atención deficitaria, hiperquinesia e impulsividad y también otros
síntomas de segundo orden.
En oposición a lo expresado, en otros trastornos de la niñez y de modo
singular en el Trastorno Disocial, la agresividad adquiere una dimensión
egregia que muchas veces es casi definitoria para concluir un diagnóstico.
En estos casos el comportamiento agresivo representa un patrón
característico de índole recurrente que, de algún modo, impregna la
totalidad del cuadro clínico. Los niños con Trastorno Disocial presentan
una agresividad de emergencia espontánea, sin estímulo o causa externa que
induzca o provoque su aparición. Es así como estos niños son capaces de
proferir amenazas o ejecutar acciones intimidatorias que atemorizan a sus
compañeros y de consumar agresiones verbales y/o físicas, sin la
existencia de circunstancias causales o desencadenantes que pudieran
explicar tales acciones. Estas características enmarcan una modalidad
agresiva de tendencia más o menos destructiva, revelando diversos grados
de discapacidad social. Estamos, así, en condiciones de afirmar que la
agresividad que manifiestan estos niños es -siguiendo el lineamiento
planteado- una agresividad primaria, queriendo significar con esto
que se trata de un elemento sintomático intrínseco al cuadro
clínico de los mismos y por tanto de notable importancia para la
definición diagnóstica.
Refiriendo lo expuesto a los conceptos de agresividad que previamente
adoptamos, vemos que la "agresividad primaria" del niño con Trastorno
Disocial se acomoda sin mayores esfuerzos semánticos a la definición del
Diccionario de la Lengua Española en cuanto acción tendiente a provocar
un daño, mientras que la "agresividad secundaria" del niño con ADHD se
subordina mejor al concepto de la Enciclopedia Iberoamericana de
Psiquiatría en cuanto condición ínsita de la materia viva , que en
estos niños constituye muchas veces un andamiaje defensivo frente a
las adversidades que hemos citado o bajo la presión de una subjetividad
dolida.
Captar y comprender esta diferencia -que no nos parece tan sutil ni
difusa- es de gran importancia en la práctica asistencial, por cuanto una
buena caracterización del modo en que un niño se expresa agresivamente o
expone su agresividad, es un dato clínico que contribuye de manera
significativa en la tarea de alcanzar un diagnóstico y muchas veces en la
realización de diagnósticos diferenciales.
Pasando ahora al otro síntoma (signo) que es materia de estas líneas, la
hiperquinesia, trataremos de demostrar que la denominación del
síndrome utilizada por la psiquiatría norteamericana: Attention Deficit
Hyperactivity Disorder (ADHD), en el DSM-IV, debería ser motivo de
revisión. Esta afirmación surge del hecho de contrastar
hiperactividad versus hiperquinesia en función del significado de
estos vocablos y su correspondencia con las manifestaciones clínicas.
Es necesario, a nuestro juicio, discriminar prolijamente los respectivos
conceptos, ya que el lenguaje -que debe servir escencialmente a la mejor
expresión de las ideas que lo generan- es herramienta utilísima para que
lo que se piensa o lo que se observa sea transmitido con la mayor
fidelidad posible.
El reconocido Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Medicina Dorland
define
actividad como:
"estado de encontrarse activo; capacidad de producción de algún efecto;
grado de alguna función o acción"
(2). En cuanto al término cinesia es definido en la misma obra
como: "movimiento inducido por un estímulo, que sólo responde a la
intensidad del estímulo y no a su dirección"
(3). Por otra parte, aparece también el vocablo ---cinesia como
"sufijo que denota movimiento o activación, especialmente en respuesta a
un estímulo especificado por la raíz a la cual se une"
(3) y el vocablo cinesio--- como "prefijo que denota relación con
el movimiento"
(4). Así, un ejemplo de cinesia como sufijo sería: "hipercinesia o
hiperquinesia", esto es, movimientos aumentados o exceso de movimiento, en
tanto que un ejemplo de cinesio como prefijo sería: "cinesioterapia
o kinesioterapia", es decir, tratamiento de enfermedades mediante el
movimiento o ejercicios.
Siguiendo con el citado diccionario, encontramos el término
hipercinesis (hipercinesia) como "aumento anormal del funcionamiento o
de la actividad muscular; puede ser de origen neurógeno, psicógeno o
mixto"(4).
De lo anterior queda en evidencia que el diccionario Dorland hace
referencia al concepto de actividad como capacidad de producir
algún efecto, en tanto que asocia el término cinesia con la
raíz griega kinesis que significa movimiento, a la vez que
describe la hipercinesia como una anomalía del funcionamiento
muscular en el sentido de exceso. En esta instancia no podemos dejar
de considerar que el funcionamiento muscular siempre lleva implícito el
movimiento, aunque éste no siempre se traduce en acción o produce algún
efecto deseado.
Luego, corriendo el riesgo de que lo expuesto hasta aquí parezca un simple
juego de palabras, hemos desarrollado brevemente las acepciones que se
atribuyen a los vocablos en cuestión con el objeto de demostrar que existe
una diferencia semántica entre ambos, que los distingue y -por lo tanto-
que les confiere significados distintos. Llegamos así a poder diferenciar
entre actividad y cinesia. El primer vocablo implica el
concepto de hacer algo, mientras que el segundo sólo refleja el
concepto general de movimientooestar en movimiento.
Como es obvio, la importancia de haber establecido esta diferencia no
radica, para los médicos asistenciales, en el hecho semántico en sí mismo,
sino en la posibilidad cierta de su observación en la práctica clínica.
Por este motivo, afirmamos que los pacientes que padecen ADHD presentan "hiperquinesia"
como manifestación patológica primaria, siendo la "hiperactividad"
una expresión más compleja que también está presente, aunque no siempre.
A título de ejemplo y al sólo efecto de corroborar lo que hemos afirmado,
hacemos mención de una situación harto frecuente en niños con este cuadro
clínico que cursan la escolaridad primaria. Fácilmente los docentes (y
también los compañeros de clase) de los niños afectados por este síndrome,
suelen observarlos sin poder estarse quietos en sus asientos,
gesticulando, sacudiendo las piernas y moviendo los brazos y manos, sin un
fin determinado y -por supuesto- sin voluntariedad explícita. He aquí que
estamos en presencia de un exceso de movimiento sin un correlato de
actividad, en el sentido de "hacer algo" o "capacidad de producir
algún efecto". Es simplemente un movimiento o conjunto de movimientos sin
finalidad alguna y sin intencionalidad de realizar una acción concreta.
Esto es "hiperquinesia" y de ningún modo puede ser calificado de
"hiperactividad".
No puede negarse que con frecuencia hay situaciones en las cuales este
exceso de movimiento se manifiesta en forma de actividad aumentada. Es
cierto, entonces, que la "hiperactividad" es parte constitutiva de este
síndrome, pero -lo afirmamos- sólo como emergente obligado de la "hiperquinesia",
la cual siempre está subyacente.
En función de estas consideraciones y convencidos de que la deficiencia de
la atención voluntaria es el síntoma nuclear del cuadro clínico,
entendemos que la denominación más acertada del síndrome que nos ocupa es
"Trastorno por Déficit Atencional e Hiperquinesia" o "Attention Deficit
Hyperkinetic Disorder". No es esto un detalle menor, por cuanto todo
aquello que tienda a mejorar el conocimiento de un trastorno, aunque más
no sea a través de su nomenclatura -que muchas veces orienta al
desprevenido- debe ser tenido en cuenta y aplicado a ese fin.
BIBLIOGRAFÍA
1.- Diccionario de la Lengua Española,
página 37. Real Academia Española. Editorial Espasa-Calpe S.A. Madrid.
1956.
2.- Dorland Diccionario Enciclopédico
de Medicina, 3ª edición en español (28ª inglesa), página 38.
McGraw-Hill Interamericana de España. Madrid. 1997.
3.- Ibidem, página 359.
4.- Ibidem, página 936.
5.- Enciclopedia Iberoamericana de
Psiquiatría - Tomo I, página 24. Vidal, Alarcón, Lolas. Editorial Médica
Panamericana S.A. Buenos Aires. 1995.