La
fobia social se caracteriza por un miedo intenso y persistente en
respuesta a ciertas situaciones sociales o actuaciones en público de la
propia persona, éstas situaciones se evitan o se soportan con una
ansiedad o malestar intensos. La fobia interfiere en la vida de la
persona o produce un malestar clínicamente significativo, si no hablaríamos
de ansiedad social o timidez.
Las
personas reconocen que su miedo es excesivo o irracional, aunque este
reconocimiento puede no darse en los niños. Es común la ansiedad
anticipatoria antes de afrontar la situación social. Puede existir una
preocupación a ruborizarse,
temblar, tener nauseas, necesidad imperiosa de micción, hay veces en que
la persona está convencida de que su problema principal es alguno de estos
síntomas de ansiedad.
La
edad media de inicio de la fobia social suele estar entre los 14 y los 16
años, la adolescencia es un periodo caótico ya que cada persona va a
verse sometida a un proceso de evaluación por el resto de los miembros de
su grupo de iguales y va a tener que establecer su papel y su lugar en un
sistema social distinto al de la familia. Los adolescentes más vulnerables
a las situaciones de estrés pueden responder con ansiedad y evitación a
las situaciones sociales.
Para
establecer un diagnóstico de fobia social se requieren los siguientes
criterios:
Los
síntomas psicológicos, conductuales o vegetativos son manifestaciones
primarias de la ansiedad y no secundarias a otros síntomas.
La
ansiedad se limita o predomina en situaciones sociales y determinadas.
Puede temerse una sola situación social.
La
situación fóbica es evitada siempre que es posible.
Criterios
para la fobia social según el DSM-IV
Existen
criterios diferentes entre el DSM-IV y los del CIE-10. El DSM-IV exige más
criterios y éstos son más específicos.
A
– Miedo acusado y persistente de una o más situaciones sociales o de
actuación en las cuales la persona se ve expuesta a gente desconocida o
al posible escrutinio por parte de otros. La persona teme que actuará de
un modo humillante o embarazoso.
B
– La exposición a la situación social temida provoca casi
invariablemente ansiedad, la cual puede tomar la forma de un ataque de pánico
vinculado a la situación.
C
– La persona reconoce que el miedo es excesivo e irracional.
D
– Las situaciones sociales o de actuación temidas son evitadas o se
soportan con ansiedad o malestar intensos.
E
– La evitación, la anticipación ansiosa o el malestar en las
situaciones sociales o de actuación temidas interfieren
significativamente en la rutina normal de la persona, en sus ocupaciones
laborales o académicas o en sus actividades o relaciones sociales, o
existe un malestar acusado por tener la fobia.
F
– En personas menores de 18 años la duración del trastorno es de al
menos 6 meses.
G
– El miedo o evitación no son debidos a los efectos fisiológicos
directos de una sustancia o a una condición médica general y no pueden
explicarse mejor por otro trastorno mental.
H
– Si una condición médica general u otro transtorno mental están
presentes, el miedo descrito en el criterio A no está relacionado con
ellos.
SITUACIONES
TEMIDAS POR LO FÓBICOS SOCIALES.
En
la fobia social, aparte de las situaciones temidas, pueden distinguirse
varios niveles o sistemas de respuesta, sistema somático y autonómico,
sistema cognitivo y sistema conductual.
Se
podría simplificar las situaciones temidas como :
1)Situaciones que implican interacción con otras personas.
2)Situaciones que implican un miedo a ser observado pero sin
interacción con otras personas.
Entre
las situaciones más temidas está el hablar en público, participar en
charlas, iniciar o mantener conversaciones, situaciones que impliquen
asertividad. Entre las menos temidas sería comer, beber y escribir en público.
Las
situaciones que implican interacción con otras personas serían:
Iniciar
y mantener conversaciones.
Hablar
de temas personales.
Establecer
relaciones íntimas.
Asistir
a fiestas.
Recibir
críticas.
Hacer
una reclamación.
Hacer
o rechazar peticiones.
Mantener
las propias opiniones.
Interactuar
con personas de autoridad, etc.
Las
situaciones que no implican interacción con otras personas, pero si ser
observadas serían:
Dar
una charla.
Actuar
en público.
Comer,
beber, escribir, etc delante de otras personas.
Asistir
a clases de gimnasia o danza.
Presentar
un informe ante un grupo de gente, etc.
La
clasificación del DSM-IV distingue tres tipos de fobia social:
Circunscrita
(una o dos situaciones temidas)
No
generalizada (varias situaciones temidas)
Generalizada
(teme la mayoría de las situaciones sociales).
Sistemas
de respuesta.
Existe
una tendencia a centrar la atención en sí mismos, concretamente en los síntomas
somáticos y autonómicos, en las cogniciones y emociones negativas y en
los propios errores.
1
– Sistema somático y autonómico.
Las
reacciones más comunes son taquicardia, palpitaciones, temblor (voz y
manos), sudoración, sonrojamiento, tensión muscular, malestar
gastrointestinal, boca seca, escalofríos, sensación de opresión en la
cabeza o cefalea, dificultad para tragar, náuseas y urgencia urinaria. Otras
respuestas mucho menos frecuentes son falta de respiración y dolor en el
pecho.
Hay
fóbicos sociales que no presentan reactividad autonómica a pesar de
mostrar reactividad cognitiva.
En
comparación a los fóbicos sociales que no presentan ataques de pánico
en las situaciones sociales, los que sí los presentan se caracterizan por
un mayor miedo y evitación a estas situaciones, más ansiedad somática,
un mayor malestar e inferencia producidos por su fobia y niveles más
altos de susceptibilidad a la ansiedad y a la desesperanza.
2
– Sistema cognitivo.
Aparecen
dificultades para pensar, imposibilidad de recordar, confusión,
dificultad para concentrarse, dificultad para encontrar las palabras, etc.
En
algunos casos el temor a no poder alcanzar las elevadas metas
autoimpuestas puede ser tan importante como la evaluación negativa de los
demás. La fobia social está asociada con un perfeccionismo socialmente
prescrito (normas basadas en las expectativas que se cree que tienen los
demás).
Los
pensamientos negativos también reflejan una serie de errores cognitivos típicos:
Valoración no realista de lo
que se espera de él, lo que provoca unas metas perfeccionistas.
Sobreestimación
del grado en que los otros observan su conducta.
Subestimación
de las propias capacidades y sobreestimación de cometer errores
importantes y fracasar.
Sobreestimación
de la probabilidad e intensidad del rechazo.
Expectativas
no realistas sobre las respuestas de los otros a las manifestaciones de
ansiedad.
Creencia
de que está actuando mal y que los demás lo perciben igualmente.
Atención
selectiva a los mensajes negativos pero no a los positivos.
Atribución
de los éxitos a factores externos.
Mayor
recuerdo de la información negativa sobre sí mismo.
Los
errores cognitivos, los pensamientos negativos y la forma de comportarse
pone de manifiesto una serie de creencias básicas relativamente generales
en los fóbicos sociales, que vienen a ser una autocrítica muy severa,
infravaloración de uno mismo, inseguridad personal, miedo al rechazo,
etc.
3
– Sistema conductual.
Muchas
veces no se evita estar en las situaciones sociales, sino participar en
las mismas, ser el centro de atención, ser el centro de la crítica o
manifestar síntomas temidos. Se ponen en marcha conductas de defensa
dirigidas a prevenir las consecuencias temidas. Si no se puede evitar la
situación, aparecen reacciones como tartamudeo, volumen de voz bajo,
muecas faciales, sonrisa o risa inapropiada, gestos de inquietud, etc.
Los
fóbicos sociales presentan una peor actuación de habilidades sociales sólo
en aquellas situaciones donde las reglas están menos definidas.
TRASTORNOS
ASOCIADOS.
Un
gran porcentaje de fóbicos sociales presentan o han presentado trastornos
asociados. En general la fobia social suele preceder a la aparición de la
mayoría de los problemas asociados, incluidos los trastornos depresivos.
Los
trastornos más frecuentes son :
Fobias
específicas.
Agorafobia, Depresión
mayor, Distimia, Abuso y dependencia de sustancias.
La
ideación suicida y los intentos de suicidio son relativamente frecuentes
entre los fóbicos sociales que presentan otros trastornos.
Diagnóstico
diferencial.
Aunque
tanto los sujetos con fobia social como los sujetos con un trastorno de pánico
con agorafobia pueden tener ataques de pánico en situaciones sociales y
evitar situaciones similares, ambos trastornos son claramente distintos. Lo
mismo se puede decir entre la agorafobia y la fobia social. Se pueden
tener en cuenta los siguientes aspectos al plantear alguno de los diagnósticos
anteriores:
1
– Los ataques de pánico del trastorno por pánico no se limita a
situaciones que implican evaluación social. En los sujetos con un
trastorno por pánico hay ataques inesperados y también en situaciones no
sociales en las que es difícil conseguir ayuda en el caso de un ataque de
pánico, situaciones que intentan evitar.
2
– A los sujetos con un trastorno por pánico les preocupa los síntomas
de ansiedad incluso si los demás no les ven, mientras que los individuos
con fobia social les preocupa que los demás puedan ver esos síntomas y
evaluarles de forma negativa.
3
– Los sujetos que padecen agorafobia prefieren estar con gente y
generalmente buscan a los demás cuando tienen un ataque de ansiedad,
mientras que los sujetos con fobia social evitan a la gente para eludir un
ataque de ansiedad.
4
– Los sujetos con un trastorno por pánico recuerdan frecuentemente el
primer ataque de pánico que tuvieron incluso muchos años después,
mientras que en los sujetos con fobia social el inicio suele ser más
progresivo o no recuerdan el momento de su aparición.
5
– La edad de aparición de la fobia social es más temprana y tiende a
distribuirse más equilibradamente entre hombres y mujeres, mientras que
la agorafobia tiene una edad de comienzo más tardía y la padecen con más
frecuencia las mujeres.
6
– Los sujetos con fobia social sufren menos síntomas somáticos que los
sujetos con agorafobia, se preocupan menos por los síntomas físicos y
tienen una menor probabilidad de informar de temores sobre morirse,
volverse loco o perder el control durante un ataque de pánico. Además,
tienen puntuaciones menores que los agorafóbicos y los sujetos normales
en extroversión.
7
– La infusión de lactato de sodio induce ataques de pánico en la mayoría
de los pacientes con trastorno por pánico, pero en pocos sujetos normales
de control. Los sujetos con fobia social tienen una tasa menor de pánico
en respuesta al lactato de sodio que los agorafóbicos.
EVALUACIÓN.
La
evaluación de la fobia social, lo mismo que de las otras fobias, debería
estructurarse para considerar de forma sistemática los síntomas fisiológicos,
conductuales y subjetivos y las reacciones a ellos. La gravedad de la
fobia puede estimarse si nos enteramos del grado en que interfiere con la
vida diaria, incluyendo la capacidad para trabajar y llevar a cabo
relaciones normales.
No
es necesario una historia detallada sobre el origen de una fobia, es más
importante los factores que la mantienen, que suelen ser la evitación y
los factores cognitivos.
La
entrevista.
Es
uno de los procedimientos fundamentales a utilizar, sin embargo, hay que
tener en cuenta que puede ser muy ansiógena para un fóbico social.
Durante la entrevista puede darse evitación del contacto visual, rubor,
dificultad al expresar ciertas opiniones, etc.
Debemos
obtener información sobre los siguientes aspectos :
-
Situaciones temidas y evitadas.
-Conductas problemáticas a nivel cognitivo, motor y autonómico,
incluyendo la intensidad, frecuencia y duración.
-Condiciones que agravan o reducen el problema.
-Antecedentes y consecuentes de las conductas problemáticas.
-Variables organísmicas o características personales que pueden
influir sobre dichas conductas.
-Interferencia del problema en el área personal, social, académico
o laboral del paciente.
-Exploración de la vida social e interpersonal.
-Historia del problema.
-Intentos previos y actuales realizados para superar el problema y
resultados obtenidos.
-Motivación, expectativas y objetivos del paciente.
-Recursos y limitaciones del paciente.
-Otros problemas que pueda presentar el paciente.
La
entrevista estructurada para los trastornos de ansiedad (Anxiety Disorders
Interview Schedule, ADIS) es uno de los formatos de entrevista más
utilizados debido a sus propiedades psicométricas. Existen otras
entrevistas estructuradas como SCID o el SADS-LA. El ADIS-R además del
diagnóstico clínico, evalúa los factores situacionales y cognitivos que
influyen en la ansiedad y proporciona información sobre el análisis
funcional de la conducta. Estas entrevistas, sin embargo, tienen la
dificultad de que lo que ganan en precisión se puede perder en
espontaneidad.
Instrumentos
de autoinforme.
En
las investigaciones sobre fobia social se ha empleado instrumentos de
autoinforme que podrían incluirse en cuatro categorías, según sean
instrumentos para medir :
a)Temor y ansiedad.
b)Ansiedad y/o fobia social.
c)Timidez.
d)Habilidades sociales.
En
la categoría a tendríamos :
-Escala de miedo a la evaluación negativa (FNE) de
Watson y Friend, 1969, que tiene como objetivo evaluar el componente
cognitivo de la ansiedad social y mide el grado en que la gente
experimenta temor ante la posibilidad de ser juzgado negativamente por los
demás. Es un buen predictor de la mejoría terapéutica a largo plazo.
En
la categoría b tenemos:
-
Inventario de ansiedad y fobia social (SPAI) de Turner,
Beidel, Dancu y Stanley, 1989, este inventario consta de dos subescalas,
una de fobia social con 32 ítems y otra de agorafobia con 13 ítems. La
ventaja que tiene es la posibilidad de hacer un diagnóstico diferencial
entre la fobia social y la agorafobia, ya que en ambos trastornos está
presente la ansiedad social. El SPAI resulta más específico que el SAD y
que el FNE.
-
Escala de fobia social(SPS) Liebowitz, 1987. tiene como
objetivo evaluar la fobia social y distinguir entre la ansiedad de
rendimiento (relacionada con la ejecución de conductas frente a los demás)
y la ansiedad social (situaciones propiamente sociales). Se muestra
sensible al cambio terapéutico. Consta de 24 ítems, 13 a la ansiedad de
rendimiento y 11 de ansiedad social.
-
Escala de estrés y evitación social (SAD) de Watson y
Friend, 1969. consta de 28 ítems, con dos posibilidades de respuesta,
verdadero o falso, 14 referidos al malestar subjetivo en situaciones
sociales y 14 a la evitación activa o deseo de evitación. Las respuestas
tienen pocas posibilidades de matización.
En
la categoría c tenemos :
-
Escala de timidez de Cheek y Buss, 1981.
-
Inventario de timidez de Morris, 1984.
En
la categoría d tenemos :
- Escala de asertividad
(RAS) de Rathus, 1973, tiene por objetivo evaluar el comportamiento social
autoafirmativo del sujeto. Las limitaciones de esta escala son que muchos
ítems están más relacionados con la agresividad que con la asertividad.
Autorregistro.
El
autorregistro puede permitir una evaluación única de las interacciones
de la vida real. Se puede evaluar la frecuencia de los contactos sociales,
sus antecedentes y consecuentes, el rango o número de diferentes personas
con las que interactúa, duración, autoevaluaciones de la ansiedad, síntomas
fisiológicos, pensamientos negativos, conductas de evitación, etc.
Un
problema con los autorregistros es que muchos pacientes olvidan
completarlos, para minimizar este problema se puede justificar la
necesidad del autorregistro, adaptarlo a la comprensión y motivación del
paciente, utilizar los autorregistros y demostrar su utilidad.
TRATAMIENTO.
Numerosas
investigaciones han demostrado que el tratamiento cognitivo-conductual de
la fobia social produce una importante mejora de este trastorno. Las
intervenciones que emplean la exposición situacional tienen alguna
ventaja. Las intervenciones cognitivo-conductual suelen utilizar la
reestructuración cognitiva, exposición situacional, entrenamiento en
habilidades sociales y técnicas para el control de la ansiedad.
Reestructuración
cognitiva.
Se
aplica siguiendo la línea de Beck con la finalidad de corregir los
errores cognitivos típicos de los fóbicos sociales, dotarles de mayores
recursos para afrontar las situaciones temidas y prevenir las recaídas.
En
la reestructuración cognitiva el terapeuta ha de ayudar al paciente a:
A)Identificar las cogniciones pertinentes (pensamientos
negativos sobre si mismo y sobre las reacciones de los otros), muchos
pensamientos son automáticos e involuntarios y pueden escapar a la atención
consciente y no sólo pueden ser pensamientos verbales, sino también como
imágenes. Los medios más frecuentes utilizados para identificar
cogniciones son las preguntas más o menos retrospectivas del terapeuta y
el autorregistro. El autorregistro es muy importante porque las
cogniciones identificadas en las situaciones reales pueden tener un
significado muy diferente de las informadas en la consulta. También es
importante calificar el grado en que el paciente cree en estas
cogniciones.
B)Comprender el impacto de las cogniciones sobre las reacciones
emocionales y conductuales y considerar las cogniciones como hipótesis
que han de ser discutidas y sometidas a prueba. Existen diversas
formas de interpretar una misma situación y su impacto emocional y
conductual son muy diferentes. A base de sucesos hipotéticos el terapeuta
y el paciente deben trabajar en posibles reacciones somáticas, afectivas
y conductuales de esa situación.
C)Cuestionar verbalmente las cogniciones inadecuadas mediante
preguntas e información correctiva y definir los pensamientos en términos
específicos y concretos. Conviene tener en cuenta que dentro de las
cogniciones pueden distinguirse dos niveles básicos, los pensamientos
automáticos y los esquemas o supuestos que tienen una mayor estabilidad y
transitucionalidad y son más resistentes al cambio. En una primera etapa
se cuestionan los pensamientos automáticos negativos y posteriormente los
supuestos disfuncionales.
D)Cuestionar conductualmente las cogniciones inadecuadas mediante
pruebas o experimentos. Es un paso preliminar que pone en tela de
juicio ciertas cogniciones y facilita la realización del cuestionamiento
conductual de las mismas. A través de tareas o experimentos conductuales
y siguiendo un enfoque gradual, se somete a prueba la validez de los
pensamientos. De cara a abordar el miedo a la evaluación negativa y sus
consecuencias, los experimentos deben permitir evaluar las reacciones y
pensamientos de los otros.
E)Modificar las cogniciones y sustituirlas por otras más
apropiadas. Se supone que el identificar y modificar los supuestos
disfuncionales básicos produce cambios más profundos que el simple
cambio de pensamientos concretos y conductas, y que es útil para prevenir
las recaídas.
Exposición
situacional o en vivo.
La
exposición permite aprender a romper la asociación entre las situaciones
temidas y las reacciones de ansiedad y a responder de modo diferente ante
dichas situaciones, que las consecuencias negativas anticipadas no ocurren
y que, por tanto, no hay base para el miedo y que la ansiedad puede ser
controlada con las técnicas de afrontamiento.
La
exposición en vivo es una técnica necesaria, pero, por sí sola
insuficiente. La duración de un tratamiento de exposición variará en
función del número de situaciones temidas.
Entrenamiento
en habilidades sociales.
Conviene
tener en cuenta que un déficit en habilidades sociales no puede inferirse
simplemente a partir de un déficit de ejecución, ya que éste último
puede ser debido a la perturbación producida por la ansiedad.
En
el caso de ser necesario el entrenamiento en habilidades sociales puede
ser aplicado de dos formas, como un módulo aparte con énfasis en la
adquisición de varias habilidades sociales o integrándolo con el
tratamiento cognitivo-conductual y con unas miras más limitadas que en el
caso anterior.
La
primera forma es aconsejable para aquellos pacientes que presentan claros
déficits en habilidades sociales básicas en una amplia variedad de
situaciones. Este módulo aumenta la confianza del paciente para empezar
con la exposición en vivo y los experimentos conductuales.
La
segunda forma es adecuada para aquellos pacientes que presentan déficit
de habilidades sociales en situaciones sociales específicas. Es
importante en este caso que este entrenamiento sea integrado con el
cuestionamiento de los pensamientos desadaptativos y la práctica de la
exposición en vivo.
Técnicas
para el control de la ansiedad.
La
respiración controlada es un procedimiento muy eficaz para reducir la
activación y afrontar la ansiedad. La técnica puede aprenderse en
unas 2 o 3 semanas y consiste en aprender a respirar de un modo lento,
relativamente profundo y empleando el diafragma en vez de respirar sólo
con el pecho. Si se considera necesario se puede enseñar al paciente
alguna técnica de relajación.