Las principales técnicas de relajación, tienen sus orígenes formales en los primeros años de nuestro siglo.
Las primeras publicaciones sobre la relajación progresiva de Jacobson son de 1929 y la relajación autógena de Schultz de
1932, otras técnicas de relajación, como las basadas en el biofeedback o retroalimentación son bastante más recientes, ya que se desarrollaron formalmente a partir de los años 60 y 70.
A pesar de los orígenes relativamente nuevos, sus antecedentes históricos son antiguos. Existen importantes conexiones históricas entre las técnicas de relajación, basadas en la sugestión, y los primeros intentos de tratamiento de la enfermedad mental, basados en el magnetismo animal y la hipnosis, tal como fueron aplicados en los siglos XVII y XIX. Los avances en el conocimiento de la anatomía y electrofisiología de los sistemas neuromuscular y neurovegetativo a lo largo de los siglos XVIII y XIX fueron decisivos para el posterior desarrollo de las técnicas psicofisiológicas de relajación.
La evolución de las técnicas de relajación a lo largo del siglo XX y su consolidación como procedimientos válidos de intervención psicológica se ha debido en gran medida al fuerte impulso que recibieron dentro de la Terapia y Modificación de conducta, al ser consideradas como parte integrante de otras técnicas.
Este impulso se vio reforzado por el lugar relevante que continuaron teniendo en los ámbitos de aplicación más recientes de la medicina conductual y la psicología de la salud. Su consolidación se ha debido a la existencia de unos marcos conceptuales derivados de la investigación experimental sobre los procesos emocionales y
motivacionales, desde los que nos ha sido posible entender la naturaleza y los mecanismos de acción de dichas técnicas.
FUNDAMENTOS CONCEPTUALES.
La relajación constituye un típico proceso psicofisiológico de carácter interactivo, donde lo fisiológico y lo psicológico interactúan siendo partes integrantes del proceso, como causa y como producto.
De ahí que cualquier definición de la relajación deba hacer referencia necesariamente a sus componentes fisiológicos ( patrón reducido de actuación somática y autónoma), subjetivos ( informes verbales de tranquilidad y sosiego ) y conductuales ( estado de quiescencia motora ), así como a sus posibles vías de interacción e influencia.
Existen diferentes marcos conceptuales desde los que es posible abordar el estudio psicofisiológico de la relajación, los principales proceden de las investigaciones sobre procesos emocionales, motivacionales y de aprendizaje.
Relajación y emoción.
Desde el ámbito de la emoción, la relajación se ha entendido como un estado con características fisiológicas, subjetivas y conductuales, similares a las de los estados emocionales, pero de signo contrario.
Las teorías sobre las emociones difieren en el papel que asignan a las respuestas corporales en la evocación de la experiencia emocional.
La teoría del
arousal-cognición, propone que la emoción es el producto de una interacción entre un estado de activación fisiológica y un proceso cognitivo de percepción y atribución causal de dicha activación a claves emocionales del ambiente.
La activación fisiológica o arousal determinaría la cualidad emocional. Ambos componentes son necesarios de forma
interactiva, si no hay activación fisiológica no hay emoción, pero si no hay cognición tampoco hay emoción.
La teoría del arousal-cognición supone que la activación fisiológica es inespecífica siendo su principal mecanismo de acción la activación del sistema nervioso simpático. Se supone que la rama simpática del sistema nervioso autónomo es la responsable de los cambios fisiológicos presentes en las emociones. Su función es la de preparar al organismo desde un punto de vista energético, proporcionándole el aporte sanguíneo necesario para actuar de forma adaptativa ante las demandas ambientales. En los estados de tranquilidad y quiescencia el principal mecanismo de acción es la activación del sistema nervioso parasimpático cuya función es de signo contrario, conservar la energía del organismo. Ambas ramas actuarían según el principio de inhibición recíproca, cuando una se activa la otra se inhibe y viceversa.
Frente a esta concepción de la emoción y de la activación fisiológica, existe una alternativa teórica que considera a las emociones como el producto del feedback aferente de patrones corporales específicos.
Uno de los principales sistemas de expresión emocional es el de los músculos faciales, expresiones de miedo, ira, tristeza, alegría, etc. Desde esta perspectiva, la activación fisiológica contribuiría tanto a la intensidad como a la cualidad emocional. Por consiguiente, la relajación podría ser entendida no como un estado general caracterizado por un nivel de activación fisiológica mínima, sino como un estado específico caracterizado por un patrón de activación fisiológica distinto u opuesto al de las emociones intensas. Los cambios corporales pueden ser la consecuencia de la activación de programas motores centrales, tal como postulan algunos modelos cognitivos de la emoción basados en el paradigma del procesamiento de la información.
Relajación y estrés.
La investigación sobre el estrés ha sido el marco conceptual más relevante para el estudio de la relajación. El estrés se tiende a conceptuar como la respuesta biológica ante situaciones percibidas y evaluadas como amenazantes y ante las que el organismo no posee recursos para hacerle frente adecuadamente, esto pone de manifiesto dos variables psicológicas mediadoras, la valoración cognitiva de la situación y la capacidad del sujeto para hacerle frente. Se acepta que la respuesta fisiológica incluye componentes de los sistemas neurofisiológicos, neuroendocrino y neuroinmunitario, además de ir acompañada de componentes subjetivos y conductuales.
La respuesta biológica de estrés ha sido investigada en el contexto de otras respuestas que han recibido diferentes denominaciones, reflejo de defensa (Pavlov), reacción de lucha y huida (Cannon) o reacción de alarma (Selye).
Cuando la respuesta se repite con demasiada frecuencia o su intensidad excede las demandas objetivas de la situación, se puede convertir en un importante factor de riesgo para la salud, comprometiendo el funcionamiento adaptativo de los tres sistemas biológicos implicados, el neurofisiológico, neuroendocrino y el neuroinmunitario.
Desde este marco, la relajación se considera una respuesta biológicamente antagónica a la respuesta del estrés, que puede ser aprendida y convertirse en un importante recurso personal para contrarrestar los efectos negativos del estrés.
Relajación y aprendizaje.
El aprendizaje de respuestas biológicas constituye otro marco de referencia teórico para entender las técnicas de relajación. Las diferentes técnicas pretenden facilitar el aprendizaje del patrón de respuesta biológica correspondiente al estado de relajación. En el caso de la relajación progresiva de Jacobson y en sus versiones simplificadas, el principal mecanismo de aprendizaje podría ser la discriminación perceptiva de los niveles de tensión EMG en cada grupo muscular, a través de los ejercicios sistemáticos de tensión-distensión. En el caso de la relajación autógena de Schultz, el mecanismo podría estar relacionado con la representación mental de las consecuencias motoras de la respuesta, sensaciones de peso y calor, que dispararían las eferencias somáticas y viscerales correspondientes. En el caso de las técnicas basadas en la respiración, el principal mecanismo estaría basado en las interacciones cardiorrespiratorias del control vagal. Se sabe que el entrenamiento de patrones respiratorios caracterizados por tasas respiratorias bajas, amplitudes altas y respiraciones predominantemente abdominales incrementan el control parasimpático sobre el funcionamiento cardiovascular a través del sinus arritmia, cambios en el ritmo cardíaco asociados a las fases inspiratoria y espiratoria de cada ciclo respiratorio.
Se ha considerado que la respuesta de relajación, una vez emitida o evocada, puede ser condicionada a estímulos neutrales del ambiente o ser contracondicionada a estímulos evocadores de ansiedad,
de acuerdo con el modelo de condicionamiento clásico o pavloviano. Este último mecanismo de aprendizaje es el que se ha supuesto como responsable de los efectos terapéuticos de técnicas de modificación de conducta.
PROCEDIMIENTO.
Este procedimiento es una adaptación de la técnica de relajación progresiva de Jacobson basada en las realizadas por Wolpe (1973) y Bernstein y Borkovec (1973).
La técnica original es mucho más larga, introduce más variedad de ejercicios para cada grupo muscular, en cada grupo se suelen emplear de 7 a 12 días. El tipo de instrucciones son similares con la salvedad de que están elaboradas para ser autoaplicadas.
La técnica de Jacobson se ha adaptado y simplificado porque se pueden obtener los mismos resultados con 8 o 10 sesiones que con las 90 originales y porque se sigue mejor la técnica cuando al principio la dirige un terapeuta.
Aspectos referentes a la evaluación.
En clínica no se puede aplicar una técnica sin antes evaluar el problema. Se ha de estar seguro de que un incremento en la habilidad para relajarse va a ser un factor importante en la resolución del problema del paciente. Podría ser incluso contraproducente, si no percibe una mejoría progresiva puede perder la motivación para seguir trabajando. Por ello es necesario asegurarse durante el periodo de evaluación, mediante las distintas técnicas, que el principal o uno de los principales problemas del paciente es la tensión excesiva a la que se ve sometido.
Relación paciente-terapeuta.
Es necesario establecer una buena relación de trabajo en la que esté claro que es el paciente quien va a aprender a resolver sus problemas con la ayuda del psicólogo.
El éxito de la relajación no depende de que el terapeuta sea muy bueno con la técnica sino que sea muy bueno motivando y asegurándose de que el paciente aprende a reconocer y relajar la tensión muscular, practicar diariamente en casa,
aplicar la relajación en su vida cotidiana y ante situaciones estresantes específicas y convertirla en un hábito.
Ambiente físico.
Este hace referencia sobre todo a la sala de relajación, aunque también puede incluirse el atuendo del paciente. La sala de relajación debe ser tranquila, pero no completamente insonorizada, para que se asemeje al medio real, la temperatura debe permanecer constante entre 22 y 25ºC y la luz tenue, de forma que no moleste pero que tampoco deje la habitación a oscuras.
El mobiliario puede ser desde una colchoneta hasta un sillón reclinable.
El atuendo del paciente debe ser cómodo, que no lleve prendas ceñidas que dificulten la circulación. Como norma es mejor observar al paciente y pedirle que se desprenda sólo de aquellos objetos que puedan obstaculizar la tensión-relajación de algún grupo muscular.
Voz del terapeuta.
El tono y la intensidad dependerá del procedimiento de relajación que emplee. Esto es así debido a los fundamentos y a la lógica que hay detrás de cada técnica. La relajación progresiva, al fomentar el proceso de discriminación tensión-relajación, es en la que menos se utilizan tonos de voz sugestivos. La voz sigue un tono normal, un poco bajo y pausado, pero no va perdiendo en volumen ni haciéndose cada vez más lento. Por el contrario, las técnicas de hipnosis pretenden alcanzar estados de relajación profundas mediante el uso de frases y palabras sugestivas.
Presentación de la técnica.
Debe comprender la finalidad para la que se va a enseñar y relación con el problema del paciente, en qué consiste la técnica en términos generales, cómo se va a proceder en las sesiones, importancia de la práctica en casa y, por último, en qué consiste la sesión actual. El terapeuta debe asegurarse que el paciente comprende y acepta la información recibida.
LA RESPIRACIÓN.
La respiración de alguien tenso y nervioso es superficial y rápida. Cuando la respiración es superficial disminuye el nivel de anhídrido carbónico en el torrente sanguíneo, cuando este nivel desciende demasiado, se produce una contracción de los vasos sanguíneos de todo el cuerpo. Como consecuencia de esta vasoconstricción disminuye la cantidad de oxigeno que llega al cerebro, lo que provoca mareos, sensación de tensión y dolor de cabeza, produce un exceso de descarga de calcio en los tejidos (músculos y nervios), incremento de la sensibilidad nerviosa, etc. Una persona serena y relajada respira lenta y profundamente.
La manera de respirar ejerce una influencia enorme en el modo de sentir. La respiración es, entre todas las funciones humanas, la única actividad involuntaria sobre la que tenemos un control consciente.
Los factores que influyen en la respiración son tres : el hábito, la técnica y la postura.
Prolongados períodos de respiración superficial provocan un debilitamiento del diafragma y de los músculos abdominales (respiratorios), que limita su capacidad de funcionar adecuadamente. La postura es otro de los obstáculos, incluso un leve hundimiento de los hombros ejerce un efecto negativo, reduce el volumen de la cavidad torácica, lo que obliga a respirar más con la parte superior (respiración superficial) que, mediante el empleo de las costillas y el diafragma.
Al agrandar la cavidad torácica penetra en la parte inferior de los pulmones mayores cantidades de aire, que a su vez, expulsa de allí más materiales de desecho y alivia las tensiones musculares en torno de las áreas del estómago y de las costillas. Al reducirse dichas tensiones, se vuelve automática la respiración correcta.
Una respiración adecuada es pues, aquella en la que llenamos los pulmones de aire en la zona inferior, media y superior. Se debería automatizar como ayuda en los momentos de estrés.
Ejercicios para una respiración adecuada:
1 – El objetivo es que el aire inspirado se dirija a la parte inferior de los pulmones. Tumbado, colocar una mano sobre el vientre y la otra sobre el estómago. En cada inspiración se ha de intentar dirigir el aire a la parte inferior de los pulmones, por lo tanto, debe moverse la mano que está sobre el vientre, pero no, la mano del estómago.
2 – El objetivo es conseguir que el aire inspirado se dirija a la parte inferior y media de los pulmones. Tumbado, colocar una mano sobre el vientre y la otra sobre el estómago como en el ejercicio anterior. Se ha de intentar dirigir el aire de la inspiración a la parte inferior de los pulmones y después, en la misma inspiración, dirigir el aire a la parte media, notando como se hincha la zona bajo la mano del estómago.
3 – El objetivo es conseguir una inspiración completa. Tumbado, colocar igualmente las dos manos como en los ejercicios anteriores. Se hace una inspiración en tres tiempos dirigiendo el aire primero al vientre, luego al estómago y finalmente al pecho.
4 – El objetivo es conseguir una espiración más completa y regular. Tumbado y con las manos una en el vientre, la otra en el estómago. Se hace la misma inspiración que en el ejercicio tres, pasando del vientre al estómago y luego al pecho, pero para espirar se cierra bastante los labios de manera que el aire produzca un leve ruido que servirá para ir ajustando el ritmo de la respiración.
5 – El objetivo es conseguir una adecuada alternancia respiratoria. Los tres tiempos de respiración hasta ahora realizados se hacen como un continuo. Poco a poco se van eliminando los ruidos de la espiración para progresar hacia un ciclo respiratorio normal.
6 – El objetivo es generalizar la respiración completa a las condiciones habituales. Se repite el ejercicio anterior pero en distintas posiciones y situaciones para ir habituándonos a la respiración completa.
RELAJACIÓN PROGRESIVA DE JACOBSON.
Primero se le pide al paciente que se vaya relajando, estirado o sentado, durante unos minutos a través de una respiración adecuada. Cuando han transcurrido estos minutos y el paciente tiene una relajación previa empezamos con la relajación de la cara.
La frente: para tensarla hay que tirar de las cejas hacia arriba de manera que se marquen las arrugas. Relajarla dejando que las cejas vuelvan a su posición habitual.
El entrecejo: para tensar hay que intentar que las cejas se junten una contra otra, se deben marcar unas arrugas encima de la nariz. Relajar.
Los ojos: tensarlos apretándolos fuertemente. Relajarlos aflojando la fuerza y dejarlos cerrados.
La nariz: para tensarla se la debe arrugar hacia arriba, destensarla dejando de arrugarla suavemente.
La sonrisa: forzar la sonrisa el máximo posible apretando los labios uno contra el otro al mismo tiempo. Relajar.
La lengua: apretar con fuerza la lengua contra la parte interior de los dientes de la mandíbula superior. Se tensan la lengua, la parte inferior de la boca y los músculos de alrededor de las mandíbulas. Aflojar lentamente.
Mandíbula: apretar con fuerza la mandíbula inferior contra la superior, notando que se tensan los músculos situados por debajo y hacia delante de las orejas. Aflojar.
Los labios: sacar los labios hacia fuera y apretarlos fuertemente el uno contra el otro. Relajar.
Resto del cuerpo:
El cuello: existen diversos procedimientos, básicamente consiste en estirar los músculos del cuello hacia arriba. Un procedimiento es dejando caer la cabeza hacia delante hasta que la barbilla esté lo más próxima posible al pecho, se tensan especialmente los músculos de la nuca. Para relajar, llevar la cabeza a su posición normal. El otro procedimiento es inclinar la cabeza hacia un lado hasta sentir una tensión en la zona lateral del cuello y después hacia el otro lado. Para relajar volver la cabeza a su posición normal.
Los hombros: subir los hombros hacia arriba con fuerza, intentando tocar las orejas con ellos, mantener la tensión y relajar dejando caer poco a poco los hombros.
Brazos: estirar el brazo hacia delante, cerrar el puño y apretarlo fuertemente, intentar poner todo el brazo rígido. Para aflojar, abrir el puño y dejar caer el brazo suavemente. Después el otro brazo.
Espalda: para tensar, echar el cuerpo hacia delante, doblar los brazos por los codos y tirar de ellos hacia arriba y atrás, no se deben apretar los puños, para relajar volver a la posición original.
Estómago: hay dos maneras. Una es meter el estómago hacia adentro el máximo que se pueda, otra manera más efectiva es apretar los músculos del estómago hacia fuera, de manera que se ponga duro. Para relajar dejar de tensionar el estómago.
Parte inferior de la cintura: apretar la parte del cuerpo que está en contacto con la silla, lo más efectivo es apretar la pierna izquierda contra la derecha, desde el trasero hasta la rodilla.
Piernas: estirar la pierna todo lo posible, se ha de notar la tensión en el muslo y en la pantorrilla. El pie se puede poner mirando al frente o tirando de él hacia atrás. Relajar primero el pie y poco a poco soltar la pierna y dejarla que se relaje. Repetir con la otra pierna.
En la relajación progresiva normalmente se aprende un grupo muscular por sesión, pero esto depende del terapeuta. Después de cada sesión se dedican los últimos minutos para sentir la relajación ayudándonos con una respiración lenta y profunda.
Cuando el paciente ya sabe tensar y relajar los músculos se puede pasar al recorrido mental tensión-relajación, que consiste en ir apretando y aflojando sucesivamente todos los grupos musculares, en el caso de que un grupo muscular continúe en tensión, volver a relajarlo, hasta que se sienta el cuerpo totalmente relajado.
Es necesario adecuar la técnica a las necesidades particulares de cada persona.
Después de la relajación progresiva las técnicas más utilizadas en relajación son la técnica de relajación pasiva, la técnica de la relajación autógena y la respuesta de relajación.
LA RELAJACIÓN PASIVA.
Se basa en concentrarse en cada grupo muscular y relajarlo mentalmente. El recorrido mental con solo relajación es la forma más efectiva de practicar en situaciones de la vida cotidiana.
La relajación pasiva puede ser útil en los siguientes casos :
1) Con personas que encuentran difícil relajarse después de tensar los músculos.
2) En las personas que no esté aconsejado tensar ciertos músculos debido a problemas orgánicos o tensionales.
3) Como ayuda inicial en aquellas personas que tengan dificultad para relajarse en casa.
Se acaba también con unos minutos de respiración lenta y profunda.
Este tipo de relajación puede ser grabado por el terapeuta para facilitar la relajación del paciente pero en un tipo de voz más lento y pausado que en la relajación progresiva. Esta cinta debe ser utilizada solo hasta que el paciente interiorice las instrucciones, si no, puede producir una dependencia a la voz del terapeuta.
LA RELAJACIÓN AUTÓGENA DE SCHULTZ.
Consiste en una serie de frases elaboradas con el fin de inducir en el sujeto estados de relajación a través de autosugestiones.
1) Sensación de pesadez y calor en las extremidades.
2) Regulación de los latidos del corazón.
3) Sensación de tranquilidad y autoconfianza.
4) Concentración pasiva en la respiración.
En esta técnica se focaliza la atención en las extremidades para calentarlas y en el abdomen para favorecer la respiración. Debe practicarse varias veces al día, al igual que las otras técnicas de relajación. El terapeuta va repitiendo las instrucciones utilizando la sugestión, pero solo se utilizarán estas instrucciones al principio, después el paciente debe interiorizarlo y practicarlo solo.
La técnica de relajación autógena consta de 4 niveles progresivos. El primero de ellos es el que realmente interesa para la obtención de estados relajantes y consta de seis ejercicios escalonados de forma progresiva y de menor a mayor
dificultad:
1) relajación de la musculatura voluntaria. Se realiza mediante la fórmula “mi brazo está pesado” que se repite 6 veces verbal o mentalmente, después se continúa con toda la musculatura corporal esquelética o voluntaria. 2) Relajación de la musculatura vascular. Se pretende conseguir una dilatación de los vasos sanguíneos con el fin de aumentar el flujo sanguíneo produciendo sensaciones de aumento de calor en la zona relajada. La fórmula que se utiliza es “mi brazo está caliente” que también se repite seis veces y se continúa por toda la musculatura esquelética. 3) Regulación del ritmo cardíaco. Se coloca la mano derecha a la altura del corazón y se utiliza la fórmula “mi corazón está tranquilo”, también se repite seis veces. 4) Regulación de la respiración. Se utiliza la fórmula “mi respiración es suave y tranquila” y se repite seis veces. 5) Regulación de los órganos abdominales. Se ha de concentrar la mente en la boca del estómago o plexo solar y utilizando la fórmula “mi abdomen está caliente” repetida seis veces, llegaremos a notar una evidente sensación de calor en la zona de los órganos contenidos en el abdomen. 6) Regulación de la temperatura de la región cefálica. Se pretende reducir el aflujo vascular para provocar una sensación de frialdad que creará una armonía y equilibrio emocional. La fórmula es “mi frente está agradablemente fresca” repetida seis veces. Estos ejercicios deben realizarse dos o tres veces al día durante unos 15 días, siempre pasando de un ejercicio al otro cuando el anterior esté perfectamente dominado.
El inconveniente de este método es el tiempo que se necesita para llegar a realizarlos todos ellos en un solo ejercicio, que puede variar entre 3 y 6 meses dependiendo de la persona.
LA RESPUESTA DE RELAJACIÓN DE BENSON.
Benson, sostiene que la respuesta a la relajación es una consecuencia de 4 factores:
Una ayuda mental, es decir un estímulo constante y repetitivo como un sonido, un movimiento, una palabra o frase redundante. El propósito de esta ayuda es concentrar la mente en una idea sencilla y neutra. El segundo factor es la actitud receptiva en la que el individuo elimina los pensamientos que disturban su atención y acepta la sencillez y neutralidad de la ayuda mental. Un tercer elemento es la reducción del tono muscular, por lo que se requiere una postura cómoda.
La técnica de la respuesta de relajación de Benson va dirigida a reducir los estados de ansiedad, a aquietar la mente y combatir los efectos del estrés.
Para inducir la respuesta de relajación escoja una palabra, sonido, frase u oración que sea de su agrado. Siéntese en una posición cómoda. Cierre los ojos, relaje los músculos y respire lenta y naturalmente. Con cada exhalación vaya repitiendo mentalmente la palabra o frase escogida. Asuma una actitud pasiva. Si le vienen a la mente pensamientos que lo distraen, descártelos tranquilamente y continúe con la respiración. Siga repitiendo la palabra o frase durante unos 10 o 20 minutos a la vez que continúa con su respiración lenta. Al cabo de este tiempo deberá sentirse en un estado de calma y tranquilidad internas. Para lograr los mejores resultados se debe practicar esta técnica una o dos veces al día. Después ya es posible inducir la respuesta de relajación mientras se lleve a cabo cualquier actividad, solo con pensar la palabra o frase relajante.
APLICACIONES.
La importancia de las técnicas de relajación no reside en ellas mismas, si no en la aplicación que se haga de ellas. No son fines en sí mismas, si no medios para alcanzar una serie de objetivos.
El objetivo fundamental es dotar al individuo de la habilidad para hacer frente a situaciones cotidianas que le están produciendo tensión o ansiedad. Las técnicas de relajación se utilizan también en los problemas psicosomáticos, insomnio, hipertensión, cefaleas, etc.
Aunque algunas técnicas de relajación han sido usadas en el tratamiento de algunos problemas, no hay evidencia definitiva de que ninguna sea superior a cualquier otra, lo que si hay, son las diferencias individuales.