Iván Contreras
Nogueira. MBA
Loyola College. Maryland
Hoy
en día el valor de la información es innegable y quien tiene acceso a
ella, tiene el verdadero poder. La mayor parte de los intercambios
comerciales que realizamos son intercambios de información. Las
arrebatadoras autopistas de la información son, al mismo tiempo,
arrebatadoras autopistas del dinero. El dinero aparece como consecuencia
del trabajo, y una de las consecuencias de su división es la aparición el
dinero.
Con
la aparición del dinero cambia la naturaleza de las cosas.
J.Locke.
Acumular dinero puede verse como la acumulación de futuro (asegurarse vivir
sin trabajar) o acumular pasado (mi trabajo, mi inteligencia e inversiones
realizadas, me permitieron obtener y amasar una cantidad de dinero).
El dinero aparece como consecuencia del trabajo, y una de las consecuencias
de su división es la aparición el dinero.
Con
la aparición del dinero cambia la naturaleza de las cosas.
J.Locke.
Acumular dinero puede verse como la acumulación de futuro (asegurarse
vivir sin trabajar) o acumular pasado (mi trabajo, mi inteligencia e
inversiones realizadas, me permitieron obtener y amasar una cantidad de
dinero). El dinero es una forma de medir tiempo, muchas veces relacionado
con el trabajo realizado o por realizar.
Además
de su posibilidad de intercambio, el dinero ejerce un valor de proyección
(uso). El valor de cambio y el valor de uso son dos ámbitos con
consideraciones éticas. Manejar dinero conlleva consecuencias éticas.
En
el sector bancario se juntan los ahorrantes y los inversionistas, es decir,
el pasado (el ahorro producto del trabajo) y el futuro
(inversión por realizar). Pasado y futuro se necesitan. Carecería de
sentido acumular dinero sin invertir, sin proyectar. La banca en estos
casos, posee la capacidad de realizar la función social de ser el tomador
de riesgo por un lado, y por otro, generador de confianza en el sistema.
"Las grandes crisis financieras son por falta de confianza
generalizada de los inversionistas y ahorrantes". La banca se basa en
el confianza y así, la reputación es uno de sus principales activos y a
su vez, uno de sus primeros problemas éticos. La comunidad le deja al
Estado la tarea de supervisar las evasiones de impuestos o que las políticas
de crédito supongan un bien futuro para la misma comunidad.
La
usura, los robos de los empleados, las excusas mentirosas, las altas tasas
por comisiones injustas (muy pocos consumidores saben que las comisiones
son negociables) , la inexistencia del secreto bancario, etc, son
consideraciones éticas que tipifican la banca "comercial" pequeña.
En las grandes corporaciones aparecen los sobornos a poderes públicos, el
acceso a la información privilegiada; la evasión de impuestos y el
espionaje.
La
confianza, base del negocio bancario, se genera entre personas. Éstas
son el cliente y por lo tanto debe procurar darle el mismo trato que
empresas. Un trato digno es procurar hacerse cargo de las necesidades de
los clientes que buscan una solución. Lo que normalmente ocurre es el
popular "endoso del problema a terceros".
Los
clientes son la principal fuente de información de las empresas. Hay que
escucharlos para mejorar el negocio y conseguir una mayor fidelidad del
cliente.
La
banca cuenta con una alta responsabilidad social derivada de su influencia
ética contra todos aquellos que giran en torno a sus actividades, por
ejemplo deberá mantener informado a los accionistas de los planes más
importantes). En la realidad se puede fácilmente confundir a la autoridad
cuando quienes dirigen las empresas ocultan o manipulan la información a
sus accionistas. Cuanto más repartida se encuentra la propiedad más
importante resulta saber quién es la autoridad y qué conflictos de
intereses se originan.
A
la banca no se le puede pedir comportamientos altruistas porque simplemente
no sería parte de su naturaleza. Lo importante es que debe jugar el papel
que le corresponde en la economía. La responsabilidad social es una parte
esencial del negocio bancario ya que cuenta con una actividad de largo
plazo.
El
mercado económico así como sus valores particulares se encuentran
sustentados principalmente bajo la confianza, tanto de las políticas económicas
claras del Estado como de los mismos inversionistas de la economía. De
lo contrario colapsa inevitablemente. Todo aquello que viole la privacidad
o desvirtúe la transparencia, debe considerársele económicamente
inmoral. La ética es lo que hace eficaz al mercado, en virtud de su
transparencia y por lo tanto de su confianza. Un ejemplo de ello es el
comportamiento ético de los agentes económicos y de los operadores de
valores, en cuanto a su responsabilidad al manejar información
confidencial "aprovechable"; el respeto por el secreto
profesional, etc.. La ética permite mantener una mayor eficacia y
transparencia de todo el sistema económico de un país.
ÉTICA
E IMPUESTOS
Contribuir
con los sectores más necesitados, buscar de la equidad y justicia social
es una obligación "vinculante" en la conciencia. El concepto de
justicia tiene su fundamento a partir de cuatro vertientes: - El Estado
como promulgador de leyes para la comunidad política; - Recaudar impuestos
para fines sociales exigidos por el bien común y para una mayor equidad de
la riqueza; - Determinación del objeto gravable; - Gravar conforme a una
proporcionalidad justa de la riqueza. El juicio moral sobre los impuestos
tiene que ver con a) la actividad fiscal y financiera del Estado, por un
lado y por el otro, b) con el comportamiento del contribuyente.
a)
El resultado fiscal (entradas y salidas) del Estado es una cuenta débilmente
difundida y susceptible a interpretaciones. La falta de conocimientos técnicos
de la comunidad para entender los aspectos esenciales de sus resultados
permite la vaguedad de su difusión. En cuanto a los impuestos, se
cuestiona la validez del concepto "impuesto justo", en cuanto al
uso de lo recaudado, en cuanto al objeto gravado, en cuanto al método de
determinación tributaria, en cuanto a hacer justicia con las personas
afectadas.
b)
El contribuyente por su parte, cuestiona el concepto ético a partir de la
pregunta sobre la razón (justificación) y destino del tributo.
La
confianza en el buen aprovechamiento del tributo es vital para proclamar la
obligación de las personas en cumplir con su "deber como
contribuyente". Sin embargo si esta confianza es cuestionada, la
comunidad hará lo posible por buscar mecanismos que le permitan no
enfrentarlos. En la práctica, nunca se tiene certeza del destino del
tributo. Esto resulta una realidad en la mayoría de los países del mundo
y más aun si se trata de un país subdesarrollado. La evasión tributaria
y la corrupción van de la mano y es el lema de cada día en las esferas
políticas.
La
corrupción no tiene que ver con los bajos sueldos (sería muy liviano
afirmar esto). Tiene que ver con la codicia.
En
materia tributaria el Estado debe actuar conforme a ciertos principios
morales, tales como:
-
"El Estado tiene el deber" y obligación moral de establecer un
sistema justo de impuestos, que busque el bien común. El bien común es el
"conjunto de condiciones que la sociedad ofrece a cada individuo para
poder vivir una vida digna, gracias a sus propios esfuerzos".
Aunque
el Estado tiene esta obligación moral de "establecer un sistema
justo", esta justicia se pierde al momento de su implementación,
debido a la subjetividad del concepto "Justo". Que sea adecuado
para promover el bien común y atender las necesidades de la sociedad,
también se pierde por cuanto las necesidades antes de ser colectivas son
individuales: trabajo, salud, educación, vivienda, dignidad. Por lo tanto,
mal puede el Estado ejercer esta obligación. En la práctica, juega a que
puede lograrlo y la sociedad juega a que el Estado logrará hacerlo por
cuanto ha sido elegido democráticamente. Al final, siempre los triunfos
morales (éstas corresponden a excusas de los gobiernos frente al
incumplimiento de lo prometido, escondiéndose en frases como "se hizo
lo que se pudo", o "nos acercamos más") sobrepasan los
triunfos reales. Un ejemplo de ello es la utopía de la erradicación de la
pobreza o el logro de la equidad.
-
El Estado tiene el derecho y obligación moral de "cobrar" en
forma justa los impuestos establecidos. Si el Estado no ejerce mecanismos
de recaudación de los tributos, el contribuyente no cancelará por
voluntad dicho tributo. El Estado no tiene herramientas para recaudar del
comercio informal.
-
El Estado tiene la obligación moral de "aplicar" los ingresos
fiscales de manera eficiente para atender a las necesidades sociales (bien
común y otras necesidades). El Estado debe usar el tributo en forma
eficiente. Se debe velar por la inexistencia de abusos en la utilización
de los tributos.
-
Debe además disponer la determinación del impuesto en forma
"proporcional" a los ingresos. Al establecer un impuesto el
Estado debe medir el impacto el la dignidad de las personas.
El
contribuyente por su parte deberá actuar moralmente conforme a:
-
Pagar los impuestos en la medida que sean justos utilizados para el bien
común y otras necesidades de la sociedad. Para poder afirmar si un
impuesto es justo o no, deberá ser sometido al cumplimiento de las cuatro
condiciones ya mencionadas (la autoridad que legisla, el fin para el que se
reclama el tributo, el objeto gravado y la proporción exigida).
-
El impuesto será justo mientras no se compruebe lo contrario. La duda
favorece a la autoridad. Este es el típico caso de "pague primero y
luego hablamos".
-
En el caso que haya duda en la utilización del tributo, existen las
siguientes obligaciones moralmente: Contribuir a la realización del bien
común hasta por el importe del tributo y evitar evadir el pago del
impuesto por medio de cualquier mecanismo que pudiera interpretarse como
corrupción.
El
fundamento de la obligación moral de pagar tributo, radica en la confianza
que le entrega la sociedad al Estado al conferirle la responsabilidad de
velar por el bien común. Se le ha encomendado al Estado esta tarea, y por
lo mismo la sociedad debe controlar que se cumpla y le corresponde a ella
suministrarle los recursos económicos necesarios.
Como
el "principio de equivalencia" no es aplicable en el campo de los
impuestos, se obliga a plantearse los criterios para fijar la cuantía en
que cada persona debe contribuir a financiar el gasto público.
Para
determinar el criterio sobre el cual se debiera aplicar el impuesto, se
rechaza considerar el "principio de la justicia conmutativa"
(equivalencia entre lo que se da y lo que se recibe) ya que la imposición
(por ley) excluye esta equivalencia. El "principio de la capacidad de
pago" donde la contribución sería proporcional a la capacidad económica
de cada contribuyente, no considera el efecto que sobre cada contribuyente
se presenta al desprenderse de una parte de su renta, por lo que también
se excluye. Se rechaza además el "principio de sacrificio igual"
(por ejemplo el Impuesto al valor agregado), porque la contribución de
cada uno supone un sacrificio mayor para aquellos de menores ingresos. Si
se quiere implementar un sistema de pago que signifique el mismo sacrificio
para todos, entonces, se deberá optar por el "sistema tributario
progresivo", donde el monto a pagar crece más que proporcionalmente a
la capacidad de pago de cada uno. Este criterio pareciera ser aquel que más
se acerca a la efectiva finalidad redistributiva.
Se
entiende que la progresividad no es aplicable por igual a "cada género
de tributo". En virtud que la imposición indirecta conlleva un efecto
regresivo, sobre todo aquellos que gravan el consumo de bienes más
necesarios. El impuesto sobre la renta, es entre los "impuestos
directos", es el que posee mayor capacidad progresiva.
En
cuanto a la estructura del sistema impositivo, cabe preguntarse respecto de
la determinación y monto de la cuantía. Los recursos impositivos deberán
estar en función de las necesidades "correctas" que el Estado
debe satisfacer.
El
sistema tributario exige contemplar el destino de los recursos recaudados.
Uno de los temas a considerar es la llamada objeción fiscal, que se aplica
en relación a los gastos destinados a la defensa. Consiste en sacar de la
contribución de la renta, un porcentaje igual al que representan los
gastos de defensa militar en los gastos totales de la nación, para
destinarlos a una institución con fines pacifistas o humanitarios. Sin
entrar a explicar el significado ético de la carrera armamentista, no se
puede desconocer su sentido profético.
En
conclusión, tras el sistema impositivo se deberá velar por los principios
morales tanto para el Estado como para los contribuyentes. El escepticismo
de estos últimos respecto de la eficacia del Estado en la utilización de
lo recaudado, proviene de tantos y tantos casos de corrupción a través de
la historia. A medida que pasan los años, más casos de corrupción de
conocen.
Existe un escepticismo general respecto a la eficiencia del sector fiscal
en todo orden, más aún en cuanto a materias de administración de dineros.
El sistema impositivo debe iniciarse restaurando la confianza en la
sociedad,
demostrando que el Estado puede ser un buen administrador del dinero y
dando cuenta a la ciudadanía del destino eficaz de los mismos conforme al
sentido del bien común (la pregunta que cabe es si el financiamiento de
campañas políticas son o no parte del este concepto de bien común), y por
otro, instaurando un profundo sentido ético respecto del papel que juega el
contribuyente.