En la
consulta de Terapia de Afrontamiento de Problemas (TAP) se suelen presentar,
como problemas de pareja, simples desconocimientos de los aspectos que se
activan en cada uno de los individuos en su relación con el otro. Los
consultantes tienden a confundir las activaciones de los aspectos
relacionales con el otro, mezclarlos y sacar conclusiones erróneas. El
pudor, las inhibiciones, la falta de franqueza, el rodeo, los eufemismos, la
ignorancia, el exceso de delicadeza hacía el otro, atentan contra el sinceramiento de las deficiencias que se presentan en la pareja.
La idea es que muchos conflictos de pareja se pueden
clarificar ubicando la problemática en su justo contexto.
Vale aclarar que no es la finalidad de este escrito ser
utilizado en terapias para parejas, si bien puede ser de utilidad, sino que
es un intento de despejar lo que vehiculizó la queja del consultante en
relación a este tema. Es decir, se toma del discurso del paciente el
"armado" de pareja que realiza y de acuerdo a él se aplica el esquema
relacional.
El individuo es una unidad. Lo que sigue no implica un
individuo "divido" sino distintos aspectos de un todo, concepto que debe
primar en el lector. El presente trabajo tiene como objetivo dar cuenta de
algunos de estos aspectos y cómo se expresan, valiéndose para ello de un
esquema didáctico cuya única finalidad es que el consultante pueda ubicar
en distintos niveles virtuales sus diferentes manifestaciones y conductas
frente a la delicada trama afectiva que lo liga al otro.
En la TAP
es de
suma importancia establecer con claridad las "partes" que componen el
problema para encontrar con mayor facilidad algunas líneas que tiendan a
su solución. Se distinguen así, de acuerdo al objetivo planteado, tres
aspectos arbitrariamente designados 1) Persona -femenina o masculina-, 2)
Varón/Mujer, 3) Macho/Hembra (en adelante este esquema se nombrará como
PVJMH), considerados como formas circunstanciales de manifestarse el todo.
En mi práctica este esquema ha demostrado ser de
utilidad para hallar las soluciones buscadas. Como toda herramienta de
trabajo depende del criterio del terapeuta en qué momento aplicarlo y la
manera didáctica de presentarlo ante el consultante, atendiendo a su
formación cultural, religiosa y su sentido del pudor. Esta última
aclaración es de importancia dado que suele ser necesario utilizar
términos de uso en la comunicación íntima que, expresados fuera de
contexto, pueden sensibilizar desfavorablemente a la persona, por lo que
es condición advertirles este hecho y solicitar su aprobación.
A una primera impresión el PVJMH, esquema básicamente
descriptivo que alude al plano de las conductas explícitas, puede
sugerir alguna analogía con la metapsicología freudiana o sus instancias
Superyo - Yo - Ello, modelo conceptual que intenta dar cuenta del
funcionamiento del psiquismo que el autor está lejos de abordar.
El PVJMH
El aspecto Persona del individuo, es la
"máscara" que presenta a la comunidad; trata de ser lo más efectiva y
eróticamente neutra en la interrelación social, genera conductas de ajuste
a fin de armonizar con los parámetros imperantes, cuida las formas y sigue
los principios (normativas sociales) generales. En la pareja este nivel se
evalúa de acuerdo al desempeño social (trabajo, amigos) y la valoración
que hace cada miembro.
El aspecto Varón / Mujer se manifiesta en el
acercamiento al individuo del otro sexo; su forma es la seducción, la
erotización de la relación, cuidando la imagen que se intenta mostrar al
otro. En la pareja este nivel determina el tipo de convivencia (puntos
comunes, compañerismo, demostración de afectos, etcétera).
El aspecto Macho / Hembra se da en el acto
sexual y se insinúa en los juegos preliminares y los contactos corporales.
Está anclado en lo filogenético, responde a imperativos de la especie son
las conductas más emparentadas con el resto de los animales. En la pareja
este nivel se evalúa de acuerdo al grado de armonización y el desempeño
sexual de cada miembro.
Persona femenina (Pf) Persona masculina (Pm)
Mujer (J) Varón (V)
Hembra (H) Macho (M)
El PVJMH desde lo femenino
La persona (Pf) es la máscara para la comunidad.
La mujer (J) es la "presencia" para el varón. La hembra (H)
es la vagina para el macho.
La mujer imprime el toque femenino a sus
contactos y seduce al varón. Sabe las técnicas del enganche, elabora
tácticas y estrategias para conseguirlo y mantenerlo consigo. Controla y
modula su imagen a fin de darle el tono justo para lograr sus objetivos a
través de la insinuación, los gestos y movimientos (acercamiento,
distanciamiento), los tonos y contenidos del discurso, el cuidado en la
vestimenta, maquillaje, etcétera.
La hembra quiere disfrutar sexualmente y tener
un hijo. No debe aprender técnica sexual alguna, tiene el ajuste perfecto.
Puesta en su función específica, el coito, sólo debe soltarse, quitarse el
freno, "olvidarse" de su mujer y su persona, para conseguir así sus
objetivos: disfrutar y hacer disfrutar para mantener al macho proveedor
del semen del que obtendrá su hijo.
A la hembra le resultan un lastre sus otros aspectos,
la mujer que modula la imagen que quiere transmitir o la persona que
valora y cuida por los principios y ajuste a la comunidad. A la mujer la
hembra le resulta inadecuada, grotesca, soez, falta de tacto y mesura. A
la persona le resulta una prostituta.
La hembra (que no piensa, hace, arriesga, no mide
consecuencias) le impone a la mujer el conseguir un macho, doblegándola al
pasar de lo erótico a lo genital. La mujer (cuidando su imagen, im
aginando
peligros, temerosa) le ruega a la persona que la mantenga armoniosamente,
sin salir del decoro y las buenas costumbres, en el "área de caza", al
tiempo que la coloca en "situaciones de riesgo" al generar condiciones
relacionales que facilitan la seducción y la penetración de la hembra. La
persona (que planifica, mide consecuencias) pide constantemente mesura y
tiempo a sus otros aspectos para poder conseguir sus objetivos sociales:
mantener un nivel social, ser profesional, ser aceptada y valorada.
El lenguaje de la persona es formal y protocolar de
acuerdo a las circunstancias sociales. El lenguaje de la mujer es
coloquial, intimista, teñido de erotismo. La hembra no tiene lenguaje
verbal, es táctil, si emite sonidos son acordes al acto sexual y puede
verbalizar frases mínimas (¡no reproducibles aquí por decoro!) que
estimulan al macho a una mayor penetración o a la descarga de semen.
La hembra insatisfecha es la tortura de la mujer. La
mujer torturada es la preocupación constante de la persona.
La persona permite ser aceptada en la comunidad; la
mujer se hace aceptar por el varón; la hembra acepta al macho.
La persona permite moverse en el medio relacional (área
de caza); la mujer es la cazadora (elige y seduce al varón); la hembra
dispone del macho.
La persona conoce y ejerce los valores comunitarios
para ser considerada una "buena persona"; la mujer conoce y ejerce las
técnicas de seducción para lograr ser una "mujer encantadora"; la hembra
sabe como satisfacer al macho para que vuelva por más.
Cuando la hembra encuentra al macho que armoniza, la
mujer queda perpleja y asombrada por lo que es "capaz de hacer" y la
persona, minimizada, se avergüenza y trata de cubrir las apariencias.
A la mujer le resulta difícil sustraerse al discurso
amoroso del varón, a la seducción de la palabra, que trabaja en su
imaginación recreando en lo imaginativo lo que desea en la realidad. El
halago, el piropo, le confirma a la mujer el ser deseada (su objetivo) y
la gratifica. El pasaje de lo imaginativo a lo real lo realiza el tacto,
la caricia. Lo táctil es ya una relación Macho/Hembra, la vibración
placentera o inquietante que produce indica armonización; la falta de
resonancia, lo neutro, indica no aceptación.
La persona busca como pareja una buena persona,
socialmente aceptado, con proyectos de familia, seguridad para los hijos y
continuidad; la mujer a un varón que brinde una buena convivencia,
compartir gustos afines, sentirse cómoda y protegida; la hembra un macho
con quien tener hijos y realice el juego sexual satisfactoriamente. La
hembra no tiene modas, siempre quiere lo mismo, la mujer es la que varía.
La persona calcula cuando tener un hijo; la mujer sueña
con tener un hijo; la hembra quiere un hijo ya.
El PVJMH desde lo masculino
El hombre quiere a la "hembra" y al poder.
Al hombre lo fascina la hembra (esto es, a la
persona masculina, la persona femenina; al varón, la mujer y al macho, la
hembra) y el poder (su ascendencia sobre los demás, el dominar).
Esta dualidad de ambiciones hace que:
a) la hembra sola no lo satisfaga completamente
b) el poder solo tampoco.
Ambas satisfacciones completas, son incompatibles entre
sí. Son igualmente absorbentes, requieren, para mantenerlas, tiempo y
atención: o gira sobre su hembra o gira sobre el poder. El equilibrio se
consigue con la incompletud (parte para el poder, parte para la hembra) y
la consiguiente insatisfacción. Aquí las combinaciones por el grado de
absorción a cada parte son casi infinitas.
La absorción a la hembra lo estupidiza, la absorción al
poder le anula sus otras partes y lo deja solo.
El poder
Cuando el poder no se ejerce sobre las personas, se lo
ejerce sobre cosas (hobbies, colecciones, arte).
Los medios del poder son el conocimiento, el dinero, la
fuerza. Las áreas del poder son el trabajo, la familia y otras
agrupaciones sociales.
Todo hombre ejerce el poder en algún área de su vida.
El hombre muestra su área de poder en lo que
voluntariamente dedica su esfuerzo interesado, o en qué dedica su tiempo
libre (el que le dejan sus obligaciones de proveedor). Así sabemos quien
es su adversario por la recurrencia con quien discute o se pelea (en un
plano de igualdad), es la persona a la que se "le presta importancia",
dado que lo indiferente no genera acciones. Conocemos su tema de interés
por la reiteración en su discurso.
La hembra
Los tres disfrutes sexuales del macho son: poseer a la
mujer, hacer gozar a la hembra, gozar él.
El hombre quiere presentar una señora (Pm), lucir una
mujer (V) y disfrutar una hembra (M).
El varón trata de conseguir simetría, belleza física,
el poder (la seguridad) y la inteligencia (capacidad de resolver
problemas) y el consiguiente prestigio y reconocimiento.
La Persona masculina trata de provocar la admiración de
la mujer, el varón, el deseo de la mujer y el macho el apetito sexual de
la hembra.
El varón es polígamo por naturaleza y monógamo a la
fuerza.
Cuando el varón encuentra su mujer, el macho su hembra,
y las personas armonizan, se sienten completos y excluyen a los otros.
El varón sabe que quien decide la relación es la mujer,
por lo que a él sólo le queda el rol de mostrarse disponible para ese fin,
de ahí el aparente acercamiento activo (el varón no se acerca a una mujer
que verdaderamente lo rechaza). El varón no tiene chance de entrar
en el sistema de la mujer si ésta no le muestra las claves.
El varón usa su porte (entrar al sistema de la mujer
por la imagen), sus palabras (entrar a la imaginación a través del
discurso), el tacto y la mirada para contactar con la hembra.
El macho tiene una conducta espontánea que lo hace
jugar su rol sin estridencias. Cuando se nota su "machez", cuando
sobreactúa de macho, hace ver su deficiencia en ese nivel. El macho no
tiene que demostrar nada, es.
Pensamiento y género
El pensamiento es un esclavo sobrevalorado de los
instintos.
El pensamiento de la mujer es distinto al del varón.
Y lo es porque sus objetivos son diferentes: desde un esquema
antropológico primario la mujer debe tener cría y cuidarlas, y el hombre
es un proveedor.
El pensamiento femenino debe ser detallista,
minucioso, precavido, prudente, conservador y con proyección de futuro. La
mujer piensa en el hoy y el mañana, por eso está siempre insatisfecha con
lo que obtiene del hoy (al menos esto tiene que ver con parte de su
insatisfacción). Es el " sí, pero... qué pasa si...". Esta inseguridad
hace que almacene previendo el futuro.
El hombre debe pensar en el hoy, en obtener el
alimento, elaborar estrategias con un fin concreto (el alimento). Debe
estar ajustado al terreno para obtenerlo y debe armonizar con los otros
hombres porque "cazan en grupo". Para ello elabora tácticas y estrategias.
Planifica. Se proyecta virtualmente a futuro siguiendo su fundamento paso
por paso. Causa y efecto.
Necesita ser estimulado por la hembra y el grupo para
justificar su esfuerzo (para sí mismo le basta con poco, es un proveedor
mimoso).
La insatisfacción de la hembra lo empuja a mayores
esfuerzos. Si la hembra exagera en esto el hombre se quiebra (se
desvaloriza) o se va.
Este patrón psicológico primario (proveedor/criadora)
está obviamente distorsionado en la actualidad, donde los roles se
intercambian por las presiones económicas y ambos tienen conductas mixtas,
pero una atenta investigación vislumbra que el patrón primario permanece.
El predominio de la lógica en el varón lo aleja de la
comprensión de los actos de la mujer. El varón trata de encuadrar todo en
sentido lógico de buscar causa/efecto, un por qué. Y muchas acciones,
relacionadas con el sentimiento, que son aceptadas naturalmente por la
mujer sin más, le resultan inexplicables al varón que queda enredado en su
raciocinio buscando una lógica que lo clarifique y que nunca encuentra. Y
tortura a la mujer con preguntas que ella tampoco puede contestar.
Por lo anterior se infiere que la "amistad varón/mujer"
es biológicamente imposible (no es esa la finalidad de la especie),
psicológicamente incomprensible (poseen tipos de pensamientos distintos) y
socialmente una farsa (un "como sí" cultural, basado en represiones).
Aplicación del PVJMH
1) Este diálogo fue narrado por una consultante que
no "entendía" como llegó a involucrarse "de pronto" con su colega. Un
simple análisis usando el PVJMH, clarificó la situación, vemos que
se va pasando del nivel sexualmente neutro (persona), al de varón/mujer (a
través de preguntas sobre la intimidad) para finalizar en el nivel
macho/hembra.
Personajes: Dos abogados en un bar.
El: El expediente tal consiste en… (Pm)
Ella: Es conveniente aplicar el artículo tal… (Pf)
(Hastá aquí es el diálogo entre personas (m y f),
neutro sexualmente)
El: Sabés que ese artículo me hizo acordar a la
película "Propuesta indecente". (V)
Ella: Si, en la que Redford le ofrece un millón de
dolares para acostarse con ella. (J)
(Aquí él ofrece la erotización de la conversación a
través de inquirir sobre algo íntimo, relacionado con lo sexual, y ella
acepta el juego)
El: Vos en una situación así, entre nosotros, ¿por
cuánto aceptarías? (V)
Ella: ¿Qué decís? ¡Yo ni loca! (J)
(La conversación está totalmente erotizada en la
imaginación)
El: yo por un millón de dólares y en estas
circunstancias, me bajo el calzoncillo a cualquiera (V)
(Él usa una frase de enganche para buscar empatía)
Ella: Bueno, habrá que ver con quien (J)
(Cede, da la posibilidad; ya están excitados los dos)
El: Sabés que me gustás mucho, etcétera, etcétera. (V).
Terminaron en una armonización hembra macho en un
hotel.
2) La consultante es una profesional de 42 años,
casada hace 15 años, tres hijos. Síndrome depresivo. El discurso de esta
persona sobre su marido y luego ordenado según el PJVMH arrojó lo
siguiente:
Persona masculina: (su relación con la comunidad)
Nos desproteje mucho. Tiene dos caras. Afuera es otro,
cordial, atento, para los de afuera siempre hay tiempo, para nosotros no.
Es un profesional muy trabajador.
Le da mucha importancia al qué dirán, pagas cuotas
caras de varios clubes al que yo no asisto. Yo me dedico de lleno a mi
trabajo, soy respetada en la comunidad por ello, me sobrecargo de tareas a
propósito. Eso me ayuda.
Varón / Mujer: (convivencia,
compañerismo)
No es compañero. Vamos de vacaciones separados, yo con
mis hijos y él se queda. Los problemas de los chicos los tengo que
solucionar sola. A él le molesta que le mencione inconvenientes hogareños.
No va a los actos escolares. Siempre está pensando en el dinero, que, a
pesar de que trabaja mucho, nunca tiene lo suficiente y no me da
información sobre lo que gana. Por eso he incrementado mis horas de
trabajo.
Siempre fui yo la que cedí.
El fin de semana me siento sola, él se la pasa en esos
clubes.
Macho / Hembra: (sexualidad)
No tenemos relaciones sexuales desde hace varios meses.
Siempre fue problemático. No tiene deseo sexual. Yo lo estimulo. Siempre
yo tengo la iniciativa. A veces me saca volando.
Cuando insisto mucho me hace tener el orgasmo con la
mano, no hay penetración. Esto hace un año. Él no eyacula. Luego hace que
se duerme o saca el tema del dinero o un problema laboral. No es tierno.
Ordenado de esta manera se muestra que esta pareja está
en crisis terminal, ya que en ninguno de los aspectos tiene algún tipo de
gratificación. Es un "como sí", una escenificación de un matrimonio, una
carcasa para muestra social
3) Los consultantes trabajan juntos en un negocio
propio. El padece de enfermedad bipolar. Ambos de 45 años de edad.
Persona
Los dos son muy trabajadores, se complementan, él en la
parte de manufacturas y ella en la administración. Establecidos esos
roles, no hay áreas de conflictos. La sociabilidad estaba limitada a la
visita de familiares los fines de semana. Educación estándar de los hijos.
Varón/Mujer
Son muy compañeros y "caseros". Les gusta disfrutar de
estar juntos viendo televisión o teniendo charlas de sobremesa con los
hijos. No hay reproche de aburrimiento en ninguno de los dos.
Macho/Hembra
Él es de ascendencia italiana y se reconoce muy
"fogoso", gusta del sexo. Ella es de temperamento "frío" y dice: "el
siempre está pensando en ‘eso’, yo le digo que hay cosas más importantes
para entretenerse. Cuando insiste mucho dejo que se "descargue", pero le
pido que lo haga rápido para ir a lavarme enseguida. A veces me retardo
haciendo las cosas de la casa para que él se duerma".
Él comenta: "yo quiero que ella disfrute como yo, y me
esfuerzo para lograrlo (tienen más de 20 años de matrimonio), pero no hay
caso. Hay noches en que ella está dormida y yo me coloco un profiláctico y
suavemente, para que no se despierte, sin penetrarla, me fricciono entre
sus piernas y eyaculo. Pero cuando ella quiere, es hermoso y después,
cuando terminamos, le hago mimitos, hablamos, fumo un cigarrillo y soy
feliz; es el amor, ¿vio doctor?". Manifiesta que siempre le fue fiel: "no
necesito otra mujer".
En este caso dos de los niveles están bien armonizados.
En el nivel M/H no se complementan en absoluto, sin embargo, el fuerte
sentimiento amoroso de él hace que lo compense con maniobras sexuales
atípicas y con gran tolerancia y sin recurrir a la complementación
externa. Es una pareja que ha encontrado su manera de estabilizarse, así
que, salvo un par de sesiones informativas a la esposa, no fue necesario
otro tipo de intervención terapéutica. Ningún sistema persiste si no cubre
alguna necesidad.
4) La consultante, mujer de 35 años de edad,
síndrome depresivo moderado, relata su visión de la pareja:
Persona:
Es muy trabajador. Fanático de un club de fútbol, no se
pierde partidos. Tiene muchos amigos, que a veces invita sorpresivamente a
su casa. Es muy querido por ellos. Tuvo episodios de borracheras. Ella es
docente de colegio primario, pocas amigas, ocupada en el trabajo y las
tareas del hogar.
Varón/Mujer
El clima general es explosivo. Cualquier motivo
desencadena discusiones de alto voltaje, con insultos y descalificaciones
de grueso calibre, incluso delante de terceros que a veces interceden para
calmar los ánimos y, muchos de ellos, no entienden por qué siguen juntos.
En algunas oportunidades hubo agresión física, "que en parte yo la
provoqué" aclara ella. Casi no tienen salidas juntos, excepto
acontecimientos familiares. Ella reconoce que los dos tienen "carácter
fuerte".
Macho/Hembra
Siempre se llevaron muy bien. "En la cama nos olvidamos
de todo; él es dulce cariñoso y muy fogoso, y yo también". "Los dos
gustamos del sexo y lo hacemos con frecuencia. Me hace muy bien, ahí le
perdono todo".
No es novedad para ningún profesional que la
armonización sexual es una de los "pegamentos" más poderosos en una pareja
y que puede equilibrar el disbalance del nivel de convivencia V/M, para
desconcierto de los conocidos que sólo observan la interrelación
"vertical" de la pareja. Las discusiones fuertes se producen porque es una
pareja simétrica, de parecidos temperamentos. Si fueran complementarios, a
ella se la vería como una sufriente víctima de "un tirano" por los
terceros. En el caso de esta pareja se trabaja sobre el nivel de
convivencia, tratando de delimitar (los simétricos deben negociar sus
áreas de dominio) los roles, para evitar la frecuencia de choques; se
explica la escalada de agresión para evitar la descarga física. Toda
pareja sabe el camino que la lleva a la agresión física, si lo siguen es
porque su nivel de tensión interior es tal que no encuentran otra manera
de relajarse. Las parejas violentas le encuentran un sentido, incluso una
gratificación, a este tipo de descarga; de ahí la repetición y tolerancia
de los episodios. La relación entre un violento y una persona no violenta
dura hasta el segundo cachetazo (el primero puede ser considerado un
"error").
NOTAS
[1] En este trabajo no se
tratará la problemática de la homosexualidad ni de las parafilias, a fin
de simplificar la presentación de los conceptos.