Las religiones
cristianas siempre se han caracterizado por un marcado monoteísmo en el que
se expresa el bien y el mal en su forma más radical. La creencia en
Dios ha determinado en nuestra cultura sus más profundos cimientos ideológicos
y, por ende, sus valores morales desde sus más profundas bases. Es tal la
influencia, que incluso hay varias ideas de cómo una creencia en Dios
determina lo que es bueno o malo, haciendo que incluso la propia concepción
del bien y del mal sea variable entre los mismos cristianos. He aquí un
ejemplo: el comportamiento moral correcto es creer en Dios y su religión.
Idea fácilmente rebatible con que hay muchos ateos cuya conducta moral nos
parece correcta.
Hay otras más
difíciles de refutar, como que un comportamiento moral correcto es el que
sigue el ejemplo de Jesús, y que lo inmoral es aquello que se desvía de esa
conducta ideal. Y puede que hayan otros varios ejemplos.
Sin embargo, hay una gran diferencia en decir
que la creencia en Dios determina los valores morales y sirve de base a la
ética y en decir que es el propio Dios quien lo hace. Porque mucha gente, o
tiende a confundirlos o, lo que es más común, cree que la moral y la ética
dependen, en últimas, de Dios, ya que es quien determina lo bueno y lo
malo. En este ensayo busco evidenciar, por ende, la
garrafal equivocación en la que han caído éstas personas, demostrar que
la existencia de valores morales no depende de Dios y que por tanto Dios no
es la base de la ética. Durante éste, mostraré las posturas
contradictorias de los éticos teístas, que defienden a Dios como base de
la ética, y los éticos ateos, que defienden la proposición contraria, con
especial énfasis en ésta última que es con la que me identifico y que es
la que al final "sale ganando".
El
dilema de Platón y el argumento meta-ético del ateísmo
El dilema de Platón
es una interesante y muy lógica forma de demostrar el error de las ideas
cristianas, y demuestra por lógica de silogismos una fuerte contradicción
entre 3 postulados básicos del cristianismo. Éste también ha sido
denominado "el argumento meta - ético del ateísmo". A medida que
se sacan conclusiones lógicas de esos 3 postulados iniciales, va
apareciendo el dilema.
El dilema empieza con 3 proposiciones que
aparentemente pueden ser ciertas a la vez sin contradecir una a la otra:
1. Dios es bueno.
2. Dios quiere que nosotros hagamos el bien.
3. Dios es la base de la ética.
Las
2 primeras proposiciones son evidentemente ciertas para las religiones
cristianas, y la tercera también lo es, pero de forma menos obvia. Pero,
haciendo un razonamiento simple, encontramos una contradicción entre 1 y 3.
Si Dios es bueno, es porque las cosas que son buenas lo son
independientemente de Dios. Si no fuese así, Dios decidiría lo que es
bueno y malo, y estaría por sobre lo bueno y lo malo y por ende sería
imposible clasificarlo dentro de alguno de estos criterios. Por ende, si
Dios decide lo que es bueno y malo no puede ser considerado bueno.
Si
Dios es bueno, no puede decidir lo que es bueno o no. Vamos a ver la situación
con más claridad en la siguiente demostración.
1. Si las ideas de la fe cristiana son ciertas, Dios es bueno.
2. Si las ideas de la fe cristiana son ciertas, Dios es la base de la ética.
3. Si Dios es bueno, estará por debajo del bien y del mal, por ende la
moral es independiente de Dios.
4. Si Dios es la base de la ética, la moral estará por debajo de él, por
ende la moral no será independiente de Dios.
Operamos
así 1 con 3 y 2 con 4:
5. Si las ideas de la fe cristiana son
ciertas, la moral será independiente de Dios.
6. Si las ideas de la fe cristiana son ciertas, la moral no es independiente
de Dios.
Operamos 5 y 6:
7. Si las ideas de la fe cristiana son
ciertas, la moral es y no es independiente de Dios.
8. Conclusión lógica (por contradicción y falsedad de la consecuencia en
7):
9. No son ciertas las ideas de la fe
cristiana.
Hemos
llegado ya a la primera falsedad y sin necesidad de recurrir a la proposición
2. Pero, si lo hacemos, lo que lograremos será ahondar más en el asunto y
negar nuevamente 1. En el diálogo Euthyphro de Platón, presenta éste
la siguiente pregunta: ¿a qué se debe que Dios quiera que hagamos el bien?
Hay 2 posibles respuestas:
Dios
quiere que hagamos el bien porque ciertos actos son buenos y él desea
que se realicen.
Un
acto es bueno únicamente porque Dios así lo quiso.
De
cualquiera de las 2 formas, llegamos a un resultado poco favorable al teísta.
Supongamos que cogemos la primera opción. Ya vimos el porqué de que de por
sí ciertos actos sean buenos es contradictorio con la idea de un Dios
bueno. Ahora bien, si la segunda opción fuese cierta, no sólo queda todo
reducido a que nosotros hacemos lo que él quiere que hagamos (cosa ya de
por sí poco buena e idea que después desarrollaré con mayor profundidad),
sino que volvemos a la idea de un Dios por encima del bien y el mal, que ya
vimos es contradictoria con la de un Dios bueno.
El
teísta, bajo ésta demostración, aboga a alteraciones del ser bueno para
Dios y a considerarlo como un caso excepcional. Uno de los planteamientos es
el siguiente: "La bondad de Dios radica no en ser bueno o malo
según nuestra concepción, sino en ser la fuente de los valores morales,
con lo que escapan al dilema de Platón. Acorde con esa idea, el teísta
plantea que Dios "inserta" en nuestras mentes (cual información
en un disco duro) la moral, porque el deseo de Dios es que nuestra
convivencia sea armónica. Desde ese punto de vista, el teísta justifica la
bondad de Dios sin contradecirlo como fuente de la moral". Pero, en mi
opinión (y espero que opinen lo mismo) planteamientos de ésta naturaleza
resultan rebuscados y vienen a ser pataletas de los teístas.
Sin
embargo, aún considerando la posible validez de estos argumentos, el ateo
tiene aún otras líneas de ataque. Veamos otra de ellas.
El
realismo moral y el subjetivismo moral
De
aquí en adelante no me remitiré a demostraciones lógicas, sino que
demostraré qué postura resulta más plausible desde cierto punto de vista.
Ese es el caso de estas 2 posiciones opuestas acerca del origen de nuestra
moral.
Empecemos
considerando que es convenido por todos que las características morales de
un conjunto de actos van de común acuerdo con sus características
naturales. Supongamos un asesinato. En una balacera, alguien es
muerto accidentalmente. Y ahora supongamos una esposa que desea quedarse con
las posesiones de su rico marido y lo envenena de la forma más cruel,
abandonando su cuerpo en un lejano paraje. A pesar de lo distinto de ambos
actos, identificamos las características naturales de un asesinato, que nos
hacen condenar ambos actos de forma similar. Entonces podemos decir que si 2
actos comparten ciertas características naturales (hurto, sevicia, engaño,
mentira, las de un suicidio, un asesinato, un robo; honestidad, verdad, las
de ayudar a los necesitados, etc.), también compartirán ciertas características
morales (bueno, malo, justificado o injustificado, etc.).
El
problema surgirá entonces en tratar de explicar porqué ciertos actos con
determinadas características naturales tendrán, o más bien generarán, en
nosotros la impresión de que es bueno o malo. El teísta tendrá una
respuesta con su realismo moral. El realismo moral dice que lo que
hará Dios será condenar los actos con características naturales x, y
y z, que serán los actos malos, y gratificar los buenos, que serán
los que tengan las características naturales a, b y c. De esa
forma, Dios nos hace saber, de alguna forma, cuándo un acto tiene ciertas
características morales. Pero un nuevo problema se presenta: ¿cómo Dios
nos permite conocer las características morales de un acto? ¿Acaso nos
equipó con un "sexto sentido", que hace ello posible? ¿Dios
revela de esa forma cuándo le parece que un acto debe ser aprobado o
condenado? En contraste con la rareza de éstas ideas se nos presenta el
ateo con su subjetivismo moral, que responde a la pregunta con razones
naturales. El subjetivismo moral dice, como el
realismo, que el que un acto tenga determinadas características morales
dependerá de que tenga ciertas características naturales. Pero, en ésta
ocasión, se dice que es la propia naturaleza de nuestra psique y de nuestra
razón las que nos hacen sentir ciertas sensaciones de repulsión o
aprobación ante los actos buenos o malos. Nosotros sabemos que un acto está
bien o mal porque distinguimos en él ciertas características naturales que
crean en nosotros ciertas sensaciones. De esa forma, la relación entre
características naturales y morales queda explicada con una psicología
moral.
Podemos
hacer una analogía entre el subjetivismo moral y los colores en nuestros
ojos. El color de un objeto dependerá de la forma en la cual se han
organizado los átomos dentro de él y de la naturaleza de los mismos. Éste
arreglo determina qué longitudes de onda del espectro lumínico serán
absorbidas y qué longitudes serán reflejadas. De esa forma, 2 objetos con
similar estructura molecular reflejarán las mismas longitudes de onda, y
esas longitudes producirán en nuestros ojos la sensación de color: 2
objetos que reflejen la misma longitud producirán en nosotros la misma
sensación y las veremos de igual color. Éste ejemplo, además, nos permite
entender la "percepción" de las características naturales de un
acto como algo tan natural como el ver o el oír. Pero, a diferencia de éstos,
esa capacidad es aprendida, y ese será un detalle que tendremos en cuenta más
adelante.
Bajo
esa perspectiva, el teísta dirá que Dios nos ha construido de tal manera
que respondamos emocionalmente de cierta forma ante actos con determinadas
características naturales, siendo así responsable de nuestra psicología
moral. Sin embargo, será el ateo quien dé un contra – argumento
nuevamente más aceptable: nuestra psicología moral puede ser el resultado
de la evolución biológica o social; las sociedades en quienes se refuerzan
ciertas respuestas emocionales educan así a sus descendientes. Nuevamente
el teísta defenderá su posición, pero ella nos lleva al siguiente tema de
este ensayo. Pero puedo decir que al teísta ya se le van agotando sus
defensas, y que el ateo lleva la ventaja. En cuanto al realismo y al
subjetivismo, creo que ya hemos visto lo suficiente como para darnos cuenta
de que el subjetivismo es más plausible y que no es muy inteligente
defender el realismo. En el siguiente tema, el ateo redondeará esta idea y
logrará demostrar aún más fallas en la argumentación teísta.
El
pluralismo social y el relativismo ético
Habíamos
quedado en que el ateo había logrado argumentar la validez del subjetivismo
y había puesto en claro las múltiples fallas del realismo. El teísta
trata, entonces, ya no de defender su aniquilado realismo, sino en rebuscar
un papel para Dios en la obra del subjetivismo.
Recordemos que, ante la proposición de que era más
plausible que la psicología moral dependiera de una evolución biológica y
social y no producto del molde que tiene Dios de nosotros, el teísta aún
no había dicho su última palabra. Pues bien; lo que dice el teísta es que
Dios ha planificado ese desarrollo social para producir la psicología
moral.
Pero
veamos: vivimos en un mundo pluralista; pluralista en su sentido social, político,
religioso y moral: convivimos con gente que tiene opiniones radicalmente
distintas a las nuestras y a las suyas propias. De hecho, existen en una
misma sociedad toda clase de corrientes e ideas que nos sorprenderían por
su oposición y rivalidad. Y sin embargo, la sociedad así es en general armónica
y pacífica (desde este punto de vista, claro). ¿Será posible, siquiera
imaginable, que un único ser haya planeado todas esas corrientes, tan
diferentes entre sí? Es allí donde el ateo esgrime el contra – argumento
de que Dios tendría que hacer muchos desarrollos morales distintos para
cada sociedad, algunos tan contradictorios que resulta imposible pensar que
un único ser los ha generado.
Aparece
también el relativismo ético, que va de la mano con el pluralismo. Según
el relativismo ético no hay verdades morales absolutas, que hay como unas
"bases" que son las mismas de un contexto a otro, pero que hay un
juicio moral que varía, incluso radicalmente, de un contexto a otro,
en donde el contexto será un grupo de individuos que comparten una misma
perspectiva y cultura. Si el relativismo es correcto, el teísta se
enfrentará a otro problema: para algunos sectores de la sociedad hay cosas
buenas que no lo son para otros, hasta el propio Dios se verá involucrado
en esa situación. Dios será bueno para algunos, pero no para todos.
La
Autonomía
Ya
hemos descartado varios de los posibles papeles de Dios como base de la ética;
sin embargo el teísta sacará su última carta: Dios como autoridad moral.
¿Porqué debo refrenarme en dañar a otros? Porque Dios lo ordena. No hago
algo malo porque Dios lo ha ordenado; haré el bien porque es lo Dios me ha
dicho que haga. Pero si nosotros hacemos lo que Dios quiere que
hagamos, entonces nuestros actos estarán guiados por una motivación
externa, y no podemos considerarlos parte de un comportamiento moral.
Recordemos que un comportamiento moral es aquel que es
guiado por los principios y normas personales de cada individuo, que
a su vez van marcadas por sus creencias e ideas del mundo. Un comportamiento
no moral, por ende, será aquel que hagamos sin deseo y cuya causa no sea
nuestra propia voluntad.
Bajo
éste inconveniente, el argumento del ateo será nuevamente darle una
atribución especial a Dios y tratarlo como un caso especial (acto que en mi
opinión es del más evidente rebusque). Lo que dice esta vez es que el
actuar, por ejemplo, según los diez mandamientos, es moral porque Dios
define lo que es bueno y lo que quiere que hagamos, y que lo bueno radica en
obedecer a Dios. Volvemos nuevamente al problema del dilema platónico, pero
eso parece no importarle al teísta ya, y además nosotros podemos derrumbar
la nueva propuesta sin necesidad de recurrir a él. Comparemos
los 2 deseos: uno, ya mencionado, de obedecer y subordinarse completamente
ante los deseos de una cierta autoridad, y que todos nuestros actos
sean en realidad la manifestación inconsciente de esos deseos; y
el deseo de que nuestro comportamiento refleje cómo somos, nuestros
ideales, nuestra personalidad, nuestra propia moral, el ser autónomos.
Nuevamente, ¿cuál es más admisible?
Creo que todos, o muchos de nosotros, nos inclinaremos hacia la segunda opción.
Lo más natural es que nuestro comportamiento evidencie cómo somos;
sentimos en ellos nuestro sello personal. Si no fuera así, sería imposible
que las personas no tuvieran identidad, y se sabe que no es así.
Sin
embargo, ello no niega la existencia de un Dios: es posible que el deseo de
Dios es que fuéramos libres y autónomos, resolviendo nuestras propias
razones y teniendo nuestra propia forma de hacer las cosas, encontrando en
ellas su valor intrínseco en el que hemos puesto algo de nosotros, como el
padre que desea la autonomía de sus hijos. Pero, si ello es así, la
moralidad no necesita hacer referencia a Dios.
Conclusión
Hemos
visto que las ideas cristianas acerca del papel de Dios en la ética
resultan tener varias fallas y al final son superadas por una visión atea
agotando todas las posibilidades. Hemos visto las contradicciones de
esa proposición con que Dios sea bueno y desee que nosotros hagamos el
bien, hemos visto que es imposible que Dios sea la causa de nuestra psicología
moral y que esa idea es incompatible con una sociedad pluralista, y que se
descarta también a Dios como autoridad moral al ser incompatible con las
ideas de individualidad y autonomía. Por tanto logramos demostrar la idea
inicial de que Dios no sirve de base a la ética y a la moral.
He
evidenciado, por ende, que los muchos cristianos con la idea falsa de que la
moral depende de Dios en alguna forma están en un grave error. Y lo que
considero más importante: he conocido y trabajado otra de las grandes
inconsistencias de la fe cristiana, con lo que refuerzo y defiendo mi
postura atea.