Los
sucesos de la Nika son sucesos que se remontan al siglo VI
durante el reinado de Justiano. Se va a hablar sobre movimientos
sociales en las metrópolis. Hablaremos sobre un suceso antiguo que no
deja de tener unas curiosas –o no tanto- connotaciones actuales, digamos que
tiene algunos ecos modernos. Pues, se hablara de un movimiento social que surgirá del pueblo
(pese a todos los pesares, y pese a todos los intentos de manipulación) y
cuya principal característica, políticamente hablando, será la de ser
un contrapoder (es decir, estar en “contra” del poder) y enfrentarse
-para derribarlo- al poder establecido; curiosamente, ese contrapoder,
siempre se mantuvo en su papel, no intentó convertirse en poder
establecido: intentó derrocarlo y sustituirlo por otro que no era las
mismas facciones del hipódromo (si bien seguían reservándose su papel
de contrapoder y su derecho a derribar el gobierno, en cualquier
momento, y a escoger otro), en otras palabras, el marco de actuación
de ese movimiento es el presente y los problemas del presente, no
pretende crear un futuro feliz, sino un presente aceptable y vivir en
él.
Surgirán también, otros elementos
como las señas de identidad (los signos distintivos, las “tribus urbanas”,
cuya identidad y cuya apariencia, como signo, responde a unas motivaciones
concretas y emiten un mensaje concreto, en este caso de oposición al poder),
las identidades forzadas e incluso los problemas de identidad (desde los tránsfugas
hasta el emperador, que no sabe muy bien quién es: si un emperador azul o un
emperador de los romanos, si un emperador paternalista o un tirano; de hecho, no
sabe tampoco si vive en el pasado o en el presente), elementos que entran dentro
de la problemática de los movimientos sociales (y también en otras problemáticas).
Se tratará de un movimiento social, pero además urbano (e incluso
metropolitano, pues Constantinopla en esos momentos no puede ser considerada
otra cosa que la metrópoli por excelencia, pues es la madre y la medida de toda
ciudad); en efecto, el movimiento representado por los partidos circenses sólo
cabe en un marco urbano y en una sociedad urbana, en la cual la idea de ciudad,
la idea de civitas, es la que organiza
no sólo la división administrativa del territorio, sino toda la vida de dicha
sociedad (por decirlo así, su “alma” es urbana); el “ciudadano” (como
ente jurídico-político) es un ciudadano porque esta ligado a una ciudad
(pertenece a ella, esta vinculado a ella) resida en una ciudad o en otra, en la
urbe o el campo, su origen (el ámbito que lo crea) es la ciudad, la conciencia
política que imprime la civitas ; esa
es la esencia de la sociedad romana.
Hablemos ahora de la objetividad y de la subjetividad, este texto no
pretende ser objetivo, en realidad ningún trabajo con fondo histórico puede
serlo (y casi me sentiría tentado a decir que ningún tipo de trabajo puede
serlo, se puede intentar, claro, pero es difícil lograrlo), sin duda existen
las cuestiones de conciencia, “las grandes pretensiones” (la búsqueda de la
objetividad científica o, por el contrario, una investigación militante; la
ciencia aséptica o antiséptica o, bien, la ciencia comprometida), que
ciertamente son válidas pero que, a su vez, no invalidan otros factores más
triviales, como la pura y simple subjetividad personal, la pura y simple antipatía
o simpatía hacia un tema, hacia un período o hacía una sociedad. Insisto,
fuera de los grandes marcos, éste es un factor importante a la hora de abordar
un tema de estudio -se puede ser igualmente riguroso, pero, puede ser un rigor
enfocado hacia la crítica más feroz o hacia la justificación, incluso hacia
la admiración-, la antipatía o la simpatía, uno se encuentra con renombrados
especialistas, pongamos por ejemplo, en la historia de Roma; pues bien,
invariablemente aparecen dos posturas: los que sienten simpatía hacia los
antiguos romanos y los que sienten antipatía hacia los mismos (naturalmente,
estos sentimientos, aparecen mezclados entre cualquier tipo de postura
historiográfica: marxista, objetivista, liberal, cristiana...); a veces parece
como si lo principal fuera defender a “sus romanos” (propagadores de la
civilización, fundadores del derecho...) o bien denostar “a los viles
romanos” (por paganos o por imperialistas, o por cualquier otro motivo). En
este punto haré una primera confesión, yo siento cierta simpatía hacia los
antiguos romanos, no puedo evitarlo; por extensión, siento también simpatía
hacia los “post-romanos” o tardorromanos (más conocidos por bizantinos
[1],
incidentalmente me parece curioso el que se llame a alguien por un nombre que
nunca utilizó y por el cual jamás se hubiera reconocido a sí mismo; de hecho,
en lugar de hablar de bizantinos se podría hablar de “los innombrables”,
pues nadie parece capaz de llamarlos por su verdadero nombre: romanos), siento
también simpatía hacia el presente tema y sus protagonistas: siento simpatía
hacia el Circo y sus carreras (con su doble lenguaje y su significado), hacia
los Verdes y los Azules (el demos) que
intentan la revolución, hacia el Senado que representa un papel muy propio del
Senado (es decir, se mantiene al pairo y al final se equivoca) e incluso hacia
el mismo emperador Justiniano (empeñado en restaurar el pasado, lo que no deja
de resultar más o menos romántico, eso sí lo que ya no es tan romántico es
que ese intento le lleva a...arruinar su presente; claro que, por otro lado,
también se puede arruinar el presente hablando de futuro, sobran ejemplos de
ello -incluso cercanos- en la actualidad), se que es irracional, pero no puedo
evitarlo.
El
presente trabajo se centra en un acontecimiento concreto: la insurrección de
la Nika; en lo que representó esa insurrección y en el mundo en el que se
desenvuelve, igualmente se tratara de aquello que se mueve alrededor
(un poco el
“telón de fondo”) de la insurrección, por un lado el contexto político-ideológico
oficial que, en cierta medida, provoca la revolución (sería una causa
mediata), por otro lado el centro neurálgico de la rebelión: el Hipódromo, su
significado y su papel. En definitiva, aquí se tratará unos hechos que
responden a las motivaciones de determinados agentes sociales (que incluso
pueden aparecer mezclados); dichas motivaciones pueden ser complejas (en cuanto
que a veces son la suma de intereses contradictorios), ahora bien, la
complejidad no es una excusa para la difuminación, los agentes y sus
motivaciones pueden ser complejos, pero forman un sistema, un sistema complejo
(si se quiere, y haciendo analogía, algo así como la física de fluidos) y,
como tal sistema, atiende a unas regularidades, a unas pautas, que se pueden
seguir.
Finalmente cabe hacer una cierta referencia a las fuentes; la fuente
principal es el historiador Procopio de Cesárea (existen otras fuentes
secundarias, utilizadas aquí en menor medida), en general el relato de Procopio
es considerado bastante fiable (dentro de unas ciertas prevenciones, que ya se
exponen a lo largo del trabajo), tiene, eso sí, un ligero inconveniente: su
autor es tendencioso; no obstante, las líneas maestras -por lo que se refiere a
la exposición de los acontecimientos, a su pauta- se pueden considerar verídicas.
Respecto a lo escasez de la utilización de otras fuentes, existen varios
motivos para ello, en primer lugar, Procopio es quién ofrece el retrato más
detallado de la insurrección y de las facciones del hipódromo, en segundo
lugar, si ya es difícil conseguir el texto de Procopio (siendo el autor más
conocido, por ejemplo, la versión francesa de la Anekdota
que aquí se utiliza es la segunda versión de dicho texto en francés, la
primera después de la de Ernest Renan de 1856) mucho más lo es conseguir los
de autores más “secundarios”, así de los textos de Juan Lido, Mario
Aventicenses o Juan Zonaras sólo se ha podido consultar fragmentos o segundas
versiones (citas de sus textos en obras de investigadores, etc.). Igualmente se
ha recurrido, para determinados puntos del trabajo, a fuentes romanas del Alto
Imperio (Tácito y Suetonio, básicamente) y a algunas otras de los siglos III y
IV (Herodiano y la Historia Augusta).
1.- Introducción.
En primer lugar puede ser preciso definir el objeto de estudio del
presente trabajo, es decir, definir lo que fue la Nika del año VI(532) de Justiniano Augusto; en palabras de P. Brown se trata de “la
peor explosión de violencia en la historia romana oriental”[2] ,
lo anterior ilustra -o describe- perfectamente lo exterior de la Nika porque,
indudablemente,
la Nika fue una gran explosión de violencia, pero la Nika también
fue algo más: fue una explosión de violencia civil contra el trono imperial;
es decir, fue un asalto al poder.
Y, en segundo lugar, merecen también mención los principales
protagonistas de la Nika: los miembros de las facciones del hipódromo, a ellos
los describe Procopio (el secretario greco-sirio de Belisario) de forma poco
halagüeña: “En premier lieu, les
factions introduisirent une nouveauté dans la manière de se coiffer, car ils
se ocupaient les chaveux d’une manière différente des autres Romains. Ils en touchaient pas du tout à
leur moustache ni à leur barbe, mais laissaient pousser leur chevelure au
maximum, comme les Perses le faisaient depuis toujours. Des cheveux de leur tête,
ils coupaient ceux du devant, au niveau des tempes, mais ils laissaient pendre
ceux de derrière sur une grande longueur sans aucun bon sens, comme les
Massagètes.
C’est pourquoi on appelait cette mode hunnique.
Ensuite, tous voulaient porter des manteaux àbordure de pourpre, refêtant ainsi un vêtement qui était au-dessus du
rang de chacum. Il leur était possible en effet d’acquérir de tels vêtements
grâce à ce qu’ils avaient volé. Ils resseraient le plus étroitement
possible les manches de leurs tuniques autour du poignet, tout en les faisant
bouffer de là jusqu’aux deux épaules sur une incroyable longueur. Chaque
fois qu’ils agitaient leurs mains pour des acclamations, dans les théâtres
ou les hippodromes, ou pour des encouragements, comme il est d’usage, cette
partie de leur vêtement se soulevait, donnant à ces insensés le sentiment que
leur corps était si beau et si vigoureux qu’il fallait l’envelopper de tels
vêtements; mais ils en prenaient pas en considération qu’un vêtement
bouffan t et vague démontre bien davantage le peu de vigueur d’un corps. Leurs vêtements, leurs culottes et spécialment
leurs chaussures, tant per le nom que per le style, étaient appelés hunniques”[3];
en este fragmento aparecen bastantes detalles significativos -entre otros la
utilización de la púrpura- que serán retomados más adelante; por otro lado,
el espíritu de calificativos como “absurdo” o “grotesco” ronda por el
texto, ciertamente, Procopio no parece tener un exceso de simpatía por los
miembros de las facciones...
Los sucesos de la Nika son, probablemente, uno de los episodios más
llamativos de la Antigüedad tardía; lo son porque en ellos se mezclan
componentes claros del mundo romano -el elemento catalizador es el hipódromo, y
el hipódromo en Constantinopla es el sucesor directo del circo romano e incluso
del anfiteatro, espacios políticos por excelencia del populus
romano- pero también del griego -no en vano involucra al demos, y éste es un concepto griego más o menos asimilable con el populus
romano-, se trata de una acción urbana -el “guión” de estos hechos sólo
puede entenderse dentro de una gran ciudad de la época-, se cuestiona la
concepción de la soberanía (la esencia del poder) tanto o más como se
cuestiona la política imperial del momento, se produce dentro del contexto de
la Renovatio Imperii -ya de por sí
suficientemente interesante, no sólo por lo que políticamente significó, sino
sobre todo por lo que tiene de negación consciente del presente y del pasado
inmediato y de recreación del pasado mediato e incluso remoto-; en definitiva,
los hechos de la Nika muestran un aspecto poco habitual del mundo tardorromano:
una revolución urbana que hace tambalear al Estado.
Ya, desde el principio, la propia adjetivación del episodio de la Nika
indica el tipo de aproximación que se realiza respecto a éste: revuelta o
insurrección de la Nika, pues según algunos autores es revuelta y según otros
insurrección, dependiendo de la entidad que se quiera dar al hecho,
evidentemente quienes se inclinan por “revuelta” opinan que se trata de un
suceso irrelevante o puramente anecdótico, quienes la denominan “insurrección”
son partidarios de considerarlo un hecho de mayor significado que una simple
“alteración del orden público”, ya que se trata no de una alteración sino
de una subversión de dicho orden. Aquí se hablara de la insurrección de la Nika pues, en opinión del autor del presente trabajo, lo que se analizara son
unos hechos cuya finalidad no es otra que el asalto consciente al poder del
Estado.
[1]
Según Michael McCormiick se trata de una convención: “De hecho, <<Bizancio>> y <<bizantino>> son
convenciones de los estudiosos modernos, una forma que designa
abreviadamente la supervivencia milenaria del Imperio romano” (M.
McCormik, El emperador, en “El
hombre bizantino”, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 1994, pág. 290-291);
ahora bien, se trata de una convención sospechosa, pues recuerda mucho
cierta contrapropaganda realizada durante la Edad Media, por los emperadores
germanos del Sacro Imperio, contra el Imperio de Oriente, al que denominaban
“Imperio griego” y a su emperador “rey de los griegos”,
sencillamente porque sólo negándoles la calidad de romanos podían
considerar que su propio Imperio era legítimo (pues consideraban,
oficialmente, que el Sacro Imperio Romano Germánico era la única
continuación legal del Imperio Romano); si la costumbre de referirse a los
romanos de oriente por bizantinos proviene de aquí sería un caso de
notable éxito de una propaganda política (cuando menos, sería duradero).
[2]
BROWN, Peter, El mundo en la Antigüedad
tardía, Ed. Taurus, Madrid, 1991, pág. 179.