En nombre del Señor Dios Todopoderoso, del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ésta es la división y repartición
que el muy glorioso y muy piadoso señor Carlos, emperador augusto, el año
de la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo 811,
43º de su reinado en Francia, 36º de su reinado en Italia y el año 11º
del Imperio, en la 4ª indicción, con un designio prudente y piadoso y con
la gracia de Dios, ha decidido hacer de sus tesoros y del dinero que se
encuentra en esta fecha en su cámara.
Al proceder a la distribución ha querido no solamente asegurar una
repartición metódica y razonable de su fortuna en forma de limosnas,
siguiendo la tradición cristiana, sino también y sobre todo, hacer conocer
a sus herederos claramente y si ninguna ambigüedad lo que les tocará y
hacer entre ellos sin discusión ni disputa una repartición equitativa.
Conforme a esta intención y a este designio, empieza por dividir por tres
todas las cantidades y todos los bienes muebles que, en forma de oro, plata,
piedras preciosas u ornamentos reales se hallan este día, como ya se ha
dicho, en su cámara. Se ha reservado íntegramente un tercio;
después
ha dividido los otros dos tercios en veintiuna partes, correspondientes a las
veintiuna ciudades metropolitanas comprendidas, como se sabe, en su
reino; y ha decidido que sus herederos y amigos deberán entregar estas
pares a cada una de las metrópolis en calidad de limosnay que cada uno
de los arzobispos que estará en aquel momento nombrado ene l gobierno de las
iglesias metropolitanas deberá, después recibir su parte, repartirlo a su
vez con sus sufragáneos de la manera siguiente: un tercio para su iglesia,
los otros dos tercios divididos entre sus sufragáneos.
Los lotes atribuidos a las veintiuna ciudades metropolitanas en esta
repartición se han colocado separadamente y se han sellado y depositado en
un cofre con la indicación, en cada uno de ellos del nombre de la ciudad a
la que deberá entregarse. Los nombres de las metrópolis que deberán
recibir estas limosnas o dádivas son: Roma, Rávena, Milán, Friuli, Grado,
Colonia, Maguncia, Juvavum (por otro nombre Salzburgo), Tréveris, Sens,
Besançon, Lyon, Ruán, Reims, Arlés, Viena, Tarentaise, Embrun, Burdeos,
Tours, Bourges.
El tercio en reserva se ha decidido que se utilizaría de la siguiente forma:
a diferencia de los otros dos tercios, repartidos según se ha explicado y
guardados bajo sello, el tercer tercio, que comprende bienes sobre los que
ningún voto ha impedido la libre disposición a su poseedor, será dedicado
a sus necesidades cotidianas mientras viva o mientras considere que los
necesita.
Después de su muerte o de su renuncia voluntaria a las cosas de
este mundo, esta porción de sus bienes será subdividida en cuatro:
un
cuarto deberá aumentar los veintiún lotes indicados anteriormente; otro
cuarto deberá ser remitido a sus hijos e hijas a los hijos e hijas de sus
hijos para repartirlo entre ellos de manera justa y razonable; el tercer
cuarto, según la costumbre cristiana, deberá ser distribuido entre los
pobres; y por fin el cuarto cuarto, de la misma forma se repartirá en
limosnas en forma de socorro a los servicios de ambos sexos del servicio del
palacio.
A este último tercio de toda su fortuna, compuesto, como los otros dos
tercios, de oro y plata, ha decidido añadir todas las vasijas y utensilios
de cobre, de hierro o de otro metal, sus armas, sus vestiduras y todos sus
bienes muebles, preciosos o de uso corriente, como cortinas, cobertores,
alfombras o tapices, fieltros, pieles, arneses y todo lo que se encuentra hoy
en su cámara y en su vestidor, a fin de aumentar esta porción y permitir
sus limosnas a un mayor número de personas.
Por lo que se refiere a los bienes de la capilla, es decir, del servicio
eclesiástico, ha resuelto que permanecerían intactos y no serán objeto de
repartición alguna, tanto los que reunió y regaló él mismo, como los
que proceden de su herencia paterna,. Pero si se encuentran libros o vasos
que consta que él no los regaló, podrá comprarlos quienquiera, a
condición de pagar por ellos un precio justo. Asimismo, en cuanto a los
libros que ha reunido en gran número en su biblioteca en su justo precio y
las cantidades recogidas de estas ventas deberán repartirse entre los
pobres.
Entre sus tesoros y riquezas se sabe que se hallan todavía tres tablas de
plata y una de oro de una talla y peso considerables. Ha decidido y decretado
que una de ellas, de forma cuadrangular, en la cual está dibujado el
plano de la ciudad de Constantinopla, será enviada, con las otras dádivas
previstas para ello, a Roma, para la basílica del bienaventurado apóstol
Pedro; que otra de forma circular, en la que se representa la ciudad de Roma,
será atribuida al obispado de Rávena; la tercera, la más hermosa y de más
peso de todas ellas, aquella en la que se dibuja en trazos finos y menudos un
mapa del mundo entero en forma de tres círculos concéntricos, y la tabla de
oro, designada como cuarta, deberá añadirse a las tres porciones que se ha
previsto repartir entre los herederos y beneficiarios de limosnas.
Estas decisiones y disposiciones se han tomado y acordado en presencia de los
obispos, abades y condes que han podido estar presentes y a continuación
damos sus nombres:
Obispos: Hildebaldo, Riculfo, Arno, Wolfar, Bernoin, Laidrad, Juan, Teodulfo,
Jessé, Heiton, Waltgaud.
Abades: Fridugis, Adalung, Angliberto, Irminon.
Condes: Walah, Megiher, Otulfo, Esteban, Unroc, Burnus, Edo, Ercangarius,
Geroldus, Bero, Hildigernus, Hroccolfus.
[ Su hijo Luis, que por voluntad divina le sucedió,
procuró cumplir (visto el mismo breviario), lo más rápidamente posible,
después de la muerte de aquél, todas estas cosas. ]